Mayte Arnal
EL RAYO VERDE
TITULO ORIGINAL Le rayon vert
AÑO 1986
DURACIÓN 99 min.
PAÍS Francia
DIRECTOR Éric Rohmer
GUIÓN Éric Rohmer
MÚSICA Jean-Louis Valero
FOTOGRAFÍA Sophie Maintigneux
REPARTO Marie Rivière, Vincent Gauthier, Sylvie Richez, Basile Gervaise, Béatrice Romand, Lisa Hérédia, Virginie Gervaise, René Hernández, Dominique Rivière, Claude Jullien, Alaric Jullien, Eric Hamm
PRODUCTORA Les Films du Losange
Hay películas que asocio a determinadas épocas del año. Por ejemplo, las películas de Eric Rohmer suelo asociarlas con el verano (a pesar de “Cuento de Invierno” o “Cuento de otoño”...). Creo que se debe a que gran parte de ellas tienen lugar en esta estación, y además están imbuidas de la placidez de las vacaciones y de la atmósfera propia de esta época del año. Una de ellas es “El rayo verde”, que además tiene un punto de partida especialmente adecuado para las fechas: Delphine, una anodina secretaria parisina, ve como sus planes para las vacaciones se vienen abajo a escasos quince días de las mismas cuando su amiga le dice que no puede ir con ella, pues ha hecho otros planes con su chico.
Esto, que para cualquier otra persona no habría sido más que un mero contratiempo se convierte para ella en un drama, pues Delphine en realidad se siente totalmente sola y es una situación que le aterra, y más aún en sus vacaciones, que son para ella un auténtico respiro en la rutina de siempre. Por eso que rechaza de plano la idea de viajar sola.
Los que la rodean (amigas, familia...) intentarán ayudarla ofreciéndole varios planes que creen que podrán agradarle, pero ninguno llegará a convencerla del todo, y así Delphine se pasará los días de un lado para otro sin sentirse a gusto en ningún sitio, ni en Cherburgo con una amiga y su familia, ni en la montaña... ni por supuesto en París. Es entonces cuando por casualidad le surge la oportunidad de ir a Biarritz ella sola y termina haciéndolo. Allí conocerá a una desenvuelta turista sueca que, al igual que le sucede con sus mismas amigas, en su intento por animarla acabará por hacerla sentir aún más sola y más inútil. Frustrada una vez más, Delphine decide volver a París. Pero, justo en ese momento es cuando sucede algo que hace que el viaje a Biarritz haya merecido realmente la pena...
Resultan hechos probados:
- Se trata de la quinta película del ciclo “Comedias y Proverbios”, que consta de seis filmes. Como recurso frecuente en el cine de Rohmer, abre la película una cita literaria, en este caso del poema de Rimbaud “Chanson de la plus haute tour”: “¡Ah, que llegue la hora en que los corazones se enamoren!”. Aunque las referencias literarias no quedan ahí, puesto que la película toma su título de una novela de Julio Verne del año 1882. La protagonista de la misma, la señorita Campbell, se niega a casarse hasta que no vea el rayo verde, pues quien lo ve es capaz de conocer sus propios sentimientos y también los de quienes le rodean. Sus tíos organizarán una expedición para ver el dichoso rayo, aunque realmente su intención es lograr casarla por fin. Durante el viaje ella se enamorará de un joven pintor que les acompaña, Olivier Sinclair. Paradójicamente, cuando por fin el fenómeno sucede, todos podrán verlo menos ellos dos, que estaban mirándose el uno al otro. Por último, otra referencia literaria es “El idiota” de Dostoievski, el libro que Delphine está leyendo en la estación de Biarritz antes de volver a París. Un personaje socialmente incapacitado. Un poco como ella misma.
- Como en otras películas de Rohmer la narración se estructura a modo de diario. Y una vez más la protagonista es una mujer. Las mujeres de Rohmer suelen ser profundas, complicadas, inteligentes. Y Delphine no es una excepción. El personaje le debe mucho a la aportación de la actriz, Marie Rivière, que colabora en el guión y a quien Rohmer dio libertad en el rodaje para que tanto ella como el resto de actores improvisaran lo que consideraran oportuno, dejando a un lado su costumbre de rodar minuto y medio por página de guión.
- El estilo de la película es también en la línea del director en cuanto al tono general, cuasi documental, con gran peso de los diálogos y sin apenas artificios visuales ni sonoros. De hecho la banda sonora (de Jean-Louis Valero) está compuesta exclusivamente por una composición para violín que podemos escuchar en los momentos más emotivos del film, por ejemplo, en la escena final, o cuando hay algún elemento “esotérico”, como la aparición de los naipes. La sobria fotografía es de Sophie Maintigneux, y alterna planos estáticos o de cámara en mano, pero casi siempre tomas generales o planos secuencia, son escasos los primeros planos. Se rodó en 16 mm, con una sola cámara, en unos pocos días del verano del 84. Aparte del color verde, que alude a la esperanza, a lo positivo, también están presentes el gris, el azul o el rojo, que suele representar nerviosismo o descontento en las escenas en las que aparece.
- La película ganó el León de Oro y el Premio Fipresci en el Festival de Venecia de 1986.
- El rayo verde en sí es un fenómeno físico que se produce tanto al amanecer como al atardecer, y no sólo es posible verlo con el sol, sino también con la luna o los planetas (aunque esto es mucho más complicado). Se produce a causa de la refracción y dispersión de la luz del sol en la atmósfera cuando está cerca del horizonte. La longitud de onda del verde es más fuerte que la del violeta o la del azul, por eso el último rayo que se distinguiría sería el verde, aunque en condiciones excepcionales ha sido posible distinguir incluso el rayo azul. De todas formas, lo normal es que no se pueda ver debido a las turbulencias de la atmósfera, por eso es necesario que el cielo esté muy despejado y que el sol incida sobre una superficie lisa, como puede ser el mar. Y aún así es complicado. Se dice que Rohmer quiso que el plano que se ve en la película fuera auténtico, y para ello intentó captar el fenómeno en Normandía, en varios puntos de la costa atlántica francesa y finalmente en Canarias, pero parece que no lo logró y el plano que se ve en la película está trucado. Por cierto que en la película se nos intenta explicar el mecanismo por boca del Dr. Gunther Christlein. Este curioso fenómeno ya lo conocían los egipcios, y por ello creían que durante la noche el disco solar era verdoso. También lo percibieron los celtas, que pensaban que estos rayos dotaban de propiedades curativas a las plantas

Se ha dicho en contra de esta película:
- Y en contra del cine de Rohmer en general: “ver una película de Rohmer es como ver crecer una planta”. Palabras textuales que podemos encontrar en el film de Arthur Penn “La noche se mueve”. Las secuencias transcurren una tras otra y se tiene constantemente la impresión de que nunca sucede realmente nada, porque además Rohmer parte de premisas casi insignificantes sobre las que pivotan sus argumentos...
