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FUNNY GAMES

 

Francisco Trinidad

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Título original: Funny games
Dirección: Michael Haneke
País:
USA.
Año: 2008.
Duración: 111 min.
Género: Thriller.
Reparto: Naomi Watts, Tim Roth, Michael Pitt, Brady Corbet, Devon Gearhart, Boyd Gaines, Siobhan Fallon Hogan, Robert LuPone, Linda Moran.
Guión: Michael Haneke
Producción: Christian Baute, Chris Coen, Andro Steinborn
Vestuario: David Robinson.
Fotografía:
Darius Khondji
Estreno en España: 4 de Julio del 2008.

Nunca he podido estar más de acuerdo: si se es educado, todo sale bien. Pese a esto hay que destacar que el extremo protocolario alcanzado en la película roza, de manera sublime lo extrañamente desequilibrado. Pero como no se puede comenzar por un final, antes tengo que poner al lector en situación.

Una sublime familia disfruta de unas vacaciones en un idílico lago… perdón, ¿he dicho disfruta? Quería decir sufre de torturas inimaginable en vez de unas vacaciones y todo ello de mano de dos dicharacheros jóvenes con ganas de jugar.

La película es un remake del film del mismo nombre y director, pero en su versión austriaca, de 1997. Diez años después Michael Haneke repite en este festival del sadismo de la mano de actores plenamente hollywoodienses, entre los que merece ser destacada Naomi Watts.

Tras su trabajo en The ring: la señal (2002) y The ring 2 (2005) Naomi nos demuestra que no sólo hay que temer a las niñas fangosas que salen reptando (gracias, Miguel) de la televisión, sino también a los extraños que llaman a tu puerta.

Nada más llegar a su paraiso vacacional (no, Marina D’Or no, simplemente uno de esos típicos lagos americanos) la familia posiblemente más feliz en ese momento prepara su estancia: mientras el padre y el niño ultiman los detalles de su embarcación, con un escurridizo cuchillo que te hace pensar en un final simplón (casi aciertas, Elena) la madre se encarga de organizar la casa.

Un educado joven entra en su casa pidiendo media docena de huevos, y lo que podía haber sido un simple favor se transforma en el más desagradable entuerto para nuestra queridísma familia: a este joven, Peter (Brady Corbet), le acompaña su inseparable amigo, Paul (Michael Pitt), que tras atacar al padre (algo justificado por la pérdida de modales de éste) explican su pequeño jueguecito a nuestros protagonistas: ellos apuestan que la familia estará muerta a la mañana siguiente, y la familia – lo quieran o no – apuestan lo contrario.

Este sencillo juego se convierte en la más perversa demostración de hasta dónde puede llegar la demencia juvenil – entre la que me incluyo, claro --. Un especial papel en la película cobra juego en la indumentaria de nuestro amigos Peter y Paul, impecablemente vestidos de blanco (sport, eso sí, no hay nada como matar de manera cómoda) y con guantes blancos, algo que sin duda rebasa el hecho de no dejar huellas de su actividad, más bien se convierte en un gesto del extremo que alcanza la meticulosidad de estos dos “jugadores”.

Bardy Corbet llega a recordar en esta película al grandísimo Jack Nicholson en su papel del Jocker, no tanto en el estilo del personaje, sino en los gestos de la cara. Mención aparte tiene el momento en el cual Paul comienza con Peter a divagar en el sofá y a contar una historia cuanto menos divertida de la vida de Peter.

funny games naomi wattsEsta película es además capaz de hacerte temer lo más sencillo: no se muestra una escena directa de ningún disparo, ni evisceraciones, ni tampoco juegos sucios -- más típicos del gore --. Es genial ver como el simple rodar de una bola de golf puede hacerte estremecer hasta un punto que parecía inalcanzable. Y sin lugar a dudas, el momento de la película en el que permiten a sus víctimas mover ficha, es uno de los mejores.

La familia – con un miembro menos, eso sí – trata de recomponerse de lo que era hasta ese momento las peores vacaciones: la angustia que te reflejan estos momentos es sin duda mucho peor de lo que se sentía en presencia de nuestros amigos Peter y Paul, la inquietud de no saber qué hacer, de darse cuenta de lo indefensos que estaban ante ese juego pudo hacer perder a más de uno la cordura. Porque de haber seguido el juego como había sido hasta ese momento podrían quizás haber hecho frente a la apuesta.

Cuando más tarde Peter sufre un accidente a manos de uno de los miembros de la familia y Paul consigue salvarle rebobinando con el mando del video es algo que ya muestra definitivamente la enajenación mental no transitoria que sufre Michael Haneke. Pese a ello nos lanza el aviso de que en esa película no va a haber un final agradable, no veremos como se abraza la familia con un amanecer de fondo tras matar a sus verdugos mientras Marco se reencuentra con su madre a lo lejos y aún más lejos podemos ver que el disparo de la madre de bambi solo le hizo un rasguño.

