Marysol García
VER Lalá Miolac.

Perros ciegos y enferocidos que cruzan las calles bajo un cielo amarillo mostaza. Cuadrúpedos que estiran el esqueleto, marcando la tensión de los músculos en movimiento, fijando una mirada brillante, repleta de rabia, a la cámara, o mejor dicho a la otra mirada, la del espectador, pues nos encontramos ante un documental de animación. Muchas las ideas que desde la apertura de la película se van hilvanando mientras construyen una bola de aire que después nos será difícil eliminar del pecho.
La cinta de Ari Foldman (a la postre protagonista de la historia de la película), es una coproducción entre Israel (país de origen del cineasta), Alemania y Francia. En la pasada edición del Festival de Cannes enamoró a la crítica y al público, obtuvo cuatro nominaciones a los premios de la Academia Europea y se alzó con el ambicionado Globo de Oro a la mejor película de habla no inglesa el pasado mes de febrero.
Las imágenes parecen más reales que dibujadas, quizás la tarea haya sido facilitada por el hecho de que primero fue rodada como documental y después trasladada al campo de la animación. Gestos, palabras y rasgos dan durante los 90 minutos de duración un cuadro detallado y cercano cuyos márgenes no se funden con la fantasía, no permiten que escapemos de lo que estamos viendo. A modo de tiro de gracia, dos minutos de imágenes reales al final de la película, sin sonido, brutales. Foldman y su personaje realizan un camino en la recuperación de la propia conciencia, de la posición dentro de la Historia haciendo partícipe a quien observa, identificándolo e incluyéndolo en la trama, mientras a nuestros oídos llega la mezcla de metralla, gritos, música electrónica y un desgarrado violín.
El filme se ambienta en la guerra del Líbano, 1982. En septiembre del mismo año el líder de la milicia cristiano falangista, Bashir Gemayel es asesinado durante el atentado en la sede central en Beirut de las Fuerzas Libanesas, aliadas de Israel. El entonces ministro de Defensa, Ariel Sharon ordena la ocupación de Beirut oeste violando el acuerdo previamente establecido con Estados Unidos (sin duda, un ligero percance vistas las después futuras relaciones del imperio yankee con el rey del «suma y sigue» de la violencia).