- Es una película casi desnuda, prácticamente un documental, con una fotografía excesivamente sencilla y, por el contrario, con diálogos a veces muy farragosos y largos, por ejemplo, el ”debate vegetariano”, y a la vez con silencios marcados y “vacíos”, debido a la casi ausencia de banda sonora. A esto hay que añadir un doblaje más bien imperfecto.
- La protagonista, Delphine, resulta difícil de comprender ¿qué le sucede realmente a esta chica? ¿por qué es incapaz de salir de su aislamiento, aún a pesar de que mucha gente intenta tenderle una mano? Su indecisión, su inseguridad, su nerviosismo resultan a veces exasperantes.
- Resumiendo, la película se reduce en que vemos a Delphine dar tumbos de un lado a otro sin acabar por entenderla y sin llegar a identificarnos con ella; todo parece una sucesión de paisajes sin ton ni son y de diálogos supuestamente profundos que a veces resultan más bien cargantes. Y al final, la solución es la típica: encontrar a alguien ¿no es más importante (y más difícil) encontrarse a uno mismo?

Pero podemos defenderla:
- Evidentemente el cine de Rohmer no es fácil para el espectador medio. Estamos demasiado acostumbrados a que desde el primer minuto de la película sucedan muchísimas cosas, y en un cine reposado y reflexivo como el de Rohmer sucede todo lo contrario. Es un cine excesivamente teatral, con un ritmo lento, casi impropio del cine europeo actual, pero que, precisamente por lo mismo, es un cine inconfundible y relajante. Si conseguimos acostumbrarnos a ello podrá llegar a parecernos más bien una virtud, disfrutaremos viendo a los personajes como si nosotros mismos estuviéramos dentro de la escena, y no nos preocuparemos por la cadencia de la película, simplemente nos dejaremos llevar. Y es cierto que Rohmer no trata temas aparentemente muy profundos, no hay problemática social, sus personajes son gente de clase media o media alta, realmente sin grandes preocupaciones. Pero esto es nada más que la apariencia. Así es como una anécdota, como el que a una chica soltera le falle una amiga justo antes de irse ambas de vacaciones, acaba convirtiéndose en un ensayo sobre la soledad en esta sociedad en la que vivimos, y en la que, paradójicamente estamos tan rodeados de gente y tenemos tantas posibilidades de comunicación.
- La película es intencionadamente sobria y tiene una estética poco historiada para que el espectador se centre en lo que realmente interesa, que es el argumento, el cual se desarrolla con bastante libertad ante nosotros, sin depender férreamente del guión. Por eso los diálogos son tan “irregulares”, tan atípicos. Los actores improvisan y esto dota a la película de naturalidad y de cercanía, aunque precisamente a veces también puedan resultar poco creíbles o excesivamente extensos, como pasa con la escena en la que se debate sobre el consumo de carne. Esta escena ha sido muy criticada, y es cierto que quizá dura demasiado, pero por otro lado es sumamente representativa de los problemas de comunicación que tiene Delphine con los demás. Algo que empieza como una simple frase deriva en una especie de debate contra las opiniones de Delphine, que, en cierto modo, se siente “atacada” y es, una vez más, consciente de su diferencia. Respecto al doblaje, doblar una película de estas características es siempre difícil, precisamente por la gran cantidad de diálogos que contiene, y a esto hay que sumar la dificultad de doblar a la protagonista, con su nerviosismo y su palpable inseguridad, que se transmiten en su voz. En mi opinión es perfectamente válido.
- Delphine es una mujer compleja, poco común. Ciertamente no todo el mundo entenderá sus reacciones, pero los grandes tímidos y los solitarios tal vez sí. Que se trate de una mujer no le resta carácter autobiográfico, ya en el 86 Rohmer dijo en una entrevista al diario “Libèration”: “Delphine soy yo”. ¿Qué le pasa a Delphine? Que le falta algo. Pero no sabe qué hacer para conseguir ese algo que le falta. Ya hace dos años que ha roto con su pareja y aún se refiere a él como si hubiera sido hace poco. Lleva una vida rutinaria y poco interesante que no le llena. Necesita un cambio. La gente a su alrededor no hace más que aconsejarle de forma diversa e insistirle en que tiene que pasar a la acción. Pero, ¿cómo? Todos parecen saber qué hay que hacer, y cómo, excepto ella. Lo que resulta fácil para algunos no es así para otros. Si además resulta que Delphine tiene un temperamento más bien melancólico y pesimista y una gran inseguridad, lo ponemos aún peor. Delphine tiene miedo. Y por eso a veces parece antipática, y está constantemente a la defensiva, algo que los demás, lógicamente, no comprenden. Ella no es de acción, quizá es de esperar, quizá cree más en la suerte que en el esfuerzo, pero ¿sabrá reconocer la suerte cuando se cruce con ella?
- Al hilo de esto, a lo largo de la película se suceden las “señales” del destino, Delphine no es abiertamente supersticiosa, pero ella misma reconoce que se fija en las casualidades, en las coincidencias, en el azar, y así cuenta cómo encuentra de vez en cuando naipes que parecen ser misteriosos avisos, o cómo se fija cada vez más en los objetos de color verde, o se nos muestra cómo escucha a hurtadillas una conversación sobre el libro de Verne. Más tarde aparece incluso una tienda con el nombre del libro ¿Es el azar el que rige los destinos, o somos nosotros los que buscamos las señales y las interpretamos a nuestra manera?
- Resumiendo igualmente, el cine de Rohmer o gusta o no gusta, no hay medias tintas. Como se ha dicho, no es un cine “asequible”, pero, una vez que se entra en su juego resulta ser sumamente interesante. Es un cine elegante, pausado, agradable, y sólo aparentemente superficial. Podríamos perdernos en los diálogos de esta película y de muchas otras de su autor y descubrir muchas claves psicológicas, sociológicas y por supuesto filosóficas de la sociedad que nos ha tocado vivir. Eso sí, suelen ser películas esperanzadas y constructivas, en las que casi todo se puede solucionar hablando y los sentimientos están captados con una aguda sensibilidad, casi femenina. Ojalá en la vida real encontráramos más personas como las que pueblan los filmes de Rohmer. Algunos quizá se dormirían en medio de las conversaciones. Pero otros probablemente estaríamos más a gusto. Y no nos dormiríamos. Respecto a la típica solución final... por desgracia estoy de acuerdo. Sería estupendo que los finales románticos se hicieran realidad alguna vez, pero la cosa está muy mal... Así que va a ser más productivo que cada uno se vaya conociendo a sí mismo, al fin y al cabo, con nosotros mismos es con quien más tiempo pasamos...