Así, te llegas a dar cuenta de que no pueden hacer nada y todo llegará a su… ¿final? Porque el hecho de volver a pedir unos huevos por parte de Paul en casa de unos vecinos no parece serlo…

Una reconocida mención de la debe llevar la banda sonora, que pese a que se reduzca a una canción es algo absolutamente acorde con la película: las suaves melodías de Mozart y Händel dejan paso al toque thrash-punk de John Zorn, simplemente escalofriante: http://es.youtube.com/watch?v=MX4BmANMfiQ (sólo son los créditos, no desvela nada, a pesar de la cara que nos dedica Peter).

Así, se nos ofrece una película, bajo mi punto de vista recomendable, que es capaz de hacer obscena la locura sin por ello llegar a mostrar sangre ni cuchilladas. Un cuadro en el que se permite ironizar con la clase burguesa, mostrando unos consternados y refinados asesinos que son capaces de acabar con la vida de una familia… jugando.

Todo comienza en un coche, una familia juega a adivinar canciones de música clásica, sin llegar a saber… que después jugarían a algo más divertido,… más Funny Games.

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Expediente X 2: Creer es la clave

 

Francisco Trinidad

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Título original: The X-Files 2: I want to believe
Dirección: Chris Carter
País:
USA.
Año: 2008.
Duración: 105 min.
Género: Terror.
Reparto: Amanda Peet, Billy Connolly, David Duchovny, Gillian Anderson
Guión: Chris Carter, Frank Spotntiz
Producción: Chris Carter, Frank Spotntiz
Fotografía: Bill Roe
Estreno en España: 24 de Julio del 2008.

 

Cuando proyectaron el tráiler de la nueva entrega cinemtográfica de Expediente X, pude sentir como me estremecía en mi butaca. Una nueva oportunidad de reencontrarse con ovnis, intrigas gubernamentales, carreras por pasillos que no llevan a  ninguna parte, exámenes rectales a medianoche y, por supuesto, esos pequeños hombrecitos verdes.

La desaparición de una mujer parece un suceso muy alejado de esta saga, hasta que un sacerdote acusado de peredastia en el pasado, revela a través de visiones escalofriantes detalles en el caso. No hace falta esperar la llamada a la puerta de los exagentes Mulder y Scully, que intentaron retomar sus vidas después de más de un susto paranormal.

Mientras que Scully sigue debatiéndose en intrincadas decisiones morales, pero esta vez como médico de un hospital infantil, Mulder… Mulder está encerrado en una habitación (no demasiado oscura) rodeado de todo lo que ha sido su vida: los expedientes X.

Cuando comentan que en esta ocasión cuentan para el guión y la dirección con la colaboración del grande Chris Carter, alma mater de la serie televisiva, esperas encontrar una película distinta, no tan empeñada en tirar de la sábana que tapa el cadáver de un extraterrestre, sino más enfocada a demostrar que ellos no son necesarios para no poder explicar ciertos fenómenos.

El fallo: se trata de una capitulo de expediente de 105 minutos… sin contar los tráilers del comienzo… y contando los continuos bostezos. Porque lo único que ofrece – aunque ahora no sabría decir si es positivo o negativo – es no tener cortes de publicidad.

Parece pretender dar continuidad a la ya difunta serie, zanjando asuntos personales en un par de minutos, para intentar enfocar la acción, como en la serie, en algo inexplicable. Pero es realemente decpcionante el tratamiento de la relación personal que mantienen Mulder y Scully, simplemente con una breve secuencia de diálogo en la cama, no se sabe si pre- o post-… ¡¡¡ABDUCCIONAL!!!… ¿qué pensabais que diría? (os recuerdo que esto es una web de cine). Como decía, un diálogo de apenas cinco minutos en el que tratan de revelar que pasó con ellos, y sin venir a cuento te sueltan algo más importante que el propio caso de la desaparición.

Para los que no han visto la película, mejor que no sigan leyendo: ¿pretenden que nos quedemos tranquilos tras saber que tuvieron un hijo juntos y que murió? ¿Qué intentan? ¿Dar sentido al desprecio que siente Scully por el sacerdote? Porque en tal caso no es algo necesario, no creo que fuera algo increíble que alguien menospreciara a un pederasta, por muy rahabilitado que parezca estar en la película.(!) Seleccionar texto para leer.

i want to believeSin lugar a dudas el caso de la desaparición de la mujer se hace no sólo aburrido, sino que te hace pensar que tiene que haber algo más, algún atisbo del fumador que les perseguía en sus andanzas televisivas, algo que demuestre que puedes salir boquiabierto del cine. Pero la espera no sirve de nada, simplemente, de nada. Únicamente consiguen arrancarte una sonrisa cuando Mulder y Scully regresan a un edificio federal y mientras ven un retrato de George Bush colgado de la pared y cruzan sus miradas, suena la sintonía de expediente X.

Porque no creo que unos experimentos clandestinos sea el tema más interesante que podrían haber escogido. Desde luego hay más asuntos que hubieran despertado ese espanto en el público como un ataque biológico, un descubrimiento de nuevos planetas o civilizaciones, o simplemente algo que no fuera simplemente otro capítulo sin sentido.

Yo sinceramente, I wanted to believe, pero la secuela de Expediente X no fue suficiente para obrar tal milagro.