Al día siguiente al atentado, las Fuerzas de Defensa Israelíes rodearon el campamento de refugiados palestinos de Sabra y Chatila. Situados en las puertas para controlar los movimientos y en puntos de visualización estratégica en los edificios colindantes, para controlar la zona. En este contexto, los falangistas entran en el campamento (con el apoyo logístico made in Sharon & Eitan) «en busca y captura» de terroristas de OLP. Durante más de 30 horas y armados con armas de fuego, cuchillas y hachas, una unidad de 150 falangistas se encargó de llevar a cabo una carnicería de civiles perpetrando violaciones, degollaciones y ejecuciones en grupo.
Mientras los infinitos minutos transcurrían en aquella larga noche que Spielberg jamás tendría la inspiración de contar, los soldados israelíes lanzaron bengalas para iluminar el campamento. Sin disparar, con una participación en forma de estela incandescente. Abandonando el rol tan adherido de víctimas para trasladarse, sino al de verdugos, al menos al de cómplices sapientes. A la mañana siguiente, un extracto de cuenta con 300 muertes en su haber. Informes periódicos durante la noche, una veintena de pares de ojos oficiales barajando datos y reportes. Otra larga noche iluminada por constantes bengalas destinadas a marcar el paso de las horas, como si en vez de minutos, el tiempo pudiese ser medido por los shhhhhhhhhh del ascenso de estrellas artificiales en el celeste nocturno.
Tres días de luces y sombras, tres días de silencio mediático y corporativo, de quien detenta el poder y de quien nada sabe porque no lo detenta. Una caja de Pandora llena de cuerpos hinchados por el sol y la humedad, cadáveres malolientes, miembros apuntados, órganos desparramados y testigos de siempre, las moscas. Un mosaico de miradas sin vida, perdidas, despreciadas. Niños y ancianos no salvados por la edad ni la estatura. Mujeres y hombres en igualdad de sexo ante el odio que resulta especialmente igualitario en la identificación de objetivos.
Foldman recupera así un hecho que puso en crisis a la política israelí, que originó la manifestación más multitudinaria de la historia del país y cuyo reflejo quedó estampado gramaticalmente en el informe realizado por la Comisión Kahan donde se identifica como autores del genocidio a los falangistas pero se exculpa de toda responsabilidad a los soldados israelíes criticando la labor de los altos mandos del Ejército y el gobierno, en particular la posición adoptada por el ya muerto Sharon. Sin embargo, broma macabra de esta sociedad nuestra, el responsable material de la masacre, Elie Hobeika, no fue nunca acusado en un tribunal llegando a ser nombrado ministro (ni más ni menos) del gobierno libanés de 1990. En 2002, cuando un coche bomba termina con su vida, se especula que podría haber testificado en el tribunal de guerra belga.
Los cielos incendiarios de Apocalypse Now salen esta vez de lápices de colores, un conflicto bélico trasladado al dibujo animado para mostrar una realidad que de ser contada en imágenes de archivo habría resultado insoportable para la sensibilidad de nuestros ojos (creo que de los de casi todos) no adoctrinados para el verdadero campo de batalla. Una genial banda sonora de la mano de Max Richter que complementa diálogos e historias, que busca su propio significado a cada pentagrama, en cada pausa de silencio.
Perros enfurecidos que corren por las calles, perros-símbolos de una conciencia sucia que necesita pagar las cuentas pendientes, obtener la resolución del proceso judicial exhaustivo y doloroso de aquel que se encuentra dispuesto a discutir, pero más importante aún a «discutirse». Escena a escena se recorre la historia, el camino de regreso a la memoria. El recuerdo de un evento que indiscutiblemente nos lleva de nuevo al principio, pues el odio es la semilla del asesinato indiscriminado, y el asesinato indiscriminado no podrá ser otra cosa que nuevo germen de rabia. Así en espirales (que no irrompibles señores, pues no debemos tomar los derroteros de la resignación en este arduo camino) la violencia da sus coletazos y con fuerza centrífuga abandona la pantalla para propinar una fuerte bofetada al espectador. Al salir del cine, no quedan excusas para apartar la mirada, para pensar que todavía la página está en blanco, que estamos mejorando o que quedan infinitas posibilidades para jugar en la ruleta de la fortuna histórica. Las oportunidades son siempre menos y las calles están demasiado llenas ya de panfletos con los que se pueden limpiar muchas cosas, mucho menos la conciencia.

IL DIVO
Marysol García
Hace un par de semanas fui al cine a ver «Il divo», un poco por curiosidad, un poco escéptica. La realidad me parece un entramado dificilmente explicable, y pocas veces los directores consiguen atraparme en temas de política cinematográfica. Es decir, en lo que a política se refiere quizás soy más dada a ver documentales que películas «historico-políticas» Creo que en la personalización de la imagen de un personaje histórico, la interpretación que se hace de la parte humana del sujeto termina por empañar el papel jugado a nivel político. Lo subjetivo de la personalidad termina por complicarme el análisis de lo que la figura política ha representado.
Esto no excluye que resulte interesante o esclarecedor conocer la personalidad de los personajes, que no sea llamativo conocer sus pasiones y sus debilidades. Simplemente no me suelo fiar excesivamente del perfil que se da de los personajes, acudiendo en múltiples ocasiones a los libros de historia para terminar de realizar el encuadre de la persona.
«Il Divo» de Sorrentino, es sin embargo, un excelente trabajo que pone en crisis desde la primera hasta la última de mis palabras. En su película, Andreotti no puede desvincularse de sus rasgos más personales, no puede dejar de decir a la cámara, con esa mirada perdida, a veces casi obscena, que es lo que es y que actúa como actúa, debido precisamente a esa personalidad construida para ser animal político, para moverse dentro de un marco que no acepta (o al menos eso cree él) determinados rasgos, principalmente relacionados con la honestidad.
Y es que, aunque en muchas situaciones nos pueda dar la sensación de que su ironía sin límite, sus frases de efecto, sean reflejo de una realidad basada sobre el juego y la competición, en realidad no son más que conseñas, que responden a palabras trabajadas a lo largo del tiempo para que, a fuerza de repetirlas, un día adopten un sentido.
Excepcional la interpretación de Servillo que acerca al espectador a un Giulio Andreotti, más Giulio que Andreotti, que mira con ojos centelleantes a un mujer que toda la vida camino a su lado, que se reúne y habla tranquilamente con Cossiga como dos compañeros de una residencia de la Tercera Edad imaginaria en la que sólo quedan ellos, en pequeños gestos y una mirada demasiado característica como para poder ser confundida.
La clave de la película, la semilla de la idea: brutal. Un monólogo en el que Andreotti pone el punto central. Se encuentra hablando de sí mismo cuando dice: «yo no soy un hombre con gran imaginación, así que tengo un archivo. Un archivo gigante. Cuando algún periodista quiere hablar sobre mí, le llevo al archivo. Y entonces, quien quería hablar, comienza a callar».
Se trata de la clave de la política italiana. La media de edad en la Cámara y el Senado es tan alta que pocos (por no decir ninguno) son los que no temen a un posible fantasma en el armario, pocos los que no se dieron a pactos, a sobornos, a chantajes... Pocos, por no decir ninguno. Es el reflejo de esa Italia política que demuestra que todo tiene un precio, que cada uno tiene un precio. Y sobre todo, que el más caro de todos, es el del silencio. Es una demostración de la información como poder, un reflejo de las consecuencias del poder y del propio envejecimiento, de los ideales y de la crudeza de la política.