Para acabar: de todas formas, si tenéis la oportunidad de ver el rayo verde, aprovechad e intentad verlo con el / la elegid@ (si es que l@ encontráis), por si la leyenda es verdad, además ya se sabe que las puestas de sol son muy románticas... ah, y si veis la peli, aprovechad también la ocasión...
IN GOOD COMPANY (ALGO MÁS QUE UN JEFE)
Dirección y guión: Paul Weitz.
País: USA.
Año: 2004.
Duración: 109 min.
Género: Comedia dramática.
Interpretación: Dennis Quaid (Dan Foreman), Scarlett Johansson (Alex), Topher Grace (Carter Duryea), Marg Helgenberger (Ann Foreman), David Paymer (Mortie), Philip Baker Hall (Eugene Kalb), Clark Gregg (Steckle), Selma Blair (Kimberly), Frankie Faison (Corwin), Kevin Chapman (Lou).
Producción: Paul Weitz y Chris Weitz.
Música: Stephen Trask.
Fotografía: Remi Adefarasin.
Montaje: Myron Kerstein.
Diseño de producción: William Arnold.
Dirección artística: Sue Chan.
Vestuario: Molly Maginnis.
Estreno en USA: 29 Diciembre 2004.
Estreno en España: 15 Abril 2005.
Muchas veces me he preguntado quién se encarga de traducir los títulos de las películas al español. ¿Realmente es gente que conoce el idioma para poderlo traducir? En este caso, por ejemplo ¿a qué viene eso de “algo más que un jefe”? ¿Tan complicado era traducir simplemente “en buena compañía”? Aunque, por lo menos aquí el título tiene algo que ver con el film, y no nos lo revienta, como le pasó a Polanski con “La semilla del diablo”, que en realidad se titulaba “Rosemary’s baby”. Menuda gracia si ya en el título te decían de quién era el famoso bebé... En fin. Paciencia, amiguitos.
Aparte de eso, la película en cuestión pasó por nuestras carteleras sin demasiada suerte, lo cual pudo deberse entre otras cosas al modo cómo se publicitó: se hizo ver que el meollo del asunto era la relación entre el jefe joven (Carter Duryea, interpretado por Topher Grace) y la hija del anterior jefe (Alex Foreman, por Scarlett Johansson). Se suponía que todo giraba alrededor del conflicto entre “suegro” y “yerno”, pero el guión no se basa exclusivamente en eso. De hecho, se tratan muchos otros temas, sobre todo, algunos entresijos del mundo empresarial, y hay espacio para comedia y para drama, no sólo para el romance.
Dan Foreman (Dennis Quaid), un hombre de mediana edad, con muchos años de experiencia a sus espaldas, es el jefe de ventas de publicidad de la revista Sports America. Le gusta su trabajo, se lleva bien con su equipo, y además, ha sido un buen año en cuanto a ventas. Pero, ya se sabe que lo bueno dura poco... El grupo de empresas Globecom compra la revista y de la noche a la mañana Dan se ve relegado a ser uno más en el departamento, siendo el nuevo jefe un joven yuppie al que dobla la edad, y el cual no tiene experiencia ninguna en la materia. Por si fuera poco, Dan, a sus 51 años, va a ser padre de nuevo (ya tiene dos hijas, una de ellas, Alex, a punto de entrar en la Universidad), por lo que el hecho de mantenerse en la empresa como sea va a ser realmente importante para él.
Dan es un hombre completamente entregado a su trabajo, pero cuando sale de éste sabe que en casa le espera su familia, su esposa y sus dos hijas, con las que está muy unido. Su familia es para él algo vital. En eso no ha tenido la misma suerte su joven jefe, Carter. Su meteórica carrera laboral no corre paralela a su vida familiar, y sólo siete meses después de casarse su mujer le abandona. Carter se refugia en el trabajo más que nunca, hasta el punto de organizar una reunión un domingo, tras la cual se autoinvitará para cenar en casa de Dan y conocerá a su preciosa hija Álex. Y se quedará prendado de ella. Cuando la chica se marche a Nueva York a estudiar Literatura coincidirá con ella de nuevo y descubrirá que ella también siente algo por él. Y esto se unirá a los problemas en la oficina, en donde está claro que no podrán quedarse muchos miembros del antiguo equipo. Elementos suficientes para agravar la tensión ya existente entre Dan y Carter. Pero en la vida no todo es lo que parece... y en estos tiempos nunca se puede saber cómo acabarán las historias...
Son hechos probados:
- La película está escrita y dirigida por Paul Weitz y producida por su hermano Chris. Junto a él dirigió “American Pie”, y en solitario su película más conocida es “Un niño grande”. En sus propias palabras: “Al abordar In Good Company, realmente quería hacer una película en la línea de Billy Wilder, lo que en cierto modo habíamos intentado con “Un niño grande”. “Un niño grande”, sin embargo, era una película muy inglesa, y ahora quería abordar particularmente mitos americanos y observar cómo, hasta cierto punto, las tendencias económicas afectan a las vidas individuales. Wilder era capaz de equilibrar cinismo y optimismo, particularmente en películas como “El apartamento”, en las que realmente capturaba la colisión del Sueño Americano y nuestra tendencia a la ambición profesional y cómo eso se equilibra con ser humano. Y eso es algo que aún está muy presente en nuestro mundo de hoy”.
- De lo cual no hay duda... Weitz estuvo unos seis meses documentándose para la película y dándole vueltas al guión con su hermano Chris. En ese tiempo, muchas personas le contaron historias de familiares o amigos que ya rondaban la cincuentena y que, por reducciones de plantilla o despidos, se veían buscando trabajo o reciclándose en otros sectores para no permanecer inactivos, a una edad en la que, antaño, se recogían los frutos de toda una vida dedicada al trabajo, habitualmente en la misma empresa o sector.
- Y es que las absorciones, fusiones y compraventas de empresas están a la orden del día, con todo lo que eso implica para los trabajadores que forman parte de ellas. Sin ir más lejos, durante el rodaje de la película la Universal, que la producía, fue adquirida por General Motors. Muchas veces se constituyen auténticos conglomerados empresariales, en que la red de productos se diversifica, y así las distintas empresas de un mismo grupo se dedican a cuestiones que no tienen nada que ver. Hay transferencias del personal de unas a otras, y puede ser que uno empiece haciendo algo y termine en otra cosa completamente diferente.