 

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EL INCIDENTE

 

Francisco Trinidad

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el incidente

Título original: The happening
Dirección: M. Night Shyalaman
País:
USA.
Guión: M. Night Shyalaman

Año: 2008.
Duración: 118 min.
Género: Ciencia Ficción.
Reparto: Mark Wahlberg, Zooey Deschanel, John Leguizamo, Ashlyn Sanchez, Betty Buckley, Robert Bailey Jr., Spencer Breslin, Jeremy Strong, Frank Collison, Victoria Clark

 

Central Park: de repente, ante el terrible ajetreo que se acostumbra a ver por este espacio, un viento que pasa susurrando un canto fúnebre provoca que todo el mundo se quede parado. Sin más, la gente va muriendo, cayendo como piezas de un dominó sin saber qué es lo que ocurre. Y entonces entra nuestro protagonista: un profesor de instituto - patéticamente interpretado por un más que envejecido Mark Wahlberg – tiene que resolver el mayor problema al que nunca jamás se ha enfrentado: sobrevivir…

Ahora sólo se puede huir pero… ¿de qué? ¿dónde ir? Las últimas noticias señalan que toda la costa Oeste de Estados Unidos está siendo atacada. Y además, a esta historia le añadimos un matrimonio en crisis, un amigo y su hija cuya mujer no está con ellos y, por supuesto, el más temible de todos los personajes: el pánico colectivo.

Cuando creíamos que M. Night Shyamalan (guionista y director) era el único capaz de hacernos gemir de miedo como si fuéramos críos, hacernos dudar de todo lo que habíamos pensado que era cierto en una película; cuando sólo él podía devolvernos la esperanza de un film a la altura del precio de las entradas (¿¿Es que nos estamos volviendo locos??... Ahora llegaría el comentario de algunos: “Pues yo antes por una peseta veía dos películas”) nos sorprende con su película, El incidente, aunque la sorpresa sea darse cuenta de que no está a la altura de sus predecesoras.

Antes de seguir haciendo que cunda el pesimismo sí me gustaría haceros saber que los primeros 10 minutos de película son buenos, sobre todo la atmósfera que consigue crear a través de los personajes anónimos (véase los obreros tirándose literalmente de los andamios, simplemente increíble).

Tras un fuerte arranque, sobre todo gracias a la atmósfera que consigue crear a través de los personajes anónimos (véase los obreros tirándose literalmente de los andamios, simplemente increíble) la película pierde toda su magia en una historia que se revela estúpida hasta para Mark Wahlberg. Quizás M. Night Shyamalan trata de intentar enseñarnos que no todos nuestros principios son inexpugnables, que no somos para nada la raza suprema de la naturaleza… y podría seguir mucho más con este final, pero eso tendréis que descubrirlo cada uno, no seré yo quien os desvele el patético final de esta película.

Quizás soy yo, que escribo desde mi ignorancia, pero no veo normal que le otorguen el papel protagonista a Mark Wahlberg. Si aún no sabéis de quien hablo, os lo aclaro, es fácil: hermano de uno de los integrantes del grupo “New kids on the block”, intentó seguir su camino, fundando su propio grupo: "Marky Mark & the Funky Bunch" (una traducción aproximada es “Marquitos Marcos y el manojo del funk”); su primer disco cosechó grandes éxitos, pero el segundo, fue un anticipo de lo que sería su vida: un fracaso. Pero si algo cabe destacar en este individuo es ser polifacético, porque mientras cantaba a ritmo de rap, fue modelo de ropa interior para Calvin Klein (sin comentarios) y tras cultivar su lado más artístico dio el gran batacazo al mundo del cine, con películas como: The italian job (2003), El planeta de los simios de Tim Burton (2000) – donde también pudimos ver el lado más simiesco de Helena Bonham-Carter - y Tres reyes (1999), entre otras.

Pero si hay algo que TODOS sabemos,  es que se necesita algo más que un abultado paquete para hacer una actuación convincente. Y he marcado el TODOS bien grande, Mark, para que te des por aludido y no quepa ni tan siquiera la posibilidad de que una de tus películas vuelva a nuestras moribundas carteleras.

El resto del reparto está a la altura de la película, aunque la verdad es que John Leguizamo no consigue llegar a una genial interpretación, como hizo con Toulouse Lautrec en la película de Baz Luhrmann de Moulin Rouge (2001). Entre otros detalles, el momento en el que deja a su hija con la guapísima mujer del profesor, Alma (Zooey Deschanel), justo cuando le grita a Alma: “No le des la mano (refiriéndose a su hija) si no lo sientes de verdad”. Aún no entiendo por qué ser tan maleducado con una persona que va a cuidar de tu hija en la tan excepcional situación que vivían, supongo que sería alguno de los traumas infantiles de Shyalaman [entre otros rumores, se dice que el guión de El sexto sentido no le surgió por inspiración propia, sino porque él vivió algo semejante de pequeño… ¿verdad?... ¿artimaña publicitaria?... juzguen ustedes mismos].