GOMORRA
Marysol García
TITULO ORIGINAL:Gomorra
AÑO: 2008
DURACIÓN 135 min.
PAÍS: Italia
DIRECTOR: Matteo Garrone
GUIÓN: Matteo Garrone, Roberto Saviano, Maurizio Braucci, Ugo Chiti, Gianni Di Gregorio, Massimo Gaudioso (Libro: Roberto Saviano)
MÚSICA: Varios
FOTOGRAFÍA: Marco Onorato
REPARTO: Salvatore Cantalupo, Gianfelice Imparato, Maria Nazionale, Toni Servillo, Gigio Morra, Salvatore Abruzzese, Marco Macor, Ciro Petrone, Carmine Paternoster
PRODUCTORA: Fandango
Soy amante empedernida de los domingos. Comer con la familia, verse con los amigos para unas cañas o arrebujarse en el sofá bien con un libro, bien con una película, son algunas de mis opciones preferidas. Ayer, combinando dos de ellas, comí con mis padres en un fantástico restaurante con cocina de Nueva Orleans, y me fui al cine con Fabrizio a ver Gomorra. Él es italiano y por lo tanto, no habría podido encontrar mejor compañía, para una película que tiene mucho más que miga.
Antes de nada, debo advertirles: Gomorra no es una película fácil. Para quien haya leído el libro quizás la cosa requiera menos esfuerzo mental. Para mí que lo dejé a poco más de la página 60, esperándome como fiel amante en la mesilla de noche, la tarea fue ardua y las explicaciones de Fabrizio ineludibles. Si no sabemos previamente de qué se está hablando, la interconexión de las historias y los hechos es bastante compleja. Diría, completamente desaconsejable para quien no tiene ni idea de lo que es el crimen organizado, la manipulación de obras y concursos públicos, o de la relación en las inversiones de dinero negro en negocios lícitos (vamos, lo que se viene llamando blanqueo de fondos).
Lo mejor de Gomorra es su mirada aséptica y carente de juicios. La narración se desarrolla mostrándonos determinadas escenas de la vida napolitana, acompañadas de una banda sonora nada convencional, la música popular autóctona, que como muchas de las cosas que muestra el largometraje, no serían extrapolables a ninguna otra realidad. Una música que encierra toda una cosmovisión, un planteamiento de vida, una lente desde la que el mundo, a nuestros ojos distorsionado, irreal, increíble, resulta la cotidianeidad de otros.
El film en si mismo cuenta cinco historias: la de Don Ciro, un señor de mediana edad que apenas expresa con palabras, y sin embargo, muestra un mundo a través de sus ojos, en ocasiones inundados por un miedo ilimitado y responsable de pagar el sueldo a las familias de los «soldados» metidos en la cárcel; Totó, un niño-hombre de 13 años que se ve involucrado en una banda por haber cometido un acto, casi reflejo, y que se dará cuenta bien pronto de que en las guerras no existen las posiciones neutras y o «estás conmigo o estás en mi contra»; Roberto un joven que irá entendiendo a través de su superior como funciona la eliminación de residuos y cuales son los costes que habrá de pagar si quiere ser alguien en la vida (napoletana, se sobrentiende); Pasquale, un sastre de alta moda que trabaja para la industria textil y que mostrará a traves de sus ojos: el conflicto con la producción china en el mercado ilegal, la asignación de lotes de producción en fábricas clandestinas o la utilización de mano de obra a bajo coste; y Marco y Ciro dos chavales con aspiraciones de gangster que creen poder hacerse con el mundo y que disfrutan disparando ametralladoras como si de un juego se tratase, que creen ser invencibles y desafían a un sistema que apenas los considera dos muñecos de trapo.