- El papel que interpreta Topher Grace (Topher, de Christopher) no es en absoluto improbable hoy día: un jefe con 26 años. En muchas empresas se están removiendo estructuras y están ocupando puestos directivos personas muy jóvenes. La experiencia no siempre lo es todo, ciertamente. Y muchas veces hay que saber dar una oportunidad a las nuevas generaciones, que vienen con ganas de aprender y con energía. Pero también es verdad que a las nuevas generaciones se les suele pagar peor, y así se puede prejubilar (o directamente despedir) a personas que resultan más gravosas...
- La elección de Grace precisamente para este papel se considera uno de los aciertos del film. Conocido actor de televisión en la serie “That 70’s Show”, y, sobre todo, en cine, por la película “Traffic”, los Weitz enseguida vieron en él al actor que necesitaban, y le han comparado con un joven Jack Lemon: “en términos del juvenil entusiasmo que puede aportar incluso al más cínico de los personajes. Fue una de nuestras decisiones de casting más fáciles”. El contrapunto de Grace es Quaid, según Weitz, “Es uno de esos actores que hacen que las cosas parezcan lo más naturales posible, y creo que muchos de estos actores están menospreciados, porque su fuerza no está en gritar que están realizando una gran interpretación. Ellos en realidad están tomando toneladas de decisiones que hacen real al personaje”. El mismo director reconoció que se dio cuenta de muchas de las pequeñas cosas que Quaid aportó al personaje en el momento de montar la película.
- Scarlett Johansson es Alex. Aceptó el papel sin dudar, pues le apetecía hacer una comedia, tras un largo año haciendo un drama tras otro, y además, siendo un personaje con el que se identificaba: “Alex resonó en mí”, afirma Johansson. “Tenemos la misma edad y mucho de lo que ella está pasando -marcharse y tratar de averiguar qué quiere hacer realmente- es algo por lo que yo pasé no hace demasiado tiempo. Es una buena correspondencia”. Por suerte para Weitz, Scarlett fue contratada antes de que se desatara la “fiebre Scarlett”, que estalló después del éxito de “Last in Translation” y “La joven de la perla”. La actriz que interpreta a Ann, la madre de Scarlett y esposa de Dan es Marg Helgenberger, que aparece en CSI Las Vegas. De hecho, Marg simultaneó el rodaje de la película con el de la serie.
- Algunos de los actores necesitaron preparación física para sus papeles. Es el caso por ejemplo de Scarlett Johansson, que tuvo que empezar dos meses antes del rodaje un duro programa de entrenamientos con el tenista profesional Nels Van Patten, compatibilizándolo con la agotadora promoción de “La joven de la perla” y de “Lost in Translation”. Finalmente se aficionó a este deporte, lo cual sería una ventaja para el posterior rodaje de la película de Woody Allen “Match point”. Quaid y Grace tuvieron también que prepararse para la escena del partido de baloncesto. Según cuenta Grace: “No soy muy buen jugador de baloncesto... hicieron falta un montón de tomas hasta que metimos una canasta. Pero la buena noticia es que Dennis es peor que yo así que no me sentí tan mal”.
- La música, de Stephen Trask, es ciertamente bonita. Además, hay canciones de Peter Gabriel ("Solsbury Hill"), David Byrne ("Glass"), la canción "Bésame mucho", la balada "The Trapeze Swinger" (créditos finales), etc.
- El rodaje duró 8 semanas y se desarrolló principalmente en Los Ángeles y en la zona residencial de Pasadena (en donde se rodaron los interiores y los exteriores de la casa de los Foreman). Las oficinas de Sports America se construyeron en un inmenso plató en Los Ángeles... así que todas esas vistas del skyline de Nueva York son realmente una gigantesca lámina de color que rodeaba partes del decorado, el cual se iba modificando conforme lo exigía el guión. Se tardó tres meses en construir y acondicionar todos los decorados. Los exteriores neoyorkinos se rodaron en dicha ciudad durante una semana.
Se ha dicho en contra de esta película:
- Toda ella está basada en estereotipos muy americanos: la familia perfecta, en la que todo es armonía, y aún el hombre trabaja fuera y la mujer se queda en la casa a cuidar de los niños. Dan resume la situación de este modo: “hay que escoger a la adecuada para la madriguera y cuando sales de ella guardar la polla en los pantalones" ¿Las mujeres sólo sirven para estar en la madriguera? Realmente el papel de la madre no da mucho juego...
- Además, el mundo del trabajo y de la oficina se nos muestra como un universo casi exclusivamente masculino y poblado de personajes más o menos típicos, con unas relaciones entre ellos no menos típicas. Y a pesar de que a veces una oficina es un entorno más hostil que una cárcel en medio de un motín, resulta que todos (o casi) son buena gente, tanto el ambicioso joven como el resabiado ejecutivo.
- La relación entre Carter y Alex en algunos momentos no resulta creíble. Ninguno de ellos transmite nada especial, no hay química, y el modo en que comienza la relación, y cómo se desarrolla y termina resultan un poco forzados. Realmente esta trama parece menos trabajada que las otras.
- Otros momentos que no resultan muy creíbles son, por ejemplo, la intervención de Dan en el discurso de Teddy K, el gran jefe de Globecom... o también la manera de Dan y Carter para convencer finalmente a Kalb para que contrate con ellos.
- Los actores defienden su papel correctamente, pero algunos secundarios se desarrollan poco, apenas se esbozan, y nos quedamos con ganas de saber más de ellos. Por ejemplo, ¿qué pasa al final con Louie, el compañero que es despedido a la vez que Morty?
- La película se bandea entre la comedia y el drama, pero no acaba de definirse. Y no funciona ni en un sentido ni en el otro. Por otro lado todo el metraje está impregnado de moralina. Y el final no acaba de encajar. Resulta ser un producto fácil de ver, pero perfectamente olvidable.
Pero podemos contradecir estas afirmaciones:
- El cine americano se alimenta de los esterotipos de la sociedad estadounidense, que exporta por todo el planeta. Esta no es la primera película que retrata cuestiones sobre el sueño americano, o la perfecta familia americana. Al fin y al cabo, toda película está uncida al momento y lugar en que está ambientada, y precisamente la manera de retratar estas cuestiones me parece adecuada. Es verdad que el papel de Ann, la madre, es más decorativo que otra cosa, y el hecho de que Dan sea el que trabaje, el importante, y ella se limite a llevar la casa y a criar a las niñas resulta algo chocante hoy día, pero, si se puede elegir ese tipo de vida (por cuestiones económicas, más que nada) y se decide optar por ello, pues es una posibilidad... que a lo mejor es preferible en ciertos casos, viendo lo fácil que está eso de la conciliación.