 

Mención aparte merecen los planos en los que podemos ver a la gente huyendo, increíbles escenas donde la naturaleza cobra un protagonismo más que merecido. Ni que decir tiene que uno de los momentos en los que la película parece remontar el ritmo del comienzo es la casa de la señora loca. Para quien no la haya visto, esto le parecerá un mal chiste; pero los incautos que ya cayeron en la tentación, seguro que no encuentran una mejor definición de esa mujer.

incidente2La historia nos muestra como Elliot Moore (no confundir con Mohr, aunque suene igual), el increíble profesor interpretado por Marquitos, su mujer (Zooey Deschanel) y la hija de su amigo (Ashlyn Sanchez) llegan exhaustos hasta una destartalada casa. En el porche, una tediosa mujer se balancea mientras disfruta del crujir de su silla (¿o rodillas?). Parece borde, de hecho lo es, pero no duda en ofrecer cobijo al pintoresco trío. Es entonces cuando comienzas a preguntarte de dónde sale este personaje: una mujer viviendo sola y en medio de la nada, sin luz ni teléfono… prácticamente te parece que sería una de las actrices de la película de El Bosque (2004), seguramente olvidada por nuestro gurú del miedo en una de las casas de plató.

Pero no pasa ni un minuto cuando esas dudas, no es que se despejen, sino que se apartan para contemplar el sublime y delirante baile. La señora de avanzada edad y más que avanzado estado de enajenación mental – llamémosla, cariñosamente, la vieja loca –  consigue mostrarnos los efectos de no tener televisión: una falsedad bastante pulcra, cachetes a la niña por coger una galleta (lo mejor es cuando luego le ofrece esa galleta, como si nada hubiera pasado), esa sublime manera de saber si esos extraños querían robarla – ¿tenía un maniquí de vieja para meterlo en su cama? – y no podemos dejar atrás esa manera de atacar su propia casa, que resumidamente sería:

(ATENCIÓN: quien aún no haya visto la película y tenga aún ganas de verla, que se ahorre leer este final de párrafo)

[plano de Marquitos interpretando una escena de miedo y tensión … ante su incapacidad, mejor plano de paquete] [sabemos que la vieja loca esta por fuera de la habitación, ya infectada] ¡BLOM! [cabezazo a la pared] ¡BLOM! [otro más, un cuadro se cae… mejor espejo, que eso es más impactante] ¡BLOM! [se acerca a la ventana] [abrimos plano de paquete para ver de fondo los visillos de la ventana] y… ¡¡¡¡CRASH!!!! [el arrugado rostro viejuno arrasa con las ventanas].

Bromas aparte, la verdad es que estos momentos consiguen añadir mucha más inquietud al ambiente, cuando ya sabemos prácticamente el desenlace de la película. De hecho segundos después, añoramos a esa vieja loca (que ya se ha hecho un hueco, al menos en mi corazón), en vista de la más que estúpida declaración de amor vía tubería marca ACME. Digo tubería marca ACME porque resulta que nuestra ya difunta vieja loca tenía una especie de cobertizo en el jardín que estaba conectada por la casa sólo a través de una tubería, una tubería subwoofer, porque todo lo que pasaba allí se oía por la casa. Desde luego si eso ya es patético, lo de salir a abrazarse a riesgo de morir asquerosamente, hace que la película acabe demasiado mal… (por cierto, aún no me cuadra que la mujer salga corriendo al abrazo, pero… ¿¿qué es eso de llevar agarrada a la niña de la mano??... por dios, que se la llevaban arrastrada a una muerte segura…).

A pesar de todo, es interesante destacar el reducido  presupuesto con el que se ha hecho la película, que según las malas lenguas es de entorno a los 57 millones de dólares, cantidad que se hace más esperpéntica si consideramos que M. Night Shyamalan declaró que con esta película pretendía hacer un homenaje cinematográfico a las películas de serie B. Sólo en España, la cinta ya ha recaudado más de 6.1 millones de euros.

Y la verdad es que podemos decir que sí, que es de serie B… Bochornosa, Burla, Basura, Bazofia, Bufonada, Bodrio, ...

 

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INDIANA JONES

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Francisco Trinidad

 

indiana jonesTítulo original: Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull
Dirección: Steven Spielberg.
País:
USA.
Año: 2008.
Duración: 145 min.
Género: Aventura.
Reparto: Harrison Ford, Cate Blanchett, Shia LaBeouf, Karen Allen, John Hurt, Ray Winstone, Jim Broadbent, Ian McDiarmid, Joel Stoffer
Guión: David Corp (Historia: George Lucas, Jeff Nathanson)
Producción: Paramount Pictures, Lucasfilm.
Música: John Williams.
Fotografía:
Janusz Kaminski.
Estreno en España: 22 de Mayo del 2008.

 

Queridos hermanos y hermanas, es bello pensar que pese a que tengamos que sufrir esta gran pérdida, podremos recordar siempre los momentos que compartimos junto a ella. Debemos de encontrar la fortaleza en la comunión de los cinéfilos para superar su ausencia en los estrenos venideros.

Parecía ayer cuando con su exquisita fragancia nos hacía creer que la creación divina era algo bello, no sólo en su conjunto, sino en cada momento que vivíamos. Parecía ayer cuando nos permitía soñar sin límites con argumentos que sembraban en nuestros corazones la emoción del cine. Parecía ayer cuando contábamos con ella, y ella con nosotros.
 