Gomorra es un ejercicio de periodismo brillante, un reportaje espectacular, que pone su objetivo sobre casas de hormigón, sobre callejones sin luz, sobre persianas bajadas y miradas, ojos de una expresividad inaúdita, sobre cuerpos sin vida, charcos de sangre y ese ¡bum! de una bala tras la que sólo puede quedar el silencio. Pero dos horas se quedan cortas, y la posibilidad de entender, que Saviano otorga a través de más de 300 páginas, en la película se va alejando poco a poco, imposibilitando la comprensión global, entorpeciendo la capacidad de obtener una visión completa en la que los factores se relacionan mostrando un solo cuadro. Era dificil, sino imposible, y creo que si apenas consigue entenderlo quien esa realidad la enfrenta todos los días, imaginemos alguien de fuera; intenten concebir la posibilidad de explicárselo a un tercero.
El escenario promete: Nápoles es la ciudad más violenta de la Unión Europea. Sus cifras ponen los pelos de punta: desde 1980, la Camorra, ha asesinado a más de 3.600 personas, una cifra que representa mayor número de muertos que IRA, ETA y Brigadas Rojas, y que la Cosa Nostra siciliana. Sin embargo, no hablamos de una película de asesinatos, olvídense del cliché de Don Vito Corleone, no miren si quiera el horario del cine si esperan encontrar pactos de honor, personajes nobles o escenarios de pizzeria… Esta es una película que elimina los filtros de lo romántico, para dejarnos de frente a la verdad desnuda y frágil en la que todo se conecta, en la que la peste de podrido sale de la tierra como olor asqueroso de una lluvia caducada, como fruto de los residuos que se entierran bien abajo, en la tierra, putrefacción que provoca cánceres, verdaderos y simbólicos.
Una ciudad que vive de la economía sumergida, una ciudad sin ley escrita, sino con ley hecha en la calle a golpe de pistola, de Gucci falsa, de sicario sobre una moto, de adjudicación de obras comprada con un solar «porque tú lo vacías y yo lo lleno». Un clan que nada se parece al de trajes negros de corbata y presenta bosses en pantalón corto y chanclas.
Algunas teorías sostienen que Jehová sentenció la destrucción de Sodoma y Gomorra por faltar a la ley del Amor que implica el respeto del prójimo, del otro. Dios no pudo salvarles, porque los habitantes de ambas ciudades, rechazaron su Amor en los mensajeros divinos, porque fueron crueles, egoístas. En Nápoles no existe el amor al prójimo, porque existe sólo el ego de quien detenta la pistola, símbolo bizarro de la voluntad popular. Creo que es momento, no sólo de escandalizarse, sino de hacer reflexión. De aprovechar el hilo que tiende Saviano o Garrone (director de la película) para seguir tirando, para intentar desenredar la madeja… Para que dentro de 5, 10, 15 años Gomorra no sea el reflejo de cualquier otra ciudad, y nos echemos a temblar porque «ni siquiera lo imaginaba». Señores, es momento de analizar, y no de sorprendernos. Que este mundo no va bien, no es nada nuevo.
Me quedo con la foto de Marco que grita, en un grito que en la película cuesta entender, un grito altísimo, de esos que liberan o que cargan antes de la batalla. Él quería hacerse con los mandos de un futuro clan que todo lo habría controlado, yo me lo tomo para recoger la última frase del libro de Saviano: «¡malditos bastardos, todavía estoy vivo!». Vivos para que en esa mancha gris que se impregna en cada uno de los fotogramas de la película como un reguero de sucio aceite, que representa un mundo donde no existe lo justo e injusto, lo bueno y lo malo, un día deje de oler a podrido y se sienta el olor de la posibilidad de elección.