- Por desgracia el mundo laboral, sobre todo en las altas esferas, sigue siendo eminentemente masculino. Normalmente las mujeres cobran menos por hacer lo mismo que un hombre, las cifras de paro femenino son mayores (aunque ellas tengan mejor formación) y, por ejemplo, ahora, en tiempos de crisis, se prefiere despedir a una mujer porque siempre va a tener un asidero en su familia u otras tareas y no se va a venir abajo por perder el empleo (¡vivir para ver!). Respecto a las bondades de unos y otros, de los jóvenes ambiciosos y de los veteranos resabiados tengo mis reservas, eso sí. Pero en el cine a veces hay demasiada gente buena por metro cuadrado.
- Reconozco que la relación entre Alex y Carter no acaba de funcionar en algunos momentos, pero los actores la defienden bien y puedo admitir que se den las coincidencias para que la comiencen (como en la vida real) y entiendo también por qué termina, simplemente porque ninguno de los dos tiene claro qué quiere hacer realmente. Como tantos jóvenes.
- Es cierto que la escena del discurso de Teddy K es excesivamente teatral, pero es todo un lujo ver a Malcolm McDowell (“La naranja mecánica”). Y seguro que todos hemos sufrido los discursos de palabras altisonantes de algún jefe teatrero, que quizá desconoce lo que éstas significan. Como la palabra “sinergia” ¿quién no ha fantaseado con interrumpir alguna vez un discurso semejante?. Y la otra escena, la de Kolb, tampoco es tan descabellada. Es enseñar al cliente lo que quiere ver. La mejor técnica de venta.
- Cierto que algunos secundarios merecían más relieve, pero, como siempre, si nos perdemos en ramificaciones no tenemos tiempo para la historia principal. De todas formas, entre los secundarios me quedo con Morty, al que interpreta David Paymer. A pesar de lo esperpéntico que puede llegar a ser me lo creo. Y sus apariciones son suficientes para conocerle un poco.
- Esta película te deja un sabor agridulce, como la vida. Yo precisamente encuentro que es un gran acierto manejarse entre la comedia y el drama sin definirse, es lo más parecido a la realidad. Como dice Weitz: “Como Chekov, pienso que nada es totalmente serio, la forma en que la gente trata normalmente con los desafíos en la vida es riéndose de ellos. No encuentro una separación entre ‘drama’ y ‘comedia’, es realmente una cuestión de modulación de la comedia”. Respecto a la moralina, no estoy de acuerdo. La película no trata de imponer un mensaje ni un modo de vivir, sino que expone ciertas posibilidades, y luego cada uno debe decidir. Como hace Carter en ese final abierto que yo encuentro genial e inesperado.
Resumiendo: una película sin pretensiones, pero con gran fondo y que trata grandes y candentes temas. Un enfoque interesante que nos muestra algo de lo que ya sucede en el mundo empresarial en general. Muy recomendable.

MI VIDA SIN MÍ
Dirección: Isabel Coixet.
Países: España y Canadá.
Año: 2002.
Duración: 100 min.
Interpretación: Sarah Polley (Ann), Amanda Plummer (Laurie), Scott Speedman (Don), Leonor Watling (Vecina), Deborah Harry (Madre), Mark Ruffalo (Lee), Sonja Bennett (Sarah)
Guión: Isabel Coixet; basado en el relato 'Pretending the bed is a raft' de Nanci Kincaid.
Producción: Esther García y Gordon McLennan.
Fotografía: Jean-Claude Larrieu.
Montaje: Lisa Jane Robinson.
Ahora que ya se retransmiten por televisión las muertes anunciadas (caso Jade Goody), yo prefiero quedarme con las de ficción, que, aunque traten el eterno tema, no tienen la sordidez y la amargura de la realidad. Aunque, eso sí, esta categoría de ficción oscila peligrosamente entre la sensiblería del dramón más barato de sobremesa de domingo... y la profundidad más extrema, que se te agarra dentro y no te suelta durante días. Eso sí, la frontera entre ambas posibilidades no está muy clara, y es muy fácil caer en el lado sentimentaloide más manido...
El tema de esta película, realmente, tratado de cierta forma, sería digno del telefilme más lacrimógeno: Ann, la protagonista, una chica de 23 años que lleva una vida gris, casada, con dos niñas pequeñas, trabajadora de la limpieza en una universidad, y que vive con su familia en una caravana en el patio trasero de la casa de su madre, ve de pronto truncada su monótona existencia por la terrible noticia de que padece un cáncer terminal. Así, de repente, Ann se hace terriblemente consciente de todas las cosas que no ha podido hacer en su corta existencia, y aunque sabe que tiene poco tiempo (no más de tres meses) decide hacer algunas de ellas. Para ello, confecciona una lista, que incluye desde lo más banal, como arreglarse el pelo y las uñas, hasta grabarles varias cassettes a sus hijas con mensajes para todos sus cumpleaños hasta los 18 años. Otra de las tareas de la lista es enamorar a alguien, y conocer a otro hombre, aparte de su marido, ya que Ann sólo había estado con él desde que era adolescente y quería saber cómo sería estar con otro hombre.
En todo momento Ann les oculta a sus seres queridos que padece cáncer, y achaca sus problemas de salud a una fuerte anemia. Es su forma de evitarles en lo posible el sufrimiento. Para Ann es el mejor regalo que puede hacerles. Pero esto implica que deberá cargar ella sola con la amargura de la enfermedad. Lo cual no es fácil. De todas formas, ella intenta afrontarlo con la mayor entereza posible, y poco a poco va encajando el puzzle que va a ser la vida... sin ella. Encontrará a alguien que pueda “ocupar” su lugar en la familia, alguien que conecte bien sobre todo con sus hijas; conocerá a otro hombre, le enamorará, le hará sentir ganas de vivir otra vez y ella misma experimentará un amor más maduro que el amor adolescente que sustenta la relación con su marido; dejará mensajes para sus queridas hijas, para que tengan algo más de ella cuando ya no esté... y, sobre todo, se irá sin hacer ruido, sin temor, sin desesperación, sin aspavientos, como quien se queda dormido por el cansancio.
Tenemos los siguientes hechos probados:
- El guión, en inglés, está escrito por Isabel Coixet, y basado en la novela “Pretending the bed is a raft” de Nanci Kincaid; el director de fotografía es Jean Claude Larrieu (“Oriana”), y es una coproducción hispano-canadiense, ya que las productoras son “El Deseo”, de los hermanos Almodóvar y “Milestone productions”.
