REALITY XL
¿ES LA REALIDAD SÓLO UNA ILUSIÓN? LA NUEVA CINTA DE TOM BOHN
Christian Wüst
Dirección: Tom Bohn
País: Alemania
Año: 2011
Duración: 83 minutos
Género: Thriller
Interpretación: Heiner Lauterbach, Max Tidof, Annika Blendl, Bodehard Giese
La Organización Europea de la Investigación Nuclear (conocida como CERN) en los alrededores de Ginebra, no sólo fue el lugar de nacimiento de Internet en el año 1989, cuando el científico Tim Berners-Lee creó un sistema para el intercambio de resultados de investigación a través de hipertextos, sino la iniciación del nuevo filme independiente de Tom Bohn Reality XL. El filme de género thriller retoma la polémica en torno al experimento con el Gran Colisionador de Hadrones, en inglés Large Hadron Collider LHC, cuya finalidad es crear unas circunstancias similares a la situación inmediatamente después del Big Bang, en el que se produzca la colisión de hadrones con una rapidez de 99,999 % de la velocidad de la luz. En realidad así como en la cinta, los científicos del CERN llevan a cabo una serie de experimentos con este fin de recrear desde finales del mes de marzo de 2010.
Un equipo de 24 científicos entra a la sala de control del LHC en la Organización Europea de la Investigación Nuclear para llevar a cabo un experimento. Al día siguiente sólo uno de los científicos sale de la sala de control: el profesor Konstantin Carus, interpretado por Heiner Lauterbach, que está sujeto a su silla de ruedas. Los demás científicos han desaparecido sin dejar rastro. Así encontramos el punto de partida de una investigación policial y un thriller que juega brillantemente con el enigma de la desaparición de los 23 científicos internacionales y los secretos de la física cuántica. La policía cita al único superviviente del experimento en una fábrica abandonada donde le espera el misterioso Antoine (Bodehard Giese). Poco después también llegan los investigadores a la fábrica: el prepotente fiscal Robin Spector (Max Tidof) y la joven –y alguna vez algo lasciva- detective Sophia Dekkers (Annnika Blendl). Inicialmente parece que los detectives dominan al profesor con sus preguntas tajantes. Pero en el momento en el que el profesor Carus empieza a incluir la física cuántica en sus respuestas, la narración da la vuelta. Entre otros fenómenos misteriosos, un bolígrafo empieza a volar ante los ojos de los investigadores, aparentemente movido por la fuerza de la imaginación del profesor Carus. Este es el punto de partida de una narración llena de tensión y enigmas.
Tom Bohn establece un ambiente surrealista en un entorno poco común para un interrogatorio, y además retoma brillantemente la polémica sobre los riegos de un experimento que busca a recrear los procesos físicos iniciados por el Big Bang. El cinéfilo puede tener la impresión que Bohn rinde tributo a las luchas entre Neo y el agente Smith de las famosas obras de ciencia ficción Matrix, a través de las conversaciones entre el Antoine y el profesor Carus. Al mismo tiempo invita al espectador a un juego inteligente entre la policía y el profesor supuestamente criminal, cuya narración intentar chocar constantemente con los límites de la mente humana: ¿Es la realidad sólo una imaginación?

LA DAMA DE HIERRO
Francisco Trinidad

Título original: The Iron Lady.
Dirección: Phyllida Lloyd.
País: Reino Unido.
Año: 2012
Duración: 189 min.
Género: Musical, romance.
Reparto: Meryl Streep, Jim Boradbent, Anthony Head, Richard E Grant.
Guión: Abi Morgan.
Producción: Damian Jones.
Música: Thomas Newman.
Meryl Streep vuelve a las carteleras rodeada de un aura que parece prometernos una película que sea digna de no dejar pasar. En esta ocasión, Meryl se mete de lleno en el mundo de Margaret Thatcher, para dejarnos boquiabiertos... eso sí, con un poco de ayuda de la caracterización.
La película nos “desvela” la trayectoria política de una de las mujeres más influyentes en la historia europea del siglo XXI. A través de los recuerdos de lo que fue su época, es la propia Margaret la que va evocando todos los momentos que vivió al frente del Ejecutivo británico, haciendo especial énfasis en cómo la determinación que mostraba fue su apoyo a lo largo de todas esas decisiones que tan criticadas fueron, y siguen siendo.
Y es quizás en esas decisiones tan trascendentales en las que la película consigue una justificación total, no ya para disculpar y acercar a esa Dama de Hierro, si no para simplemente mostrar que sus convicciones fueron más allá de una pose mantenida frente a las cámaras. Era una política que creía fielmente en lo que hacía, en lo que representaba y en el rumbo que debía de tomar para alcanzar sus objetivos.
La soberbia actuación de la protagonista hace quizás que la película se deje llevar mucho al terreno en el que Meryl es capaz de recrearse, demostrando su talento como actriz, y lo merecido de su Globo de Oro (¿Oscar a la vista? ¿Pasará el marcador a un 3-14?). Con un cuidado trabajo de caracterización - no es imposible ver a una u otra a lo largo de la cinta, sólo podemos ser espectadores de las andanzas de Mrs. Thatcher - se consigue que Meryl alcance sin dificultades todo lo esperado a la exigente tarea de interpretar a la Dama de Hierro. Quizás robando demasiado protagonismo a la propia narración, el retrato de Thatcher queda más esbozado que completo, centrándose en dar unas finas pinceladas a los numerosos eventos de su vida política y personal.
Es perfectamente adecuado que sea una excepcional actriz como Streep la que se encargue de declamar ante nosotros el papel de aquella joven que desde el mostrador de la tienda de su padre, ni podía soñar con todo lo que podría conseguir en su vida. Seguramente, una joven intérprete, tampoco alcanzaría a imaginar todo lo que ha emocionado Meryl a través de las pantallas, y por supuesto lo que a ambas les queda por vivir y hacernos vivir.
Si algo puede ser achacado a esta cinta es quizás el excesivo recurso de la confusión provocada por la demencia que realmente sufre la ex primera ministra. Acaba por resultar demasiado repetitivo tantas referencias a esa desubicación temporal, y más aún si el espectador se pone en la piel de los que están cerca de ella. No se puede supeditar tantas anécdotas a un discurso tan pesimista de la vida, a un punto en el que después de tanto poder y tanto éxito los recuerdos se dedican a bailar con la protagonista.
Reservando el derecho a mostrar su historia como ha hecho, es innegable que esta película nos brinda la oportunidad de vivir una historia que parece que ahora tenemos algo más de capacidad para comprender. Nos guste o no, estemos de acuerdo o en contra de la tarea que hizo Margaret Thatcher, merece a pena dejarse llevar y asomarnos a su historia.

THE ARTIST
Marta Montoto
Película: The artist.
Dirección y guion: Michel Hazanavicius.
País: Francia.
Año: 2011.
Duración: 98 min.
Género: Drama, comedia, romance.
Interpretación: Jean Dujardin (George Valentin), Bérénice Bejo (Peppy Miller), John Goodman (Al Zimmer), James Cromwell (Clifton), Penelope Ann Miller (Doris), Missi Pyle (Constance), Malcolm McDowell, Ed Lauter.
Producción: Thomas Langmann y Emmanuel Montamat.
Productora: Wildbunch / La Petite Reine / Studio 37 / La Classe Américaine / JD Prod / France3 Cinéma / Jouror Production / uFilms
Género: Comedia. Romance
Buenas noches queridos lectores, acabo de ver The Artist, y he salido encantada del cine.
Para los que no lo sepan, The Artist, que ya se ha convertido en la película del año, es una comedia muda que cuenta la historia de George Valentin (Jean Dujardin), un famoso actor de cine mudo en la cima de su carrera. George está (in)felizmente casado con Doris (Penelope Ann Miller), pero por azares del destino un día descubre a la pizpireta y alegre actriz y bailarina Peppy Miller (Bérénice Bejo), surgiendo el hechizo entre ambos.
Esta emotiva historia de amor entre los protagonistas se entreteje mientras asistimos al declive del derrotado George. Al mismo tiempo que el cine sonoro irrumpe en la gran pantalla y la fama de ella crece y crece, la de George se va hundiendo más. Pero nuestro protagonista, agazapado en su orgullo, asiste a su propia decadencia sin dejar que nadie le preste su ayuda, hasta que -y después de haber llegado a la desesperación- el cariño desinteresado (y una genial idea) de Peppy le hacen volver a la vida de nuevo.
Brillantes actuaciones, tanto los protagonistas como los secundarios (fabuloso James Cromwell, como Clifton, el fiel mayordomo/chofer, y qué decir del eterno e increíblemente expresivo canino acompañante de aventuras y desventuras de George). Con una maravillosa ambientación musical, Hazanavicius nos transporta al Hollywood de los años 20, al crack del 29 y a la llegada del cine sonoro y musical.
Tiene escenas absolutamente memorables, homenajes a Ciudadano Kane o a los musicales de Fred Astaire y Ginger Rogers. Una gran obra maestra que tiene ya su sitio en el Olimpo cinematográfico. Pero además The Artist es también una crítica a la situación del cine actual. Al igual que cuando ocurrió la transición del cine mudo al cine sonoro muchas estrellas que sólo sabían actuar en un formato mudo, como nuestro George, se quedaron obsoletas; la industria cinematográfica de hoy en día se ha estancado al contar sólo historias insulsas (y algunas hasta bochornosas) y sin mayor trascendencia. En pleno siglo XXI, donde la técnica del 3D invade las salas, The Artist es una arriesgada (¡pero bienvenida!) apuesta, una bocanada de aire fresco que te hace respirar el talento de lo sencillo.

Michel Hazanavicius no sólo ha homenajeado al cine mudo y clásico de los años 20 y 30 de la gran pantalla, sino que como buen aprendiz de sus “padres” (o “abuelos”) cinematográficos, ha sabido asimilar la lección y ha querido volver a la esencia del buen cine, a su raíz, que en esta industria hollywoodiense lamentablemente está tan olvidada hoy en día. Esperemos que otros sigan su ejemplo, y volvamos a asistir a un resurgimiento del cine en estado puro, sin artificios ni superficialidades innecesarias, cine de buenas historias, buenas interpretaciones y buena dirección.
Pero… Sssshhh… basta de palabras. Vayan a verla y… ¡Disfruten, señores!

EL CASCANUECES 3D
Lucía Tello Díaz
Película: El Cascanueces 3D.
Título original: Nutcracker in 3D.
Dirección: Andrei Konchalovsky.
Países: Reino Unido y Hungría.
Año: 2010.
Duración: 101 min.
Género: Fantasía, familiar, musical.
Interpretación: Elle Fanning (Mary), Nathan Lane (tío Albert), Frances de la Tour (reina Rata/Eva), John Turturro (rey Rata), Richard E. Grant (padre), Yulia Visotskaya (madre/hada madrina), Aaron Michael Drozin (Max), Charlie Rowe (príncipe), Shirley Henderson (Cascanueces).
Guion: Andrei Konchalovsky y Chris Solimine; basado en el cuento de Ernst Theodor Amadeus Hoffmann.
Producción: Andrei Konchalovsky y Paul Lowin.
Música: Edward Artemiev.
Fotografía: Mike Southon.
Montaje: Henry Richardosn, Mathieu Bélanger y Andy Glen.
Diseño de producción: Kevin Phipps.
Vestuario: Louise Stjernsward.
Distribuidora: Flins & Pinículas.
Estreno en España: 23 Diciembre 2011.
Atreverse con un clásico como El cascanueces implica una valentía formidable. Este cuento de hadas de Tchaikovski, este extraordinario ballet, ha sido versionado en numerosas ocasiones, siendo sus adaptaciones más conocidas las animadas. En la cinta que ahora nos presenta Andréi Konchanovsky, la historia de Mary y su cascanueces alcanza un perfeccionismo técnico sin parangón, con unos efectos al alcance de muy pocos que viene a dar soporte tecnológico a una historia que ya era inmejorable del puño de Ernst Theodor Amadeus Hoffmann.
A través de un árbol de navidad más vivo que nunca, nos adentramos en la aristócrata Viena de los años veinte. Allí vive una niña perspicaz e imaginativa, Mary (Elle Fanning), quien espera emocionada la llegada de su estrafalario tío Albert (Nathan Lane), el día de Nochebuena. Con él, tanto ella como su hermano Max (Aaron Michael Drozin), pueden desbordar su imaginación y vivir aventuras cada día nuevas y mágicas, sobre todo estas Navidades, cuando el tío Albert les regala una casa de muñecas y un cascanueces de madera. En la placidez de la madrugada Mary se despierta sobrecogida, descubriendo que su pequeño soldado, con gorro de Napoleón, puede comunicarse con ella. La fe de la niña en el cascanueces le devolverá la corporeidad, debiendo embarcarse en una guerra contra el rey Rata (John Turturro), quien ha robado el trono al Cascanueces y ha convertido su país en una desproporcionada incineradora de juguetes. Arengada por el hada madrina de su árbol de Navidad (Yulia Visotskaya), y acompañada por un chimpancé, un payaso y un tamborilero, Mary ayudará al Príncipe a derrocar al nuevo monarca y a su terrible madre (Frances de la Tour).
Profusamente ornamentada y con un detallismo digno de un artista, Konchalovsky nos trae una película en la que sin duda se ha deleitado, no sólo ejerciendo de maestro de ceremonias, sino de director, productor y guionista, y con claras referencias a Fritz Lang, a Terry Gilliam y a Luc Besson.
Un agasajo sensitivo con alusiones cinematográficas destacadas, muy al estilo de la pasada centuria, con la sana intención de ser imperecedera y que hará recordar a las películas infantiles de otros tiempos. Un musical trabajado y digno de elogio, con algún que otro pasaje endeble para los adultos, pero que demuestra una pericia narrativa y técnica inauditas.

IN TIME
Lucía Tello Díaz
Título original: In time / I’m mortal
Dirección y guion: Andrew Niccol.
Año: 2011.
Género: Acción, ciencia-ficción, thriller.
Equipo artístico: Amanda Seyfried (Sylvia Weis), Justin Timberlake (Will Salas), Cillian Murphy (Raymond Leon), Olivia Wilde (Rachel), Alex Pettyfer (Fortis), Johnny Galecki (Borel), Vincent Kartheiser (Philippe Weis), Matt Bomer (Henry Hamilton), Yaya DaCosta (Greta).
Producción: Marc Abraham, Eric Newman y Andrew Niccol.
Música: Craig Armstrong.
Fotografía: Roger Deakins.
Montaje: Zach Staenberg.
Diseño de producción: Alex McDowell.
Vestuario: Colleen Atwood.
Distribuidora: Hispano Foxfilm.
País: USA.
Duración: 109 min.
Estreno en USA: 28 Octubre 2011.
Estreno en España: 2 Diciembre 2011.
Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años.
Hace tiempo que el mundo ha cambiado y que el cine se hace eco de ello. Claro es que, para retratar la crisis, lo peor que podía pasar es que el cine, en consecuencia, entrara en crisis también. Aunque este arte en movimiento siempre ha sido reflejo de la vida, y como tal acudimos a él para entender mejor nuestra historia, lo inaudito llegará cuando, en algún momento, comprobemos asustados cómo era y qué temáticas reflejaba el cine de la actualidad. Con In time, Andrew Niccol, acostumbrado al futurismo conspiranoico, y no por ello limitado en facundia y acierto, nos trae una vuelta de tuerca de Gattaca, menos genética y sí más pecuniaria, en la que la humanidad vuelve a sucumbir ante los envistes de una oligarquía que mueve los hilos desde la oscuridad.
En un futuro no muy lejano, Andrew Niccol escribe los pasajes de un mundo dividido en zonas de exclusión o franjas horarias, que marcan el tiempo de vida de sus habitantes. El ser humano, dueño de la vida y de la muerte, consigue desterrar el envejecimiento, poniendo fecha de caducidad a sus conciudadanos a partir de los veinticinco años; desde esa edad el tiempo se paraliza, o mejor, inicia su cuenta atrás: aunque los cuerpos no envejecen, la vida comienza su retroceso, un retroceso que no es irreversible para todos.
Los bancos, el transporte, la prostitución, todo se mide en tiempo. Pero éste no está equitativamente distribuido; los poderosos acumulan siglos de vida, guareciéndose en sus mansiones y guardaespaldas para evitar una muerte violenta accidental; la prole del ghetto, sin embargo, tan sólo cuenta con una jornada de vida, 24 horas que les obliga a trabajar para reescribir el concepto de vivir al día; en el ghetto nadie sobrevive sin picaresca. De él sale Will Salas (Justin Timberlake), un joven que ve cómo su madre se desploma ante sus propios ojos porque nadie le ha transferido un minuto de su tiempo. El encuentro fortuito con un perseguido por los guardianes del tiempo, y la transferencia de cien años al contador de Will, harán que éste vulnere las normas y se adentre en el distrito 4, donde nadie tiene prisa, y donde no saben lo que es correr. Dispuesto a ganar siglos de vida en el casino, en esta franja horaria conocerá a Sylvia Weis (Amanda Seyfried), una joven harta de formalismos y de vivir sin morir, a quien no dudará en raptar para –paradójicamente- salvarle la vida. Fuera ya de su idílico universo, Sylvia habrá de vivir con el contador a cero cada nuevo día.
Premonitoria y clarividente a fin de cuentas, In time es una reflexión catastrofista de nuestra propia realidad, en la que “nadie tendría que ser inmortal si una sola persona tiene que morir”. El dinero, el tiempo en definitiva, es lo que mueve a este grupo de indignados que, al más puro estilo de Stéphane Hessel, deciden reclamar lo que es suyo de una vez por todas. Bancos de tiempo, cajeros de tiempo, charities de tiempo. No hay que pensar mucho, la metáfora no es muy elaborada: el tiempo es dinero. Aprovechen el suyo.

UN MÉTODO PELIGROSO
María González

Título original: A Dangerous Method.
Año: 2011.
Director: David Cronenberg
Guión: Christopher Hampton de su obra teatral The talking cure en 2002, basada a su vez en el libro de John Kerr A most dangerous method, 1993.
Reparto: Keira Knightley, Viggo Mortensen, Michael Fassbender, Vincent Cassel.
Nacionalidad: Reino Unido, Alemania, Canadá, Suiza.
Duración: 99 min.
Música: Howard Shore
Fotografía: Peter Suschitzky
Género: Biopic.
Estreno en España: 25 noviembre 2011
Tal como sus personajes Cronenberg posee una dualidad en su propio ser. Por un lado, está ese director de cintas de horror que muy elocuentemente fue coronado como “rey del terror venéreo”, y por otro, de vez en cuando hace aparición un Cronenberg más academicista. El segundo es el que hace acto de presencia en su última película. Aunque, por supuesto, no defraudará a los seguidores de su faceta más visceral y sexual, puesto que, como bien nos tiene acostumbrados el controvertido director, todas sus particulares características que lo definen están presentes en este biopic freudiano.
Las habituales transformaciones a las cuales somete a sus personajes también encuentran su lugar en la cinta. La principal es la que sufre Sabina Spielrein, representada por una magistral actuación de Keira Kinghtley, con quien se abre y cierra este film circular. Ella es el desencadenante de otro tema frecuente del director canadiense, el sexo. Esta es la enfermedad de la joven, el sexo desinhibido y masoquista. Un comportamiento parafílico que ya ha sido la trama principal en otras películas, como en Crash, 1996. El personaje de Otto Gross (Vincent Cassel) funciona cual catalizador de la enfermedad con la que Jung se “infectará”, convirtiéndose en amante de Sabina y en el cómplice de sus sádicos juegos.
Otto comienza presentándose como antagonista de Jung, tanto por su comportamiento sexual como por su presencia, siempre vestido de negro en contraposición a Jung y sus camisas de blanco impoluto. Paulatinamente, Otto, cual maligno Pepito Grillo, logrará sumergir a Jung en su universo de promiscuidad sexual, siendo, finalmente, más bien su alter ego que su opuesto.
La historia relatada trata la relación entre el padre del psicoanálisis, Freud, y el joven psiquiatra, Jung. La amistad se inicia en modo de carta y de forma profesional, para tratar el caso de histeria violenta que padece la paciente rusa y judía Sabina, quien revela, gracias al método del psicoanálisis, que sus desórdenes tienen como base una infancia repleta de malos tratos pertrechados por un padre perturbado y autoritario.
 
El personaje de Freud, Viggo Mortensen, se muestra como figura paternal para ambos jóvenes. En Jung (Michel Fassbender) ve a su heredero, sucesor del método de psicoanálisis que ha creado alejando las supercherías de la psiquiatría, centrándose en la ciencia. Por otra parte, para Sabina representa ese padre moderado que la ayudará y protegerá por el camino. Algo que ella nunca tuvo.
El ritmo cadencioso, la luz, la blanca claridad, una ambientación y estética que rozan la perfección, trasladan al espectador a esas Suiza y Viena en los albores de la Primera Guerra Mundial en las que el relato se halla enmarcado, con el mar y los lagos en calma como elementos recurrentes, que, siendo símbolos curativos, mantienen un paralelismo con el método de Freud que logra sanar a Sabina.

AMANECER. SAGA CREPÚSCULO PARTE I
Ana Tello

Título original: The Twilight saga: Breaking dawn – Part 1. AKA: La saga Crepúsculo 4 / Twilight 4. Dirección: Bill Condon. País: USA. Año: 2011. Duración: 117 min. Género: Drama, fantástico, romance. Interpretación: Kristen Stewart (Bella Swan), Robert Pattinson (Edward Cullen), Taylor Lautner (Jacob Black), Dakota Fanning (Jane), Michael Sheen (Aro), Maggie Grace (Irina), Ashley Greene (Alice), Nikki Reed (Rosalie Hale), Jackson Rathbone (Jasper Hale), Billy Burke (Charlie Swan), Kellan Lutz (Emmett), Anna Kendrick (Jessica), Peter Facinelli (Dr. Carlisle Cullen), Lee Pace (Garrett), Elizabeth Reaser (Esme Cullen), Julia Jones (Leah), Jamie Campbell Bower (Cayo). Guion: Melissa Rosenberg; basado en la novela de Stephenie Meyer. Producción: Wyck Godfrey, Karen Rosenfelt y Stephenie Meyer. Música: Carter Burwell. Fotografía: Guillermo Navarro. Montaje: Virginia Katz. Diseño de producción: Richard Sherman. Vestuario: Michael Wilkinson. Distribuidora: Aurum. Estreno: 18 Noviembre 2011.CCalificación por edades: no recomendada para menores de 12 años.
Es difícil hablar de esta nueva entrega sin desgranar parte del argumento que como bien indica su nombre, es un inicio, como poco de la primera parte.Si nos centramos en el adelanto del trailer podemos ver cómo Bella (Kristen Stewart) y Edward (Robert Pattison) deciden casarse, opción que entraña muchos riesgos para nuestra protagonista, ella misma se debate entre pensamientos contradictorios acercándose al altar. Esta decisión se fortalece cuando ve a su futuro esposo esperándola, tanto que cambia su paso temeroso para convertirse en paso firme.
Una decisión que le lleva hasta a despedirse de su querida familia, no ya por su cambio de estado civil, sino porque quién sabe lo que puede pasar. Su primera intención es convertirse en vampiro tras la boda, aunque nadie podrá predecir que la sorpresa aparece más adelante, en plena luna de miel, porque ¿son los vampiros fértiles?
Una película que aporta mucha más intriga que las dos últimas con mayor intensidad si cabe que la primera. Pasión esperada, tensiòn y el avance de una relación anteriormente más infantil, más cándida en la que una mirada bastaba, ahora llega a su máximo apogeo teniendo que afrontar nuevos problemas y distintas realidades. Eso sí, Jacob (Taylor Lautner) sigue la situación muy de cerca, protegiendo a Bella en cada momento.
Estética cada vez más cuidada, estilismos perfectos, nuevos entornos, ritmo rápido, la película mejora con creces las dos entregas anteriores, llegando incluso a mejorar la primera. Un vampiro metrosexual, dulce y protector ¿qué más se puede pedir?

CINCO METROS CUADRADOS
Lucía Tello Díaz
Título: Cinco metros cuadrados.
Dirección: Max Lemcke.
Guion: Pablo Remón y Daniel Remón.
Producción: Isabel García Peralta.
Intérpretes: Fernando Tejero (Álex), Malena Alterio (Virginia), Manuel Morón (Arganda), Secun de la Rosa (Nacho), Emilio Gutiérrez Caba (Montañés), Jorge Bosch (Toño).
Música: Fernando Velázquez.
Fotografía: José David Montero.
Montaje: Laurent Dufreche y Ascen Marchena.
Dirección artística: Javier Fernández.
Vestuario: Helena Sanchís.
Duración: 91 min.
Género: Drama.
País: España.
Año: 2011.
Distribuidora: A Contracorriente Films.
Estreno: 11 Noviembre 2011.
Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.
El cine es distracción y es también crítica. Soslayar el contexto social es uno de los pecados capitales de los guionistas que pretenden hacer comulgar al público con ruedas de molino. Existen sin embargo, quienes eligen luchar contra otros molinos, los de viento, escritores y realizadores quijotescos que conocen bien su profesión y exponen con intrepidez y sin bizarría los males de su época, de su mundo. La nuestra es una etapa de farsa, de manejos, de pespuntes mal hilados y además notorios; la especulación, el consumismo, la voracidad y el aislamiento son algunos de los males que Lemcke expone en esta película nada casual, como tampoco lo fue su primer filme, Casual day. Bilis en dosis permitidas aunque no por ello menos indigestas, se nos ofrece como píldora para hacernos partícipes de una realidad conocida por todos, la de esta crisis que bajo el título de economía, encierra una lección mal dada que enraíza en un sistema de valores fallido.
Álex (Fernando Tejero) y Virginia (Malena Alterio), son una pareja de treintañeros dispuesta a empezar una vida en común. Arengados por conocidos y amigos, deciden invertir sus ahorros (y los de sus padres) en una vivienda con piscina, jardín, a diez minutos del centro y con vistas al mar. Todo un lujo al alcance de las hipotecas basura. Encerrada en la letra pequeña de los laboriosos discursos de los comerciales, se esconde una laguna legal del sistema, una quiebra que lleva a la pareja a perder los cincuenta mil euros que habían invertido en su vivienda, y a tener que desperdiciar tiempo y nervios en litigios, burocracia y desplazamientos. Pero Álex sigue adelante, continúa incluso cuando Virginia decide poner freno y dar marcha atrás, mejor preservar el equilibrio que el sueño de un hogar feliz. Por el contrario Álex no ceja en su empeño de conseguir que el especulador que ha arruinado su vida, el señor Montañés (magnífico Emilio Gutiérrez Caba), se retracte del daño infligido y le devuelva la dignidad, ahora que Álex está obligado a vivir en un piso piloto tan artificial como las promesas incumplidas de los folletos inmobiliarios.
Película arriesgada, que supura tanta realidad en sus diálogos (punzante Pablo Remón) que llega a escamar, pero que al mismo tiempo se entrega cercana y amena, Cinco metros cuadrados entronca con lo mejor de la sátira española, la que hiciera legendarios a cineastas como Berlanga o Fernán Gómez, y que se ha encarnado en autores y cintas de nuevo cuño como El método Grönholm (2005, Marcelo Piñeyro) o Concursante (2007, Rodrigo Cortés), llenas de crítica a un sistema caduco con excesivos limbos y recodos.
Una apuesta atrevida, incómoda bajo cualquier prisma, en la que pese a reticencias iniciales, se ha revelado un reparto competente y adecuado, con un Fernando Tejero que se supera a sí mismo, una Malena Alterio comedida y generosa, y un Gutiérrez Caba imponderable, en una trama de la que nadie saldrá bien parado, ni tan siquiera el espectador.
Un filme al que se acude por la cercanía de los personajes, que se aplaude por la exquisitez con que está narrado, y que se recuerda por la honestidad de sus palabras. Una película espléndida para una realidad espeluznante. Enhorabuena Lemcke.