“Hijo mio, recuerda siempre, en la vida, existe el dulce y el amargo”
Marysol García
Título original: Il dolce e l'amaro
Año: 2007
Género: Dramático
Duración: 98'
Director: Andrea Porporati
Cast: Luigi Lo Cascio, Donatella Finocchiaro, Fabrizio Gifuni,
Ornella Giusto, Toni Gambino, Gaetano Bruno, Pierluigi Misasi, Renato Carpentieri
Sicilia, inicio de los años ’80. Saro Scordia (Luigi Lo Cascio), tras la muerte de su padre en la cárcel, encuentra cobijo bajo el ala protectora de don Gaetano Butera, mafioso de la zona, que se ocupará de él y de su madre, que poco a poco le irá mostrando el “buen camino” para no vivir en la miseria, para tener mujeres, dinero y respeto. Inicia así su carrera criminal dentro de Cosa Nostra, algún atraco y pequeños encargos que poco a poco le harán ganar la confianza del boss y desatarán la envidia del hijo del mismo que creía ser el sucesor de su padre y comienza a ver como la confianza del progenitor se va desplazando hacia Scordia.
Un día, Saro se enfrentará a la prueba de fuego, aquélla que, de ser superada, garantizará su entrada en Cosa Nostra: asesinar a un hombre. Pero esta muerte no será emocionante, valiente, como la imaginaba Saro. Será una muerte sucia, villana, una muerte sin sentido ni finalidad. Poco a poco, el protagonista irá descubriendo las consecuencias de pertenecer a la organización, y cada día, mientras la muerte se va ciñendo sobre él y sus convicciones se van convirtiendo en añicos, recordará con más frecuencia las palabras que su padre le dijo la última vez que se vieron “Saro, recuerda siempre que en la vida, existe el dulce y el amargo”.
En la cinematografía italiana son muchos los largometrajes que hablan de mafia, que intentan explicar un fenómeno tan difuso como estereotipado por la ignorancia. Dentro de la larga lista, digamos que esta cinta resulta aceptable en general y destacable en algunos aspectos.
En cuanto a contenido, fantástico el modo de adentrarse en una mentalidad que naufraga entre dos extremos: entre el miedo y la arrogancia, entre el deber y el carácter, entre el amor y el asesinato, en fin de cuentas, entre la vida y la muerte.
Excepcional la narración y descripción de una sociedad que absorbe sin permitir la salida a un joven nacido en Sicilia, en una Sicilia donde el respeto lo es todo, donde el hambre es la que aprieta el gatillo, donde una vez que estás dentro, la salida resulta casi utópica, donde no se ve, no se oye y no se habla.
Del otro lado de la moneda, la interpretación de Lo Cascio resulta un tanto floja, la manifestación de una mente atribulada y angustiada queda más patente en sus palabras que a través de su expresividad.
Absolutamente matrícula de honor para la Finnocchiaro que ama en modo absoluto, que se priva del amor por una moral que va más allá de las convenciones y que se niega a aceptar una realidad que le provoca nauseas, capaz de renunciar al amor de su vida por no casarse con un mafioso.
En fin, recomendable para conocer una realidad lejana y en la que probablemente se profundiza poco. A coger con pinzas la descripción de una mafia en ocasiones demasiado blanda y más identificada con una banda que con una verdadera organización que se encuentra en la savia de las plantas, bajo las piedras, en todas y cada una de las calles de Palermo.