- El tema del cáncer se repite en la filmografía de Isabel Coixet, por ejemplo, en “Elegy”. Y da la casualidad de que algunos de los actores tienen experiencias personales directas relacionadas con la enfermedad. Por ejemplo, la madre de la protagonista, Sarah Polley, murió de cáncer cuando ella tenía 11 años. Y el mismo Mark Ruffalo, el actor que interpreta a Lee, tuvo un tumor cerebral en el año 2000, que, afortunadamente, fue tratado con éxito, lo que no impidió que durante un tiempo tuviera todo un lado del cuerpo paralizado.
- La película se rodó en un barrio obrero a las afueras de Vancúver, lleno de casas destartaladas y caravanas, tal y como podemos verlo. También en un ambiente parecido rodó Coixet otra de sus películas, “Cosas que nunca te dije”.
- El casting es bastante variado: la protagonista es Sarah Polley, conocida actriz indie, que repetiría con Coixet en “La vida secreta de las palabras”. Leonor Watling, en perfecto inglés (su madre es británica), como la otra Ann, la chica que se muda a la casa de al lado, contrapunto de la primera Ann. Mark Ruffalo interpreta al atormentado Lee, el chico que Ann conoce en la lavandería y al que consigue enamorar. Scott Speedman, es el marido de Ann, Don, inmaduro, despreocupado y cariñoso, el chico que al que conoció en el último concierto de Nirvana. Amanda Plummer es la compañera de trabajo de Ann, Laurie,una mujer obsesionada con adelgazar. María de Medeiros aparece en el delirante papel de una peluquera fan de Milli Vanilli. Y, por último, la gran Deborah Harry, sí, la misma del grupo Blondie, interpretando a la madre de Ann, una mujer amargada y enfadada con el mundo, una mujer que ya no tiene sueños.
- Por cierto, la elección de Deborah Harry para interpretar un personaje así fue empeño personal de la directora, Almodóvar pensaba que una mujer tan vitalista como es ella en la realidad no podría encarnar a ese personaje, pero Isabel siempre defendió el talento interpretativo de Deborah, que quizá se ha visto oscurecido por sus dotes musicales.
- Y, por último, no podemos olvidarnos de las niñas, Jessica Amlee (Penny) y Kenya Jo Kennedy (Patsy). La más pequeña no sabía leer, por lo que era imposible que se aprendiera el guión, así que hubo que enseñarle más o menos lo que debía decir como si fuera un juego. De todas formas, en ningún momento fue consciente de las cámaras, para ella el plató era más bien una gigantesca sala de juegos. Aparte, la buena relación entre los adultos y las niñas se trabajó antes del rodaje, Sarah Polley y Scott Speedman pasaron con ellas todo el tiempo posible para desarrollar la confianza necesaria. En la película está claro que hay química entre ellos.
- La película tiene un extenso palmarés: Se presentó en la sección oficial del Festival de Cine de Berlín 2003, donde consiguió el premio de la Asociación de Cines de Arte y Ensayo de Alemania. Además, consiguió las candidaturas a la mejor película y dirección de los Premios del Cine Europeo 2003, y 5 candidaturas a los premios Goya 2003, las correspondientes a mejor canción original, dirección, guión adaptado, interpretación femenina protagonista (Sarah Polley) y película.
Se puede objetar:
- El tema de cómo afrontar la muerte es bastante complejo... ¿cómo reaccionaríamos nosotros si nos sucediera algo así? Evidentemente, sería difícil hacerlo con la misma entereza con la que lo hace Ann. Este es uno de los puntos menos creíbles de la película, y queda especialmente patente por ejemplo en la escena en la que el médico se lo comunica a Ann. Un médico que es incapaz de decírselo mirándola a los ojos. Y una paciente tan entera que reacciona sin una sola lágrima, que tiene tanta presencia de ánimo como para mencionar lo rápido que se ha extendido la enfermedad... y el médico, que acaba ofreciéndole un caramelo de jengibre para consolarla... Esta escena resulta ciertamente chocante. Y es que además resulta difícil creer que, en tal situación, una persona va a poder ocultar mucho tiempo su estado...
- Relacionado con lo anterior, la actuación de Sarah Polley resulta demasiado rígida y fría lo largo de toda la película. Demasiado entera, como hemos dicho, y demasiado responsable y cerebral para ser alguien que está en semejante situación. En cuanto a los demás personajes, a veces nos quedamos con las ganas de saber más de ellos, de profundizar más. En cierta manera, algunos aparecen desaprovechados, como por ejemplo la madre de Ann.
- El recurso de hacer una lista con las cosas que queremos hacer, sabiendo que nos queda poco para poder hacerlas, ya se ha visto en otras películas, incluso en un episodio de los Simpson... y lo de dejar cintas grabadas para los seres queridos también (por ejemplo, en la película “Mi vida” de Bruce Joel Rubin). En cuanto a la lista, ¿merece la pena tomarse la vida un poco como la cesta de la compra, y hacer listados con lo que queremos hacer? Además, pocas cosas salen como se planean... y, si sabemos que nos queda poco, ¿anotaríamos en nuestra lista (si la hiciéramos) cosas como cambiar de peinado o hacernos las uñas? ¿O hacer el amor con otro hombre que no es nuestro marido?
- Eso sí, resulta que ahora que Ann quiere conocer a otro hombre, tiene la suerte de toparse de la forma más absurda con un chico que la atraerá, Lee, que, a su vez, está necesitado de afecto. Una casualidad tan curiosa como la de que la nueva vecina que se muda justo a la casa de al lado, una enfermera guapa y joven, llamada también Ann, hace buenas migas desde el principio con las niñas...
- Y el final resulta quizá algo abrupto... nos quedamos en medio de la situación, y no sabemos realmente si los esfuerzos de Ann por evitar el dolor a los suyos darán resultado ¿saldrán las cosas tal y como ella las ha planeado?....
- Ah, una objeción anecdótica... resulta que la historia que cuenta el personaje de Leonor Watling sobre los niños siameses carece de rigor científico: los siameses vienen del mismo óvulo, por lo que no pueden ser de distinto sexo.
Podemos argumentar contra las objeciones:
- Desde el momento en que entramos en el juego de la película tenemos que conceder ciertas “licencias” a los creadores... porque en las películas las cosas no son como en la vida, aunque, muchas veces es cierto que la realidad supera a la ficción. Así, podemos creer que alguien puede realmente afrontar su propia muerte con esa frialdad y esa entereza que Ann muestra. Muchas veces sucede que en las situaciones extremas somos capaces de reaccionar como nunca lo hubiéramos creído de nosotros mismos... Por otra parte, el papel del médico es muy llamativo. Es un personaje que, solo con un par de escenas, deja huella. Ann confía en él hasta el punto de encargarle el tema de las cintas para sus hijas.