LA BODA DE MI MEJOR AMIGA
Lucía Tello Díaz
Título original: Bridesmaids.
Dirección: Paul Feig.
País: USA. Año: 2011.
Duración: 125 min.
Género: Comedia.
Reparto: Rose Byrne (Helen), Kristen Wiig (Annie), Maya Rudolph (Lillian), Wendi McLendon-Covey (Rita), Chris O’Dowd (oficial Nathan Rhodes), Ellie Kemper (Becca), Matt Lucas (Gil), Melissa McCarthy (Megan), Jon Hamm (Ted).
Guionistas: Kristen Wiig y Annie Mumolo.
Producción: Judd Apatow, Barry Mendel y Clayton Townsend.
Música: Michael Andrews.
Fotografía: Robert D. Yeoman.
Montaje: William Kerr y Mike Sale.
Diseño de producción: Jefferson Sage.
Vestuario: Leesa Evans.
Distribuidora: Universal Pictures International Pictures Spain.
Estreno en USA: 13 Mayo 2011.
Estreno en España: 12 Agosto 2011.
No recomendada para menores de 12 años.
Qué determina que otra-película-prenupcial no sea otra-película-prenupcial, es lo que convierte a La boda de mi mejor amiga en una de las comedias del año sin vacilación. Después de varios resacones, de soportar a los padres, a los hijos, a las suegras y a las ex parejas de las novias; tras años de damas de honor, de veintisiete vestidos, de críticas culinarias dispuestas a obstaculizar enlaces, o de mejores amigas enfrentadas por celebrar simultáneamente una boda, llega una película más que, sin embargo, ofrece mucho menos, y esto lo decimos sin ningún afán peyorativo: ofrece menos empalagamiento, menos lugares comunes, muchos menos sentimentalismos y almíbares y, sobre todo, menos féminas idiotizadas. Esta es una comedia espléndida de mujeres como la vida misma: titubeantes, cansadas, envidiosas, inteligentes y compañeras, fieles a su naturaleza humana y, por ende, tremendamente animales, como todos los seres humanos. Aquí los lazos rosas y las tiendas de novia sólo sirven para boicotearlos desde el intestino; la fondué de chocolate se ultraja sin contemplaciones y las biscuits francesas ruedan por el suelo como todos los estereotipos manidos.
La artífice de tal prodigio es Kristen Wiig, coguionista y protagonista de la cinta, quien se ha rodeado de las más inspiradas de sus colegas para dar forma a una película extraordinariamente cómica, sin toques agridulces ni empalagos, pura hilaridad. La actriz a la que acostumbramos a ver en sus burlescos sketches de Saturday Night Live –y por los que lleva siendo nominada al Emmy a mejor actriz cómica desde 2009-, nos demuestra ahora sus dotes creativas en la escritura de guiones acompañada por Annie Mumolo, compañera de Wiig en “The Groundlings” (grupo teatral de improvisación cómica), para dar forma a un guión repleto de los gags tan al gusto de Wiig, y que incluso las reúne en un fugaz cameo a bordo de un avión –quizá la mejor escena de toda la película-.
La trama redunda en la imaginería común propia de este género: Annie es una mujer desastrosa, gran repostera, a la que su pareja abandona cuando su negocio de pasteles va a pique. Su madre entonces le pide a un compañero de Alcohólicos Anónimos (grupo al que acude pese a no haber bebido una gota de alcohol en su vida), que le ofrezca un trabajo en una joyería, el cual desempeña con dificultad. A su funesta vida personal y financiera, viene a sumarse la boda de su mejor amiga, Lillian (Maya Rudolph, otra incondicional de SNL), quien elige a Annie como dama de honor. Cuando en la fiesta de compromiso conozca al séquito de mujeres que acompañarán a Lillian al altar, la vida de Annie comenzará un declive sin freno hacia el abismo, al cual llegará cuando escalonadamente pierda su casa, su trabajo y la amistad de Lillian.
De todo ello tendrá especial culpa Helen (Rose Byrne), quien con su hermosura, su riqueza, sus contactos y su exquisito gusto para preparar fiestas, desterrará a pasos agigantados a Annie, convirtiéndola en una paria dentro del grupo de damas de honor, aunque la trouppe la complete una joven crédula y ampulosa (Ellie Kemper); una esposa hastiada de sus hijos (Wendi McLendon-Covey), y la violenta y pedestre cuñada de Lillian (Melissa McCarthy). Humillada por sus propios despropósitos, por su sentimiento de inferioridad, y por los maquiavélicos y precisos movimientos de Helen, a Annie sólo le quedará refugio en el oficial Nathan Rhodes (Chris O’Dowd), un policía de Wisconsin maniático, rudo y de buen corazón que en lugar de multar a Annie por sus desbarros automovilísticos, decide en cambio enamorarse de ella.
Dirigida por Paul Feig, habitual realizador televisivo de series como The Office, Cleveland, Mad Men o Weeds, su apuesta por La boda de mi mejor amiga no ha podido serle más fecunda y propicia, por ofrecer un espacio de distracción y sintonía sin mayores pretensiones que las de cumplir el cometido cinematográfico por excelencia, divertir. Es, por tanto, Bridesmaids, una comedia alocada, con un sinfín de recovecos narrativos, de pullas y mofas, de amor a su manera, y de mensaje constructivo: en todos nosotros reside nuestra enfermedad y nuestra cura. Que Annie logre encontrarla o no, eso es ya otra historia

LOS PITUFOS
Tamara Aurora Gómez
Título Los Pitufos
Dirección Raja Gosnell
Producción Ben Haber, Jordan Kerner,Paul Neesan, Ezra Swerdlow
Guión J. David Stem
David N. Weiss
Fotografía: Phil Meheux
Doblaje Neil Patrick Harris Jayma Mays, Jonathan Winters, Katy Perry, Hank Azaria, Alan Cumming, George Lopez, Anton Yelchin, Sofía Vergara, Kevin James, Fred Armisen, Paul Reubens, Kenan Thompson, John Oliver, Jeff Foxworthy, BJ Novak, Gary Basaraba, Adam Wylie
PaísEstados Unidos
Año 2011
Estreno: 12 de agosto, 2011 (España)
Género: Animación
Productoras: Columbia Pictures, Sony Pictures Animation, Kerner Entertainment Company
Distribución Columbia Pictures
¡Na na nana na, na nana naaa!¡Na na nana na, na nana naaa! Sí, lo habéis adivinado, este mes vamos a hablar de esos seres pequeñitos de color azul que no miden más de tres manzanas de altura!.... ¡Los pitufos! Ésta producción que combina live-action e imágenes de ordenador ha llegado este verano a nuestros cines. Dirigida por Raja Gosnell y escrita por J. David Stem y David N.Weiss, es refrescante y divertida, pese a los constantes guiños publicitarios de Google, M&Ms y el señor Mc Donald´s. Es como cerrar los ojos y volver varias décadas atrás... y allí están todos los pitufos trabajando en su aldea pitufa -gracias a dios en ellos no les ha hecho mella la crisis ni tienen el 15-M- por lo que todo está en aparente en orden-.
Por su lado Gargamel, que sigue tan poco agraciado como siempre -algunas cosas no mejoran con el paso del tiempo como pasa con el vino-, continua con su obsesión enfermiza por los chiquitines azules, y su compañero Aszrael, que pese a ser un gato denota más inteligencia que su amo, le ayuda en su locura por atraparlos a todos para extraerles su esencia pitufa – ¡qué me digan dónde la venden! ya lo entenderéis-.
Aquí empieza toda la acción, los pitufos se preparan para celebrar el día de la luna azul y para ello organizan una función y una gran fiesta en la que participan todos excepto Tontín para evitar que lo estropee todo; el pobre cabizbajo va en busca del arrullo de Papá Pitufo que está a punto de tener una visión nefasta para la aldea cuando le interrumpe. No daré muchos detalles para que vayáis a verla pero es aquí donde nuestro protagonista Tontín comienza su camino para convertirse en héroe después de haber metido un poquito la pata. Entre unas cosas y otras Gargamel encuentra la aldea y todos huyen salvo Tontín, Pitufina, Filosofo, Gruñón, Bromista, Papá Pitufo ¡ah! y el nuevo Pitufo Valiente, que parece estar sacado de Braveheart e inspirando en William Wallace. A través de un vórtice van a dar a Central Park por una cascada, y desde ese momento viven un montón de aventuras y experiencias de todo tipo -Gruñón hace hasta un cameo con un M&M-, acompañados por una pareja que están a punto de ser papás y cuya historia se entrelaza con los azules.
Para no hacer de Jack el Destripador sólo decir que ojo al momentazo Guitar Hero y al momento Fuente Ovejuna; aunque sin duda uno de los momentos más divertidos es cuando Gargamel se decide a dedicarse a la estética, bueno ya lo entenderéis -de nuevo-.
Por último sólo añadir que aunque la crítica no le haga ningún favor por ser tan pro-americana y por las más que frecuentes alusiones patrióticas, para que un pitufo de algo más de un metro se quede quieto en una butaca durante toda su proyección, ha de ser una película buena. ¡Ah! señores críticos se olvidan que no han que ver el film con nuestros ojos sino con los de un niño que se ríe, se asusta o se pone a cantar con una inocencia que por desgracia nosotros hemos perdido.

HARRY POTTER Y LAS RELIQUIAS DE LA MUERTE: PARTE II
Lucía Tello Díaz
Título original: Harry Potter and the Deathly Hallows: Part 2.
Dirección: David Yates.
País: Reino Unido.
Año: 2011.
Duración: 130 min.
Género: Aventuras, fantástico.
Equipo artístico: Daniel Radcliffe (Harry Potter), Rupert Grint (Ron Weasley), Emma Watson (Hermione Granger), Ralph Fiennes (lord Voldemort), Michael Gambon (Albus Dumbledore), Bill Nighy (Rufus), John Hurt (Sr. Ollivander), Helena Bonham Carter (Bellatrix Lestrange), Robbie Coltrane (Rubeus Hagrid), Jason Isaacs (Lucius Malfoy), Alan Rickman (Severus Snape), Maggie Smith (Minerva McGonagall), Julie Walters (Sra. Weasley), Bonnie Wright (Ginny Weasley), Matthew Lewis (Neville), Tom Felton (Draco Malfoy), Evanna Lynch (Luna Lovegood), Mark Williams (Arthur Weasley). Guión: Steve Kloves; basado en la novela de J.K. Rowling.
Producción: David Barron, David Heyman y J.K. Rowling.
Música: Alexandre Desplat.
Fotografía: Eduardo Serra.
Montaje: Mark Day.
Diseño de producción: Stuart Craig.
Vestuario: Jany Temime.
Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España.
Estreno mundial: 15 Julio 2011.
Épica. Ningún otro epíteto podría definir con mayor acierto la última entrega de la saga de Harry Potter, por mucho y muy esforzado que sea el análisis de su forma y contenido. Y es épica no sólo porque en su interior bulla con nervio la heroica lucha de esta batalla sin cuartel, sino porque Harry Potter and the Deathly Hallows: Part 2 es mucho más que una película. No es sólo una producción digna de elogio, ni tan siquiera el final meritorio de una fábula episódica con innumerables meandros argumentales, Harry Potter y las reliquias de la muerte parte II es fastuosa, desmedida, abrumadora, impactante; lo es a pesar de que su temática sea demasiado oscura para el público infantil y en exceso adolescente para el público adulto; lo es aunque en el intento por impactar formalmente Yates haya dejado de lado la lógica y haya apostado de nuevo por Mark Day, el responsable de un montaje frenético, desequilibrado, de planos imposibles y escorzos eslabonados, casi publicitarios.
Este sabor a previsible éxito en la noche de los Oscar viene refrendado por un despliegue de medios desbordante y un diseño de producción capaz de hipar al más curtido, con unos efectos visuales punteros apoyados por un atrezzo impecable, con un vestuario y una decoración característicos, propios de una leyenda más higienizada que polvorienta. Lejos quedan ya los trucos de tramoya, los cordeles sosteniendo maquetas, los animales mitológicos acartonados en su descompás; en Harry Potter VII la tecnología va un paso más allá, formando parte de una saga que ha encontrado su latir y su lugar en la constelación cinematográfica.
Si formalmente consigue llamar la atención y suscitar las más insanas de las envidias –los precursores Lucas, Dante, Spielberg y Howard a buen seguro quedan eclipsados por este derroche lascivo de tecnología al servicio del celuloide-, su contenido no desfallece ante tal portento mecánico. Hilada por la inagotable pluma de J. K. Rowling, cuyas novelas no empalidecen frente a sus versiones cinematográficas en absoluto, la historia resulta tan seductora como atrayente, poniendo punto y final a la escala que todos iniciáramos años atrás en la vida de Harry Potter (Daniel Radcliffe), un joven mago cuya única y última misión es acabar con su enemigo lord Voldemort (Ralph Fiennes), aunque para ello deba poner en riesgo su propia vida. Si en Harry Potter and the Deathly Hallows: Part 1, nos enterábamos de que el alma del-que-no-debe-ser-nombrado había sido fraccionada y escondida en siete horrocruxes, en su secuela Harry y sus amigos –Ron (Rupert Grint) y Hermione (Emma Watson)-, darán al fin con el total de los siete objetos, desembocando en una batalla legendaria entre el eje del bien y del mal, un Armageddon sin tregua en el que nadie estará a salvo.
Destruido el ejército de Dumbledore, la resistencia se situará en torno a los fieles a Harry –magníficos Maggie Smith (Minerva McGonagall), Julie Walters (Sra. Weasley), John Hurt (Sr. Ollivander) o Michael Gambon (Albus Dumbledore)-, contra los acólitos del señor tenebroso -Alan Rickman (Severus Snape), Helena Bonham Carter (Bellatrix Lestrange) o Jason Isaacs (Lucius Malfoy)-. Si a estos excelentes intérpretes de la escena británica se le suman pequeñas apariciones de Emma Thompson, Gemma Jones o Jim Broadbent, justificamos con creces el acierto integral de un elenco sólo apto para superproducciones de altura.
La historia transcurrirá con el trepidar de un anuncio televisivo, el agotamiento del mejor cine bélico, y con la oscuridad propia de un cine de terror light, en una película en la que sorprenderán las afiliaciones mutuas en los bandos beligerantes, los traspasos y las desafecciones, todo ello rubricando lo que podríamos denominar un cine de autores, la película de cuantos han aportado la mejor competencia aunando sus propios talentos en pro de una historia cuyo triunfo debemos única y exclusivamente a la prodigiosa facundia de J. K. Rowling.
Que a pesar de ello haya quien pueda encontrarla aburrida, no lo refutaremos; que incluso se le puede acusar de dilatada, monocorde o en ocasiones cargante, por qué no. Se admite incluso un doblaje inadecuado, con unos malignos en exceso roncos y destemplados, y un final abrupto en su conclusión, más acentuado en la pantalla que en el propio libro. No obstante, no se puede negar su excelencia en todos los aspectos, tanto narrativos como artísticos, formales o visuales. Todo un agasajo para los sentidos y no de materia insulsa como las últimas producciones de la factoría de ficción.
Épica en fondo y forma. Incluso la Gestalt me daría la razón.

BAD TEACHER
Lucía Tello Díaz
Película: Bad teacher.
Dirección: Jake Kasdan.
Guión: Gene Stupnitsky y Lee Eisenberg.
País: USA. Año: 2011.
Reparto: Cameron Diaz (Elizabeth), Justin Timberlake (Scott), Lucy Punch (Amy), John Michael Higgins (Wally), Jason Segel (Russell), Phyllis Smith (Lynn).
Producción: Jimmy Miller y David Householter.
Música: Michael Andrews.
Fotografía: Alar Kivilo.
Montaje: Tara Timpone.
Diseño de producción: Jefferson Sage.
Duración: 92 min.
Género: Comedia.
Vestuario: Debra McGuire.
Distribuidora: Sony Pictures Releasing de España.
Estreno en USA: 24 Junio 2011.
Estreno en España: 8 Julio 2011.
Deleznable. La creatividad y la hondura de los guiones de la factoría hollywoodiense parecen estar haciéndose fosfatina por efecto de la comodidad y el éxito fácil, aun a riesgo de perder la esencia cinematográfica en sí. Comedia no significa incultura, humor no es equivalente a mediocridad, y risa no es sinónimo de escatología. La tosquedad y la ignorancia están llegando a cotas tales que no se entiende cómo actores de la talla de Cameron Díaz han podido sucumbir al trabajo alimenticio. Le hubiera convenido más, en este caso, haber padecido un poco de hambre.
Hace años que nuestro Bigas Luna escandalizó al público con una Juani (Vernónica Echegui), que apostaba entera su vida a cambio de cirugía estética, unos senos nuevos que le abrirían todas las puertas. Semejante llave busca ahora, una década después de la rusticidad mamaria de Bigas Luna, el personaje de Díaz, una profesora sin vocación ni método, que vive centrada en unos implantes proporcionales al tamaño de la chequera de su potencial pareja. Alcanzar el siglo XXI para que el estereotipo de mujer-inútil-caza fortunas vuelva a resucitar resulta lamentable.
Elisabeth (Díaz), abandona su puesto de trabajo en un instituto local por prometerse en matrimonio con un joven millonario pusilánime y engañadizo. Cuando éste descubre la exacerbada ambición de la profesora, decide romper su enlace, empujando a la joven a buscarse un piso compartido y vivir en la estrechez de su bolsillo y de sus miras. Por ello decide recuperar su puesto nuevamente, a fin de ahorrar para aumentar unos pechos que le conducirán a la vida acaudalada.
A la ya de por si deslucida línea argumental, se le añade una raquítica interpretación, una esquelética subtrama y unos recovecos narrativos igualmente pobres. Esta profesora, tan poco docente y decente, vive inmersa en sus anhelos de opulencia, apareciendo beoda en sus clases, basando sus alegatos en lo frívolo y la superficialidad, sin entretenerse en bagatelas como el compañerismo con sus colegas –a quienes desprecia, desatiende, engaña y roba-, y la responsabilidad para con sus alumnos –de quienes desconoce su nombre, y a quienes utiliza, traiciona y vende-. El hecho de que un compañero de trabajo (Justin Timberlake), medroso y adinerado, llegue al instituto con su reloj oneroso y sus modales refinados (a primera vista, la escena inaudita de petting tira por tierra todo tacto y sofisticación), hará que Elisabeth se deje la piel por intentar conquistarlo, a pesar de que se sienta embelesada por el rudo Russell (Jason Segel), profesor de educación física igualmente vacío e insubstancial.
En qué o quién estaban pensando Gene Stupnitsky y Lee Eisenberg al escribir el libreto de esta cinta escapa a nuestro entendimiento, pero seguro que Kasdan, realizador y además colaborador habitual de los desfases Apatow, habrá puesto todo su interés en una historia ignominiosa, en la que lo único rescatable es la capacidad artística de unos actores obligados a interpretar papeles curriculares de los que poder olvidarse. Destacada en este aspecto es Lucy Punch, brillante a las órdenes de Woody Allen y deslucida –en tantos sentidos- en manos de Kasdan, o incluso la propia Díaz, capaz de protagonizar un virulento declive desde la respetable Mary de los Farrelly a esta sandia, ebria y parcamente voluminosa Elisabeth.
Una trama denigrante, para una comedia denigrante y unos personajes denigrantes, capaces de mucho más pero abocados a encrespar a una platea descontenta. Delenznable.

AMIGOS...
Lucía Tello Díaz
Título original: Amigos...
Dirección: Borja Manso y Marcos Cabotá
Guión: Borja Manso y Borja Cobeaga
Intérpretes: Ernesto Alterio (Diego), Diego Martín (Santi), Alberto Lozano (Víctor), Carolina (Goya Toledo), Miranda (Manuela Velasco).
Productor: Eduardo Pérez, Álvaro Agustín.
Productor ejecutivo: Luis Manso, Carolina Lotsberg
Dirección de producción: Luis Fernández Lago
Director de fotografía: Mario Montero
Director artístico: Javier Fernández
Música: Sergio de la Fuente
Cásting: Carmen Utrilla, Marga Rodríguez
Vestuario: Teresa Mora
Montador: Juan Carlos Arroyo
Estreno en España: 8 de julio de 2011
Una herencia. Tres amigos. Un solo ganador. ¿Hasta dónde serán capaces de llegar para obtener la millonaria recompensa? Esta es la pregunta que subyace en la nueva película de Borja Manso y Marcos Cabotá, Amigos..., una buddy movie reciclada y reconvertida en comedia de situación, a la que precede un formidable éxito, incluida la obtención del Premio del Público de la pasada edición del Festival de Cine de Málaga.
La historia nos adentra en el concepto sui generis que de amistad tiene un grupo de jóvenes treintañeros, Nacho, Santi, Diego y Víctor, quienes mantienen desde la infancia un perpetuo rifirrafe de competitividad, apuesta y envite. La vida parece contravenirles cuando Nacho fallece, y deja pendiente un juego postrero para sus amigos: uno de los tres será heredero de su suculento patrimonio (valorado en diecisiete millones de euros), si es capaz de obtener el mayor índice de share televisivo antes de que el año concluya.
A partir de entonces sus hasta ahora amigos (Ernesto Alterio, Diego Martín y Alberto Lozano), lucharán a muerte para lograr la consecución del desafío póstumo de Nacho, y atraer para sí el mayor número de audiencia posible. Para ello se inventarán las más delirantes historias, o crearán los más exaltados personajes. Diego (Alterio), un arquitecto serio y comedido, será capaz de introducirse en un programa de tele-realidad para regalarle al espectador excéntricas frases sazonadas con el humor de Manso y Cobeaga (hilarante “soy gótico desde que visité la catedral de Burgos”).
Por su parte Santi (Martín), cínico y embaucador, convence a Miranda, una ayudante televisiva (Manuela Velasco), de que sus orígenes son peruanos –ni más ni menos que de la población “Pichurri”-, renegando de familia, de país y hasta de madre, con tal de conseguir sus trabajados minutos de gloria catódica.
Finalmente Víctor (Lozano), melindroso, casado y con un hijo, se verá envuelto en comprometidos asuntos del hampa, que le arrojarán –en sentido literal- a la carretera, y le harán perder su casa, su familia y a su hijo. Un atraco televisado, una ceremonia de Nochevieja y una femme-fatal dispuesta a todo con tal de conquistar para sí una triza del apetitoso bocado (Goya Toledo), completarán esta comedia risueña, narrada a contrarreloj y respetuosa, sin embargo, con el tempo necesario para su asimilación y disfrute.
Con una dirección de fotografía magnífica (impecable trabajo el de Mario Montero), que incluye una de las escenas nocturnas capitalinas más espectaculares de la filmografía patria, y con un plantel de lujo (sólo la calidad de sus secundarias es muestra inequívoca de su gran acierto), a este filme le sobra, no obstante, algo de saña y desmesura, y una dilatación excedida en su recorrido final. La fiebre del oro de este western warholiano redunda demasiado en el universo televisivo, cuya morfología y códigos siempre resultan excesivos, dejándose traslucir este carácter, si bien en clave crítica, a lo largo de todo el metraje.
Pese a algún que otro puntual decaimiento argumental, Amigos... es una comedia que funciona y además muy bien; con un plantel inigualable, en el que se cuenta con unos intérpretes inmejorables y creíbles, con un dominio técnico inigualable, una banda sonora espectacular e inaudita, y unos recursos extraordinarios. Es obvio que Manso y Cabotá, como ya lo hicieran Sánchez-Arévalo, Serrano, Cobeaga, Velilla o Santiago, pertenecen a esta remesa de jóvenes directores altamente cualificados, que conocen a la perfección los resortes de la comedia, entregándole a la audiencia una película mayúscula que sorprenderá gratamente al público espectador.
Así las cosas, cabe de nuevo realizarse la misma pregunta... ¿Hasta dónde llegarán por ganar la apuesta? Vayan al cine y lo descubrirán.

EL ÁRBOL DE LA VIDA
Francisco Trinidad

Título original: The tree of life
Dirección: Terrence Malick
País: EEUU
Año: 2011
Duración: 138 min.
Género: Drama
Reparto: Brad Pitt, Sean Penn, Jessica Chastain, Hunter McCracken.
Guión: Terrence Malick
Producción: Dede Gardner, Sarah Green, Grant Hill, Brad Pitt, Bill Pohland.
Fotografía: Emmanuel Lubezki
Música: Alexandre Desplat
Cierra los ojos. Aleja todo lo que te preocupa, todo eso que te impide comprender con claridad. Ahora, intenta simplemente hacer un balance de tu vida. Echa un vistazo atrás y recuerda todo eso que parecías haber olvidado...
Jack (Hunter McCracken/Sean Penn) revive su infancia en el seno de una familia tejana, los O’Briens. A la estrecha relación con sus dos hermanos menores se une un tormentoso vínculo con su padre (Brad Pitt) y una relación mucho más íntima con su madre (Jessica Chastain). Pese a la continua preocupación de su padre por hacer que sus hijos sean capaces de alcanzar todas sus metas y ser fuertes en la vida, Jack no puede evitar convertirse en un pequeño rebelde al que le cuesta compartir el amor hacia su madre.
En un principio, no nos engañemos, esta nueva obra de Terrence Malick - La delgada línea roja (1997), El nuevo mundo (2005) - no se ajusta, afortunadamente, a las películas a las que nos vienen acostumbrando en las carteleras. Y no es de extrañar que la película recuerde, y mucho, a la increíble 2001: Odisea en el espacio. De manera recurrente se suceden las escenas que desde un silencio vacío nos obligan a hacer una pausa en el transcurso de la historia para poder comprender mas allá.
Galardonada con la Palma de Oro del pasado Festival de Cannes 2011, la película presenta una impecable atención a cada una de las secuencias, procurando preservar un encanto que desde principio a fin de la cinta embriaga al espectador en su butaca. Con un guión que deja una gran parte de la interpretación en las manos de la audiencia, Malick consigue identificar los recuerdos del protagonista, casi al extremo de llegar a reconocerlos como propios.
Pese a la ambición casi desmesurada por parte del film para poder expresar todo lo que una vida significa, la película no llega a ser un ejercicio cansado de filosofía, más bien permite que desde una extraordinaria belleza visual se concluya todo lo que podamos querer, sin más. No intenta adoctrinar, no busca el gimoteo fácil, simplemente presenta una reflexión a lo único que podemos tener: nuestra vida.
Porque, al fin y al cabo, merece la pena bajarse de vez en cuando de nuestro ritmo de vida, apartar todos aquellos añadidos que no son esencialmente útiles para nosotros, y regresar a una época en la que nuestra fragilidad infantil nos hacía plenamente feliz, o una época quizás en la que el mundo aún no era mundo, en la que la vida aún se habría paso con una finalidad... ¿cuál? Sólo nosotros podemos descubrirlo...