Pero la felicidad no parece haber sido concebida para ser eterna en nuestra tarea de compartir, dar y recibir: porque de ella recibíamos grandes momentos, con ella compartíamos nuestra ilusión y a ella le dábamos nuestro apoyo en sus logros; y aquí nos hayamos, sin consuelo, reunidos en torno a los pedazos marchitos que surgen sin su ayuda, que tratan de hacernos pensar que sigue con nosotros en su tarea de dar, recibir y compartir (o recibir, dar y compartir).

Porque el mejor bálsamo que podemos recibir es aceptarlo sin dudar que pese a nuestras oraciones y súplicas, no quieren hacerla regresar. Aceptémoslo, la originalidad ha muerto. En el fondo, para eso vino al mundo: para hablarnos de situaciones mejores, para dárnoslas a conocer a nosotros, hijos pródigos, y para encender en nuestros corazones la alegría de poder experimentar nuevas sensaciones con cada nueva película. Pero nunca jamás nos hicimos a la idea de que la resurrección de las difuntas ideas vendría hacia nosotros en masa, como jinete apocalíptico.

Y podemos ver cada día como esta decadencia se ceba de nuestras salas: nos extasiamos con la resurrección de viejos héroes de látigo y maldición en talones – Indiana Jones y el reino de la calavera - (y no sólo personajes, también actores), podemos oler el hedor que llega de películas que continúan con la estela (por no decir que continúan con el cuerpo moribundo) de series que supieron retirarse a tiempo.

Porque más que Sexo en Nueva York, estamos pasando Sequía en Nueva York, porque no podemos evitar pensar que la película basada en un cómic – Ironman, Batman Begins 2: the dark knight - no tiene argumento propio, sólo efectos especiales; porque a diferencia de lo que nos indicó nuestro Padre, sólo nos verá en una segunda venida, no en una tercera, o cuarta, o quinta venida de entre las risas enlatadas de películas de terrhumor – Scarie Movie 5 – y las aventuras arqueológicas aliñadas con maldiciones faraónicas inagotables ya sean pasadas o futuras – La momia 3: La maldición del dragón, Stargate SG-21 (2008)  -. Esperamos saber si tendrán finales las historias o si por el contrario todo se acabará con un impertinente ataque de espinillas mágicas – Harry Potter y el Príncipe Mestizo - . Y sintiéndolo en nuestros corazones, we don’t want to believe, ni siquiera en una nueva secuela de los expedientes que marcaron una época de misterio en nuestras pantallas – X-Files: I want to believe - .

Pensarán que la precuela de Star Trek – Star Trek XI - podría hacernos creer que recuperar argumentos olvidados en el tiempo puede pasar por historias nuevas. Pensarán que si mantienen espías entre nuestras carteleras podrán sacar de nosotros la emoción que nos arrebataron hace tiempo – Bond 22 -. Y no podemos tratar de evadirnos en creaciones nacionales, que buscan en los tópicos de volantes y banderillas su expresión más recurrente – Manolete -.

Parece que a quien no hay que dar de comer después de medianoche, ni mojar en ningún momento es a los creadores de maravillosas repeticiones que resultan esperpénticas copias de los 80 – Gremlins 3 -. Porque la amenaza de maquillar ideas de antaño es cada vez más real ya sea en forma de sabuesos asustadizos – Scooby Doo 3 – o niños perdidos en los cambios de su pubertad, que logran sin problema alguno ser héroes antes de crecer – Los Goonies (¿2008?) -.

Unamos nuestras oraciones para que alcancemos la recuperación de nuestra compañera, nuestra hermana, que yace fría en su sepultura. Roguemos así mismo que cesen las plagas de huelgas en guiones, que cavan para ella una fosa más honda, y tengamos fe en que no tendremos que sufrir el ascenso de las profundidades de la película de “Los vigilantes de la playa” (la primera película grabada íntegramente a cámara lenta, y por la que actrices de dudosa capacidad seguro ganarán un Oscar).

Depositemos nuestra moribunda confianza en los Wachwosky, cuyos milagros superan las ideas insólitas y llegan hasta la conversión de gónadas; recemos por recuperar la presencia del talento del ya difunto Hitchcock, que nos sonríe de perfil desde el paraíso, tratemos de remendar nuestros pecados suplicando clemencia a Tarantino, que perdió su cordura para entretenernos a todos, y nos espera en las salas con su capacidad de multiplicar las vísceras y la sangre.

Así mismo depositemos nuestras plegarias en la sabiduría de la Santísima Trinidad: Spielberg-Lucas-Scorsese para que sigan trabajando en ideas nuevas, superando cualquier atisbo de interrupciones creativas de guionistas, y así mismo recemos porque no interceda por ellos su hijo, nacido del amor y de las agotadoras repeticiones de buenas ideas, Harrison Ford, ya sea en su forma humana, su forma hansoliana, indianajoniana, o cualquiera de sus formas presidenciales.