- La actuación de Sarah Polley es justo lo que requiere el personaje, contención, sensatez, determinación. Es imposible imaginar a Ann de otra manera. En cuanto al resto de personajes, sí es cierto que algunos merecerían más espacio propio... pero la protagonista realmente es Ann. Dado que el tiempo de la película es limitado, tenemos que ceñirnos a su historia.
- Es cierto que el tema de las cintas de video y del listado ya lo hemos visto antes. Pero, eso no significa que no sean recursos interesantes. Y el hecho de que Ann anote en su listado cosas banales, como el peinado y las uñas, sólo es un pequeño detalle que revela lo poco que se ha ocupado de sí misma en todo este tiempo. Son pequeñas cosas que pueden hacerla feliz, y a las que siempre ha renunciado. Ahora, simplemente, Ann quiere verse guapa, como cualquier mujer (u hombre), aunque sea fugazmente. Y, en cuanto a querer saber cómo sería estar con otro hombre... indudablemente Don, el marido de Ann, es un buen chico, pero quizá demasiado sencillo, demasiado infantil. Ann quiere saber lo que sería vivir otra vida, conocer a alguien más maduro, más adulto, a alguien distinto a Don, y justo entonces se cruza con Lee, un chico profundamente herido por un terrible desengaño amoroso. Ann logrará que Lee vuelva a tener ganas de vivir y se recupere del desamor. Y ella sabrá lo que es que te ame una persona adulta, madura, un amor distinto del amor adolescente que Don le profesa.
- Evidentemente, las casualidades ayudan a los planes de Ann a lo largo de la película. Pero esto también sucede en la vida... Ann adquiere un sentido distinto de la realidad. Ya no percibe las cosas igual que antes, es como si alrededor suyo se conjugaran ciertos elementos para ponérselo fácil, puesto que ya lo tiene difícil al tener que enfrentarse a la muerte de esa forma. Así, Ann imagina a la gente bailando en el supermercado, una extraña danza sólo para ella, al ritmo de “Senza fine”, de Gino Paoli (una escena de Isabel Coixet en estado puro). Y percibe como nunca lo había sentido antes, por ejemplo, la lluvia en su cara, empapando su ropa, el suelo húmedo bajo sus pies. Ahora Ann va a aprovechar cada oportunidad que se le presente, desde entablar relación con Lee hasta invitar a la otra Ann a su casa. Quizá en otro momento no hubiera reaccionado así. Pero ahora sí.
- El final es en el momento adecuado. Ya sabemos todo lo que necesitábamos saber. Lo que queríamos saber. Ya sólo queda esperar.
En resumen, una película de gran profundidad y de gran belleza. Una de esas películas imprescindibles. No os la perdáis.

MARÍA ANTONIETA
Dirección: Sofia Coppola.
Países: USA y Francia.
Año: 2006.
Duración: 123 min.
Género: Biopic, drama.
Interpretación: Kirsten Dunst (María Antonieta), Jason Schwartzman (Luis XVI), Rip Torn (Luis XV), Judy Davis (condesa de Noailles), Asia Argento (madame Du Barry), Marianne Faithfull (emperatriz María Teresa), Danny Huston (Joseph), Molly Shannon (tía Victoria), Steve Coogan (conde Mercy D'Argenteau), Rose Byrne (duquesa de Polignac).
Guión: Sofia Coppola; basado en el libro "María Antonieta: La última reina" de Antonia Fraser.
Producción: Sofia Coppola y Ross Katz.
Una película sobre la última reina de Francia, ornada con música Pop y poco interesada por el tema histórico, sino más bien por los sentimientos de la protagonista, que sería el equivalente a una adolescente actual, con lo que eso significa. Todo ello adornado con una estética deslumbrante y original ¿Un disparate? No, si está realizada por Sofía Coppola.
Como ya he comentado alguna vez, admiro el trabajo que supone realizar una película de época, pero es cierto que muchas veces se corre el riesgo de que estas obras nos resulten lejanas, y el espectador se sienta apartado de ellas y no acabe de entrar en la historia. En este caso, eso no sucede, desde el primer momento nos identificamos con María Antonieta y la acompañamos en su peripecia vital, como si fuéramos alguna de sus amigas, o cualquiera de los numerosos habitantes del Palacio de Versalles.
María Antonieta (Kirsten Dunst) se ve obligada a dejar su familia, su país y su apacible vida con sólo 14 años para viajar a Francia, puesto que es la prometida del Delfín (Jason Schwartzman) y debe casarse con él, un matrimonio pactado por sus parientes para lograr una conveniente alianza entre Francia y Austria. Se encontrará sola en Versalles, un inmenso Palacio poblado de gente hostil e intrigante, una lujosa jaula de oro. Por si fuera poco, el Delfín, su esposo, no muestra el más mínimo interés por ella, es un hombre torpe y sencillo, que sólo parece preocuparse por salir de caza, y que carece completamente de habilidades políticas.
María Antonieta será el centro de todos los rumores de palacio, por sus gustos, por ser extranjera... y por no dar un heredero al trono en mucho tiempo (según parece, el matrimonio no se consumó en siete largos años). Se encontrará sola en medio de la multitud de la Corte. Joven, siendo aún una adolescente, se aferrará a los placeres que la vida le ofrece, ignorando toda responsabilidad: intentará evadirse desarrollando un gusto compulsivo por el lujo, por las fiestas, por las diversiones. Conocerá a un apuesto militar sueco, el Conde Fersen. Lo convertirá en su amante. También intentará buscar una nueva vía de escape en la naturaleza, haciendo que le construyan una réplica de un poblado campesino en los jardines del Palacio...
De todas formas, con el tiempo se irá encontrando a sí misma y se hará consciente de la posición que ocupa y del papel que debe desempeñar. Aunque, a veces, cuando por fin se sabe lo que se quiere, quizá sea demasiado tarde.
Son hechos probados:
- Actualmente la figura de María Antonieta ha perdido gran parte de su halo negativo. En la misma película se dice que la frase más conocida de la malograda reina, aquélla de que si el pueblo francés no tenía pan que comer, “pues que comiera pasteles”, no fue pronunciada por ella. Es un ejemplo bastante gráfico de la leyenda negra que se construyó sobre ella, hoy en día desmontada en su mayor parte, gracias por ejemplo a obras como “Marie Antoinette: the journey”, de Antonia Fraser, libro en el que se basó Sofia Coppola para la película. En él se nos presenta a una María Antonieta adolescente, llena de vida y de energía, que se ve presa de una vida encorsetada y falsa, y obligada a ejercer un poder difícil de manejar, incluso para un adulto suficientemente preparado.