PEQUEÑAS MENTIRAS SIN IMPORTANCIA
Lucía Tello Díaz
Título original: Les petits mouchoirs
Director: Guillaume Canet
Guión: Guillaume Canet
Género: Comedia dramática
Intérpretes: François Cluzet (Max Cantara), Marion Cotillard (Marie), Benoît Magimel, (Vincent Ribaud), Gilles Lellouche (Eric), Jean Dujardin (Ludo), Louise Monot (Léa), Laurent Lafitte (Antoine), Joël Dupuch (Jean-Louis), Valérie Bonneton, Pascale Arbillot, Isabelle Ribaud.
Producción: Alain Attal, Luc Besson
Fotografía: Christophe Offenstein
Año: 2010.
País: Francia
Página web: A Contracorriente Films
Duración: 154 min.
Fecha de estreno: 27 de mayo de 2011
Hace un par de años, a colación del filme de Claude Berri y François Dupeyron, Trésor (2009), señalamos con cierta indignación que los ricos también lloran, si bien los pobres lo hacen con mayor motivo. Esta tendencia a retratar la crisis de una generación pequeñoburguesa, francesa a más señas, y sumida en un conflicto vital llevado a un callejón sin salida, conseguía escamar considerablemente, puesto que los problemas retratados se encontraban lejos, muy lejos, de ser reales y sustanciosos. En esta ocasión Guillaume Canet, con sus espléndidos treinta y ocho años, nos trae una historia punto menos aburguesada, igualmente enfurecida y en crisis que, sin embargo, no se aleja tanto de los presupuestos reales para exponer cómo la sociedad en su conjunto, participa de esa espiral del silencio que tan desgraciados nos hace ser las más de las veces. Acaudalados, deportistas y bien parecidos, parece que no existe en la vida de sus protagonistas nada que dé motivo para su indiferencia caprichosa, su desdén hacia la pareja, hacia las relaciones quienes no la tienen, y hacia la vida en general. Sin embargo, la razón existe.
Todo se precipita cuando Ludovico (Jean Dujardin), sufre un accidente que le postra inconsciente en la habitación de un hospital. Su grupo de amigos, comenzando por su ex pareja Marie (Marion Cotillard), deciden pese a su estado crítico, irse de vacaciones a la casa que Max (François Cluzet) y Vero, tienen en el cabo Ferret, cerca de Burdeos, una tradición litúrgica que se repite año tras año y que, bajo ningún concepto, pretenden subvertir. Allí simulan que nada ha sucedido, que todo entre ellos sigue inalterado, que su amistad y sus vínculos son fuertes y están intactos.
Pero no es así, no desde que Vincent (Benoît Magimel), le confesase a Max que se ha enamorado de él, enamorado a pesar de nos ser homosexual, según su criterio; enamorado pese a su matrimonio; enamorado incluso a sabiendas de que Max es padrino de su propio hijo. Enamorado aunque no se lo haya revelado ni a su mujer. Desde ese momento Max perderá el juicio y las normas básicas de civismo. Irritable y neurasténico, se las verá con todo y todos, desde su paciente y magnífica mujer, hasta las comadrejas que presiente en el tejado de su bungalow, la cortadora de césped, la manguera, el yate y el vino.
Mientras tanto el resto del grupo, cuerpo presente/mente ausente, se dirimirá entre participar de los planes de Max o sobrevivir a su propio ritmo. Eric (Gilles Lellouche) vive y deja vivir engañando a sus amigos con respecto a su relación con Léa (Louise Monot), finiquitada y sepultada. Marie persistirá en su promiscuidad bien con hombres, bien con mujeres, intentando esconder bajo su subyugante apariencia de femme fatal una árida soledad que el vino a dosis tóxicas y el cannabis a media noche sólo mitigan en parte. Finalmente Antoine (Laurent Lafitte), agotará con su insistencia y su mensajería móvil a su ex pareja Juliett, quien no sólo le ha abandonado, sino que se va a casar con su nuevo compañero. Ni qué decir tiene que el personaje más trágico es el de la esposa de Vincent, vigoréxica, retraída y hasta sumisa, aficionada a los avatares y las prácticas estrambótico-cibernéticas que compensan su nula vida sexual, y que hacen de ella la amarga consecuencia de mantener izada esta cadena de pequeñas mentiras sin importancia que conforman la vida.
Escrita en 2008 a resultas de una septicemia sufrida por Guillaume Canet, la cual desembocó en una depresión feroz que le hizo replantearse su vida, Les petits mouchoirs representa una de esas extrañas misceláneas surgidas al albor de la nueva era, la de las comedias dramáticas que tanta bilis supuran y que además escuecen, pero que tan instructivas resultan cuando se ven hasta el final. Como el propio realizador de Ne le Dis à Personne puntea: “mi objetivo era hacer una película transgeneracional. Hay mucho de mí en los personajes. Los he escrito con una gran honestidad y una gran sinceridad”. Esta experiencia vital escrita y dirigida por el protagonista de Étienne en la Playa, hará que el espectador se planteé si reír o llorar, con sus planos de conversaciones encriptadas, de sentimientos en colisión, de verdades sólo a medias, de la hora de la verdad ya vislumbrada en películas como The Big Chill, Husbands de Cassavets, Mes meilleurs copains de Poiré e incluso Cuatro bodas y un funeral o Los amigos de Peter, en las que las confesiones de madrugada dejan paso a mañanas de resaca irremediables.
Una película franca, espinosa en ocasiones, de difícil definición y escrupulosamente planificada, con unos personajes maniqueos que pecan de aridez o romanticismo; de violencia o bondad, pero que bien mirados, no resultan tan ajenos.
Un filme de luces y sombras, de rock clásico y de final trágico, en la que la infelicidad es la moneda de cambio para una partida de póker a la que, como en cualquier otro entretenimiento de mesa, tarde o temprano todos juegan.

MIDNIGHT IN PARIS
Lucía Tello Díaz
Título original: Midnight in Paris.
Dirección y guion: Woody Allen.
Países: España y USA.
Año: 2011.
Duración: 94 min.
Género: Comedia romántica, fantástico.
Interpretación: Owen Wilson (Gil), Marion Cotillard (Adriana), Rachel McAdams (Inez), Kathy Bates (Gert), Michael Sheen (Paul), Adrien Brody (Salvador), Nina Arianda (Carol), Mimi Kennedy (Wendy), Kurt Fuller (John), Carla Bruni (guía del museo), Léa Seydoux (Gabrielle), Tom Hiddleston.
Producción: Letty Aronson, Stephen Tenenbaum y Jaume Roures.
Fotografía: Darius Khondji.
Montaje: Alisa Lepselter.
Dirección artística: Anne Seibel.
Vestuario: Sonia Grance.
Distribuidora: Alta Classics.
Estreno en USA: 20 Mayo 2011.
Estreno en España: 13 Mayo 2011.
Apta para todos los públicos.
Ser ambidiestro es una suerte. Artísticamente hablando, Woody Allen lo es. Poder participar de la racionalidad, del análisis, de la sensatez; y dejarse atrapar, al mismo tiempo, por la fábula, el absurdo, la leyenda y el mito, es un privilegio que sólo los elegidos obtienen. Puede que digan que hay un solo Woody Allen pero resulta tan ilusorio como desatinado: hay cientos de Allen, como se cuentan a cientos los estilos de sus películas.
Midnight in Paris no es una película al uso, no es tan siquiera película. Es un juego de identidades, de dimensiones y de tiempos, conjugados todos ellos en un único espacio, París, y su inagotable fuente de creación. A ella acude Gil (Owen Wilson), guionista y escritor frustrado cuya primera novela, aún sin concluir, le produce más de un devaneo de cabeza. Con él está Inez (Rachel McAdams), su petulante prometida quien, junto a sus padres, se hospedan en uno de los hoteles más exclusivos de París. Hechizado por el encanto de la ciudad de las luces, Gil no es consciente del desprecio absoluto que le profesa su familia política, comenzando por su novia, la cual parece más centrada en flirtear con un antiguo amor que en prestar atención a su actual pareja. Así las cosas, Gil pasa más tiempo deambulando solitario por la ciudad que acompañado, soñando con tiempos pasados que siempre parecen mejores.
En una de sus expediciones nocturnas, cuando el reloj marca la medianoche, un viejo coche de los años veinte hace su parada frente a él, saliendo del vehículo un grupúsculo de bohemios novelistas, champagne en mano. El primero, Scott Fitzgerald; la segunda, Zelda Sayre. Ambos, tanto el portavoz de la generación perdida como su esposa, introducen a Gil en un mundo insospechado de música de Cole Porter, de desinhibición, de talento teñido de bohemia, con algunas flappers y mucho peinado a lo garçonne. Pero Gil sigue obsesionado, su novela tiene que ser un éxito. Así le llevan ante Ernest Hemingway, quien le introduce en el universo de la literatura por la puerta grande. Le presenta a Gertrude Stein, la cual se ofrecerá obsequiosa a corregir su novela; allí también conocerá a Jean Cocteau, a Pablo Picasso o a Henri Matisse. Sin embargo, nadie le llamará tanto la atención como una joven francesa que fuma con boquilla y luce un bob cut provocador, Adriana (Marion Cotillard), musa del pintor malagueño, otrora amante de Amedeo Modigliani (después, según parece, de que éste estuviera con Beatrice Hastings –su Madame Pompadour-, y antes de que conociera a Jeanne Hébuterne). De ella no sólo se queda fuertemente prendado, sino que por su amor, precisamente, volverá noche tras noche a reencontrarse con el pasado, con la década de los años veinte en la que tanto le gustaría vivir. Sólo al final de la historia, si es que tiene final, Gil consigue autoconvencerse de que ningún tiempo pasado fue mejor, aunque sólo sea por no ser nuestro.
Haciendo gala de un estilo peculiar, Woody Allen se reencuentra con el París de Todos dicen I love you, sin tono musical; regresa a las idas y venidas con la muerte, pero sin guadañas a lo Igmar Bergman de La última noche de Boris Grushenko; también bebe de la ruptura dimensional de La rosa púrpura de El Cairo, y del ambiente nocturno y nostálgico de Sombras y niebla –tan absurdo como ver a Carla Bruni como guía de un museo resulta descubrir a Jodie Foster regentando una casa de lenocinio, o Madonna actuando en un circo-.
Quizá uno de los aciertos de la cinta, amén de la fotografía pictórica, su constante referencia a la actualidad (desde Irak a la formación del Tea Party), y el elenco –lástima que McAdams esté obligada a emular a la Scarlett Johansson de los trabajos de Allen, y no explote su propia y sobrada competencia-, sea el juego de envite constante al que el realizador y guionista convida al espectador. Ir descubriendo a Dalí –brillante Brody-, a Toulouse-Lautrec, a Buñuel –inmejorable el momento en que Gil revela el argumento de El ángel exterminador para estupefacción de don Luis-, hacen que la película cobre una vida diferente, mucho más excitante y significativa.
Tal vez pudiéramos echarle en cara algunos pasajes largos y hasta innecesarios, pero expresiones como “Adriana, usted eleva a arte el concepto de groupie”, compensa cualquier exceso posible. Finalmente, destaca la bien elegida y retratada París, una ciudad en que “cada calle lleva una obra de arte en sí misma”, según el protagonista, y que se hace tan visible como necesaria para esta película-fábula que sólo el realizador neoyorkino podría haber firmado.
Sabemos que Woody Allen es muy diestro, pero cómo no reconocerlo: es insuperable su lado siniestro.

CARTA BLANCA
Lucía Tello Díaz
Título original: Hall pass.
Dirección: Bobby Farrelly y Peter Farrelly.
País: USA. Año: 2011.
Duración: 105 min.
Género: Comedia.
Interpretación: Owen Wilson (Rick), Jason Sudeikis (Fred), Jenna Fischer (Maggie), Christina Applegate (Grace), Richard Jenkins (Coakley), Nicky Whelan (Leigh), Stephen Merchant (Gary), Bruce Thomas (Rick Coleman), Tyler Hoechlin (Gerry), Alyssa Milano (Mandy).
Guion: Pete Jones, Bobby Farrelly, Peter Farrelly y Kevin Barnett.
Producción: Bobby Farrelly, Peter Farrelly, Bradley Thomas y Charles B. Wessler. Fotografía: Matthew F. Leonetti.
Montaje: Sam Seig.
Diseño de producción: Arlan Jay Vetter.
Vestuario: Denise Wingate.
Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España.
Estreno en USA: 25 Febrero 2011.
Estreno en España: 6 Mayo 2011.
No existe en español una palabra que, de hecho, se usa con cierta frecuencia, una palabra que personalmente empleo bastante y que aplicada a Carta blanca podría dar cuenta del desmedido catálogo de despropósitos en que los Farrelly han incurrido para sorpresa de su público habitual. El concepto en cuestión es fraseario y, el de esta película, está nutrido hasta el dislate.
Nunca hasta ahora se había concebido un filme en el que pudieran coincidir tal cúmulo de expresiones desfachatadas, para vertebrar un argumento manido y nada sorpresivo, con unos protagonistas gastados desde el primer minuto de metraje. La idea es simple: dos matrimonios aburridos deciden, por necesidad extrema del cónyuge masculino, otorgarse una semana de libertad, siete días de pura carta blanca para cumplir todas las fantasías eróticas, reprimidas y dolorosamente frustradas causadas por tantos años de yugo marital. Tanto Maggie (Jenna Fischer), como Grace (Christina Applegate), están incomodadas porque sus respectivos maridos se encuentren hastiados de su relación, mirando incansablemente a toda fémina que por azar se cruza en su camino, idea que les lleva a abandonar la casa familiar y tomarse unos días de descanso en la costa.
Mientras esto ocurre, Rick (Owen Wilson) y Fred (Jason Sudeikis), se plantean su semana con unas expectativas difíciles de cumplir, que implican no sólo tener quince años menos, sino un nivel físico y psicológico que ya ninguno puede alcanzar. Sus ansias hasta ahora refrenadas encuentran por fin un aluvión inabarcable de estrógenos a su mano que ni Rick ni Fred querrán desaprovechar, desdeñando sin embargo la posibilidad de que sus mujeres estén haciendo buen uso de la carta blanca recíproca, esto es, la infidelidad “permitida” de sus propias esposas.
Lo que parecería un ajuste de cuentas para con los maduros insatisfechos que pueblan con sus miradas gimnasios, calles y bares, se convierte en manos de los Farrelly en un desatinado argumento que incurre con ingrata frecuencia en patéticos comentarios tan fuera de lugar como sangrantes. Acaso el más despiadado lo constituya el rancio y antediluviano alegato esgrimido por Fred para convencer a Rick de que haga buen uso de su legítima semana libre. Aviso para navegantes, su desfachatez hiere la sensibilidad de los bienpensantes: “¿acaso no le has dado todo a tu mujer? De pequeña quería una casita y tú se la has comprado; quería una cocinita con horno y tú se la has dado; quería sus niños y tú con tu pene se lo has entregado”. Ante tal disertación pocas vísceras permanecen impávidas.
Pero el fraseario de los Farrelly todavía ahonda más en su pedestre locuacidad, con frases terribles como “madres, esconded a vuestras hijas”, o la espeluznante: “siempre he creído que la función de la mujer de diez de la noche a seis de la mañana era fingir en todo”.
Si a esto añadimos que el cuartel general de un hombre debe ser el bar, y el de una mujer la cocina (a más señas con horno pirolítico y encimera de granito brasileño que una desconocida Alyssa Milano anhela, y que por cierto no puede conseguir por estar su marido hipotecado por las prótesis mamarias que tan poco le favorecen); si aderezamos, insisto, este canto a la vulgaridad con una improbable discusión masculina en la que se cuestiona si prefieren besar a un hombre o que les practique una felación; o mejor, enseñar cómo se lleva a cabo una “comida falsa”, solicitar un masaje con “final feliz y beso negro”, o señalar aberrantemente que a una mujer no se le puede hacer pensar que se la necesita para un eventual desfogue porque esto acaba con el equilibrio de poder, nos encontramos con un batiburrillo indigesto tal que, sin duda, les apetecerá solicitar el reintegro del capital invertido en el filme, incluso si fue con descuento.
Que la moralina redentora final venga a paliar ciento cinco minutos de traición al sentido común y a la igualdad, resulta todo un insulto para el intelecto. Y máxime cuando no existe arrepentimiento ni exoneración, sino aguante y muchos grados de cinismo, el que muestran estos nuevos hombres de los Farrelly, quienes prefieren mantenerse al lado de aquellas que todavía les ofrecen carne a buen precio, unas mujeres que, para los realizadores, deben sentirse satisfechas porque el patetismo que les espera fuera de sus hogares, es aún más descorazonador.
Y descorazonador es, en definitiva, asistir al retroceso mental y social de unos guionistas y directores que nos conmovieron con personajes femeninos fortalecidos y unos hombres desastrosos aunque profundos. Lástima que con la edad los Farrelly hayan llegado a ver y retratar a contrapelo la decrepitud de una humanidad que no puede vivir en comunión con pareja, pero tampoco sin ella. Lástima.

EL ÚLTIMO EXORCISMO
Francisco Trinidad

Título original: The last exorcism
Dirección: Daniel Stamm
País: EEUU, Francia.
Año: 2010.
Duración: 99 min.
Género: Terror, Suspense.
Reparto: Patrick Fabian, Iris Bahr, Louis Herthum.
Guión: Huck Botko, Andrew Gurland.
Producción: Marc Abraham, Thomas Bliss, Eli Roth, Eric Newman.
Edición: Daniel Stamm.
Fotografía: Zoltan Honti.
Música: Nathan Barr.
Estreno en España: 6 de mayo del 2011.
Ver trailer
Dejando de lado contorsiones demoníacas y los vómitos multicolores, esta película nos presenta lo que parece ser una nueva versión de los clásicos exorcismos, tratando de rejuvenecer una cara ya marcada por cortes y pústulas...
El reverendo Cotton Marcus sufre por una crisis de indentidad en la que se replantea todas sus creencias, incluidas la fe que deposita en su labor como exorcista. Dentro de su voluntad de demostrar que no todos los exorcismos son casos reales, y que lo que buscan realmente los afectados es una solución teatralizada, permite que un equipo de grabación le acompañe a filmar el último caso que ha llegado a sus manos: la hija de un aflijido granjero dice estar poseída y sufrir experiencias demoníacas que la atormentan cada vez más.
La película ha sido grabada con la técnica de “metraje encontrado”, al estilo de grandes predecesoras como “El proyecto de la bruja de Blair” (1999). Esta vez, lo que parece ser un desconcertante documental se va transformando en la historia de siempre, en la que la verdad acaba por dejar a un margen todas las anécdotas mágicas que se quieran evocar.
Con una cuidada preparación de la historia (se puede incluso acceder a una ficticia web del reverendo Cotton Marcus, pincha aquí) que sólo busca dotar a la película de una veracidad que vaya más allá de la pantalla, el trabajo elaborado por el equipo sólo se consigue ver empañado por un final demasiado abrupto y típico, que deja perder toda la intriga generada en el espectador a lo largo de la película.
Para todos aquellos que busquen un lavado de cara de la clásica versión del Exorcista, no duden en dejarse cautivar por este film.
Para los escépticos que saben que lo mejor de las películas actuales queda resumido en el trailer, es mejor que recuperen el clásico de su polvorienta estantería... Ya se sabe, como apuntó Shakespeare: “Rather bear the ills we have than fly to others that we not know of”.

PARA QUÉ SIRVE UN OSO
Lucía Tello Díaz
Título: ¿Para qué sirve un oso?
Dirección y guión: Tom Fernández.
País: España.
Año: 2011.
Duración: 100 min.
Género: Comedia.
Interpretación: Javier Cámara (Guillermo), Gonzalo de Castro (Alejandro), Emma Suárez (Natalia), Jesse Johnson (Vincent), Oona Chaplin (Rosa), Sira García (Daniela), Geraldine Chaplin (Josephine).
Producción: Jaume Roures y Enrique González Macho.
Música: Mauricio Villavechia. Fotografía: Arnau Valls.
Montaje: Ángel Hernández Zoido.
Dirección artística: Balter Gallart.
Vestuario: Ariadna Papió.
Distribuidora: Alta Classics.
Estreno en España: 1 Abril 2011.
Apta para todos los públicos.
El cine español no debería ser susceptible a comentarios rude, a críticas malmiradas ni a opiniones toscas, aunque permítannos aclarar que tampoco debería dejarse llevar por apostillas condescendientes. Así las cosas, aunque haya mucho y muy bueno en ¿Para qué sirve un oso?, no quisiéramos dejarnos arrastrar por la complacencia, por poco o nada que nos guste ponernos serios. En cualquier caso, valga como premisa la idea de que este filme es de lo mejor que podemos encontrar en nuestras carteleras.
Hablar de la nueva película de Tom Fernández se presenta como narrar una contrarreloj difícil, reñida y contestada, entre dos corredores de fondo que hacen un ímprobo trabajo, llevando a sus espaldas un proyecto cargado de inmejorables intenciones, aunque resultados ralentizados. Y sirva como antecedente el hecho de que quien acuda a las salas a ver la segunda cinta del realizador de La torre de Suso no sólo pasará un buen rato, sino que disfrutará a su antojo, con diálogos chispeantes, interpretaciones espléndidas y situaciones desternillantes, aunque para ello deba sobrellevar algunos aspectos que, de haber sido bien aconsejado, Fernández habría suavizado con buen tino.
La idea no podía ser mejor. Dos hermanos científicos se reencuentran en su tierra natal tras años de separación, cuando sendas carreras han llegado a un punto de inflexión profesional. Guillermo (Javier Cámara), es un biólogo que abandona la Antártida al ser consciente de que el cambio climático ha hecho un daño irreparable a este perecedero mundo, herido ya de forma mortal; Alejandro (Gonzalo de Castro), es un zoólogo enfrascado en la hercúlea tarea de demostrar que en el bosque de su aldea, todavía existen osos, evitando así la construcción de zonas urbanizables que acabarían con el virginal entorno natural. A su llegada a Asturias, Guillermo se reunirá con Alejandro para ayudarle en su afán de conservación del bosque, no tanto por demostrar las teorías de su hermano, cuanto por ayudarle a recuperar una vida que el bosque y la obsesión le han hecho perder. Con el tiempo, comprenderá que la pasión que Alejandro pone sobre su bosque es precisamente la que a él le falta en su quehacer antártico, recuperando entre los dos el equilibrio, aunque para ello hayan de hacer frente a la admiración de una niña con casco, a una tutora enfurecida (magnífica Geraldine Chaplin), una veterinaria férrea aunque sugestiva (Emma Suárez), e incluso un oso, un providencial e inmenso oso.
Visto el plantel y expuesta la original sinopsis, existen no obstante dos puntos de terrible enflaquecimiento que no podemos silenciar: el ritmo y la excesiva teorización. En ¿Para qué sirve un oso? existen dos partes claramente diferenciadas, siendo la primera significantemente parsimoniosa, tardando en encontrar su ritmo más de veinte minutos. Esto no supone una contravención, la generalidad del cine actual incurre en este desfase rítmico, nada nuevo. Lo que sí resulta desalentador es el modo en que Fernández expone su necesario mensaje –además compartido por esta web, compuesta por fervientes ecologistas donde los haya-. El problema, si se puede denominar de este modo, está en que el público necesita sentir que descubre el camino, y no que se lo han trazado de antemano. Los trucajes literarios y fílmicos suelen desgastar al lector y a la audiencia, sintiéndose aleccionados o dirigidos, en lugar de activos exploradores. Éste es sin lugar a dudas el punto débil del filme, una película dirigida por un asturiano, un montañero y cineasta, al que agradecemos su talento, sus buenas intenciones y su magnífica propuesta, pero al que reprochamos su dilatado aleccionamiento.
Quizá este filme, como esta maltrecha Tierra nuestra, no es del todo redondo sino achatado por los polos, aunque no por ello quepa deslucir su innumerable acierto y atino. Merece la pena acercase a él y descubrir una manera diferente de hacer comedia, más inteligente, más comprometida y más lúcida, que la mayoría de las propuestas actuales.
En definitiva ¿Para qué sirve un oso? es un buen filme, con errores salvables y debilidades dentro de la norma, de un director que progresa adecuadamente y al que se agradece su compromiso y su conciencia. El cine también está para enseñar, claro que sí, aunque a veces –y esto subrayémoslo en negrita y con mayúsculas-, en el tono está la clave.

SIN COMPROMISO
Lucía Tello Díaz
Título original: No Strings Attached
Dirección Ivan Reitman
Producción Ali Bell, Jeffrey Clifford, Joe Medjuck, Ivan Reitman
Guion Elizabeth Meriwether
Michael Samonek
Música John Debney
Montaje Dana E. Glauberman
Reparto Natalie Portman, Ashton Kutcher, Kevin Kline, Ludacris, Lake Bell
País: Estados Unidos
Año 2011
Género: Comedia romántica
Duración 108 minutos
Distribución Paramount Pictures
Filofobia. Se denomina filofóbico a quien padece de manera leve o aguda, algún tipo de proceso aversivo a las relaciones personales. Maticemos: a las relaciones sí, pero no al sexo. Y es que los personajes de la película que Ivan Reitman nos presenta, No Strings Attached, adolecen de todo tipo de antipatías, salvo la física. De tal guisa, resulta difícil no establecer vínculos emocionales, de cualquier tipo.
Este fairy-tale velado con buenísimas intenciones, nos introduce en la vida de Emma Kurtzman (Natalie Portman), una doctora desinhibida, lúcida e inteligente que vive, no obstante, oculta bajo la coraza de su placentera libertad. Quiere un chico, lo consigue. En su vida no existen sorpresas, desayunos con o sin diamantes, ni implicaciones emocionales. Así ha sido desde su adolescencia, cuando con apenas catorce años conoció en un campamento a Adam Franklin (Ashton Kutcher), un niño que se ofreció a acercarse a ella y recibió un no por respuesta. Al cabo de los años, Adam se convierte en ayudante de guionista, más famoso por su célebre padre Alvin (Kevin Kline), que por su trabajo y quien, por torpeza del destino, tiende a enamorarse de quien no debe. Cuando una mañana se despierte desnudo sobre el sofá Emma, comprenderá que ha nacido para estar a su lado, conformándose con las estrictas normas que ésta impondrá a su relación. Nada de amor, ni miradas profundas; no compromiso. Sólo sexo eventual, impremeditado y libre; sin llamadas, sin celos, sin estrés. Diversión y entretenimiento. Nada más.
Lo que parece ser un acuerdo ventajoso para ambos, pronto se convierte en una espiral de mutua destrucción. Enamorado de su partenaire, Adam mostrará con demasiada prontitud y vehemencia sus cartas, perdiendo en el envite el interés de Emma, quien a pesar de establecer sus fronteras, descubrirá que el encanto de Adam es capaz de trastornar la más férrea de las censuras emocionales.
Aunque predecible y pueril las más de las veces, No Strings Attached resulta una comedia distraída, reflexiva y políticamente correcta, en la que el trabajo de su guionista Elizabeth Meriwether -mujer por descontado y además perteneciente al “Fempire” de Diablo Cody, Dana Fox, o Lorene Scafaria-, demuestra que es posible criticar y ponderar en su justa medida, con personajes nada gastados, estereotipos los justos y clasicismo narrativo fusionado con problemática de diván new-age. Sin duda Reitman ha recuperado el anzuelo con que conquistó al público de los ochenta y noventa (léase Cazafantasmas, Los gemelos golpean dos veces, Dave o Evolution), desdeñando grotescas deformaciones profesionales como Mi súper ex novia, y mostrando unos personajes buenos de fondo y pésimos en sus formas, eficaces, nada sutiles y muy humanos. Sin duda el maniqueísmo queda diluido en la amalgama de tipos variopintos, ninguno de los cuales se muestra corrosivo, imberbe o deslenguado, tendencias culmen de la ineficacia escatológica de las comedias made in USA que se sufren en los últimos tiempos.
Una comedia convencional, al uso pero elegante, sin trampa ni cartón, de actores maduros y con la clase de la que carecen la mayoría de sus contemporáneos, que a pesar de algunos lapsos de debilidad argumental, con hombres menstrual-solidarios y mujeres utilitaristas, radiografía una sociedad compleja y disfuncional, repleta de personas infelices y anhelantes de afecto.
En definitiva un cuento de bad girls y good guys, en el país de Santa Bárbara y Beverly Hills, donde las damiselas ya no están en apuros, los príncipes sólo rescatan de noche y el final se coloca de antemano. La historia de un cuento que no se ha acabado y en el que, infaustamente, casi nadie es feliz para siempre.