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Elevemos nuestras oraciones bien altas, pues aquí y ahora damos constancia de que falleció la originalidad, después de haber recibido los Santos Sacramentos y la bendición apostólica. Sus homicidas, las películas en cartelera y las que aún estar por llegar; su viudo, el cine de calidad; sus hijos, los filmes que guardaremos en nuestra memoria para siempre – Dios salve en su seno Pretty Woman - ; sus hijos políticos, secuelas y precuelas numerables de los mismos; sus sobrinos, amigos, amantes y demás familia, ruegan una oración por su alma.

El funeral por su descanso eterno tendrá lugar en los mejores cines, en sesiones de tarde y noche, incluyendo sábados, domingos y festivos un responso adicional a medianoche.

“Pensemos, que al menos, siempre nos quedarán las palomitas”

 

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IRON MAN

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Francisco Trinidad

 

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Título original: Ironman
Dirección: Jon Favreau
País:
USA.
Año: 2008.
Duración: 126 min.
Género: Ciencia Ficción.
Reparto: Robert Downey Jr, Gwyneth Paltrow, Jeff Bridges,  Terrence Howard, Shaun Toub, Leslie Bibb, Bill Smitrovich
Guión: Arthur Marcum, Matt Holloway, Mark Fergus, Hawk Ostby
Producción: Paramount Pictures (Ari Arad)
Música: John Debney
Fotografía:
Matthew Libatique
Estreno en España: 30 de Abril del 2008.

La historia se repite: cómic conoce director, director conoce cómic, se enamoran, piensan que pueden hacer una película y… ¡allá que vamos! Desde el  primer momento ya con esto causa gran expectación, e incluso puedes llegar a oír en la cola para comprar tus entradas comentarios acerca de lo mucho que la gente conoce el cómic, las veces que se han leído el primer número o lo indignados que llegarán a estar si no se trata con el suficiente “respeto” a este personaje y todas las grandes disyunciones metafísicas que se presentan en su tan lograda biografía gráfica (evidentemente, estoy siendo sarcástico).

Espero ansioso el día en el que se haga una versión cinematográfica del diccionario, que a mucha de esta gente que va a lo último no les vendría mal leérselo (aunque sólo fuera la A). Volviendo a la película: está basada en el archiconocido cómic del mismo nombre, en el que se presenta a un multimillonario - dedicado a la industria armamentística - que diseña un traje con el  adquiere habilidades de superhéroe y lo utiliza para remendar todas las injusticias que están apoyadas por sus armas.

La verdad es que comienza asombrosamente bien, es ágil, se muestra una historia bastante interesante (y como todas, increíble) y resulta entretenido. Pero este comienzo aceptable se ve indudablemente eclipsado por nuestro gran protagonista, Tony Stark (interpretado por Robert Downey Jr). Es un gran héroe, pero al estilo del tío Sam: un canalla patriota, de mala vida pero grandes sentimientos, un héroe que permite que la fuerza militar americana consiga llegar allí donde no hay democracia (y sobre todo donde no falta oro negro) para liberar a pueblos y someter a terroristas desdentados: vamos, una versión americana de nuestro Manolo Escobar (suponiendo un traje metálico de superhéroe en lugar de patillas, claro). Según cuentan, las escenas de bingo, mujeres y alcohol las grabaron todas de una vez, sólo con un cámara que seguía a nuestro querido Robert Downey Jr (que manía americana con el junior, cuando podría ser más nuestro diciendo el “Robertillo Downey” ).
En esta cinta además cuentan con otros dos grandes personajes: el típico que desde el principio se le ve el plumero de la traición (no seguiré diciendo quién es, para los que aún creéis que vais a ir a verla después de leer ésto), y cómo no una chica que parece haber estado de compras cuando se repartieron los cerebros, interpretada por… Gwyneth Paltrow, algo que no logro comprender.

Querida Gwyenth, sé que me estas leyendo, que sabes español y que visitas regularmente esta magnífica web, así que directamente me dirijo a ti, sin metáforas intermediarias: no te leíste el guión, ¿no? Porque no puedo entender como una actriz de tu nivel, de tu pedigrí – recuerda la estatuilla que te llevaste a casa por “Shakespeare enamorado” en 1998, si, mujer, la que tienes en la estantería, la que sostiene unos álbumes de fotos – aceptó ese papel. Para mí no tienes secretos, sé perfectamente lo que pasó: te fueron a dejar el guión, pero claro, tú estabas ordenando tus tarros de comida macrobiótica y dijiste “Déjalo por ahí, que me lo leo y en dos semanas te llamo”.

Cuando pasaron dos meses te llamo el señor Marvel (¿o es Stan Lee?) para saber que te pareció, pero tú, claro, ni te acordabas, y no permitiste que pensara que se te olvidan esas cosas. “Sí, sí me encanta, la verdad es que el guión alcanza un ambiente muy tenso cuando mi personaje se replantea sus principios” – le decías por teléfono. Y cuando te leíste la primera página pensaste, “la verdad, no está mal… siempre me quise teñir de pelirroja”.