Hermanos en tiempos de cólera
Marysol García

Dirección: Daniele Luchetti
País: Italia.
Año: 2007.
Duración: 110 min.
Género: Comedia dramática.
Interpretación: Riccardo Scamarcio, Elio Germano, Anna Bonaiuto, Angela Finocchiaro, Massimo Popolizio, Luca Zingaretti
Mi hermano es hijo único, se trata de un largometraje íntimo, particular y lleno de comicidad, donde, aún en la situación más trágica, el espectador no puede dejar de esbozar una sonrisa ante la inteligente, quizás incluso cínica, ironía del protagonista de la historia.
La historia, ambientada en Latina, Roma y Turín, en las décadas de los años 60 y 70, habla de la relación entre dos hermanos, Accio y Manrico. Alrededor, los demás miembros de la familia, la madre, el padre y la hermana, elementos sí secundarios pero no prescindibles.

La Italia de esa época se encuentra claramente dividida, entre las posiciones comunistas que influyeron a que el país llegase a contar con el más grande partido comunista de Europa, y la herencia dejada por el Duce, y recogida por los fascistas de entonces, convencidos de que la crisis económica del país está estrechamente ligada a las ideas estalinistas.
Y aquí es donde comienza la trama, por una parte Accio, el fascista, y en el bando contrario, Manrico, el comunista, apoyado por la hermana de ambos, Violetta.
Lo mejor de la película, la maestría con la que el director hilvana la relación de los dos hermanos, que se quieren a bofetadas, a empujones, a puñetazos. Son diferentes en todo, y chocan el uno contra el otro en la búsqueda de la propia idea, de la justificación, de la imposición, de la convicción. Se encuentran y se desencuentran como sólo en una relación de hermanos puede suceder.
Y a través de sus ojos vemos el conflicto de Italia, de una Italia que no se sabe reconciliar consigo misma, ni con su memoria histórica, un país lejano de la paz, obsesionado por la búsqueda de una identidad, una identidad imposible que no consigue unir dos puntos de vista y que lucha en su exploración del concepto de justicia, de historia y de ideología política.
Quizás lo más flojo la interpretación de un Scamarcio, que al lado del hermano, de su lengua viperina, pierde brillo y se queda tan sólo en un antagonista que al final, no llega a emocionar al espectador.

Una mirada vale más que mil palabras: No basta una vida
Marysol García

Dirección: Ferzan Ozpetek.
País: Italia.
Año: 2007.
Duración: 110 min.
Género: Drama.
Interpretación: Stefano Accorsi, Margherita Buy, Pierfrancesco Favino, Luca Argentero, Ambra Angiolini, Serra Yilmaz, Ennio Fantastichini.
Guión: Gianni Romoli y Ferzan Ozpetek.
Producción: Gianni Romoli y Tilde Corsi.
Música: Neffa.
Fotografía: Gianfilippo Corticelli.
Montaje: Patrizio Marone.
Dirección artística: Massimiliano Nocente.
Vestuario: Alessandro Lai.
Saturno Contro o No basta una vida (título adoptado en español), narra la historia de un grupo de amigos: Davide, un escritor de éxito, y Lorenzo, un ambicioso publicista, son pareja y organizan numerosas fiestas y cenas en casa para sus amigos; Antonio, un empleado de banco que engaña a su mujer Angelica, una exitosa psicóloga, Neval, una traductora de turco casada con un tímido oficial de policía, Sergio, el sarcástico ex amante de Davide y Roberta, una joven tóxico dependiente y fanática de la astrología.
Un día, uno de los elementos del grupo termina en coma en el hospital, y el equilibrio de la unidad se tambalea, porque se sienten perdidos, porque se encuentran ante situaciones que no sabrán enfrentar y porque, ya se sabe, en la situaciones de tensión, los peores secretos, las más graves recriminaciones salen a la luz, para intentar descargar al portador de un peso que quizás, si quiera el alma, es capaz de soportar.
Indescriptiblemente hermosa la comunicación entre Davide y Lorenzo que por medio de miradas explican un mundo en el que pocas veces el cine se atreve a meter el dedo. Una historia de amor que va más allá de conceptos y concepciones, un amor que traspasa las fronteras de la vida y la pérdida para hacernos entender lo desgarrador de la soledad, de la dependencia y en fin de una pasión, de un amor, de una ternura que puede darnos el motivo para levantarnos cada mañana, pero que en la peor de las situaciones también nos hará gritar desde el borde del abismo, preguntándonos si no sería mejor estar muertos.