ISPANSI
Lucía Tello Díaz
Título original: Ispansi (Españoles)
País: España
Género: Drama
Director: Carlos Iglesias
Guionista: Carlos Iglesias
Productor: Antonio Pérez, Robert Boner
Música : Mario De Benito, Almudena Fonseca
Fotografía: Tote Trenas
Montaje: Miguel Ángel Santamaria
Reparto: Esther Regina (Paula), Carlos Iglesias (Álvaro), Isabelle Stoffel (Luzmila), Eloísa Vargas (Piedad), Isabel Blanco (Rosario)
Distribuidora: Alta Films
Duración: 115 minutos
Fecha de estreno: 04/03/2011
Para quienes saben que el amor, y no la gravedad, es lo que fija los pies al suelo, arriba en las carteleras Ispansi (Españoles), segundo filme de Carlos Iglesias capaz de arrancar una dolorosa reflexión acerca de la vida, la muerte, España y su historia.
Pero no es Ispansi una película al uso dentro de nuestro género bélico, tan escueto, tan documental, tan prototípico en ocasiones, sino que resulta todo un hallazgo en términos de producción, temática, dirección e incluso modus operandi interpretativo. Como todo hijo, el filme representa la fiel imagen de su pater, Carlos Iglesias, profundo, comedido, inteligente, al tiempo que resulta todo un canto al humor, al deseo en tiempos revueltos y a la paradoja de vivir cuando todo se pone en contra y no quedan fuerzas ni para sucumbir y fenecer. Impecablemente relatada por la voz ronca de su realizador, la historia nos imbuye en el éxodo de niños republicanos a la Rusia soviética en pleno fragor de la Segunda Guerra Mundial, contienda que, en este caso, condiciona directa y nada transversalmente a un grupo de voluntarios en la tarea de acompañar a los infantes a su destino en la URSS. Hambrientos, exhaustos y afectados por las incalculables lacras de la huida in extremis, los niños de la guerra y sus cuidadores harán frente a la supervivencia con una inocencia perdida, con el apocamiento de escapar de una España fraticida, cainita como acertó a llamarla Antonio Machado, y como puntearon Azorín y Unamuno.
Paula (Esther Regina), es la hija menor de una familia aristocrática madrileña, ferviente devota, lánguidamente frustrada y lógicamente consentida quien, por infortunios de la pasión, resulta embarazada. El padre del futuro niño, militar de profesión, se desentiende de su responsabilidad, exponiendo a Paula al escrutinio público, a la deshonra y, en el peor de los casos, al repudio de su propia familia. Estremecida ante la porqueriza de arrabal donde se ve obligada a abortar, entre gritos y bacines repletos de orina, Paula huye con el propósito de alumbrar a su hijo. A la hora del parto, y por intercesión de su párroco, le es arrancado de sus brazos el niño, yendo a parar con otros tantos desafortunados a un orfanato de la capital. Allí acudirá a diario la inadvertida madre cuando el aciago 18 de julio de 1936, comienza la guerra civil. Agrupados con voluntarios, los niños son expatriados a Rusia, en un via crucis que Paula no eludirá. Embarcada en el ferrocarril con identidad falsa, la nueva Paula, llamada ahora Beatriz, comunista y anticlerical, deberá convivir con quienes, hasta el momento, han constituido el bastión enemigo de su falangista familia. Tras kilómetros de convivencia con sus compañeros, en especial el acechante Álvaro (Carlos Iglesias), el tesón, la fortaleza, la camaradería y lealtad de sus acompañantes Rosario (Isabel Blanco), Luzmila (Isabelle Stoffel) y Piedad (Eloísa Vargas), harán que los cimientos labrados tras años de cincelado familiar resulten caducos, y que Paula vaya abriéndose cada vez más a la comprensión y al amor.
Reveladora aunque no amarga, cordial pero no amable, la necesaria Ispansi demuestra que la única vía para la supervivencia pasa irremediablemente por el entendimiento, la humanización del otro, y la superación de estereotipos, prejuicios e ideas vanas. Emocionante como ver a la División Azul salvar a un grupo de comunistas españoles en la estepa rusa, o a Paula revolverse contra su dogmática familia, es saber que existe un conjunto de directores, como en su día Carlos Arévalo con su Rojo y negro, o Edgar Neville y su Frente de Madrid, capaces de abordar el terreno desrregulado de la sinrazón, de los pacientes ingleses que no tienen patria ni barreras, de los personajes fronterizos que no son buenos, ni malos, sino personas.
“Malditos españoles”, repiten una y otra vez durante el metraje toda índole de personajes. Y puede que así sea: perversos quienes pudiendo vivir en paz, siguen prefiriendo la guerra.

DISPONGO DE BARCOS
Lucía Tello Díaz
Título original: Dispongo de barcos
Dirección: Juan Cavestany
País: España
Año: 2010.
Duración: 80 minutos
Género: Comedia.
Reparto: Antonio de la Torre, Roberto Álamo, Diego París, Andrés Lima, Juanjo del Rey.
Guión: Juan Cavestany
Producción: Juan Cavestany, Antonio de la Torre, Bela da Costa
Estreno en España: Sala Berlanga, 11 febrero 2011.
Hace años, un grupo de jóvenes inquietos, todos ellos amantes del cinema, decidieron poner en marcha un sketch humorístico, basado las desventuras de un cuarteto de atracadores que hubieran hecho enflaquecer al propio Stanley Kubrick. Resultado de esta colaboración nació el cortometraje El último golpe, afortunada producción que alcanzó cierta notoriedad y animó a protagonistas y director, Juan Cavestany, a imaginarlo como largometraje. Diez años han pasado, y el que fuera un experimento embrionariamente amistoso, ha visto la luz del proyector bajo el título de Dispongo de barcos, incursión del realizador de Salir pitando y Gente de mala calidad en el género de la “comedia surrealista de acción mental”.
Rodada con handycam y en días sueltos durante más de un año, esta descripción a vuelapluma puede evocar la risión, la carcajada incluso, de no ser porque Dispongo de barcos está hecha con celo desde el primer fotograma. Sin presupuesto, es cierto, pero con mimo indudablemente. Este mimo se percibe en el equipo, compenetrado y querido, que se ha volcado con el proyecto sin caer en el desánimo, tan sencillo y tan frecuente en estos casos. Se palpa porque los productores, Cavestany, Bela da Costa y Antonio de la Torre, han puesto tanto de sí, que resulta incluso agotadora la labor de gestación, parto y promoción que llevan a cabo. Y se ve porque el filme, surrealista, sincopado, difuso y dadaísta, está emparentado con un toque muy nuestro, muy Mihura, que siempre ha germinado en el fecundo vergel de la creatividad española: el absurdo.
No se puede pedir convención alguna a esta hora y media de conversaciones desgastadas, diálogos ilógicos y situaciones límite, todo ello aderezado con una buena porción de crítica, de cinismo, de júbilo y de tristeza. Algunas situaciones, desternillantes bajo cualquier ángulo, dan paso a sucesos incomprensibles, densos, que no obstante mantienen una coherencia narrativa -pese a su irracionalidad-, que sostiene una trama bien hilada, aunque caleidoscópica.
Los cuatro intérpretes, entre ellos el nominado al Goya a Mejor Actor Antonio de la Torre, y el actor teatral Roberto Álamo (actualmente en la escena madrileña con una versión de Un tranvía llamado deseo de Tennessee Williams), son los únicos protagonistas de esta historia sin parangón, en la que cuatro hombres intentan salir de la crisálida de la ingravidez sin perspectiva, sin ilusión y sin ánimo. Quizá habría de achacarle, eso sí, un exceso de testosterona, añorando la presencia femenina de manera activa, y no meramente pasiva con planos de cuello para abajo, como si se tratase de una versión varonil de Mujeres de Cukor, algo menos poética, naturalmente.
Una película bizarra y bienintencionada de un realizador valiente, capaz de escindirse de la main-stream con una propuesta única, onírica, a retazos comparable con Jordá y Lynch, con Samuel Beckett, con la psicodelia y el simbolismo, que nos introduce en un mundo en el que nadie está satisfecho con su voluntaria inmovilidad.
¿Por qué? Se preguntarán muchos al ver la película. La respuesta es clara: ¿y por qué no?

MÁS ALLÁ DE LA VIDA
Francisco Trinidad
Título original: Hereafter
Dirección: Clint Eastwood
País: USA.
Año: 2010.
Duración: 129 min.
Género: Drama.
Reparto: Matt Damon, Cécile de France, Frankie McLaren, George McLaren
Guión: Peter Morgan. Producción: Clint Eastwood, Kathleen Kennedy, Robert Lorenz, Steven Spielberg.
Música: Clint Eastwood.
Edición: Joel Cox, Gary D. Roach.
Estreno en España: 21 de Enero del 2011.
Ver trailer
Clint Eastwood vuelve a coger la batuta de la dirección para ofrecernos una nueva reflexión acerca de los límites de la existencia humana. En esta película, las experiencias de tres personajes se cruzan y unen estableciendo un vínculo determinado por la dureza de lo vivido.
Por un parte, George Lonnegan (Matt Damon) trata de normalizar su vida al máximo pese a que como él mismo defiende, posee “una maldición más que un don”: es capaz de establecer contacto con difuntos. Tras vivir unos años de gloria y exposición, decide alejarse de ese modo de vida, intentando huir de una tarea que le obliga a encadenarse a los muertos. Marie Lelay (Cécile de France) sufre en primera persona una experiencia cercana a la muerte, al encontrarse en Tailandia en el 2004, momento en el que se produjo el devastador tsunami. Tras esta marca, su vida parece zozobrar ante lo que ha sentido, y trata de buscar respuestas al respecto. En Londres, Marcus (Frankie McLaren) vive feliz en un entorno hostil gracias a que puede compartir su día a día con su hermano gemelo, Jason (George McLaren). Desafortunadamente, el destino se tuerce para ambos, y consigue derrumbar toda la existencia del pequeño Marcus.
Con la marca que la muerte deja en personas completamente distintas como denominador común, esta película permite hacer una reflexión profunda sobre lo que queda en este mundo de vivos perteneciente a aquellos que pasan al otro lado. Y, pese a todo lo que ya se ha dicho y comentado acerca del tema, no deja de sorprender como podemos una vez más, perdernos en los límites de la comprensión humana, dejar de creer o agarrarnos a una fe demoledora, que nos permite soñar con que no todo acaba cuando la silenciosa parca nos acaricia definitivamente.
La cinta parece centrarse de manera excesiva en la localización de los personajes en trágicos eventos, quizás demasiado cercanos en el tiempo como para haber tomado una distancia que nos permita verlo con un mayor sosiego. Profundizar en el recuerdo de la catástrofe del tsunami en el Océano Índico del 2004 (cerca de 230.000 víctimas) y en los atentados ocurridos en Londres en el 2005, que dejaron un total de casi sesenta personas fallecidas y setecientas heridas, puede convertirse en una concesión demasiado peligrosa, tratándose de tan cercanas tragedias.
Recogiendo el testigo de las nuevas reflexiones de nuestra compañera María Jesús, desde su Mecedora, parece que actualmente podemos encontrar en las carteleras muchas historias al estilo de la descrita en este film, quizás en un intento de dar un reflejo de la verdadera crisis humana -ahora que se estila tanto pesimismo entre la sociedad-, apuntando a la muerte como aquello que nos hace perder de manera definitiva todo aquello que tenemos, sin hacer diferencias.
Pese a todo, incluso a aquellos que quieran hacernos creer de manera efímera en una esperanza más allá de lo que no podemos comprender, el film nos muestra que la verdadera motivación de nuestra mortalidad es el hecho de poder disfrutar de una trayectoria vital plenamente feliz, tanto que lo que menos nos importante, sea el final.
No lo dudéis, si acudís a los cines -sólo los mejores, ya sabéis- no dudéis en compartirlo con alguien especial, así esta película (y cualquiera) siempre será especial. Yo por mi parte, me siento muy afortunado por poder contar conmigo con muchas personas que, aunque parezcan estar lejos, siempre me acompañan. Entre ellas, por supuesto, se encuentran los compañeros que hacen posible, no sólo esta increíble web de cine, si no también una nueva Revista -Todos al cine: la revista que estabas esperando- que viene dispuesta a aportar más éxitos a este proyecto.
Como bien plasmó el doctor Gregorio Marañón:
Vivir no es sólo existir,
sino existir y crear,
saber gozar y sufrir
y no dormir sin soñar.
Descansar, es empezar a morir.

¿CÓMO SABES SI…?
Lucía Tello Díaz
Título original: How do you know.
Dirección y guión: James L. Brooks.
País: USA. Año: 2010.
Duración: 116 min.
Género: Comedia romántica.
Interpretación: Reese Witherspoon (Lisa), Paul Rudd (George), Owen Wilson (Matty), Jack Nicholson (Charles Madison), Kathryn Hahn (Annie).
Producción: James L. Brooks, Paula Weinstein, Laurence Mark y Julie Ansell.
Música: Hans Zimmer.
Fotografía: Janusz Kaminski.
Montaje: Richard Marks y Tracey Wadmore-Smith.
Diseño de producción: Jeannine Oppewall.
Vestuario: Shay Cunliffe. Distribuidora: Sony Pictures Releasing de España.
Estreno en EE.UU.: 17 Diciembre 2010.
Estreno en España: 28 Enero 2011.
Apta para todos los públicos.
¿Cómo se sabe si una cinta cubre las expectativas depositadas en ella? Evidentemente es necesario algo más que un buen equipo técnico, un inestimable equipo artístico, y un director que sepa llevar a buen puerto a un grupo bien orquestado. En el caso que nos ocupa, James L. Brooks, perspicaz y con inmejorables referencias, hace lo que puede con una historia que también él ha escrito y que, igualmente, él mismo ha producido. Nada nuevo si atendemos al currículo de uno de los creadores de Los Simpsons, y autor de la laureada y ya mítica, Mejor... Imposible.
Hele aquí que, con semejante background, nos presenta ahora How do you know, película sincopada, endeble, de personajes arrogantes e irreales, artificiosa y forzada que, seamos justos, ofrece algún que otro golpe de efecto, si bien de forma intermitente y poco programada. No se podían esperar resultados distintos. Reese Witherspoon no es Helen Hunt; Paul Rudd, talentoso es cierto, tampoco es Jack Nicholson; es más, ni siquiera lo es el propio Nicholson en este filme. La presencia de Wilson, como de costumbre, no deja de ser una mera anécdota divertida, punto irreverente y cómico que, sin embargo, ofrece una visión de la vida y de las relaciones tan funesta, que cabría haberle aconsejado no participar siquiera en una película en la que él es, sin duda, el único recreo.
¿Cómo sabes si...? Nos acerca a la vida de Lisa (Witherspoon), una jugadora de baseball profesional que a la edad de 31 años se ve relegada de su trabajo y de los campeonatos, sin remisión posible. Vencida por no saber cómo reconducir su vida, conoce a Matty (Wilson), figura del mismo deporte quien con su jactancia, sus honorarios de 14 millones de dólares anuales y su frivolidad, será el único bastión al que agarrarse para evitar compadecerse de sí misma. Dos pisos por encima de la casa del jugador vive Charles Madison (Nicholson), corrupto empresario que ha delegado en su único hijo, George (Rudd), la responsabilidad de hacer frente a un delito de malversación de fondos, a pesar de que su vástago es un adalid de honestidad y diligencia. Investigado por los trapos sucios que ha escondido su propio padre, George perderá en el mismo día su trabajo, su casa, su novia y la cobertura de un futuro acomodado. En ese crítico momento vital coincidirán Lisa y él, ambos desesperados, ambos iracundos. Pese a las discrepancias iniciales, George y Lisa irán estableciendo una curiosa relación que, como cabría esperar, acabará empujándoles al amor, la comprensión y la alegría.
Infinitamente superior al fiasco que supuso para Brooks Spanglish (2004), y con unos personajes de belleza tan embelesadora como colorida, ¿Cómo sabes si...? no consigue, pese a los esfuerzos de director y público, desenhebrar ese hilo conductor arrítmico, invertebrado, de montaje excesivamente rápido y acortado. El espectador habrá de realizar esfuerzos ímprobos por mantenerse alerta ante una película que tarda más de una hora en amoldarse al ritmo natural de un filme, y aún habrá de esperar media hora más para conseguir disfrutar de ella como debería haberlo hecho desde un principio.
Una joya en su desenlace, en efecto, pero únicamente para quienes tengan paciencia y ánimo de esperar noventa minutos para disfrutar tan sólo de veinte.

EL DISCURSO DEL REY
Marysol García
Título: El discurso del rey.
Título original: The king’s speech.
Dirección: Tom Hooper.
País: Reino Unido.
Año: 2010.
Duración: 118 min.
Género: Drama histórico.
Interpretación: Colin Firth (Bertie, rey Jorge VI), Geoffrey Rush (Lionel Logue), Helena Bonham Carter (reina Isabel), Guy Pearce (rey Eduardo VIII), Jennifer Ehle (Myrtle Logue), Derek Jacobi (Cosmo Lang), Michael Gambon (Jorge V), Timothy Spall (Winston Churchill), Anthony Andrews (Stanley Baldwin).
Guion: David Seidler.
Producción: Iain Canning, Emile Sherman y Gareth Unwin.
Música: Alexandre Desplat.
Fotografía: Danny Cohen.
Montaje: Tariq Anwar.
Diseño de producción: Eve Stewart.
Vestuario: Jenny Beavan.
Distribuidora: DeAPlaneta.
Apta para todos los públicos.
Sin ser una fanática del cine inglés, al pensarlo me doy cuenta de que en realidad el cine inglés tiene grandes perlas. La tristeza hilvanada por Ken Loach en Mi nombre es Joe; la sensibilidad, la desgarradora ternura de los ojos de Mike Leigh tras el objetivo de Secretos y Mentiras. La crueldad de This is England, de su rabia, de su aliento a cerveza. De la sonrisa cómplice, inteligente de Full Monty. El Reino Unido en estos cuatro ejemplos ha marcado mi modo de observar y percibir el mundo.
Y lo ha hecho The king's speech. Por unos planos, que sin palabras ponen los cimientos de la historia, nos hacen sentir parte de la historia. Porque palpamos el temblar de una mano, la respiración entrecortada, la vergüenza. No sabía yo que el rey protagonista de la trama hubiera tenido problemas de habla (pero admitamos igualmente que mi nivel de Historia inglesa no es más que básico) y resulta muy interesante observar la contraposición de los dos elementos, el poder absoluto, un poder otorgado por el mismísimo Dios y la incapacidad de articular palabra ante más de dos o tres personas. ¿Contexto histórico? Inglaterra le debe declarar la guerra a la Alemania Nazi. Como para que a uno, simplemente, le temblase la voz.
De frente a la figura y queriendo dejar la historia para el espectador, Geoffrey Rush. Brillante. Tierno. Soñador. Sus ojos, a lo largo de los poco más de 100 minutos de duración de la cinta, dan un contrapunto a la narración elaborada por el plano general. La apuntillan, la enfatizan y la ironizan. Dejando una sonrisa colgada de medio lado. Helena Bonham Carter termina el triangulo, quizás no a la altura de Don Quijote y Sancho Panza, pero probablemente si como una estupenda Dulcinea.
Una sociedad inglesa aburrida, lánguida y lenta como una gris e interminable tarde de invierno y sopor, que se pasea por los palacios, por los pasillos de murmullos, entre las neblinas de té y la falta de oxigeno de un corsé. Y la imagen de una monarquía que al mismo tiempo es una familia. Así, frente al lecho de muerte, alguien llora y busca el consuelo de la madre, la mano de ella permanece como una garra, rígida. El corsé. Pero hay amor, hay vínculos y hay desafíos. Y los desafíos nos dan la posibilidad, al menos al 50 por ciento, de retar al miedo y si estamos de suerte, pillar el agujero del tambor que no contiene la bala.

TENGO ALGO QUE DECIROS
Lucía Tello Díaz

Dirección: Ferzan Ozpetek
Países: Italia
Año: 2010.
Duración: 108 minutos.
Género: Comedia
Interpretación: Ricardo Scamarcio (Tommaso Cantone), Nicole Grimaudo (Alba Brunetti), Alessandro Preziosi (Antonio Cantone), Ennio Fantastichini (Vincenso Cantone), Lunetta Savino (Stefania Cantone), Ilaria Occhini (abuela), Carmine Recano (Marco).
Guión: Idea original y guión de Ivan Cotroneo y Ferzan Ozpetek
Director de fotografía: Mauricio Calvesi (A.I.C.)
Producción: Domenico Procacci
Montaje: Patricio Marone
Música: Pasquale Catalano
Diseño de producción:
Distribuidora: Vértigo Films.
Estreno en España: 22 de diciembre de 2010.
Dicen que algo tiene el agua para ser bendecida y, cuando personajes tan dispares como Madonna, John Travolta y Andy García se rinden ante el talento de un realizador turco-italiano, no puede ser por mera casualidad. Ferzan Özpetek es para el nuevo mundo una suerte de exótico cineasta centrado en asuntos que el cine de Hollywood sólo ha tocado a medias, con la futilidad y ligereza propias de una industria centrada única y exclusivamente en el entretenimiento al por mayor. Por eso sorprende una propuesta dulce, nada inocente, que carga las tintas bajo la égida de comedia descocada, con varones coreografiando mar adentro los danzarines pasos de la subversión, o cantando a pleno pulmón The way we were en la ducha mientras una doncella muy del sur, muy italiana, sincroniza su canturreo a capella desde otra habitación. Todo ello sirve de fondo burlesco y risible para una crítica profunda, dirigida con exclusividad a los convencionalismos sociales que nos ahogan y nos cosifican en marcas registradas inalterables. Tommaso (Ricardo Scamarcio), es un joven escritor que, perteneciente a una familia sureña de rancio abolengo -y probada riqueza proveniente de su fábrica de pasta-, decide romper con los presupuestos y usos sociales, declarando abiertamente su homosexualidad el día en que le iba a ser conferido el mando del negocio familiar. Sorprendentemente Antonio (Alessandro Preziosi), hermano mayor de Tommaso, se adelanta en sus intenciones y autoconfiesa su propia condición de gay para desconsuelo de su padre, quien sufre un fulminante (aunque leve) infarto en plena celebración. Desterrado de su casa y al borde de la desheredación, Antonio huye de la ciudad, quedando al frente de la fábrica Tommaso, de vocación literaria y aspiraciones urbanitas. Será en Roma, precisamente, donde le espere su pareja, Marco (Carmine Recano), quien irá a buscar a Tommaso ante su ineluctable compromiso sanguíneo, haciéndole ver que el amor nunca debe ser rehusado, tan siquiera cuando supone la insubordinación contra los principios básicos del qué dirán.
Mordaz, satírica, divertida y sangrante en ocasiones, la actual propuesta de Özpetek nada tiene que ver con míticas cintas como su ópera prima Hamam: el baño turco o la aplaudida Saturno contro, aunque siga centrando su afilada mirada en las relaciones íntimas, la homosexualidad y el modo en que se integra a duras penas en una sociedad retorcida y políticamente correcta. Un ejercicio en el que destaca la belleza de Scamarcio y sus amigos, apolíneos y seductores; la comicidad y rapidez de sus diálogos y la hondura de su mensaje de fondo.
Destaca sin embargo, y esto es notorio aunque no laudable, la postración femenina como secundarias, simples comparsas en un mundo capitaneado por hombres que se quieren o se rechazan, pero en cuyo centro de poder se dirime el destino de toda una familia, de una sociedad. Tal vez el personaje de Alba (Alba Brunetti), venga con su silencio, sus altos tacones y su rápida conducción, a equilibrar la balanza de Özpetek, así como lo hará la belleza sublime de Ilaria Occhini, abuela de Tommaso y protagonista asincrónica de esta peculiar y brillante comedia.
Una película hecha por y para divertir, para concienciar pero no para adoctrinar, y de la que sólo se sacará la conclusión certera de que la libertad es el único valor por el que merece la pena luchar. Conformarse con el armazón social que los otros nos imponen, nunca ha equivalido a vivir en libertad.

BIUTIFUL
Lucía Tello Díaz
Dirección: Alejandro G. Iñárritu.
Países: México y España.
Año: 2010.
Duración: 148 min.
Género: Drama.
Interpretación: Javier Bardem (Uxbal), Maricel Álvarez (Marambra), Eduard Fernández (Tito), Diaryatou Daff (Igé), Cheng Tai Shen (Hai), Luo Jin (Liwei), Rubén Ochandiano (Zanc), Hanaa Bouchaib (Ana), Guillermo Estrella (Mateo), Cheick Ndiaye (Ekweme), Karra Elejalde (Mendoza).
Guión: Alejandro G. Iñárritu, Armando Bo y Nicolás Giacobone; basado en un argumento de Alejandro G. Iñárritu.
Producción: Alejandro G. Iñárritu, Fernando Bovaira y Jon Kilik.
Música: Gustavo Santaolalla.
Fotografía: Rodrigo Prieto.
Montaje: Stephen Mirrione.
Diseño de producción: Brigitte Broch.
Vestuario: Paco Delgado.
Distribuidora: Universal Pictures International Spain.
Estreno en México: 22 Octubre 2010.
Estreno en España: 3 Diciembre 2010.
No recomendada para menores de 12 años.
No se puede definir lo indefinible. Como mucho podremos aproximarnos a su realidad, aunque nunca lleguemos a obtener certeza alguna respecto a lo que especificamos. Sólo un acercamiento, un apunte, un retrato, no más. El mundo que ahora nos trae González Iñárritu pertenece, sin ninguna duda, al universo sórdido ajeno tan quebradizo como peligroso, tan agudo como punzante. Adentrarnos en la cosmología fílmica de González Iñárritu es, a la postre, un ejercicio de autoflagelación necesaria, de práctica dolorosa al más puro estilo de Herr Leopold von Sacher-Masoch, puro padecimiento. Y no porque nos encontremos ante un autor que se solace con la violencia o el malestar ajeno; ni tampoco porque Iñárritu pretenda dar lecciones de moral al bienpensante, más bien al contrio, Iñárritu nos presenta con frialdad documental un mundo, el del lumpen, agazapado tras los decorados dramáticos de las grandes urbes, las bambalinas que no favorecen en la fotografía, los desperfectos que han quedado atrás en una sociedad injusta.
Eso sí, a estas alturas no negaremos al realizador mexicano su talento de prestidigitador, de apuntador incorregible, de soplón más que de confidente. Porque en las manos de Iñárritu el tiempo cobra un ritmo paralelo, el de una cotidianeidad de extrarradio, de trasgresión y de delirio. Lo hizo con el descenso a los infiernos que fue Amores perros, y aún más en sus profundas 21 gramos y Babel. Con Biutiful, el cineasta encuentra su golpe de efecto en uno de sus personajes mejor compuestos, Uxbal (Javier Bardem), un padre de familia que ha sobrevivido a la rotundidad de las calles barcelonesas para enfrentarse al mal mayúsculo que supone una metástasis terminal. Sentenciado a seis meses de vida, Uxbal comenzará su particular forcejeo con el cáncer, preparando su (por otro lado muy coixetiana) vida sin él, intentando dejar a sus hijos Ana (Hanaa Bouchaib) y Mateo (Guillermo Estrella), en condiciones de mínima dignidad. Aunque intente dar una segunda oportunidad a su mujer Marambra (Maricel Álvarez), enferma bipolar, tremendamente inestable y tendente a embriaguez, Uxbal acabará recurriendo a los más insospechados personajes para que se hagan cargo de sus desventurados hijos, felices pese a todo en su miseria, esperanzados y con ánimo suficiente para llevar con tenacidad su lastimera vida. Si al drama que de por sí supone el certificado de defunción con previo aviso, se le añade la capacidad extrasensorial de Uxbal para percibir los mensajes postreros de los difuntos, así como la irresponsabilidad e ingratitud de su hermano Tito (Eduard Fernández), concluimos que las situaciones al límite a las que Iñárritu nos tiene acostumbrados, no han hecho sino comenzar en Biutiful.
Dicho esto, no podemos soslayar dos realidades yuxtapuestas que contribuyen, y mucho, a dar el toque característico que encontramos en Biutiful, y no así en anteriores títulos del cineasta. La primera, la tensión focalizada en un único protagonista, contrario a la dispersión radial tan profusa y personal de sus primeras producciones. Aunque pueda dar impresión de liviandad, el personaje de Uxbal viene a suplir en profundidad lo que en cintas anteriores se ocupaba en extensión (y distensión). Por otro lado, la cotidianeidad de la historia nos aleja de presupuestos teóricos o situaciones inverosímiles, dándonos de lleno con una realidad cortante, afilada e inclemente. Huelga decir que la actuación de Javier Bardem no sólo da categoría sólida a una cinta tensa pero mejorable, sino que es el máximo aliciente, protagonista, secundario y extra de este monólogo vital, que sólo cobra y rebosa humanidad a través de los ojos del intérprete español.
Una obra de severo realismo mágico, de honda tristeza y de esperanza mezclada con ribetes de aridez, en ocasiones forzada y hasta tramposa, que encuentra su pulso y su máxima expresión en un Bardem adulto y potente, de personalidad y talento infinitos, capaz de compensar un argumento que abusa de la desgracia como sólo podría suceder en la vida misma. Tan agónica y desgraciada que no es verosímil por ser tan real.