Y no me digas que cuando llegaste a plató no pudiste ver ese espectáculo tan dantesco, porque sólo podías mirar tu imagen reflejada en el espejo, con esos tacones que parecías el propio Ironman en pleno vuelo, y decías “sí señor, no vuelvo a hacer de gorda, porque aprendí de ese error, y ahora reviso lo que le hacen a mi personaje”.

Pero lo que le hicieron a tu personaje en esta ocasión no fue nada en comparación con lo que te hicieron a ti: ¿cómo lo permitiste, Gwyneth? ¿¿Cómo?? Porque era increíble verte de secretaría sexy, con carpeta y escote allá donde fuera tu jefe. Porque tú no eres de esas que pintan bien en ese estilo, las hay que pegan mejor como mi Nicole Kidman, que daba el pego de rubia tonta fenomenal. Pero tú no puedes ser de esas, de las chicas “Uy-que-mona-soy-pero-como-me-toques-me-rompo” (gracias, María), de ésas que pelean en la película por correr sobre sus tacones, con el arma mortal por el que la persiguen los malos malísimos cyborgs (véase también monstruos o alienígenas) mientras se rascan el ombligo con el sacro, en un intento por meter tripa, cual posado veraniego de Ana Obregón.

Me duele que hayas hecho esto y espero que en la próxima te leas el guión, que es algo a tener en cuenta (y por cierto, deja ya tu amistad con Madonna, que como vemos te está afectando seriamente).

Después de esta carta para mi querida señorita Paltrow (no dejes de leer y toma nota, querida) no podemos dejar de decir, como las 40 personas más que salían de la sala: estaban bien los efectos especiales… Veamos, estamos en el 2008, si no estuvieran bien los efectos especiales sería para que nos devolvieran el importe de la entrada; es más, ¿qué película de éste género no cuenta con efectos especiales que tengan un nivel de calidad? Porque ya es evidente que tras esa frase se esconde nuestra frustración por una historia insulsa, un desarrollo plano, un argumento previsible y un final insoportable.

En realidad, la película no deja lugar a sorpresas, todo está bastante claro: el caradura que trafica con muertes puede ver en primera persona la doble cara de su negocio; pero como además es un genio consigue desarrollar un armamento tan sumamente sofisticado (sólo con ayuda de unos robots, que por cierto eran capaces de mostrar más expresividad que él) que supera cualquier diseño enemigo, por muy musulmán o calvo que sea el malo malísimo.

Pero sin lugar a dudas lo peor se nos presenta en el final, ya no sólo porque sea bastante superficial y asquerosamente previsible, sino porque… es un final… ¡abierto a más entregas! Si, es así, parece que se han mezclado las ganas de seguir haciendo caja, la desgana de tener que inventar una historia (porque, seamos sinceros, el hecho de tenerlo escrito es bastante cómodo, y más si hay el doble de ilustraciones que de texto) y creo que un importante factor también ha sido, según fuentes cercanas a la productora, que Gwyneth ha manifestado que le gustaría probar con un color de pelo más oscuro y que Robertillo Downey sigue de fiesta en el decorado del casino, hasta el punto de que ha llegado a secuestrar a las figurantes que aparecían con él y no consiguen reducirle.

Por eso, esperemos que esta locura se quede en una sola parte, porque al menos yo no estoy preparado para salir del cine y tener que volver a valorar con más nota las palomitas, que la película.

 

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21 BLACK JACK

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Francisco Trinidad

blackjackDirección: Robert Luketic.
País:
USA.
Año: 2008.
Duración: 123 min.
Género: Drama.
Interpretación: Jim Sturgess (Ben Campbell), Kate Bosworth (Jill Taylor),Laurence Fishburne (Cole Williams), Kevin Spacey (Micky Rosa), Aaron Yoo (Choi), Liza Lapira (Kianna), Jacob Pitts (Fisher), Josh Gad (Miles).
Guión: Peter Steinfeld y Allan Loeb; basado en el libro "Bringing down the house" de Ben Mezrich.
Producción: Dana Brunetti, Kevin Spacey y Michael De Luca.
Música: David Sardy.
Fotografía:
Russell Carpenter.
Montaje: Elliot Graham.
Diseño de producción: Missy Stewart.
Vestuario: Luca Mosca.
Estreno en España: 11 Abril 2008.

 

 

 

“A ganar a ganar, pollo para cenar”

Desde el comienzo éste es el marco con el que se nos presenta la película, pero lo que no podría haber llegado a imaginar en esos primeros minutos de expectación, en los que la emoción por disfrutar o la angustia por sufrir surgen curiosos en mi cabeza, es que ni al final de la película entendería qué es lo que significa.

Lo primero que me intrigó de esta película no fue la historia, ni el equipo (la verdad es que el director, Robert Luketic,  no atrae por sus anteriores trabajo, véase “La madre del novio”, “Una rubia muy legal”), ni tan siquiera el tan lastimado póster de la misma; sólo el hecho de que estuviera “basada en hechos reales”. Es increíble cómo parece que cuando se utiliza esta expresión en las promociones de las películas, éstas ya ganan unos puntos extras (me refiero claro, a su recaudación).