Una realidad paralela, Gabriele Salvatores
Marysol García
Viviendo en Italia he descubierto un director que sorprende con un cine, que mucho se acerca con sus historias planteadas sobre la fantasía, a un mundo cada vez con mas complejidades a la hora de interpretar. Su primer acercamiento al mundo del espectáculo no se da a través del cine: comienza en realidad, fundando en 1972, en Milán, el Teatro del Elfo, en el que dirigió varios espectáculos definidos de vanguardia, hasta 1989 cuando se pasó definitivamente al celuloide.
En 1989 dirige Marrakech Express, a la que siguió en el ’90 Turné; ambas películas fueron hechas con su grupo de actores – amigos entre los que se encontraban Diego Abatantuono o Fabrizio Bentivoglio, los dos también presentes en muchas de sus películas posteriores. En 1991 obtuvo la consagración internacional con Mediterraneo, por la que le dieron el Premio Oscar a la mejor película extranjera (película que se adjudicará posteriormente también tres premios David di Donatello como mejor película, mejor montaje y mejor sonido y en 1992 un Nastro d'Argento por la dirección).
De 1992 es Puerto Escondido, film adaptado de la novela de Pino Cacucci, donde a Abatantuono y Bentivoglio se unía el actor Claudio Bisio. El año siguiente dirige Sud (1993), intento de denuncia de la situación politica y social de Italia desde el punto de vista de los marginados y de los desocupados.
Temas prevalentes de la puesta en escena son la fuga de una realidad que no se comprende o no se quiere aceptar y en la cual es inutil incluso el intento de cambio, la nostalgia del grupo y del viaje, aquel viaje al que le falta una destinación predeterminada. Nirvana (1997) seña el inicio de un periodo de experimentación narrativa durante el cual firmó también la dirección de Denti (2000) y Amnèsia (2002) ambas con Sergio Rubini como intérprete.
De este periódo vale la pena poner especial incapié en Nirvana, película de gran profundidad y de enorme valor artístico y filosófico. Nirvana es una película ambientada en una enorme aglomeración urbana llamada Aglomerado Norte, en un futuro no muy lejano. Narra como pocos días antes del lanzamiento al mercado de un nuevo videojuego llamado Nirvana, la única copia, en posesión del programador del juego Jimi Dini, se infecta con un virus. La infección tiene una única pero singular consecuencia: provoca la toma de consciencia de la propia existencia al personaje principal del juego, Solo. Una de las pocas películas de ciencia ficción italianas que reclama un poco la presencia de Matrix, con un cast excepcinal, cambios de dirección improvisados y una estética muy cuidada.
En 2003 Salvatores ha dirigido Io non ho paura adaptado de la novela de Niccolò Ammaniti, en la que la transposición cinematográfica nos presenta con gran veracidad la historia del encuentro de dos niños con historias personales absolutamente opuestas en la desolada campaña lugana.
Del 2005 es Quo vadis, baby?, novela de Grazia Verasani. Aqui Salvatores vuelve a sus ganas de experimentación usando técnicas digitales y dirigendo un noir sui generis con atmosferas dark y espacios al límite de la claustrofobia. Relaciones enfermizas, secretos de familia y una hermana muerta son las claves de una película que nos tiene a lo largo de toda su duración con el aliento en suspenso, tanto para descubrir al final, que la realidad siempre supera la ficción y que incluso en el más enrevesado de los misterios, es siempre la naturaleza humana la mayor explicación. El papel protagonista en manos de la actriz y música Angela Baraldi.
Os recomiendo absolutamente acercaros, con inocencia y sin prejucios a una reflexión que va más allá de nuestras mentes ya formadas y ya preparadas a todo de hoy, dejad la mente a un lado y, al poneros delante al televisor, cine, DVD, dejaros sorprender...
Filmografia
• Sogno di una notte d'estate 1983
• Kamikazen ultima notte a Milano 1987
• Marrakech Express 1989
• Turné 1990
• Mediterraneo 1991
• Puerto Escondido 1992
• Sud 1993
• Nirvana 1997
• Denti 2000
• Amnèsia 2002
• Lo non ho paura 2003
• Quo vadis, baby? 2005

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