TRES METROS SOBRE EL CIELO
Berry James (sección Teen Attack)
Dirección: Fernando González Molina.
País: España.
Año: 2010.
Duración: 118 min.
Género: Drama, romance.
Interpretación: Mario Casas (Hache), María Valverde (Babi), Álvaro Cervantes (Pollo), Marina Salas (Katina), Diego Martín (Alejandro), Luis Fernández (Chino), Andrea Duro (Mara), Nerea Camacho (Dani), Pablo Rivero (Gustavo), Cristina Plazas (Rafaela), Clara Segura (Forga).
Guión: Ramón Salazar; basado en la novela homónima de Federico Moccia. Producción: Francisco Ramos, Mercedes Gamero y Daniel Écija.
Música: Manel Santisteban.
Fotografía: Daniel Aranyó.
Montaje: Irene Blecua y Verónica Callon.
Dirección artística: Patrick Salvador.
Vestuario: Loles García.
Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España.
Estreno en España: 3 Diciembre 2010.
No recomendada para menores de 12 años.
Tres Metros sobre el cielo. Seguro que habéis oído hablar de ella, ¿verdad? Por fin, la novela italiana de Federicco Moccia ha sido adaptada al cine español. Se dice que los libros siempre son mejores que las películas pero, en este caso, no se ha cumplido la regla. La película trata sobre un amor imposible, mientras que el libro muestra los riesgos de la vida. Babi y H pertenecen a mundos distintos, desean cosas distintas pero tienen algo en común: el amor que les hará flotar y sostenerse, el amor que les hará encontrarse y cambiar: ellas se volverán más salvajes; ellos más tiernos. Mientras, allí abajo, la vida real ya les reclama. La película te enamora.
Con respecto a la música, “Something´s Triggered” , de Cecilia Krull aparece más de una vez en este peliculón. También, de fondo, aparecen canciones como “A ras de cielo” y “La tormenta de arena”.
“Cuando vas a 200 por hora y todo te da igual, aparece alguien que te dice que aflojes, y cuando aflojas te das cuenta de las cosas.”
ENGLISH VERSION
Three meters above the sky. I’m not sure you’ve heard about it much, but this film is based on the book by the Italian writer Federicco Moccia. The newest version is Spanish, but it has been such a success that I don´t doubt they will adapt it to English. In it, we are told the love story between a boy, Step, and a girl, Babi, who attends a high school specialized in humanistic subjects in Rome. We could say that this story summaries a bit our way of living, of staying in company and living the first love stories. This film is about a love story of two people who go through their wonderful story, with all the enthusiasm, the mistakes and the excitement of the first crush. However the film shows us another world too, a less known and less taken for granted one, made of clandestine races, marijuana cigarettes and sex, where the parents’ advice seem to be distant and unhelpful. Are you ready to feel pain and rejoice with Step & Babi in “Three meters above the sky”?
Moving on to the music subject ; “Something’s Triggered” , by Cecilia Krull appears more than once in this magnificent film. Also, in the background there are often some Spanish songs such as “A ras de cielo” and “La tormenta de arena”.
“When you´re speeding through life, not caring about anything, someone, someone special appears and tells you to loosen up. And when you do loosen up, you realize things that didn´t exist to you before.”

A SERBIAN FILM
Francisco Trinidad

Título original: Српски филм / Srpski film
Dirección: Srđan Spasojević
País: Serbia.
Año: 2010.
Duración: 110 min.
Género: Drama.
Reparto: Sergej Trifunović, SrdanTrifunović
Guión: Aleksandar Radivojević, Srđan Spasojević, Marija Stanošević
Producción: Dragoljub Vojnov, Srdan Spasojević
Musica: Sky Wikluh
Montaje: Darko Simic
Fotografía: Nemanja Jovanov
Estreno en España: -.
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Cuando leí en un periódico de tirada nacional que un juzgado español había paralizado la proyección de “A Serbian Film” en la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián, no pude más que alegrarme por todos aquellos que no tuvieron que sufrir por esta cinta...
En este film serbio se nos presenta la historia de Milos, un ¿feliz? padre de familia que echa de menos todo lo que dejó atrás en su antigua ocupación. Y es que nuestro protagonista fue una de las grandes estrellas del cine pornográfico, pero de todo aquello sólo le quedan el recuerdo en sus películas y una inagotable curiosidad... En lo que para él parece una perfecta rutina, de repente, algo consigue desestibilizar todo lo construido: de nuevo recibe una oferta para regresar a la pornografía.
Tras considerar la más que generosa oferta, decide participar en un proyecto que va más allá del género pornográfico, un proyecto que en palabras del director es sencillamente “arte”, algo nunca visto. Para desgracia de Milos, una vez que descubra hasta dónde llegan las pretensiones artísticas será demasiado tarde para poder evitar continuar con una grabación que acabará por destruir todo lo que era.
Pese a las enormes críticas que ha conseguido la película por su descripción tan explícita en escenas de máxima violencia o sexualidad - llega a mostrar una extrema pederastia -, ha recibido el apoyo de un sector del público y crítica que aboga por acabar con la censura aplicada sobre la cinta.
En palabras del director, Srđan Spasojević, la película trata de la “descripción honesta y firme de las turbulencias políticas y emocionales que rigen la vida en Serbia desde hace dos décadas de guerras y transición", siendo su principal objetivo el "fusionar esa ambición con el deseo de hacer una película filosófica, de confrontación, que trascendiese el mero retrato". Debido a lo espantoso de ciertas escenas, el trabajo de fotografía y guión quedan indudablemente relegados, haciendo que la idea que subyace en su historia pierda toda su contextualización.
No creo que sea necesario un ejercicio tan desagradable para reflejar el daño que haya podido sufrir la población serbia en los últimos años. La mayor parte de las escenas son prescindibles, no hay nada en el objetivo que se perseguía que justifique lo expuesto en la película, nada que haga válido el tratamiento que se hace de la violencia y el sexo.
Una película que estaría vetada en la mayoría de estanterías de sex-shops consigue un reconocimiento internacional... ¿qué nos está pasando?
Tras la actuación de la Justicia Española, la cinta ha recibido el Premio Especial del Público, “por convertirse sin ser proyectada en símbolo de la libertad de expresión”...
¡Cómo se nota que no pudieron verla!...

PARANORMAL ACTIVITY 2
Francisco Trinidad
Título original: Paranormal Activity 2
Dirección: Tod Williams
País: EEUU.
Año: 2010.
Duración: 91 min.
Género: Terror, Suspense.
Reparto: Katie Featherston, Micah Sloat, Brian Boland, Sprague Grayden, Molly Ephraim, Tim Clemens
Guión: Michael R. Perry, Christipher Landon, Tom Pabst, Oren Pell
Producción: Oren Pell, Jason Blum, Akiva Goldsman
Edición: Gregory Plotkin
Fotografía: Michael Simmonds.
Estreno en España: 22 de Octubre del 2010.
Ver trailer
Recurriendo a un exceso de poca originalidad, de nuevo podemos encontrar en las carteleras una precuela más, en este caso de la exitosa Paranormal Activity (2009).
En esta nueva entrega los padres de la idea tratan de aportar algo más de veracidad a la primera parte describiendo los eventos que le suceden a la hermana de la protagonista de la primera película, Kristi (Sprague Grayden) y su familia. Tras experimentar extraños sucesos en su casa, su marido Dan (Brian Boland) y ella deciden cubrir todos los posibles recovecos de la casa con cámaras de vigilancia ininterrumpida.
Una vez que la situación se les escapa de las manos, ya no queda más que persignarse y hacer una revisión detallada de los vídeos nocturnos, para saber qué es lo que está amenazando a la familia, y en particular al pequeño Hunter, que sufre ajeno a todo una enfermiza obsesión por parte de la entidad paranormal.
Una vez más podemos acudir al cine a comprobar cómo cámaras nocturnas - estratégicamente colocadas por una sombría casa - pueden desvelar horripilantes y absurdos misterios de mano de entidades psíquicas con demasiado afán de protagonismo. ¿Qué más podríamos añadir, además de esa recurrente escena del limpiador de piscina trepando por el bordillo?... Simplemente, escalofriante...
Pese a todo es de agradecer a este film la apreciable contribución que hacen para la integración de empleadas del hogar latinoamericanas en las casas estadounidenses... Recordad que siempre podréis recurrir a ellas cuando no sepáis como bendecir un crucifijo con una botella de aceite de oliva - de la variedad cornicabra, no penséis que cualquiera puede - o cuando necesitéis de alguien que además de mantener limpia la casa, mantenga lejos a los malos espíritus - ¡¡y todo con la misma aspiradora, sin cambiarle el filtro ni nada!!-.
Lo único que parece volver a demostrarnos este tipo de cintas es que las ideas simples, de bajo presupuesto, son las que más apoyo encontrarán en el público. Esta nueva entrega ha conseguido recaudar 41,5 millones de dólares sólo en su primer fin de semana en EEUU y Canadá... Teniendo en cuenta que los gastos asociados a la película ascendieron simplemente a 3 millones de dólares, lo realmente paranormal de esta historia es el motivo que hace que esta segunda entrega, sea aún más capaz que su hermana mayor, pese a que no aporta nada nuevo...
Con todo, no tengo más remedio que desvelaros lo único que podría dejaros de verdad sin respiración de manera fulminante: los productores ya han prometido una tercera parte de Paranormal Activity... quién sabrá lo que nos deparará la visión nocturna...

SALIDOS DE CUENTAS
Lucía Tello Díaz
Título original: Due date.
Dirección: Todd Phillips.
País: USA. Año: 2010.
Duración: 100 min.
Género: Comedia.
Interpretación: Robert Downey Jr. (Peter Highman), Zach Galifianakis (Ethan Tremblay), Jamie Foxx (Darryl), Juliette Lewis (Heidi), Michelle Monaghan (Sarah Highman), RZA, Matt Walsh, Danny McBride (Lonnie), Charlie Sheen (Charlie Harper).
Guión: Alan R. Cohen, Alan Freedland, Adam Sztykiel y Todd Phillips.
Producción: Daniel Goldberg y Todd Philllips.
Música: Christophe Beck.
Fotografía: Lawrence Sher.
Montaje: Debra Neil-Fisher.
Diseño de producción: Bill Brzeski.
Vestuario: Louise Mingenbach.
Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España.
Estreno en Estados Unidos: 5 Noviembre 2010.
Estreno en España: 5 Noviembre 2010.
El revival se ha impuesto. Así de categórica se muestra la industria del cine cuando, tras décadas de innovación técnico-argumental, llega al siglo veintiuno presentándonos mixes y remixes de la más inquietante naturaleza. Todo está inventado. Tristemente. Con Due Date (o la sandunguera traducción libre, Salidos de cuentas), Todd Phillips nos demuestra no ya que posee un estilo único, capaz de convertirse tras esfuerzo en seña identitaria, sino más bien que escasea de creatividad, redundando en una fórmula que de tanto usarla, ha perdido su punch line, su causa y hasta su efecto.
El afamado realizador experto en el chiste visual, la comedia gamberra, las bajas pasiones, los deslices bienintencionados por obra y gracia de la testosterona incontrolada, y de las irracionales road-movies de compañeros deslenguados y, mal que nos pese, descerebrados, nos trae ahora un filme tan usual y tan predecible, que no es necesario ser un personaje de sir Arthur Conan Doyle para desentrañar por mera deducción sus caminos de único sentido. Mezcla de Viaje de pirados (Road Trip, 2000) y Resacón en Las Vegas (Hangover, 2009), ambas de Phillips, en esta ocasión hay que agradecerle su buen hacer a la hora de elegir con corrección a su elenco, en especial a Robert Downey Jr., brillante, apto y más que capaz de elevar cualitativamente el nivel de las producciones en las que tanto se prodiga en los últimos tiempos.
Salidos de cuentas nos adentra en la historia de Peter Highman (Downey Jr.), adinerado arquitecto de paso por Atlanta, quien debe reunirse en Los Ángeles con su esposa Sarah (Michelle Monaghan) ante su inminente parto, programado para dentro de cinco días. Lo que parecía un simple desplazamiento se convertirá en un calvario cuando Ethan Tremblay (Zach Galifianakis) actor desaliñado e impúdico, consiga que la tripulación y los pasajeros del avión en el que viaja Peter, le tomen por un terrorista y sea por ello expulsado del vuelo. Sin equipaje, documentación ni dinero, sólo le quedará aliarse con el enemigo para poder llegar a su destino en la fecha señalada. El viaje por carretera con Ethan convertirá su vida en una auténtica pesadilla.
Exagerada, políticamente incorrecta, desmedida e insulsa, en Due Date nos ofrecen una versión pedestre de la mítica película Mejor solo que mal acompañado (Planes, Trains and Automobiles, 1987) dirigida por John Hughes, y protagonizada por Steve Martin y John Candy. Los mismos manejos insufribles de un personaje fastidioso como Candy son repetidos por Galifianakis, aderezados con impertinentes actos de onanismo público, de comentarios improcedentes, de actos delictivos llevados al absurdo, y actitudes dementes conducidas –nunca mejor dicho- al extremo. Ojalá Phillips hubiera conseguido otorgarle a Galifianakis la hondura, el candor y la humanidad de Candy, en lugar de crear un personaje plano, endeble e inconsistente. Hubiera podido hacerse mucho más con los medios e incluso la idea de partida del propio Phillips.
Pese a ello, es de agradecer que Salidos de cuentas ofrezca cien minutos de distracción y comedia, y que no introduzca en su trama los cargantes injertos de mujeres anodinas, frívolas y en su mayoría prostituidas –marca de la casa del realizador-, en la que parece, una obra menos maniquea en lo que al papel de la mujer se refiere. Por lo demás, el maltrato infantil y animal, la necesidad de recurso a los servicios sociales, la ofensa a personas con movilidad reducida, minorías étnicas, difuntos y demás tabúes sociales, quedan destapados y manoseados hasta la médula. Para bien o para mal, sin pudor ni restricción.
Por descontado hablamos, singularidades del destino, de una de las cinco películas más vistas en taquilla desde su estreno en nuestro país, algo de por sí llamativo acerca del talento de la publicidad, de las altas expectativas del espectador, y de la actual creatividad cinematográfica. No hace falta ser Fernando Colomo para hacerse la eterna pregunta que ronda nuestras conciencias: ¿qué hace una película como tú en un sitio como éste?

HARRY POTTER Y LAS RELIQUIAS DE LA MUERTE. PARTE I
Lucía Tello Díaz
Título original: Harry Potter and the Deathly Hallows – Part I.
Dirección: David Yates.
País: Reino Unido. Año: 2010.
Duración: 148 min.
Género: Aventuras, fantástico.
Interpretación: Daniel Radcliffe (Harry Potter), Rupert Grint (Ron Weasley), Emma Watson (Hermione Granger), Ralph Fiennes (lord Voldemort), Michael Gambon (Albus Dumbledore), Bill Nighy (Rufus), John Hurt (Sr. Ollivander), Rhys Ifans (Xenophilius), Helena Bonham Carter (Bellatrix Lestrange), Robbie Coltrane (Rubeus Hagrid), Imelda Staunton (Dolores Umbridge), Jason Isaacs (Lucius Malfoy), Miranda Richardson (Rita Skeeter), Alan Rickman (Severus Snape), Maggie Smith (Minerva McGonagall), Brendan Gleeson (Alastor ‘Ojoloco’ Moody), Timothy Spall (Peter Pettigrew), David Thewlis (Remus Lupin), Julie Walters (Sra. Weasley), Tom Felton (Draco Malfoy), Bonnie Wright (Ginny Weasley), Jamie Campbell Bower (Gellert), Evanna Lynch (Luna Lovegood), Fiona Shaw (Petunia).
Guión: Steve Kloves; basado en la novela de J.K. Rowling.
Producción: David Heyman, David Barron y J.K. Rowling.
Música: Alexandre Desplat. Fotografía: Eduardo Serra.
Montaje: Mark Day.
Diseño de producción: Stuart Craig.
Vestuario: Jany Temime.
Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España.
Estreno en Reino Unido: 19 Noviembre 2010.
Estreno en España: 19 Noviembre 2010.
Raiting: No recomendada para menores de 7 años.
Paradójica y confusa. Sólo así puede comprenderse en toda su extensión la nueva propuesta de David Yates, el éxito sobre seguro que supone, y siempre supondrá, un capítulo de la millonaria saga de Harry Potter. Y decimos paradójica porque, de manera incomprensible, y contra todo pronóstico del mainstream mercadotécnico, Harry Potter y las reliquias de la muerte. Parte I, no se dirige a público objetivo alguno; es más, se aleja de cuanto desean los espectadores más contrapuestos. Y es que la séptima entrega de Potter es equidistante no sólo de quienes no han seguido su estela a lo largo de los escalones precedentes, sino también de cuantos reverencian sin condición al mago de J. K. Rowling. De este modo, para los idólatras de Harry Potter, la séptima entrega se presenta como abrupta, presurosa, enfocada al detalle en un libro magistral y, a pesar de ello, desproporcionadamente expeditiva, comprimida incluso. Sus 148 minutos se hacen cortos por lo exiguo de su argumentación, si atendemos a la trama de la última novela de Rowling, cuyo ritmo trepidante transporta con premura página por página. Para quienes no conocen la versión literaria del desenlace potteriano, la película sin embargo se mostrará incomprensible, seca, indefinida por la plétora de detalles, vocabulario y personajes que se dan cita al unísono en un concierto sincopado en argumento y, pese a todo, dilatado en el tiempo. Esta contradicción hace del filme una experiencia confusa.
No obstante, habrá de hacerse justicia con su director, Yates, quien se ha vestido de gala con esta última entrega, demostrando una más que probada competencia a la hora de abordar producciones de envergadura y complejidad. Sin duda Harry Potter VII es de una oscuridad heroica, consiguiendo una impecable clase de funambulismo y acrobacia, aunando estilos, humores, incluso géneros, dentro de una misma cinta, y demostrando que la seriedad, el buen hacer, la calidad y la cantidad, sólo van de la mano si un director competente es capaz de orquestar un gran equipo.
Ni qué decir tiene que la fotografía, el montaje y los efectos visuales y sonoros de Harry Potter y las reliquias de la muerte. Parte I, proyectan una gran belleza, resultante indudable de la pericia y aptitud de unos profesionales que desean dar el do de pecho en el último aliento de Potter, todavía por estrenar, pero del que la propuesta actual es un seductor y atrayente preliminar. Por supuesto, es de necesidad ortodoxa remarcar la valía del completo plantel que David Yates ha sido capaz de reunir, con adquisiciones loables como su indispensable Bill Nighy, asiduo en las producciones del realizador; o un secundario nada accesorio como Peter Mullan en el papel del mortífago Yaxley, icono de la escena inglesa e inmenso en su escasa presencia.
Qué duda cabe de que en esta ocasión, como en las precedentes, Radcliffe, Watson y Grint suponen el motor irrebatible de la película, percibiéndose en ellos una madurez muy de agradecer, y una seguridad y aposentamiento provechosos, que invitan a reflexionar acerca de la gran cantera interpretativa que se derivará de la saga Potter. Varones como Fiennes, Gambon, Hurt, Rickman o Thewlis, y perfect ladies como Smith, Bonham Carter, Staunton, Walters o la fugaz Shaw, no dejan de redundar en la idea de que Harry Potter y las reliquias de la muerte. Parte I, es más de lo que se promociona, y mucho más, incluso, de lo que se espera.
En definitiva, una película del todo recomendable, inquietantemente efectiva y competente pese a las críticas, y categóricamente mejorable atendiendo a las expectativas. A quien le guste Harry Potter sentirá que le han privado de la mitad del metraje, y quien deteste al mago más épico del panorama cinematográfico, convendrá en que el tiempo de la cinta se dilata en demasía. Confusa y paradójica, ya lo hemos advertido. No se le puede pedir menos, si bien podría haber dado un poco más.

THE WAY
Lucía Tello Díaz
Director: Emilo Estévez
Guión: Emilio Estévez
Productor: Julio Fernández, David Alexanian, Emilio Estévez
Intérpretes: Martin Sheen, Deborah Kara Unger, York van Wageningen, James Nesbitt, Emilio Estévez, Ángela Molina, Simón Andreu.
Director fotografía: Juanmi Azpiroz
Director arte: Víctor Molero
Sonido: Aitor Berenguer
Música: Tyler Bates
Montaje: Raúl Dávalos
Estreno en España: 19 de noviembre de 2010
Hacer una película como The Way no es tarea baladí. Tal es su enrevesada complicación que, aun sin quererlo, no puede desligarse de sus envolturas artísticas y técnicas, sus implicaciones éticas; pareciera como si de un todo se tratase. Esto dificulta enormemente poder ser objetivo con este camino, con esta experiencia emotivo-religiosa de una familia como la Estévez/Sheen, que ha puesto tanto y tan profundo en este proyecto. Pero esto es cine, y como tal, habremos de hacernos cargo de su análisis según la locución que insta a dar al César lo que es del César, prescindiendo –por descontado- del matiz religioso. Por difícil que esto resulte.
The way es, ante todo y sobre todo, una road movie; un ejercicio a pie de un hombre abatido que sabe que sólo se hace el camino al andar. Pero también es un filme de reencuentro amoroso, místico y dolorido, que sitúa al protagonista en el epicentro del hades, del sufrimiento humano, como un ave fénix que ha de descender a los infiernos para resurgir de sus cenizas a través de las de su hijo; bella y épica paradoja de la vida y la muerte.
Este camino de desvelamiento, para el que nunca es demasiado tarde, es el que debe emprender Tom Avery (Martin Sheen), oftalmólogo norteamericano a quien se le informa de la muerte de su hijo Daniel (Emilio Estévez), a los pies de la cordillera pirenaica. Contrariado por la presencia de su hijo en Francia, hasta allí viajará para hacerse cargo del cuerpo, y será en una pequeña villa, la de Saint Jean Pied de Port, donde descubra que Daniel había iniciado su peregrinaje a través del Camino de Santiago. A pesar de su edad, sus reticencias morales, su desconocimiento de la vida privada de su hijo, y de la inmensa sensación de soledad, Tom decidirá incinerar a Daniel y realizar el camino con él, y así ver cumplido el último sueño de su hijo.
Como una obra teatral de diversos actos, o un Quijote con parada y fonda en decenas de escenarios variados, esta película nos lleva por una España desconocida, tan lírica como ilusoria, con unos personajes que todo tienen de literarios, errantes, perdidos y reencontrados: Jost (Yorick van Wageningen), un holandés aficionado a la verborrea y al hachís; Sarah (Deborah Kara Unger), una canadiense tan distante como herida; y Jack (James Nesbitt), quizá el más teatral de los peregrinos, histriónico escritor, irlandés en plena crisis creativa, y dulce en su hondura, cuando se deja conocer. Todos ellos acompañarán a Tom en su vagar, como satélites en torno a una nueva Dorothy, en el paralelismo que el realizador establece entre The Way y The Wizard of Oz.
A pesar de la ímproba muestra de talento narrativo, de concisión técnica, de contundencia y densidad apresuradas por un montaje rápido, de planos ligeros y diálogos en su generalidad concisos, cabe achacarle a Estévez cierta incomprensión por determinados aspectos de la geografía española (que no orografía, la cual domina con precisión), algo que empuja a situar prototípicas escenas levantinas en tierras vascas y navarras, o la inclusión de acontecimientos que bien podrían haber sido eliminados sin gran consecuencia para el desarrollo de la historia, como la alusión al pueblo gitano y a su presunta conflictividad.
De cualquier modo, su planificación exhaustiva, sus juegos interpretativos, el mimo puesto en cada plano, su banda sonora a cargo de Tayler Bates, y su valiente guión, mezcla de experiencias personales y extractos de la novela Off the Road, de Jack Hitt, en The Way encontramos una magnífica oportunidad para observar la madurez de un realizador, Estévez, que ya no se conforma con ser la figura pasada de alguna década mejor. Acompañado por Martin Sheen, presencia todopoderosa y figura central de este canto a la colectividad a través del individualismo, The Way es el mejor modo de exorcizar nuestros temores y reencontrarnos con nosotros mismos. Un camino que sabemos dónde comienza, pero que desconocemos a dónde nos puede llevar.

THE UNMAKING OF (O CÓMO NO SE HIZO)
Lucía Tello Díaz
(CRÍTICA PUBLICADA EN LA WEB OFICIAL DE LA PELÍCULA)
Título: The Unmaking of (O Cómo no se hizo)
Dirección y guión: Chumilla Carbajosa
Producción: Chumilla Carbajosa
Productores Asociados: Lm Kit Carson, Guadalupe Ortega, Cesare Apolito, Pepe Jordana
Productor Ejecutivo: Chumilla Carbajosa
Directores Producción: Elsa Díaz Pirinoli y Cristina De La Torre
Fotografía: Jorge Kaplan y Arnaldo Catinari (35mm)
Storyboard: Juan Álvarez
Sonido: Marcos Salso y Jaime Fernandez
Montadores: Elsa Díaz Pirinoli y Vicente Dominguez
Supervisor Post-Producción: Juan Cabrera
Música: Miguel Franco y Salvador Martínez
Intérpretes: Ginés García-Millán, L.M. Kit Carson, Rafael Álvarez "El Brujo", Patricia Hart, Cesare Apolito, Stefan Nicoll.
Formato: 35mm
Duración: 90 Min
No ha inventado el falso documental pero sí lo ha revolucionado. De la mano de Chumilla Carbajosa, el cine español se engalana con una de las carreras más heterodoxas, lúcidas e inspiradas concebidas al amparo del ingenio, en la que establece un pulso constante por experimentar las potencialidades del séptimo arte. Por eso él, y únicamente él, ha podido firmar un título tan íntegramente cismático y referencial como The Unmaking of.
Y no sólo porque la película, como su propio título, haga alusión a la destrucción de los parámetros lógicos de nuestra cotidianeidad, sino por suponer una vuelta de tuerca al propio bagaje de Chumilla Carbajosa, en la que resulta una ruptura con su trayectoria como cineasta y creador visual. A caballo entre la realidad y la ficción, esta narración épica relata el vía crucis que supone el intentar finalizar un proyecto cinematográfico iniciado en 1992, cuya consecución fue irrealizable debido a la impensada desaparición de su director, Álex Fortuna. Con tan sólo 47 minutos de metraje rodado, una investigadora norteamericana, Patricia Hart, recorrerá numerosos escenarios para recabar el material, contactar con el equipo y recorrer las localizaciones del filme. A su paso, no sólo se nos presentarán las circunstancias en que se desarrolló el rodaje de El infierno prometido, sino que nos harán partícipes del bosquejo que proyecta el contorno de una personalidad impar, la del realizador Fortuna, a la sazón alter ego y mimesis del propio Chumilla Carbajosa.
Con un final de auténtico virtuosismo poético, The Unmaking of resucita en sus entrañas el mito de Orfeo, como ya lo hicieran con anterioridad Jean Cocteau o Marcel Camus, añadiendo, no obstante, un matiz específico como lo es el de la autorreferencialidad, aludiendo a un título que no sólo no está inacabado, sino que de facto resulta la opera prima del autor. Este metalenguaje, este ejercicio de reedificar lo ya cimentado, alcanza su máxima expresión con la reaparición de Ginés García Millán, cómplice del realizador, quien se presta a una nueva catábasis bajando a los infiernos del rodaje, participando del entusiasmo del equipo a la hora de volver a ponerse en la piel de este Orfeo contemporáneo, y recordando ante la cámara los momentos más intensos del que fue su infierno prometido.
El fatigoso viaje que conduce a nuestros protagonistas por Estados Unidos, Italia, México y España enhebra una trama compleja, desasosegante, rodada con milimétrica planificación, y en cuyo andamiaje estético nada parece dejado al azar, desde los polvorientos caminos del Mediterráneo más profundo, al emblemático atavío de los estudios Cinecittà. En la línea del F for Fake de Orson Welles, este falso documental que poco tiene de ortodoxo hace renacer no sólo el espíritu quijotesco de las grandes cruzadas cinematográficas, sino la consolidación de un realizador que aún tiene mucho que contar.
Un filme, en definitiva, en el que se mezcla talento, reflexión, mito, realidad, documental y ficción, con altas dosis de competencia bien encauzada, y de pasión por un oficio que Chumilla Carbajosa domina y ennoblece. Así las cosas, y parafraseando a Ovidio en su Metamorfosis, “¿cómo puede el amor lleno de ansia ser reprendido?”. La respuesta es palmaria: en The Unmaking of, no hay nada que reprender.