Esta película esta basada en el libro "Bringing down the house" de Ben Mezrich, donde se cuenta la historia de seis estudiantes del MIT que entre 1992 y 1999 consiguieron ganar unos tres millones de dólares en los casinos de Las Vegas con una técnica sencilla: formar un grupo que controle las mesas donde se juega, tener un código para saber cómo estaba el juego en cada mesa y contar.

La historia de la película parece fácil: un chico necesita dinero para estudiar y debido a su gran aptitud para las matemáticas le introducen en un grupo organizado por un profesor que se dedica a estudiar estrategias acerca del Black-Jack - que aún no sé ni en que consiste – y las ponen en práctica todos los fines de semana a lo grande, en Las Vegas.

El chaval con el que se nos presenta la trama, es exactamente el tipo de personaje del cual todos sentimos empatía, pensando: “Pobre; a mi tampoco me concedieron una beca parecida, y yo soy seguro mucho más inteligente que él”, “Vaya, él tampoco se va con la gente enrollada, sólo con el más que típico grupo de freaks (de esos que se autodenominan “consejo de sabios”)”, “Mira qué cambio, como recorre triunfante las fiestas de Las Vegas”. Pero, ¿tiene algo de real este personaje? Es más, ¿tienen algo de real todos los personajes? Porque son la verdad todo menos verosímiles: tenemos a la “ingeniera aeronáutica” que es tan guapa, inteligente y sexy que mejor que meterse a modelo, o estudiar un poco sus asignaturas prefiere irse todos los fines de semana a desbancar casinos - que en ningún momento se explica para qué lo necesita, pero nos conformamos porque le toca a interpretar a mujeres rusas en las mesas (sí, es cierto, pese a que Kate Bosworth – ya la vimos en “Superman Returns” (2006) - ya es incapaz de llegar a dar vida a un personaje, el guión le hace desarrollar a otro partir de ése) -, el típico profesor de matemáticas (personaje salvado por Kevin Spacey), que en vez de saciar su rencor hacia la vida en sus exámenes y posteriores correcciones y revisiones, entrena a un grupo de gente aventajada (estoy seguro de que no en la interpretación); los típicos amigos del protagonista que representan todo lo anti-cool en la Universidad (de acuerdo, estos pueden a ser algo reales); tenemos también a los compañeros de pillerías, que cómo no sufren un ataque de celos regado por mucho alcohol, y no podemos dejar de olvidarnos de  las bailarinas de striptease que aportan una gran carga emotiva contoneando sus cuerpos en un segundo plano (sí, fijaos, podréis verlas en la mayoría de las escenas de discotecas exclusivas de Las Vegas, e incluso me atrevo a decir que en la casa de la madre pude ver a alguna por detrás de las cortinas, para hacer más amena la escena ).

El personaje que, personalmente más me decepcionó y gustó al mismo tiempo es el matón de los casinos (Laurence Fishburne), que por una parte es muy previsible, pero por otra añade esa parte de realidad al robo de tanto dinero. Es divertido cuando se pone anillos para pegar a la gente…

blackjack1A favor de la película tengo que destacar dos cosas que me hicieron reír: la primera es el problema que plantea el profesor en clase, cuando descubre el gran talento de nuestro protagonista. Sin lugar a dudas no hay mejor atrezzo para una clase de ecuaciones no lineales - en general, para cualquier escena de película americana en la que tengamos que ver el más mínimo atisbo de enseñanza - que sus integrales, sus sumatorios y números y fracciones a discreción, no hace falta ni saber si representa algo mínimamente coherente (o quizás es que era el día de descanso de las bailarinas de striptease y no había nada mejor para el segundo plano). Por cierto, el problema del concurso que comentan tiene de ecuaciones lineales los que tiene esta película de “basada en hechos reales”. Que me pregunto yo, mucha inteligencia para resolver “enigmas matemáticos”, pero luego nos aparece guardando sus ahorros en el techo falso de su habitación.
La segunda es el momento de gastar el dinero, ya que pese a que  pensaba inocentemente que la película no caería en demasiados clichés, se hunde por su propio peso en ese momento compras, y aún más en las fiestas tan increíbles que aparecen (de acuerdo, es posible que haya cierta envidia en estos comentarios, pero es que sólo faltaba Richard Gere en la tienda, sentado en un sofá y sonriendo a nuestros protagonistas).

No es todo tan malo como parece en esta película, es cierto que consigue atraer tu atención, presenta el mundo como una gran oportunidad para Ben (nuestro audaz protagonista) y pese a que el final es tremendamente evidente es inevitable sentirse aliviado al saber que nuestro indefenso Ben es capaz de tomar decisiones… acertadas. Y sobretodo, lo mejor es que - como ha debido considerar el director – no hace falta saber cómo acaba todo, es mejor terminar la historia cuando corresponde, no alargar más argumentos insulsos que lo único que hacen es robar tiempo para escenas en las que podamos poner bailarinas o pizarras de sabiduría (¿o por qué no ambas?).

Al acabar la película sólo aciertas a sacar dos conclusiones: la primera, que te han gustado mucho más las palomitas (aunque sepas que con ellas envenenes tus arterias) y la segunda…

 

… “A ganar a ganar, pollo para cenar”…

 

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