REZA, COME, AMA
Lucía Tello Díaz
Título original: Eat, pray, love.
Dirección: Ryan Murphy.
País: USA. Año: 2010.
Duración: 142 min.
Género: Biopic, drama, romance.
Interpretación: Julia Roberts (Liz Gilbert), James Franco (David Piccolo), Richard Jenkins (Richard), Viola Davis (Delia), Billy Crudup (Stephen), Javier Bardem (Felipe).
Guión: Ryan Murphy y Jennifer Salt; basado en autobiografía de Elizabeth Gilbert.
Música: Dario Marianelli.
Fotografía: Robert Richardson.
Montaje: Bradley Buecker.
Distribuidora: Sony Pictures Releasing de España.
Estreno en USA: 13 Agosto 2010.
Estreno en España: 24 Septiembre 2010.
Valga como premisa mi total disconformidad con el rating de esta película; definitivamente, Come, reza, ama no está dirigida a todos los públicos. Y no lo está porque se trata de un filme de cambio generacional, concreto, conducido por una mujer aquejada de un problema nada baladí y del todo globalizable que, no obstante, no va a entender la mayor parte de la población. No es, insistimos, una película apta para todos los paladares.
Que la novia de América haya entrado en crisis existencial, Camus y Sartre al margen, es de por sí significativo respecto al caos integral que se extiende de polo a polo, de meridiano a meridiano. La desgana, el hastío, la abulia que provoca una sociedad que nos asigna un guión preestablecido cuyo incumplimiento empuja al errar apátrida y al ostracismo, ha llegado a imponer un poso tan amargo, que el cine parece haber encontrado en su representación un filón suculento aunque destemplado.
Así sucede con la vida de Liz Gilbert (Julia Roberts), novelista y reportera de viajes que, cansada de su insatisfactorio matrimonio, su galante vida social y su atento círculo de amigos, decide poner tierra de por medio –en sentido estricto-, y reencontrarse a sí misma tras años de soledad interior y de resignación. Su primer contacto con el mundo exterior es meramente sensorial. Decidida a dejarse seducir por la gastronomía italiana y su dolce far niente, Liz se adentrará en una Roma más literaria que verídica (a todas luces retórica, romántica y estereotipada), para descubrir que todavía sabe disfrutar del placer -ajustadamente culinario-, apostando una vez satisfecho su apetito, por un segundo estadio en su escalinata hacia la realización personal.
La espiritualidad será, entonces, la guía de su movimiento, sumergiéndose en la paupérrima India para reencontrarse con la sensibilidad religiosa que de hecho nunca ha poseído, aunque ésta venga de la mano del silencio, los trabajos forzados y la amenaza de malaria. Obtenido el equilibrio formal (el contenido todavía se resiste a aparecer), desemboca en Bali, un paraíso perdido en el que le espera el último paso para su renacer, éste es, el amor. Atropellada primero, y seducida después, por un atractivo brasileño (Javier Bardem), Gilbert irá perdiendo sus reticencias amorosas, entregándose a la última experiencia sensual que, presumiblemente (no de facto), le cambiará la vida.
Irregular y excesivamente melodramática, el director de las famosas series Glee y Nip/Tuck, se atreve a llevar a la gran pantalla el best seller de Elisabeth Gilbert, una novela autobiográfica que, en manos de Ryan Murphy, se acerca más a los reportajes del National Geographic que al abecedario de la bibliografía de autoayuda. Con una fotografía que recuerda en tonalidad a las últimas producciones de Woody Allen, especialmente Vicky, Cristina, Barcelona, esta película emana, no obstante, más profundidad de lo que sus 130 minutos pueden aparentar en una primera aproximación. Y no por su moralina, ni por su sesgada perspectiva neoyorkina urban bohemian, ni tan siquiera por el trasfondo de doliente pérdida que supura cada fotograma, sino porque siempre resulta agradable una película norteamericana cuyos protagonistas no se resuman en una horda de adolescentes varones, en plena efervescencia hormonal, capaces de emitir los más variados y ofensivos improperios, y todo ello bajo el beneplácito de una platea adormecida por la inanición emocional.
Resulta todo un hallazgo el recuperar a una de las más taquilleras actrices de Hollywood (olvidadas por esa máxima cruel de una industria en la que la mujer no existe a partir de los cuarenta), que en esta Come, reza, ama actúa de manera cumplida y aun notable en ocasiones, y cuyos secundarios (Javier Bardem, Viola Davis e increíble Richard Jenkins), contribuyen a su resalte y lucimiento.
Una cinta que, como moraleja, encuentra su punto culminante en la restauración personal, un mensaje que cumple con las expectativas del espectador y que demuestra que, si bien se presentan dolorosas, “las ruinas son el camino a la transformación”. No es un mal mensaje, en efecto, aunque insistimos, no será comprendido por todos los públicos. Tibieza u hondura, no hay término medio.

TODO LO QUE TÚ QUIERAS
Lucía Tello Díaz
Dirección y guión: Achero Mañas.
País: España.
Año: 2010.
Duración: 101 min.
Género: Drama.
Interpretación: Juan Diego Botto (Leo), José Luis Gómez (Alex), Najwa Nimri (Marta), Ana Risueño (Alicia), Lucía Fernández (Dafne), Pedro Alonso (Pedro), Ana Wagener, Alberto Jiménez, Paloma Lorena.
Producción: Achero Mañas y Joaquín Velasco.
Música: Leiva.
Fotografía: David Omedes.
Montaje: José Manuel Jiménez.
Dirección artística: Antón Laguna.
Vestuario: Cristina Rodríguez.
Distribuidora: Wanda Visión.
Estreno en España: 10 Septiembre 2010.
No recomendada para menores de 7 años.
Definir la nueva propuesta cinematográfica de Achero Mañas es tan complejo como intentar desentrañar el auténtico significado del amor. Sencillamente es imposible. A la sensibilidad insondable de un realizador que ya compungió las conciencias de medio mundo con su opera prima El bola, se añade ahora una nueva vuelta de tuerca a la afectividad humana, a las dificultades de la madurez y al sacrificio de la paternidad.
Leo (Juan Diego Botto), un abogado brillante, frío y ensimismado en su propio éxito, ve cómo su libertad queda mermada cuando su mujer Alicia (Ana Risueño), muere de improviso a causa de un ataque de epilepsia. Su pequeña hija Dafne (Lucía Fernández), no sólo será testigo de su muerte, velando el cadáver de su madre durante horas hasta que ambas son descubiertas, sino que habrá de encontrarse, quizá por vez primera, sin el tamiz materno que la protegía del mundo de los adultos.
A partir de ese momento, ficción y realidad se conjugarán en una misma ecuación, conviniendo padre e hija un ardid inocente que les una de forma provisional al recuerdo de su madre. Disfrazado de Alicia en casa y asumiendo el rol paterno en el exterior, Leo ayudará a Dafne a superar el trago amargo de la pérdida, fingiendo ser su madre durante las horas que ambos comparten. El riesgo de la ficción se escapará de sus manos cuando Leo, por hacer todo lo que su hija quiera, decida asumir el rol de Alicia a tiempo completo, perdiendo su identidad, sus perjuicios y hasta su nombre, con tal de que su pequeña sea feliz.
Insólitamente adulta y excepcionalmente infantil, este juego de “quién es quién” no sólo supone una arriesgada apuesta de Achero Mañas, curtido filmmaker capaz de emocionar con planos que a buen seguro le erigirán en un clásico a sus escasos cuarenta y cuatro años, sino una magnífica oportunidad de observar una producción pulida, sobria y esteticista, con ambientes minimalistas y funcionales, ribeteados con la más barroca, exuberante y necesaria artificiosidad fílmica. Pese a que, en ocasiones, el dramatismo quede excesivamente pronunciado por unas circunstancias plausibles aunque desmedidas, la veracidad de las emociones de sus personajes no deja lugar a la crítica, sobre todo por un prodigioso José Luís Gómez, maestro en el arte de la actuación, y de una Najwa Nimri secundaria pero imprescindible.
En definitiva, es Todo lo que tú quieras un brillante ejercicio de estética y sentimiento, de luz y de sombras; una propuesta valiente, tenaz y humana que demuestra, como otras muchas cosas, que el cine español va por buen camino.


CONOCERÁS AL HOMBRE DE TUS SUEÑOS
Ana Tello
Director: Woody Allen
Actores: Josh Brolin, Anthony Hopkins, Naomi Watts, Freida Pinto, Antonio Banderas, Gemma Jones, Lucy Punch
Género: Comedia
Duración: 98 minutos
País: Reino Unido
Año: 2010
Es curioso cómo la vida te puede dar un giro de 180º. Situaciones que para muchos son inimaginables (incluso para el espectador, conclusión unánime dirigida por el propio director) pueden sorprendernos de una manera espectacular.
Helena, con el corazón roto por la separación tras cuarenta años junto a su marido (el cual se fue buscando la juventud perdida y la encontró en una prostituta mucho menor que él) entiende que ya la vida no tiene nada para ella hasta que conoce a una vidente que le hace cambiar de opinión: conocerá al hombre de sus sueños y sucumbe a sus presagios. Deja de lado lo que los demás llaman cordura y ve un halo de esperanza aparcando los lamentos y sollozos.
Su hija, inmersa en un matrimonio anodino, enamorada de su jefe, sigue el juego a su madre aun pensando que dicha vidente es una embaucadora, tal vez también porque su madre paga todas las facturas de dicho matrimonio, ya que Roy, su marido, escritor fracasado, no ha vuelto a escribir nada con éxito desde el primer libro ni mucho menos ha vuelto a trabajar. Roy se entretiene inspirándose a través de su ventana mirando a Dia, una vecina con la que sueña tener un romance. Todo se complica cuando Roy, cansado de no tener éxito roba un libro de otro autor principiante y se lo atribuye…
Comedia de enredo de lo más actual, Allen nos muestra los deseos y los errores de parejas de todo tipo y de todas las edades.
Helena se consuela pensando que hay más de una vida, según los consejos de su echadora de cartas y es verdad… En la película, a pesar de lo inocente de dichos comentarios, uno acaba creyéndoselo… Es posible vivir distintos tipos de vida dentro de la misma. Juzguen ustedes mismos.

UN PEQUEÑO CAMBIO
Francisco Trinidad
Título original: The switch
Dirección: Josh Gordon, Will Speck
País: USA.
Año: 2010.
Duración: 101 min.
Género: Comedia romántica.
Reparto: Jennifer Aniston, Jason Bateman, Thomas Robinson, Juliette Lewis, Patrick Wilson, Jeff Goldblum, Scott Elrod, Caroline Dhavernas, Todd Louiso, Edward James Hyland, Kelli Barrett, Erica Thomas, Rebecca Naomi Jones.
Guión: Allan Loeb, Jeffrey Eugenides.
Producción: Miramax Films, Mandate Pictures, Bona Fide Porductions.
Fotografía: Jess Hall.
Música: Alex Wurman
Estreno en España: 3 de Septiembre del 2010.
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Como dicen, las penas con pan son menos, y con esta película en cartelera se nos invita a volver a nuestra cruda realidad septembril de una manera de lo más Aniston.
En este caso se nos presentan las inquietudes de Kassey (Jennifer Anniston), que, a punto de entrar en la cuarentena, desea ser madre a toda costa. Tras valorar sus posibilidades, decide acudir a la ayuda de una inseminación artificial, pero de un modo algo estrambótico, al seleccionar al donante con una entrevista personal. Pese a que su mejor amigo, Wally (Jason Bateman), no consigue trasladarle sus inquietudes respecto a su decisión (¿lo adivináis?... aún no ha superado su fracasada relación), parece que se decide a actuar al límite de la situación. A partir de “un pequeño cambio” en la muestra del donante todo parece que pueda encaminarse hacia un final feliz... ¿o no?
Una vez más Jennifer Aniston repite en el género de la comedia romántica, en el que ostenta la corona de dueña y señora. Tras innumerables participaciones en otros filmes de semejante temática - Novio de alquiler (1997), Separados (2006), ¿Qué les pasa a los hombres? (2009), Exposados (2010)- parece que Jennifer se encuentra encumbrada en estos papeles más bien por su propia historia sentimental, alcanzando un momento álgido en su ruptura con Brad Pitt (momento también conocido en el refranero patrio como “¿Más se perdió en Cuba?”) que por sus conocidos trabajos. Brangelinas aparte, esta actriz consigue una aceptación más que encomiable entre el público de mano de películas tan previsibles como la presente.
Pese a los rasgos pocos originales de la película cabe destacar su peculiar cuidado en los diálogos a lo largo de la misma y sobre todo la reflexión que realiza a partir de lo que parece una película romántica más. Con una variada localización temporal en la ciudad de Nueva York, la historia parece desarrollarse de manera natural para el espectador, casi se puede intuir que la cinta va compartiendo a lo largo de su avance una complicidad especial con la audiencia.
Jason Bateman - Robert Kennedy y su época (TV -1985), Extract (2009), Todo incluido (2009)-, ya conocido por su participación en este tipo de películas cómicas, establece una actuación directa y sin un exceso de caricaturas grotescas. No por ello se libra de protagonizar uno de los momentos más absurdos de la cinta, en una fiesta de celebración de inseminación, en la que el propio donante realiza su aportación en la casa de la futura mamá, y ante la algarabía de amigos y médicos... Espeluznante...
Con todo, y como suele venir siendo común, la película es un historia que en apariencia parece novedosa y original, pero que en el fondo todos sentimos como ordinaria. Y siempre, -¡¡creedme!!- siempre tendremos oportunidad de ver más muestras de su propio linaje, porque afortunadamente queda Aniston para largo... y desafortunadamente queda Septiembre también para rato...

Philip Morris, ¡te quiero!
Francisco Trinidad

Dirección: Glenn Ficarra, John Recqua
Guión: Glenn Ficarra, John Recqua, Steve McVicker (novela)
País: USA, Francia.
Año: 2010.
Duración: 100 min.
Género: Comedia, drama.
Reparto: Jim Carrey, Ewan McGregor, Leslie Mann, Rodrigo Santoro Producción: Luc Besson, Andrew Lazar, Far Shariat.
Estreno en España: 13 de Agosto del 2010.
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Steven Russel (Jim Carrey) lo tiene todo: unos padres que le quieren, una mujer piadosa que comparte con él su vida diaria - y los posteriores rezos nocturnos -, una hija preciosa, un trabajo como policía al servicio de su comunidad... Pero como sin conflicto no existiría la vida, nuestro caricaturesco personaje descubre que quizás su vida no es tan adecuada para él como parece. ¿Por qué? Bueno, quizás influya en cierto aspecto que su madre biológica no quiera saber nada de él, a pesar de que, como Steven puede comprobar, ella sí puede ocuparse de otros dos hijos. En esta crisis también puede tener algo de importancia un accidente de tráfico que sufre nuestro protagonista, incluso hay quien puede señalar que además de todo eso su secreta homosexualidad pudo hacer estallar por los aires la vida de Steven, pero, ¿quién puede señalar al culpable?
Ayudado por todo, Steven consigue rediseñar su vida, comenzando por afrontar su estrenada realidad... nueva casa, nuevo novio (Rodrigo Santoro) y un nuevo estilo de vida que le permite disfrutar al máximo. Pero para costear todo el lujo de esa nueva rutina, Steven recurre a diversos métodos de dudosa legalidad para obtener una financiación extra, recurriendo a las cada vez más frecuentes estafas al seguro. Por supuesto, pasa poco tiempo hasta que la policía comienza a perseguir a nuestro dicharachero protagonista, siendo finalmente capturado.
Pese a lo que podríamos pensar, en la cárcel Steven no sufre de inimaginables desprecios, peleas o terribles experiencias de mano de resbaladizas pastillas de jabón. No, Steven de repente se descubre profundamente enamorado de un compañero del presidio, Philip Morris (Ewan McGregor). Steven hará lo imposible por permanecer siempre unido a Philip, pese a que ello supongo comenzar una serie de intrincadas mentiras que acaban por tejer un enmarañado panorama de estafas.
Basada en el libro de Steve McVicker, I love you Philip Morris - este a su vez basado en una historia real según el autor-, la película nos presenta de una manera extremadamente divertida la atípica comedia romántica. Y sí, he dicho atípica, porque parece que una gran parte de las distribuidoras estadounidenses han pensado que el hecho de representar una relación homosexual pueda ser un impedimento en la patria del tío Sam. De hecho, la película puede estar orgullosa de haber sido estrenada antes en países como España que en su propia patria. Y tranquilos, os puedo asegurar que no hay nada ofensivo en lo proyectado en esta película, siempre será más ofensivo el hecho de intentar evitar su distribución.
Como dijo ese gran filósofo, Peter Griffin: [refiriéndose a los EEUU] “Fundaremos un nuevo asentamiento, donde defender los derechos de todos. Salvo negros, asiáticos, latinos, judíos, gays, mujeres, musulmanes... eh... todos los que no sean hombres blancos... me refiero a blancos blancos: ni italianos, ni polacos... sólo gente de Irlanda, Inglaterra y Escocia... pero sólo ciertas partes de Escocia e Irlanda... sólo blancos de verdad... ¿sabes qué? Ni siquiera blancos... que nadie tenga derechos. ¡Ah!... América”
Con un elenco liderado por Jim Carrey, el acento cómico consigue estar fielmente defendido, encontrando ciertas reminiscencias a las pasadas producciones hollywoodienses de comedia romántica tales como Algo pasa con Mary (1998), La boda de mi mejor amigo (1997), Los padres de ella y Los padres de él (2000 y 2004 respectivamente). Pese a todo, no puedes evitar disfrutar con cada una de las estrafalarias situaciones que provoca nuestro protagonista Steven Russel, y no ya por lo cómico de cada momento, si no por el verdadero fin de Steven: no persigue nada más que a su verdadero amor.
Y es que no se hace difícil sentir un inmenso cariño por Philip Morris, con su especial candor. Con un más que notable aclaramiento capilar, Ewan McGregor consigue encandilar no sólo a Steven Rusell, si no a todo el público. Quizás de una inocencia demasiado exagerada, el personaje que Mr McGregor interpreta de nuevo de manera genial, consigue atrapar la historia vital de Steven, y consigue además aportarle un fin a toda su experiencia vital.
Pese a que parecíamos haber olvidado que Jim Carrey seguía en activo - no podemos olvidar (y ojalá no fuera así) sus conocidos papeles en Ace Ventura (1994 y 1995) y La máscara (1994), aunque también nos dejó un buen sabor de boca en El show de Truman (1998), o Man on the moon (1999) - no os extrañéis, porque en lo próximos meses podremos ver su cara de nuevo en la cartelera. En esta película podemos notar que Jim se siente cómodo, de nuevo regresando al mundo cómico, aunque no exento de duras críticas. Es muy de agradecer que haya disminuido el nivel de gesticulación durante la cinta, y sea quien sea el encargado de haberlo evitado, mi más sincera enhorabuena.
Con una historia imponente, el film consigue estar a la altura de lo que como espectador puedes pedirle, tanto a nivel cómico como a nivel ético. Porque, no hay que dejar de perseguir el sueño de ser felices en la vida. No hay que dejar de luchar por esa persona que hace que todo de repente tenga sentido. Porque hay que estar por encima de estúpidas ideas preconcebidas que limitan hoy en día la emisión de romances. Porque está en nosotros mismos esa búsqueda de la felicidad sin importar dónde tengamos que ir o cuánto tengamos que estafar al seguro. Porque a veces, tenemos que levantarnos de nuestra butaca, y, aunque hordas de irascibles espectadores nos lancen sus refrescos y palomitas, alzar nuestra voz y gritar sin pensarlo: “¡¡¡Yo también te quiero, Philip Morris!!!”

ORIGEN
Francisco Trinidad
Título original: Inception
Dirección: Christopher Nolan
País: USA, Reino Unido.
Año: 2010.
Duración: 150 min.
Género: Ciencia ficción.
Reparto: Leonardo DiCaprio, Marion Cotillard, Cillian Murphy, Ellen Page, Joseph Gordon-Levitt, Ken Watanabe, Tom Hardy, Michael Caine, Dileep Rao, Producción: Warner Bros. Pictures, Syncopy, Legendary Pictures
Estreno en España: 23 de Julio del 2010.
Ver trailer
¡¡DESPIERTA!!... ¿te notas algo extraño? ¿no estás preocupado por nada? ¿no notas algo que antes no estaba ahí dentro? ¿¿seguro?? Si realmente no te preocupas es porque aún no te has acercado a un cine - bueno, como siempre dicen, sólo a uno de los mejor cines - para ver Origen. Y si eso es verdad, deja de leer ahora mismo, aprovecha de verdad tu tiempo y acércate a ver esta magnífica película.
Dom Cobb (Leonardo DiCaprio) tiene un peculiar oficio. En una época futura, aunque no demasiado lejana, Dom es el mejor de entre todos los ladrones. Pero no penséis que se dedica a entrar en lujosas mansiones y llevarse consigo diamantes de tamaños inimaginables. No, la imaginación de Christopher Nolan (guionista y director del film) va mucho más allá. Dom se encarga de colarse en los sueños de sus víctimas y conseguir la información que le requieran. Dentro de sus sueños, interactúa con el subconsciente de la víctima, y rebusca hasta encontrar la caja fuerte donde se encuentra lo más oculto de cada uno.
Pese a que Dom cuenta con la participación de Arthur (Joseph Gordon-Levitt) y Fischer (Cilian Murphy) en esta ocasión prefiere ir un paso más allá y tratar de lograr el reto que le propone un exigente cliente, algo que hasta entonces jamás se había conseguido, más allá de robar una simple información en principio oculta. Con todo, el más difícil de los retos para Dom será mantener a raya a sus propios demonios internos, genialmente interpretados por una despechada Marion Cotillard (Mal en la cinta), que hará que todo el plan que construyen se derrumbe bajo la fuerza del subconsciente.
Con un reparto en el que destaca por méritos propios Leonardo DiCaprio, pero que cuenta con numerosos rostros de sobra conocidos para el gran público, la historia resulta estar tan bien elaborada que el guión se establece como el verdadero factor del éxito del film.
Con sus últimos trabajos, Christopher Nolan (Following, Batman Begins, The Dark Knight, y la futura Batman 3), parece demostrarnos que es capaz de dejar una profunda marca en el género de la ciencia ficción. Con Origen, el director y guionista británico introduce al espectador en una historia apasionante, que consigue absorber a cualquiera desde el primer minuto. Enmarcando la acción en la accesibilidad a un mundo onírico, con un sólo objetivo de los protagonistas consigue llenar los 149 minutos de la película. En el último minuto, por supuesto, logra finalmente que todo el mundo no pueda dejar de pensar en ese desenlace... (tranquilos, de estas líneas no saldrá ni un ápice de lo que ocurre, pese a que se debería de buscar una solución colectiva, al estilo de lo ocurrido con la fe “lostiana”).
Al margen de heridas del pasado aún sin cicatrizar, con esta cinta recuperamos un poco la fe en que no todo está ya visto. Con unos impecables efectos especiales, situados estratégicamente a lo largo del film, podemos adentrarnos en una tecnología onírica al más alto nivel de desarrollo. Los entornos creados para poder adquirir la información requerida son sin lugar a dudas increíbles, algo que se escapa de lo que cualquiera de nosotros podamos llegar a ver en nuestros sueños. ¿O no?
Una vez experimentado todo lo que esta cinta es capaz de ofrecernos sólo nos queda cerrar los ojos, y sujetando nuestro totem con la mano, aferrarlo fuerte, identificando en cada momento que sigue ahí, y poder distinguir cuándo estamos sufriendo nuestra vida real y cuándo alguien está infiltrándose en los delirios oníricos de nuestro subconsciente para algún retorcido fin.
Cerrad de nuevo los ojos... tranquilos... ya todo comienza a iluminarse y podemos volver a nuestro sueño... a esa irrealidad que supera nuestra realidad...
“El mundo está en las manos de aquellos que tienen el coraje de soñar y correr el riesgo de vivir sus sueños.”
Paulo Coehlo

UN REGALO PARA ELLA
Lucía Tello Díaz
Título original: Trésor.
Dirección: Claude Berri y François Dupeyron.
País: Francia.
Año: 2009.
Duración: 90 min.
Género: Comedia.
Interpretación: Mathilde Seigner (Nathalie), Alain Chabat (Jean-Pierre), Fanny Ardant (Françoise Lagier), Isabelle Nanty (Brigitte), Hélène Vincent (Nadine), Stéphane Freiss (Fabrice), Laurent Spielvogel (vendedor), Bruno Putzulu (Bruno). Guión: Claude Berri.
Producción: Claude Berri.
Música: Frédéric Botton y Jean Yves D’Angelo.
Fotografía: Agnes Godard.
Montaje: François Gédigier y Sylvie Lager.
Diseño de producción: Lauren Ott.
Vestuario: Jacqueline Bouchard.
Distribuidora: A Contracorriente Films.
Estreno en Francia: 11 Noviembre 2009.
Estreno en España: 8 Julio 2010. Apta para todos los públicos.
Cinófilos y cinéfilos están de enhorabuena con la presentación en sociedad de Un regalo para ella, filme en que se aúna el amor por el cine y la pasión por el mundo animal. Centrada en las venturas y desventuras de un matrimonio burgués de aparatosa suntuosidad, tanto Nathalie (Mathilde Seigner) como Jean-Pierre (Alain Chabat) verán mermada su relación a causa de un inocente regalo de aniversario, Trésor, un perro malcriado y consentido que pronto se convertirá en el centro de sus vidas y de sus sueños.
Obsesionada con optimizar al máximo el pedigrí de Trésor, Nathalie se transformará en una auténtica experta en las prácticas de adiestramiento, cuidado, acicalado y aun alicatado de los canes. Desterrado de su casa, su habitación y su cama, Jean-Pierre no sabrá interpretar el cambio de su mujer, reaccionando desmedida y belicosamente hacia el perro que él mismo introdujo en su hogar. Tras meses de terapia canina, de discusiones y bellaquerías varias, ambos decidirán darse un descanso rompiendo un matrimonio otrora perfecto, medida que, a pesar de su radicalidad, servirá para que ambos reconsideren su obstinación.
No obstante, reducir este título a postulados ya manidos en películas como Socios y sabuesos, Los perros de mi mujer e incluso 101 dálmatas, no deja de ser un pecado capital contra el sentido común. Porque es el filme de Claude Berri una ácida crítica hacia un estrato social, el opulento, hastiado de su ensimismado individualismo, con unos personajes absortos en sí mismos e incapaces del sacrificio personal en aras del mantenimiento de un compromiso. Y es que el productor de la exitosa Bienvenue chez les Ch'tis (Bienvenidos al norte), tan sólo esconde tras una pátina de frivolidad e histrionismo una realidad inexcusable, la de un mundo inepto que ha perdido el sentido de la responsabilidad y del deber, con unas mujeres emocionalmente dependientes y caprichosas; y unos hombres rimbombantes, pueriles y cansinos, que se sienten insatisfechos por no conseguir cada uno de sus empeños.
A pesar de su trasfondo acre, Un regalo para ella resulta todo un presente para el buen gusto, con una fotografía extraordinaria, una ambientación lujosa y un escenario parisino más cercano y limpio que nunca.
Quizá cabría haberle solicitado a Berri, desaparecido en enero de 2009, menor desesperanza a la hora de retratar los acuerdos y desacordes del matrimonio adinerado, ya que la huella injustificadamente amarga que transmite esta comedia no deja lugar al desengaño: los ricos también lloran, es cierto, pero los pobres lo hacen con mayor motivo.

UN CIUDADANO EJEMPLAR
Francisco Trinidad
Título original: Law abiding citizen
Dirección: F. Gary Gray
País: USA.
Año: 2010.
Duración: 151 min.
Género: Acción.
Reparto: Brice McGill, Colm Meaney, Jamie Foxx, Gerard Butler, Annie Corley, Viola Davis, Leslie Bibb, Gregory Itzin, Richard Portnow, Regina Hall, Michael Kelly, Michael Irby, Brooke Mills, Esmerals-Angel Young, Christian Stolte
Guión: Kurt Wimmer
Producción: Warner Bors. Pictures
Musica: Brian Tyler
Montaje: Dan Lebental
Fotografía: Jonathan Stela
Estreno en España: 7 de Mayo del 2010.
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Clyde Shelton (Gerard Butler) ve marcada su vida cuando dos individuos irrumpen en su casa y matan a su mujer y su hija ante sus ojos. Poniendo toda su confianza en que el sistema judicial podrá hacer pagar ese terrible crimen, se apoya en su abogado, Nick Rice (Jamie Foxx) para conseguirlo. Sin embargo, durante el juicio se llega a un acuerdo con uno de los asesinos para que culpe a su cómplice y rebajarle así la pena. Diez años después, cuando se somete a la pena de muerte a su compañero, un suceso extraño llama la atención de la policía: lo que se suponía que era una muerte controlada e indolora se transforma en una agonía estremecedora, por lo que parece un sabotaje.
Al mismo tiempo, el asesino exculpado -que disfrutaba de la libertad- es encontrado asesinado. La policía acude inmediatamente al señor Shelton, quien se entrega sin oponer resistencia. El ahora fiscal Rice se enfrenta a un hombre que no parece empeñado en atacar al sistema judicial, si no en hacerlo caer por sus propios fallos.
Tomando un argumento que suscita bastante controversia hoy en día, este film logra captar la atención del espectador, cada instante con más fuerza a medida que transcurre la película, y consigue manifestar las muchas incoherencias en las que cae el sistema judicial moderno. Con un reparto excepcional para tal fin, encabezado por Jamie Foxx y Gerard Butler, la película consigue conmover desde un enfoque centrado en la acción, en los trepidantes movimientos de una partida de ajedrez, en la que parece que uno de los contrincantes consigue hacerse con el dominio en base a la anticipación.
Gerard Butler se presenta últimamente en nuestra carteleras como un inquilino habitual, con películas como Drácula 2001 (2000), Lara Croft: la cuna de la vida (2003), El fantasma de la ópera (2004), 300 (2007), Como entrenar a tu dragón (2010). En esta nueva película, el actor escocés consigue aportar el ritmo dramático y contenido al personaje del padre desgarrado, que trata de consumir su venganza lentamente, con un meticuloso trabajo previo. Por su parte, Jamie Foxx - Ali (2001), Collateral (2004), Ray (2004) [Oscar al mejor actor], Corrupción en Miami (2006), Dreamgirls (2006) - hereda el más que conocido papel de fiscal americano, que se debe a un valor tan noble como la justicia. Para hacer frente a la situación, deberá de sentar sus prioridades y recordar los principios que guiaban su vida antes de llegar a un nivel de cómodo poder.
Con una promoción desapercibida frente a otros estrenos con los que comparte cartel, Un ciudadano ejemplar cosecha un éxito arrebatador en aquellos que se deciden por una película que no se conoce. En ocasiones como éstas, ese descarte con tintes publicitarios te permite disfrutar de una película muy estructurada en torno a la solidez de los valores éticos en la actualidad.
¿Y es que acaso nadie sería capaz de seguir los pasos de Clyde Shelton en el caso de contar con esa capacidad?

IRONMAN 2
Francisco Trinidad
Título original: Ironman 2
Dirección: John Favreau
País: USA.
Año: 2010.
Duración: 124 min.
Género: Ciencia-ficción.
Director: Jon Favreau
Reparto: Robert Downey Jr., Gwyneth Paltrow, Don Cheadle, Mickey Rourke, Samuel L. Jackson, Scarlett Johansson
Guión: Justin Theroux
Producción: Victoria Alonso, Kevin Felge
Musica: John Debney
Fotografía: Matthew Libatique
Estreno en España: 30 de Abril del 2010.
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Tony Stark (Robert Downey Jr.) parece decidido a seguir siendo el chico más malo de entre todos los superheróes. Pese a haber logrado la paz mundial y haber cumplido el sueño de su padre al construir la Stark Expo, Ironman no deja en esta entrega de estar acosado por estrambóticos villanos. En este caso, el afamado multimillonario deberá de enfrentarse no sólo a una nueva ristra de mecanizados enemigos, si no al peor adversario: su egocentrismo. Tras anunciar que su alter ego era el propio Ironman, Ivan Vanko (Mickey Rourke) jura a su padre, en su lecho de muerte, que se vengará de Stark. Para ello, partirá de un diseño semejante al que diseñó su padre -y que curiosamente Stark también usa- para elaborar un mecanismo tan mortal como excéntrico.
Mientras, Tony Stark decide nombrar directora general de su compañía a Pepper (Gwyneth Paltrow), preocupado por el lento envenenamiento que provoca en él el paladio del que está hecho el instrumento que le mantiene con vida. Para suplir las tareas de las que se encargaba Pepper, Tony decide contratar a Natalie Rushman (Scarlett Johansson), una eficiente secretaria que consigue cautivarle con algo más que llevar su agenda al día. Por si fuera poco, el Gobierno de Estados Unidos reclama a Stark que les ceda el diseño de las armaduras diseñadas por él para Ironman, dado el enorme peligro que podrían suponer en las manos equivocadas.
Esta segunda entrega de Ironman nos demuestra una vez más que ante la escasez de ideas es bastante rentable seguir explotando la creatividad de la fábrica Marvel, repitiendo una vez más una acción basada en los típicos clichés de Norteamérica. Tranquilos, que en breve podremos disfrutar de una tercera entrega de mano del formato 3D, además de una nueva saga que nos introduce Ironman, “Los Vengadores”. Es irónico, cuando los que realmente tendríamos que encargarnos de la venganza, en compensación, somos nosotros... no ellos.
Con un reparto ya conocido en esta saga (repiten Tony Stark, Gwyneth Paltrow) se incorporan Scarlett Johansson, Mickey Rourke y Samuel L. Jackson. Como bien comentó la propia actriz, Scarlett tuvo que someterse a cinco meses de entrenamiento para su papel en esta película... Quizás yo sea demasiado escéptico, pero no me digáis que se necesitan cinco meses para ese papel. Por supuesto, quizás se refiera a cinco meses, entrenando un primer día para saber cuántos pasos tenía que dar, y un último día -cinco meses después- para saber cuánta carne iba a enseñar.
Mención aparte merece la colaboración de Mickey Rourke. Pese a que en un principio los guionistas querían enfrentar a nuestro superhéroe de la brillante armadura con su archienemigo, “el Mandarín”, no pudo llevarse a cabo. Y es que el cirujano de Mickey (no Mouse, ¡cuidado!) no podía estirar más la cara para conseguir un aspecto más asiático, pero lo dejó preparado con el resto de extras de villano desconsiderado: tatuajes de quita y pon por todo el cuerpo, como si no hubiera sentido reparo en comprar Phoskitos a nivel industrial e ir mostrándolo; unos injertos de pelo lacio y grasiento, de ese de descubrir una nueva arma mortífera -pero no poder descubrir qué contiene el bote amarillo de la ducha-; un par de estiramientos faciales (de los que te suben el ombligo de tanto estirar) y ya por último, un repaso de Botox a nivel general, no vaya a ser que se le caigan las carnes en el peor momento. (Ya sabéis que si queréis poneros Botox en casa al estilo Rourke, no os olvidéis de poner una capa de imprimación antes, que si no luego no tira bien la toxina milagrosa....).
En cuanto a ti, Gwyneth, mi querídisima Gwyneth... esperaba cambiar de opinión ante esta nueva entrega, pero debo de suscribir todo lo que se escribió en la crítica para esta misma web de Ironman 1. Te mereces algo más, querida Gwyneth, cuando vuelvas a estar de bajón tú ponte en contacto con nosotros, que desde que nuestra increíble directora Lucía Tello se encargó del corto “Un tango con Norma”, podemos reconducir tu carrera y volver a hacerte pretendiente a otra estatuilla dorada. Créeme, que Lucía tiene talento, especialmente al escoger a sus actores...
Asumámoslo, nadie que no sea estadounidense podría lograr la paz mundial a golpe de hierro -no me refiero a fuera de las pantallas, of course-. Por supuesto, el mismo sujeto que consigue la paz mundial, es capaz de organizar espléndidas fiestas en mansiones de ensueño, con una simple llamada. Y por si fuera poco, en el período en el cualquiera de nosotros -pobretones mortales- sufriríamos una tremenda resaca, nuestro magnífico héroe consigue sintetizar una nueva sustancia... (Ponle un Highway to hell de fondo y todos lo pasamos por alto, mientras los pies nos bailan solos...).
Pero lo peor, al margen de esas incongruencias ya típicas en este tipo de películas, es la tendencia a seguir dinamitando la esperanza de los espectadores. Una simple esperanza que se basa en encontrar una historia distinta, algo que no se haya visto aún. Para los que no tengáis estas aspiraciones, os lo aseguro... ¡esta es vuestra película!

SHREK FELICES PARA SIEMPRE...
Lucía Tello Díaz
Título original: Shrek forever after.
Dirección: Mike Mitchell.
País: USA.
Año: 2010.
Duración: 94 min.
Género: animación.
Doblaje original: Cameron Diaz (Fiona), Mike Myers (Shrek), Eddie Murphy (asno), Antonio Banderas (Gato con Botas), Julie Andrews (reina Lillian), Walt Dohrn (Rumpelstiltskin), John Cleese (rey Harold), John Hamm (Brogan), Jane Lynch (Gretched), Craig Robinson (Cookie), Lake Bell (bruja).
Guión: Josh Klausner y Darren Lemke.
Producción: Teresa Cheng y Gina Shay.
Música: Harry Gregson-Williams.
Montaje: Nick Fletcher.
Dirección artística: Peter Zaslav y Max Boas.
Distribuidora: Paramount Pictures Spain.
Estreno en USA: 21 Mayo 2010.
Estreno en España: 8 Julio 2010. Apta para todos los públicos.
Descubrir una veta de éxito en la mina cinematográfica no deja de entrañar riesgos innecesarios. Después de tres títulos de probado triunfo en las taquillas, este verano la sombra fornida y verde del ogro más tridimensional vuelve a la carga, con la sana intención de desbaratar a su competencia, ahora que las salas de cine se visten de gala con la factoría de animación.
Y no es que Shrek felices para siempre... no consiga atraer e impactar con su nueva entrega, una de las mejores de los últimos años, sino que tal vez hubiera sido preferible prescindir de algún título intermedio para poder disfrutar sin agotamiento de esta conclusión bien orquestada y además entretenida.
En esta ocasión el filme nos retrotrae al comienzo de la historia, cuando todo estaba por hacer. Es entonces cuando conocemos a Rumpelstiltskin (Walt Dohrn), un pequeño y ambicioso hechicero que, conocedor del conjuro que pesa sobre Fiona (Cameron Díaz), intenta convencer a sus padres para que firmen un documento que le entronizará ipso facto. Sin embargo el azar hizo que Shrek (Mike Myers) rescatase a la princesa, postrando a Rumpelstiltskin a un destierro y miseria de los que no cree ser merecedor.
Carcomido por la codicia, el mago esperará años hasta encontrar y seducir a Shrek, ahora agitado padre de familia, despersonalizado y en plena crisis de identidad, que verá en el embaucador la mejor forma de disfrutar de una jornada completa como lo habría hecho en el pretérito, cuando era un ogro feroz, soltero y temido.
A cambio de la paz prometida, Shrek deberá cederle al mago un día cualquiera del pasado, haciéndose así el hechicero con su propio día de nacimiento, consiguiendo que en la nueva vida que Rumpelstiltskin le presenta, el ogro ni siquiera exista. Con tan sólo veinticuatro horas para desbaratar el acucioso sortilegio, a contrarreloj deberá conseguir que Fiona se vuelva a enamorar de él, sin que sus incondicionales amigos Asno (Eddie Murphy) y Gato (Antonio Banderas), le conozcan o recuerden. Sólo un beso de amor verdadero conseguirá que Shrek y su crisis de madurez recobren el sentido de la vida, comprobando que, como los humanos, también los ogros desprecian lo que más vale.
Ingeniosa y difícil, Mike Mitchell consigue ofrecer una película distinta contando con los mismos ingredientes que en ediciones pasadas, algo complicado y digno de elogio que resulta tan refrescante como ocurrente.
En definitiva, una película atractiva en que se descubre el talento de quienes, contando lo mismo, consiguen transmitir una historia completamente diferente.

ROBIN HOOD
Lucía Tello Díaz
Dirección: Ridley Scott.
Países: Reino Unido y USA.
Año: 2010.
Duración: 141 min.
Género: Acción, aventuras, drama, romance.
Interpretación: Russell Crowe (Robin Longstride), Cate Blanchett (lady Marion Loxley), William Hurt (William Marshal), Mark Strong (Sir Godfrey), Oscar Isaac (príncipe Juan), Danny Huston (Ricardo I), Eileen Atkins (Leonor de Aquitania), Max Von Sydow (sir Walter Loxley), Kevin Durand (Little John), Matthew Macfadyen (sheriff de Nottingham).
Guión: Brian Helgeland; basado en un argumento de Brian Helgeland, Ethan Reiff y Cyrus Voris.
Producción: Brian Grazer, Ridley Scott y Russell Crowe.
Música: Marc Streitenfeld.
Fotografía: John Mathieson.
Montaje: Pietro Scalia.
Diseño de producción: Arthur Max.
Vestuario: Janty Yates.
Distribuidora: Universal Pictures International Spain.
Estreno en Reino Unido y USA: 14 Mayo 2010.
Estreno en España: 13 Mayo 2010.
No recomendada para menores de 7 años.
El antiguo Ridley Scott ha muerto, larga vida al nuevo Ridley Scott. Este mensaje parece subyacer a la novísima producción del realizador quien, obviando su pasado replicante y rompedor, se ha acomodado en el género épico, retomando el estilo y talante de Gladiator, punto y aparte en su filmografía que, está visto, imprime carácter.
La justificación argumental para el desfile de atrezzo, vestuario, extras y suntuosidad que supone Robin Hood resulta anecdótica, aunque en esta ocasión Scott haya decidido trasladar su modus operandi al medievo inglés, recreando las andanzas del poético y legendario Robin Longstride (Russell Crowe), un arquero al servicio del monarca Ricardo Corazón de León, cuya valentía y honestidad le granjean el respeto de la compañía castrense del soberano. Cansado de la lucha sin cuartel y de la aniquilación fútil, Robin decide poner tierra de por medio, huyendo cuando se le da muerte al rey con una pequeña porción de la milicia real. En su escape serán testigos de una emboscada, de la cual resulta fallecido sir Loxley, un caballero que antes de fenecer encomienda a Robin que haga entrega de su espada a su progenitor.
Fiel a su promesa, Robin llegará a su destino oculto tras la identidad del fallecido, haciéndose pasar por el caballero inglés para evitar que su viuda, lady Marian (Cate Blanchett), pierda sus propiedades y con ella su dignidad. La necesidad, el asedio y la muerte, terminarán por precipitar que de la incomodidad inicial, surja la lucha conjunta y, finalmente, el amor.
Rebosante de pompa y boato, con una fastuosidad difícil de igualar, esta nueva entrega de Robin Hood no consigue, sin embargo, equiparar el argumento a la abundancia de medios empleados. Y no logra su objetivo a pesar de que las localizaciones resultan soberbias, el derroche de producción insuperable y los actores pulcros, con un Russell Crowe atractivo, y una Cate Blanchett polivalente, ya acostumbrada a brillar ante un roto o un descosido.
El inconveniente central de esta superproducción radica, seguramente, en la excesiva importancia otorgada a los pequeños detalles, el agotamiento que supura la exhaustiva minuciosidad con que ha sido concebida, así como, tal vez, la carencia de ahínco que se percibe en su línea principal, dejando a los intérpretes actuar casi a su libre albedrío, con el pleno convencimiento de que la aparatosidad de sus luchas, la superabundancia de medios y la pomposidad de sus trajes podrán salvar, equivocadamente pensado, la ausencia de mayor enjundia.
Lástima de oportunidad la que ha perdido en esta ocasión el insigne Ridley Scott, al sentirse de nuevo tentado por las ínfulas de la espectacularidad en detrimento de la hondura argumental. Esta cinta, deslumbrante como prólogo de una producción posterior, queda exigua al pensarse como una película total.
Con todo, no se le puede negar pericia, talento y, sobre todo, esfuerzo, no ya a Scott sino a su elenco actoral y a su equipo técnico. Sólo necesitaría mayor calado narrativo para haberse constituido en otra obra maestra; aunque ya se sabe, si éste es el nuevo Scott, habremos de acostumbrarnos. The old King is dead, long Live the King.

LA ÚLTIMA CIMA
Marta Montoto
“Era una especie de Cristo en la tierra”
“El primer descubrimiento es descubrir a Dios”
“He llegado a la Cima” fueron sus últimas palabras…
“Su vida vale la pena ser conocida, porque hará mucho bien”
“Fue un don de Dios para nosotros”
Todas estas frases, y muchas más son las que describen a Pablo Domínguez, sacerdote, filósofo, teólogo y Decano de la Facultad de Teología de San Dámaso, que murió a los 42 años cuando hacía montañismo en el Moncayo, a cuyo funeral acudieron más de 3.000 personas, y que era nada más y nada menos, como expresa el narrador de esta película, un buen cura.
La Última Cima quiere romper los tópicos que muchos podemos tener sobre los sacerdotes, tópicos que según queda demostrado en este film, son poco realistas: Pablo es un ejemplo de ello. Pero como él, hay muchos sacerdotes cuya vida pasa desapercibida porque como dice la frase “el Bien pasa callando”.
La productora Infinito + 1, haciendo alusión a una frase bien conocida que dice: “Uno sólo no puede hacer mucho, pero Dios + 1 es un ejército”, nos conduce de la mano de Juan Manuel Cotelo a través de un camino: la vida de Pablo. Una vida normal, de un cura normal, que no era ningún héroe, ni famoso, ni misionero, ni exorcista, sino simplemente un buen sacerdote.
A través de los testimonios de su familia, sus amigos, sus compañeros sacerdotes, sus alumnos de la Universidad, sus feligreses, uno llega a conocer a Pablo, incluso a encariñarse con él, hasta el punto de hacérsele tan cercano como un amigo de toda la vida. Eso sí, un amigo cura. Un cura que se entregaba a los demás las 24 horas del día, escuchando, confesando, predicando y dando testimonio de su fe sin miedo, Un hombre bueno, inteligente, entregado, lleno de alegría, amor, sencillez y humildad que dejaba huella indeleble en todos aquellos a los que trataba.
Con imágenes de la vida de Pablo, vídeos y testimonios, y sobre todo con mucho, mucho humor, alegría y agilidad, el espectador es invitado a reflexionar sobre la grandeza de Dios, el sentido de la vida, la razón de la existencia de los sacerdotes, el sacrificio, la muerte, la esperanza, la fe, e incluso sobre la “misión que cada uno de nosotros tiene en la tierra”. Y eso da para pensar mucho, ¿no creéis?
Esta modesta producción, con un sencillo anhelo de querer llevar al público la vida de una persona que vivió una vida ordinaria de forma extraordinaria, se ha convertido en la película número 1 en la taquilla española, batiendo en su fin de semana de estreno a supuestos taquillazos como Sexo en Nueva York 2, triplicando las cifras de recaudación de Robin Hood , y ha logrado que a partir del 11 de junio pueda verse en 50 salas, en vez de en las 4 salas de cine que podía verse hasta ahora.
Yo os invito a que os acerquéis al cine a verla porque no os defraudará, es más, saldréis del cine con una sonrisa prendida en el alma y con la sensación de haber aprovechado bien vuestro tiempo y vuestro dinero. A mí me ha impresionado muchísimo esta película, porque tiene “algo” que no tienen otras películas y ese “algo” es un soplo de aire fresco que te toca el corazón. Ojalá vengan más películas como ésta.
Felicidades a Juan Manuel Cotelo por haber logrado una película redonda, perfecta.

EL RETRATO DE DORIAN GRAY
Ana Tello
Título original: Dorian Gray.
Dirección: Oliver Parker.
País: Reino Unido. Año: 2009.
Duración: 112 min.
Género: Drama, fantástico.
Interpretación: Ben Barnes (Dorian Gray), Colin Firth (lord Henry Wotton), Ben Chaplin (Basil Hallward), Rebecca Hall (Emily Wotton), Rachel Hurd-Wood (Sybil Vane), Emilia Fox (Victoria Wotton), Fiona Shaw (Agatha).
Guión: Toby Finlay; basado en la novela “El retrato de Dorian Gray” de Oscar Wilde.
Producción: Barnaby Thompson.
Montaje: Guy Bensley.
Música: Charlie Mole.
Fotografía: Roger Pratt.
Diseño de producción: John Beard.
Vestuario: Ruth Myers.
Distribuidora: Aurum.
Estreno en Reino Unido: 9 Septiembre 2009.
Estreno en España: 11 Junio 2010.
Dorian (Ben Barnes, príncipe Caspian en Crónicas de Narnia) llega a Londres con cierta ingenuidad infantil y una belleza arrasadora, además de una herencia muy suculenta recibida de su padre fallecido. Es ahí donde Henry Wotton (Colin Firth) se acerca a él y le inicia en los placeres más básicos que él desconocía y de los cuales se puede aprovechar sin límites esquivando las concepciones morales al respecto. Basil Hallward (Ben Chaplin) pintor y amigo de Henry, se ofrece para retratar a Dorian, arrastrado de alguna forma por su belleza.
Es ahí donde el joven, va siendo arrastrado por la frivolidad y afirma: daría cualquier cosa por permanecer tal y como aparece en el retrato, tanto que daría hasta su propia alma.
Dorian va perdiendo esa candidez inicial y se va aprovechando de cada relación que mantiene, realizando atroces asesinatos y engaños. Nada parece tener límites en la maldad de este chico que cada vez va siendo más bello y al mismo tiempo, su retrato, guardado en el ático, va tornándose más horripilante y tétrico. Nada afecta a Dorian, sólo a su cuadro.
Cuando Basil quiere ver el cuadro, Dorian se ve obligado a asesinarlo a huir. Veinticinco años después regresa y para sorpresa de todo el mundo, permanece tan joven como cuando apareció por Londres por primera vez. Llega angustiado por su pasado, carente de amor y de sentido. Es cuando conoce a la hija de su mentor en el vivir sin límites, Emily, una chica inteligente y admiradora de Dorian. Henry, al ver a su hija junto con ese hombre tan antinatural, decide desenmascararle.
Un film de lo más trepidante e impactante, con un gran toque tétrico y hasta de cierto terror. Un toque oscurantista que tan bien va con la novela de Oscar Wilde, acerca de los placeres humanos sin límites y totalmente hedonistas. A veces el pasado puede volverse en tu contra.

SEXO EN NUEVA YORK II
Ana Tello
Título: Sexo en Nueva York 2
Título original: Sex and the City 2
País: USA
Estreno en USA: 28/05/2010
Estreno en España: 04/06/2010
Productora: New Line Cinema (Warner Bros. Pictures)
Director: Michael Patrick King
Guión: Michael Patrick King
Reparto: Sarah Jessica Parker, Kim Cattrall, Kristin Davis, Cynthia Nixon, Chris Noth, David Eigenberg, Evan Handler, Jason Lewis, Mario Cantone, Willie Garson, Miley Cyrus, Penélope Cruz, Alice Eve, Max Ryan, Liza Minnelli, Omid Djalili, Raza Jaffrey, Waleed Zuaiter, Tuesday Knight, Neal Bledsoe, Dhaffer L'Abidine, Alexander Wraith, Raya Meddine, Goldy Notay
Clasificación: No recomendada para menores de 18 años
Ser madre y ser mujer no es tan fácil como parecía y mucho menos glamouroso, nota que estas cuatro chicas necesitan en su vida (y otras muchas más a decir verdad).
Carrie ya ha dado el sí quiero tan esperado y soñado pero ahora se encuentra con el día a día. Parece que todas han alcanzado los sueños estereotipados consiguiendo lo necesario para estar radiante en cambio van a necesitar escapar de Nueva York y tener una aventura de chicas y sobre todo de verdaderas amigas, hacia un lugar exótico y lujoso en un momento en el que precisaban esa huída.
Una rebelión hacia lo tradicional con respecto al matrimonio tradicional, maternidad y otros tópicos acerca de la felicidad completa, por lo menos no es siempre igual para todo el mundo. Cada cuál vive sus relaciones de la manera que le parece bien sin ser eso objeto de crítica.
Una película mucho más fresca que la anterior secuela de la serie de televisión Sex in the city donde el lujo, la música y las grandes marcas no dejarán impasible a nadie sin obviar los toques de picante aderezados por las aventuras de Samantha.
Una película de lo más recomendable.

EL PASTEL DE BODA
Lucía Tello Díaz
Título: El pastel de boda
Título original: Pièce montée
Dirigida por Denys Granier-Deferre
Interpretada: Clémence Poésy, Jérémie Renier, Jean-Pierre Marielle
Género: Comedia
Año de producción: 2009
Distribuida por A Contracorriente Films
Fecha de estreno : 21 Mayo 2010
El día de la boda no ha de constituirse en el más feliz de una vida. Así parece verlo Denys Granier-Deferre realizador que, basándose en la exitosa novela homónima de Blandine Le Callet, ha llevado a la gran pantalla Pièce montée, best-seller que sólo en Francia ha vendido más de 200.000 ejemplares. Tomándola como punto de partida “su contenido es esencialmente el de la novela”, ha matizado Granier-Deferre, salvo por la incorporación de una subtrama de amor, y algunas variaciones en el tono y la tosquedad de la novela en que se inspira.
Centrada en el enlace matrimonial de Vincent y Bérengère (Jérémie Renier y Clémence Poésy respectivamente), el aspecto festivo de su casamiento no será sino la excusa perfecta para elaborar una crítica mordaz a la hipocresía social, y sus usos embusteros. Con personajes repletos de imperfecciones y fallas, ninguno será lo suficientemente positivo como para atisbar en él indicio alguno de misericordia, ni siquiera sus protagonistas, resultando desconfiado y distante el novio, así como déspota y fría la joven novia.
Sus familias se sumarán al despropósito ceremonial, representando una lucha encarnizada entre quienes asumen su condición burguesa de clase dominante, y quienes siendo excluidos de ese selecto grupo de elegancia, optan por elaborar su guerra de guerrillas mermando la moral del enemigo a base de picaduras venenosas a discreción.
Como una tragedia clásica, la jornada que separa la soltería de la vida desposada será todo un viaje iniciático, en el que se descubrirán no sólo los verdaderos sentimientos que se profesan los protagonistas, sino aquéllos que se ocultan tras el cáustico qué dirán, incluido el idilio amoroso mantenido por Maddy (Danielle Darrieux), abuela de Bérengère, y el sacerdote que oficia la ceremonia, Víctor (Jean-Pierre Marielle). Punto clave en la trama esta relación, al guionista y al realizador debemos su ingenio, hecho que, por cierto, llevó a la autora de la novela original a sentirse traicionada por el cineasta. Salvo ese despunte de amor sincero, el resto de las relaciones quedarán marcadas por un creciente desapego, hastío e incluso odio, asistiendo a un literal descenso a los infiernos de cada uno de los personajes, cobrando conciencia de sus auténticas aspiraciones, y la decepción en que se encuentran sumidos.
Con una fotografía impecable, unas localizaciones adecuadas, un reparto de lujo (encabezado por Darrieux, pero secundado por figuras como Aurore Clément, Julie Depardieu, Julie Gayet, Léa Drucker o Hélène Fillières), y una dirección correcta, es El pastel de boda la mejor oportunidad para ver lo más variado (que no selecto), de la sociedad occidental, en una vuelta de tuerca de Un funeral de muerte (2007, Frank Oz), aderezada con una cáustica versión de Cuatro bodas y un funeral (1993, Mike Newell).
Mujeres clasistas, hombres infieles, madres crueles, primos crápulas y hermanas corrosivas se darán cita en una boda a la que todos estamos invitados, y en la que, como bien simboliza su lujoso pastel de profiteroles confitados, la oquedad y el vacío se ocultan tras una ostentosa fachada repleta de nada. La gran sorpresa de la temporada.

ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS
Lucía Tello Díaz
Título original: Alice in Wonderland.
Dirección: Tim Burton.
País: USA. Año: 2009.
Duración: 108 min.
Género: Fantasía, aventuras.
Interpretación: Mia Wasikowska (Alicia), Johnny Depp (Sombrerero Loco), Helena Bonham Carter (Iracunda, la Reina Roja), Alan Rickman (voz de la oruga), Anne Hathaway (Miranda, la Reina Blanca), Michael Sheen (voz del Conejo Blanco), Stephen Fry (voz del Gato de Cheshire), Timothy Spall (voz del sabueso), Crispin Glover (Jota de Corazones), Christopher Lee (voz de Galimatazo), Matt Lucas (Tweedledee y Tweedledum).
Guión: Linda Woolverton; basado en los libros “Alicia en el País de las Maravillas” y “A través del espejo” de Lewis Carroll.
Producción: Joe Roth, Jennifer Todd, Suzanne Todd y Richard D. Zanuck.
Música: Danny Elfman.
Fotografía: Dariusz Wolski.
Montaje: Chris Lebenzon.
Diseño de producción: Robert Stromberg.
Vestuario: Colleen Atwood.
Distribuidora: Walt Disney Studios Motion Pictures Spain.
Estreno en USA: 5 Marzo 2010.
Estreno en España: 16 Abril 2010.
No recomendada para menores de 7 años.
Existen apuestas seguras que aun el menos cauteloso de los jugadores sabría reconocer. Y es que aventurarse con Tim Burton resulta a priori un éxito seguro, sea cual sea el proyecto con el que se lidie. Disney, industria sin duda avispada, no supo –o no pudo- ver el talento que se escondía tras los garabatos afligidos de Burton cuando éste, un meritorio de apenas dieciocho años, entró a formar parte de la gran factoría de ficción. No obstante, el cazatalentos animado se atrevió a apostar por el heterodoxo Burton y su Eduardo Manostijeras, y ganó. Retornó con Pesadilla antes de Navidad, y volvió a vencer. No podía, por ende, desechar la oportunidad de contar con el director de Big Fish para aventurarse, en sentido estricto, en uno de los proyectos más osados y superlativos de Burton, Alicia en el País de las Maravillas, un filme que, adelantamos, se presenta como la obra cumbre de la tecnología made in Disney.
Resultaría complejo intentar dilucidar qué factores hacen de esta Alicia un punto de inflexión dentro de las versiones que del universo creado por Lewis Carrol se han realizado, aunque quizá su vertebración sólida y mucho más argumental que visual (contra señales evidentes), puede justificar su apariencia compacta. Y lo es porque, pese al juego hechicero y fascinante de animación que conduce todo el metraje, lo buenamente hilado de la trama hace que resulte mucho menos llamativa de lo que el mero artificio impone, dejando espacio a una historia, infantil sólo a medias, ordenada dentro de su caos, y ponderadamente jerarquizada. Porque un proyecto como éste, en el que la tecnología se imbrica íntimamente con los personajes, en el que los retoques informáticos de intérpretes reales se dan cita con personajes simulados; en el que los paisajes (cien por cien burtonianos) se cuentan por centenares, y en el que cada detalle está tan personalísimamente elegido como idóneamente colocado, podría dar lugar sin duda alguna, a un melting pot empalagoso e indigesto.
En honor a la verdad, Tim Burton consigue superar con creces esta superabundancia, contrarrestando la invariable e insigne demencia de las que adolecían las obras en que está basada la película, tanto Alicia en el País de las Maravillas como A través del espejo, de manera notable. Paradójicamente, ninguna de las novelas llegó nunca a sorprender a Burton, quien admite no guardar mejor recuerdo de ellas que de la versión animada realizada por la productora de esta cinta, a la que no considera ni por asomo, la mejor película de su infancia.
En efecto, lo magnífico de la Alicia de Tim Burton es, seguramente, que consigue superar con maestría la concatenación descomunal de imágenes y personajes que la versión de cartoons sentó como precedente, siendo ésta mucho más iconoclasta, clasicista y pese a ello subversiva (e incluso herética) respecto a su predecesora, algo que la hace mucho más atractiva para aquellos quienes no se encuentren fascinados por su pariente animada. Con unos personajes desequilibrados como el Sombrerero loco (inmejorablemente histriónico Johnny Deep), y la Reina Roja (Helena Bonham Carter), o la Reina Blanca (Anne Hathaway), y unos secundarios sorprendentes (increíble Matt Lucas, desdoblado en su papel de los gemelos Tweedledee y Tweedledum, y pese a ello desamparado sin su inseparable David Walliams), junto con las voces de Christopher Lee, Stephen Fry y Michael Sheen, acompañando a su protagonista (Mia Wasikowska) completan este filme seductor y reconfortante.
Finalmente, destaca el exquisito gusto esteticista de Burton, alejado en gran medida de sus presupuestos iniciales, e indisputablemente seducido por corrientes artísticas tan dispares como el cine de Peter Jackson, los animales parlantes en la línea de los ideados por los hermanos Cynthia y Brian Paterson (con sus Foxwood Tales), así como influenciado por el cromatismo estridente e inquietante de The Promenade de Marc Chagall, o de la exhuberancia surrealista y barroca de los Cisnes reflejando elefantes dalinianos.
Todo un lujo de color, de sensaciones, de movimientos y de diálogos chispeantes, que absorberán a los adictos e incluso desafectos de Alicia en el País de las Maravillas. Una apuesta segura.

LOS HOMBRES QUE MIRABAN FIJAMENTE A LAS CABRAS
Lucía Tello Díaz
Título original: The men who stare at goats.
Dirección: Grant Heslov.
Países: USA y Reino Unido.
Año: 2009.
Duración: 95 min.
Género: Comedia.
Interpretación: George Clooney (Lyn Cassady), Jeff Bridges (Bill Django), Ewan McGregor (Bob Wilton), Kevin Spacey (Larry Hooper), Robert Patrick (Todd Nixon),
Guión: Peter Straughan; basado en el libro de Jon Ronson.
Producción: George Clooney, Grant Heslov y Paul Lister.
Música: Rolfe Kent.
Fotografía: Robert Elswit.
Montaje: Tatiana S. Riegel.
Diseño de producción: Sharon Seymour.
Vestuario: Louise Frogley. Distribuidora: Sony Pictures Releasing de España.
Estreno en USA: 6 Noviembre 2009.
Estreno en España: 5 Marzo 2010. No recomendada para menores de 7 años.
De entre las muchas y variadas ofertas de filmes de postguerra, post Bush, post Irak, e incluso post 11-S, sin duda The Men Who Stare At Goats resulta la más límpida, razonada, sugestiva y conmovedora declaración de paz jamás concebida en nuestra convulsa contemporaneidad. Bajo la égida de la comedia disparatada, el saldo final de este filme singular no es sino la aserción del desfallecimiento global ante tanta guerra, tanto atropello.
Como ya lo hiciera con el guión de Good Night, and Good Luck, (en colaboración con Clooney, amigo y cofundador de la productora Smoke House), Grant Heslov sabía de buena tinta que la crítica incomoda sobremanera, y que escamar a una opinión pública y unos poderes fácticos ya de por sí irritados, no logra sino el efecto contrario al deseado. Si la caza de brujas del senador McCarthy sirvió de magnífico terreno de juego para elaborar su mordedura al sistema político norteamericano que le era contemporáneo, el desenfreno hippie le valdrá ahora de perfecta simiente para cargar contra la beligerancia y la confusión que ésta entraña.
Y qué mejor manera de elaborar este testamento pacífico de extenuación, que a través de la alocada novela de Jon Ronston que da título a esta cinta, y que nos narra las peripecias de Bob Wilton, periodista de Ann Arbor (Michigan), que viaja hasta Irak para superar la creciente falta de autoestima que le ha provocado el abandono de su mujer. Atrapado durante un mes en Kuwait por falta de permiso para cruzar la frontera, en la oscuridad de un hotel encontrará a Lyn Cassady “Capi” (George Clooney), personaje tan bizarro como sugestivo, de quien un entrevistado le había hablado meses atrás. La extravagancia de Lyn no se basará tanto en su extraño comportamiento, como en la creencia de que posee poderes psíquicos tan enérgicos, que es capaz de modificar el comportamiento de las personas con su sola mirada. Subyugado por su extraordinaria historia, Lyn le confesará la existencia de los Caballeros Jedi, una unidad secreta del Ejército norteamericano que en los años ochenta fue creada para capacitar a sus soldados de imbatibles poderes mentales, aptos para destruir desde dentro la moral y la fuerza enemigas. Guiado por el comandante Bill Django (Jeff Bridges), su cometido, clasificado por el alto mando del Gobierno, será el entrenar a estos monjes guerreros en el arte de la visión remota, una suerte de manipulación psicológica que les convertía en perfectos espías mentales. Django, quien encontró su revelación en la guerra de Vietnam, será quien con inmensa maestría encamine los pasos de todo el equipo Jedi, a pesar de que en su afán encuentre a algún caballero oscuro como Larry Hooper (Kevin Spacey), capaz de invertir el cometido inicial del New Earth Army.
Aunque Wilton no confía en que la historia ideada por Capi sea real, su nulo autoconcepto y la fascinación que le produce el creer que por fin tiene un cometido en la vida, le hacen dejarlo todo y seguir a Lyn allá donde vaya. Finalmente, descubrirá que el poder mental, de cualquier índole, puede ser tan intenso como cualquier arma física.
Con imágenes reales del conflicto de Irak, de Sadam Hussein, de declaraciones del antiguo Presidente de los Estados Unidos, y de bombardeos sobre territorio iraquí, la estructura de Los hombres que miraban fijamente a las cabras será un continuo vaivén de flashbacks y flashforwards, los cuales, dicho sea con honestidad, no sólo no restan eficacia a la trama, sino que la revitalizan hasta un punto desconcertante.
Aderezada por canciones emblemáticas como More than a feeling, de Boston, el momento clave de todo el filme lo encontramos a mitad del metraje, cuando en pleno fuego cruzado entre guardias de seguridad privada norteamericanos, Wilton, Lyn y un misericordioso iraquí, comparten una sentida cena, en la que se disculparán de los errores cometidos por sus respectivas naciones, siendo especialmente emotivo Clooney cuando le refiera a su compañero iraquí: “no quiero que piense que todos los americanos somos así”, concluyendo que “en todas las casas hay manzanas podridas”.
Con un reparto de valor formidable, capaz de variar la regla tácita del cine norteamericano, en la que la profusión de nombres propios sólo es muestra de un exiguo y hasta vergonzante contenido argumental, en esta obra cada uno de los protagonistas resulta insustituible y trágicamente hilarante.
Mucho más profunda, punzante y hasta dolorosa de lo que se puede inferir de su atolondrado título y su más que pulida comicidad artística y argumental, Los hombres que miraban fijamente a las cabras resulta de una franqueza demoledora, capaz de hacer reflexionar a golpe de carcajada, y de reír a costa de la tragedia humana. Es en definitiva una paradoja exquisita de la que se destila, en última instancia, que ahora más que nunca, es necesaria la existencia de los caballeros Jedi. Simplemente extraordinaria.

Los sustitutos
Francisco Trinidad
Título original: The surrogates
Dirección: Jonathan Mostow
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 88 min.
Género: Ciencia-Ficción. Acción
Guión: Michael Ferris, John D. Brancato
Música: Richard Marvin.
Fotografía: Oliver Wood
Reparto: Bruce Willis, Radha Mitchell,Ving Rhames, Rosamund Pike, Michael Cudlitz, Boris Kodjoe,Valerie Azlynn, Jack Noseworthy, Rachel Sterling,
Producción: Touchstone Pictures / Mandeville Films / Road Rebel
Estreno en España: 25 de Septiembre del 2009.
Pincha aquí para ver el trailer
“Imagina un mundo donde puedes ser quien quieras,… ir a donde quieras,… hacer lo que quieras…” No, no estáis leyendo el nuevo eslogan de un nuevo modelo de coche de alta gama. Tampoco se trata de uno de esos inestimables tesoros que son los anuncios de fragancias. Con esta frase nos invitan a adquirir una copia biónica de nosotros mismos, para que a nuestra imagen realice todas las tareas que rigen nuestra vida.
En una época indeterminada la civilización humana ha encontrado un producto que es más que Universal y útil: los sustitutos. Reproducciones robóticas de cada persona, son manejados desde la seguridad del hogar y hacen que todo sea mejor. No existen epidemias, no se producen muertes en ningún tipo de accidente, apenas existen los crímenes en esta sociedad.
Desgraciadamente para el personaje encarnado por Bruce Willis, un agente del FBI, algo deja de ser perfecto en este mundo tan estéril. De repente ocurre uno de los sucesos más graves desde que se usan los sustitutos: alguien posee un arma capaz no sólo de destruir la copia robótica de los usuarios, sino también ejecutar de manera instantánea a sus propietarios reales. Junto con su compañera en la investigación nuestro protagonista se encontrará con un oscuro propósito que involucra tanto a los creadores y distribuidores de los sustitutos como a aquellos que deciden vivir alejados de cualquiera de los sustitutos.
Uno de los productores de la cinta, Max Handelman logró hacerse con los derechos de la novela gráfica de Robert Venditti, “The Surrogates”. Convencido del tirón de la historia, se espera que próximamente se estrene la segunda parte de la película, basada en una precuela del mismo Venditti, ambientada 15 años antes de la película que hoy podemos disfrutar. Y para no perder la oportunidad de seguir haciendo caja, ya han anunciado que Venditti prepara una tercera parte narrando los sucesos que acontecerán 15 años después de su primera obra.
Pese a que posiblemente parece que te estás enfrentando a una película predecible y con un marcado carácter recaudatorio, puedes llevarte una sorpresa, y no por que se trate de una genial obra del cine, si no porque consigue engancharte en una realidad no tan alejada de nuestras vidas actuales.
Porque en realidad parece que el futuro sólo existe en las películas, como ésta, de ciencia ficción. Al fin y al cabo, como apuntó el increíble Victor Hugo: “El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad.”
Al margen de ese marco futurista, no cabe duda de que el uso de este increíble ingenio sería algo ciertamente útil para cualquiera de nosotros a día de hoy, pudiendo evitar cualquiera de los riesgos que pudiéramos sufrir. Pero evidentemente esto no quedaría ahí… ¿por qué conformarse con una copia exacta de nuestro cuerpo cuando podemos customizarlo a placer?
En un primer momento puede resultar sorprendente que todos y cada unos de los sustitutos sean simplemente perfectos, porque ya se sabe que hecho el negocio, hecha la trampa. Por supuesto estos “arreglillos” nos dejan estupefactos al poder contemplar el tupido flequillo rubio que luce el sustituto de Bruce Willis – en un intento evidente de hacerle más atractivo cuando se nos muestra su verdadero aspecto en la película – o cuando por ejemplo se descubre que una de las chicas más atractivas de una fiesta de lo más exclusivo está manejada… por un sucio esperpento masculino desde un sofá… sin palabras.
Más allá de flequillos ondeantes o travestidos obesos – o mejor dicho, transustituidos – podemos intuir una metáfora de nuestra actual situación que se plantea en esta película. Porque, ¿acaso no hemos llegado al extremo de poner nuestra vida al servicio de la tecnología? ¿Quién puede vivir a día de hoy sin un ordenador a su alcance? ¿Quién puede quejarse de algo que no sea un sistema operativo con vida propia – y con la voluntad de anular a placer todo el trabajo que hacemos-? ¿Y dónde leéis ahora mismo estas líneas? Si habéis respondido a la última pregunta que en una de las mejores webs de cine, estáis en lo cierto.
Y como siempre, al final de esta cinta te planteas que quizás no sería tan descabellado tratar de desarrollar ese sistema ideal en el que todos podamos ser atractivos, todos tengamos un aspecto impecable - ¡¡fuera esas ojeras que ya forman parte de nuestro uniforme!! - , donde todos podamos ser quienes queramos, donde no suframos accidentes, donde podamos mostrar orgullosos nuestros flequillos de un rubio antinatural, donde a Falete no le impidan el paso a los buffet libres, donde al fin y al cabo, podamos tener la vida que queramos… aunque, ¿qué nos impide tenerla ahora?

Paranormal Activity
Francisco Trinidad
Título original: Paranormal activity
Dirección: Oren Peli
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 86 min.
Género: Terror, Suspense.
Reparto: Katie Featherston, Micah Sloat, Mark Fredrichs, Ashley Palmer, Amber Armstrong.
Guión: Oren Peli
Producción: Paramount pictures
Estreno en España: 3 de Septiembre del 2009.
Pincha aquí para ver el trailer
Los milagros, como bien sabemos, sólo ocurren de vez en cuando, y en este caso la Paramount Pictures ha podido disfrutar – y rentabilizar - un gran fenómeno a nivel mundial.
Paranormal activity consigue, desde su sencillez, hacer temblar de miedo al público, consigue hacernos recordar que en el género del terror aún no está todo dicho. Una pareja de jóvenes americanos, Micah (Micah Sloat) y Katie (Katie Featherston), deciden registrar con una cámara digital y un micrófono todo lo que ocurre en su habitación mientras ellos duermen, movidos por una serie de ruidos y sucesos anómalos que viven desde hace un tiempo. Así, podemos ver día tras día qué es lo que ocurre en su casa, y lo más importante, qué harán ellos para que todo eso cese.
Siguiendo la estela de películas como El proyecto de la bruja de Blair o la saga Rec, Oren Peli nos propone adentrarnos en los pilares del terror de mano de una grabación en primera persona, introduciéndonos como un protagonista más de esta intrigante ficción.
De esta película no sólo cabe destacar el increíble éxito que acumula tanto por parte del apoyo del público, como el de la crítica; si no también las bajas cifras de su presupuesto. Se estima que la grabación de la cinta supuso un gasto de unos 15.000 dólares, mientras que su recaudación asciende a los 22 millones de dólares (15 millones de euros) en EEUU y unos 42 millones de euros a nivel mundial hasta la fecha.
Y es que este marcado carácter austero llega a extremos tales como que la casa en la que se desarrolla toda la acción es la propia casa de Oren Peli – director y guionista de la película-, en la que por cierto (y para sorpresa de muchos de los que ya hemos visto la cinta) continúa viviendo. La cinta fue grababa hace ya algo más de dos años, y tras ser presentada en diversos festivales, Paramount Pictures decidió hacerse con los derechos de la historia.
Pese a que reeditar esta película era una de las opciones que tenía la productora, se prefirió mantenerla tal y como estaba, salvo ciertas variaciones en el final. Y la verdad, el resultado es inmejorable: el hecho de contar con actores desconocidos, de una ausencia de un guión estricto en la misma – incluso, como habréis podido notar, los nombres de los protagonistas son en realidad los nombres de los propios actores-, proporciona una dimensión a la historia que marca una tendencia en los espectadores a la inclusión en la trama.
Aun así, por supuesto la película sufrió cambios en su planteamiento: desde la grabación de un final alternativo aconsejados por Steven Spielberg (cuando la cinta contaba ya con dos distintos, que por supuesto se podrán disfrutar en la próxima edición DVD de la misma), hasta la introducción de infrasonidos en ciertas partes del film para acrecentar una inconsciente tensión en el público.
Y como siempre, ¿¿qué sería de una película de terror sin unas cuantas leyendas urbanas que empujen la promoción?? Porque, lo creáis o no, hay quienes señalan que Spielberg, tras disfrutar de la misma decidió deshacerse de la película dado el impacto que le provocó al verla, incluso los hay quienes dicen que durante la grabación de la misma – que se hizo de manera intensiva durante una semana- el equipo tuvo que lidiar con ciertos sucesos que no fueron puestos allí por obra y gracia de los efectos especiales.
Al margen de estas inevitables habladurías, y de lo cómico que pueda resultar imaginarse a Spielberg corriendo en pijama de vuelta a su casa tras haber sacado la cinta con la basura, esta película consigue hacerte permanecer en una agotadora tensión con un sencillo argumento.
Sin lugar a dudas, el principal responsable del éxito de esta película, no son sólo las grabaciones nocturnas de la pareja – al margen del sinsentido de la puerta abierta de par en par de su habitación o de esas trampas de boy scout de tercera - , si no el miedo que nosotros, como público, traemos de serie. Porque el hecho de pasar del orden de 8 horas – los más afortunados – en un estado de total inconsciencia en el que somos vulnerables tanto física como mentalmente siempre nos inquietará.
Como siempre, el valor de la película lo determina el propio espectador, porque como sucede las películas que tienen un buen material se pueden ver perjudicadas por una publicidad que eleve las expectativas por encima de lo que se ofrece. No podemos atender a una campaña de marketing que la señala como “una de las películas más terroríficas de todos los tiempos”, aunque podríamos matizarla muy al estilo de Bridget Jones, como una de las… 30 películas más terroríficas de todos los tiempos. Siempre, eso sí, que te de miedo.
Pero tranquilos, siempre habrá cintas que puedan aprovecharse de este tirón, y hacernos escuchar ruidos cuando no hay nadie cerca, hacernos ver sombras cuando todo está oscuro, y en la soledad -o compañía, de nuevo en el caso de los más afortunados- de nuestra cama, preguntarnos una vez más antes de rendirnos al sueño:
¿Qué pasará mientras duermo?

KATYN
Marta Montoto

Título original: Katyń.
Dirección: Andrzej Wajda.
País: Polonia.
Año: 2007.
Duración: 118 min.
Género: Drama, bélico.
Interpretación: Maja Ostaszewska (Anna), Artur Zmijewski (Andrzej), Andrzej Chyra (Jerzy), Jan Englert (general), Danuta Stenka (Róza), Pawel Malaszynski (Piotr), Magdalena Cielecka (Agnieszka), Joachim Assböck (Brunon), Stanislawa Celinska (Stasia), Sergei Garmash (Popov).
Guión: Andrzej Wajda, Wladyslaw Pasikowski y Przemylaw Nowakowski; basado en la novela de Andrzej Mularczyk.
Producción: Michal Kwiecinski.
Música: Krzystof Penderecki. Fotografía: Pawel Edelman.
Montaje: Milenia Fiedler y Rafal Listopad.
Diseño de producción: Kamil Przelecki.
Vestuario: Magdalena Biedrzycka.
Distribuidora: Karma Films.
Estreno en Polonia: 21 Septiembre 2007.
Estreno en España: 9 Octubre 2009.
Katyn es una reivindicación de la VERDAD. Así, con mayúsculas. Como película es bellísima, aunque dura. Gustará mucho a los amantes de la historia, entre los que me encuentro, y a los que disfrutan con historias con gran trasfondo psicológico y humano. A mí personalmente me recuerda mucho a la línea que últimamente se dan en ciertos directores de películas bélicas (sobre todo ambientadas en la Segunda Guerra Mundial), por reflejar el punto de vista humano de las víctimas, películas como La lista de Schindler, El Pianista o Los falsificadores.
Conservando un estilo de actuación coral, Katyn nos cuenta cómo tras la ocupación del Ejército Rojo en la Polonia oriental, el 5 de marzo de 1940, el régimen soviético tomó la decisión de ejecutar a más de 60.000 prisioneros: todos ellos funcionarios y militares del ejército polaco.
Todo gira en torno a la famosa lista de Katyn, la lista donde se nombraban a los muertos en el bosque del mismo nombre, y sus trágicas consecuencias en las vidas de los familiares de los integrantes de la lista: la mujer de un General, la familia de un Capitán, las hermanas de un ingeniero enrolado en el ejército, un ex-oficial polaco superviviente de la matanza, y venido a oficial soviético… Pequeñas historias que se entrelazan reflejando la fragilidad y a la vez, la fortaleza del ser humano en las peores circunstancias de la vida.
Y mientras los alemanes durante la ocupación en la guerra, echaban la culpa a los soviéticos de tan brutal y numeroso asesinato, y los soviéticos posteriormente se la echaron a los alemanes, cientos de miles de polacos, padres, madres, mujeres, hijos, amigos… de los mencionados funcionarios se debatían entre la vida y la muerte, intentando sobrevivir en una Polonia invadida por el hambre, la tristeza y el terror de la bota soviética; una Polonia aparentemente fría pero interiormente llena de fe y esperanza por volver a ver algún día a sus desaparecidos.
Más de medio siglo ha tardado en poder salir a la luz la verdad sobre la matanza de Katyn (y eso que hubo otras dos matanzas, de las que están aún por encontrarse las tumbas de tantos y tantos militares y funcionarios polacos), ya que hasta ahora las autoridades soviéticas habían negado la autoría de semejante crimen pasándole el balón a los nazis, falsificando documentos y pruebas pese a que la verdad es que fueron ellos los autores de tamaña atrocidad (la orden de la matanza fue nada más y nada menos que firmada por Stalin). De hecho, Andrzej Wajda, el director, estuvo años queriendo reflejar esta historia, ya que su padre fue uno de los militares asesinados y él mismo sufrió la guerra, con sólo 13 años.
Escenas como el ingeniero rezando el Rosario, el Capitán confesándose frente a un sacerdote, o rezando un Padrenuestro justo antes de ser asesinado, llaman mucho la atención, y más todavía viniendo de un país en dónde su fe católica ha sido silenciada durante años (no olvidemos que en la Polonia comunista se castigaba hasta con la muerte la profesión de fe en público); llaman la atención, digo, porque hoy en día está considerado políticamente incorrecto en ciertos países, eso de reflejar ciertas creencias en público, y menos en el mundo del celuloide... Afortunadamente hoy en día en Polonia se respira un aire de libertad de expresión y de religión, que ya hubieran deseado generaciones anteriores.
Katyn ha recibido numerosos premios de varios festivales e incluso estuvo nominada al Oscar a la mejor Película de habla no Inglesa en el año 2008. Y la verdad es que resulta una nominación muy merecida. Es de esas películas que dejan poso para reflexionar sobre el pasado y el presente, sobre el poder desmedido y fanático de las ideologías sobre los ciudadanos y, sobre todo, para reflexionar sobre los motivos por los que un ser humano podría querer matar a otro ser humano. Algo totalmente irracional e injustificado.
Que esta película sirva para concienciarnos sobre los extremismos y la manipulación de la historia: la Verdad siempre sale a la luz… ¡Afortunadamente!

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