- La película pudo rodarse en los escenarios auténticos en los que se desarrolló la historia, esto es, en el mismo Palacio de Versalles, en sus jardines, en la Ópera de París... El gobierno francés dio un permiso especial para ello, pero con ciertas condiciones: el equipo debía respetar al máximo los elementos del Palacio, por ejemplo, en algunas estancias no podían siquiera abrir las persianas para que la luz del sol no dañara las telas de época. Tampoco podían utilizar los muebles auténticos, viéndose obligado el equipo de producción a buscar muebles similares para decorar las estancias.
- Realmente el trabajo de producción y del departamento artístico es sobresaliente. Los muebles, las telas, las comidas (había un equipo solamente dedicado a preparar los platos que aparecen en la película, cocinados tal y como se hacía en la época). Y también los peinados, el maquillaje, las flores, los zapatos... Los cuales, por cierto, eran uno de los caprichos de la verdadera María Antonieta. Los que aparecen en la película son diseños de Manolo Blahnik, libremente inspirados en los auténticos de la reina.
- La misma directora preparó unos collages con los colores que quería que se incluyeran en la película, toda ella en tonos pastel. Una película que quería que estuviera “viva”, que se sintiera como tal: “Mi mayor miedo era hacer una película tipo ‘obra maestra de teatro’. No quería hacer una cinta de época seca e histórica con unos encuadres fríos y distantes. Para mí era muy importante contar la historia a mi manera". “Me interesé en las cosas por las que pasó María Antonieta que tuvieran que ver con un nivel humano", continúa Coppola.
- Sofia Coppola tuvo claro desde el primer momento que quería a Kirsten Dunst como protagonista: “Ella tiene esa misma cualidad de ser una rubia efervescente llena de vida que tiene mucho más de lo que la gente se cree.” Aparte de ella, nos encontramos a Marianne Faithful interpretando a la emperatriz de Austria (curiosamente ella misma proviene realmente de nobles vieneses); a Asia Argento como la amante del rey, Mme. Du Barry; a Judy Davis como la condesa de Noailles; al cómico Steve Coogan como el conde Mercy d’Argenteau...
- Y todo ello aderezado por toques de modernidad, de actualidad, que nos hacen pensar en historias más actuales que pudieron ser parecidas (más recientemente, en Inglaterra, por ejemplo). Porque, a través de las épocas, las inquietudes han sido casi las mismas. Así, las músicas que envuelven las escenas, muchas de las cuales parecen auténticos videoclips, van desde The Cure hasta New Order, pasando por Adam Ant. Y en una escena podemos ver, entre el calzado de la época, unas Converse ¿Propaganda original? ¿o un toque autobiográfico?
- Resumiendo un poco, nos encontramos ante una cara producción americana que, como es lógico, debido a la temática, tuvo más éxito en Europa, sobre todo en Francia.
Se ha criticado la película por varios motivos:
- Muchos espectadores la han encontrado bastante lenta, aparte de banal y superficial. También en algunos momentos parece una película fría, como si lo que nos contara no interesara ni a los que nos lo cuentan.
- Los anacronismos y la falta narración histórica también son un lastre, amén de la falta de otros puntos de vista, con la historia completamente volcada en el personaje de María Antonieta: se ignora la situación del pueblo, o incluso el funcionamiento del Palacio mismo. Sólo hay un par de escenas que retratan las actividades políticas del Delfín.
- La elección de Kirsten Dunst es desafortunada, pues es como si no supiera cómo hacerse con el papel. El resto del elenco también parece algo perdido en ciertos momentos del metraje.
- La película entera es pretenciosa e infantil, con bellas imágenes vacías, carentes de significado, y diálogos vanos y simples.
Se puede discrepar respecto a lo anterior:
- Es cierto que en algunos momentos la película parece extenderse excesivamente, pero en general el metraje transcurre de forma ágil. Muchas de las escenas que pueden parecer “lentas” lo son simplemente por el amor por los detalles de la directora, por los delirios esteticistas del relato, que son necesarios, ¿cómo, si no, contar esta historia de lujo y soledad?. Y, respecto a la frialdad, no estoy de acuerdo, pues los sentimientos quedan perfectamente retratados ¿quién no ha sentido lo que reflejan muchas de las escenas de la película, como esa soledad en medio de la multitud, o esa irrealidad de las fiestas, o la sensación de vacío cuando se vuelve de una de ellas?
- La elección de incluir música y elementos actuales es evidentemente arriesgada, y puede resultar original o descomponer completamente la película. Cuestión de gustos. Sí es cierto que en la película no se pretenden narrar los hechos históricos con precisión, y se dan muchos temas por sabidos. Pero el enfoque, exclusivo de ella, de María Antonieta sí es acertado, y también puede entenderse o no... Es cuestión de ponerse en su lugar, o en lo que ahora se le parecería: una niña “pija”, rodeada de todo tipo de lujos, y encima aquejada de la enfermedad de la adolescencia, aquélla que sólo cura el tiempo. El que tenga buena imaginación, o haya vivido algo parecido (casi todos los adolescentes se parecen), lo entenderá.
- No es que me encante Kirsten Dunst, pero opino que aquí defiende bien su papel. Hace gala de la contención que éste requiere y se mete en la piel de una reina adolescente y desorientada. Y los secundarios la ayudan bien en su labor, aunque a muchos de ellos agradeceríamos verles más en pantalla.
- Es una película indudablemente bella, y aparentemente superficial, pero sólo aparentemente. Los diálogos, efectivamente, no son largos parlamentos, pero son lo suficientemente extensos como para retratar bien a los personajes. Y, muchas escenas, aún sin diálogos, son lo suficientemente elocuentes. Si se sabe crear imágenes tan poderosas como las que consigue la Coppola... muchas veces no hacen falta palabras.
Para no extenderme más, añadir que es una película que no dejará indiferente a nadie. O encanta, o se desprecia. Es una apuesta original y arriesgada, y, como toda apuesta, no siempre tiene éxito, pero, no obstante, merece la pena darle una oportunidad. Ah, y a ver si encontráis las Converse... ¡Estad atentos!

LA ÚLTIMA NOCHE DE BORIS GRUSHENKO
Dirección Woody Allen
Producción Charles H. Joffe
Fred T. Gallo
Guión Woody Allen
Música Serguéi Prokófiev
Fotografía Ghislain Cloquet
Montaje Ron Kalish
Ralp Rosenblum
Vestuario Gladys de Segonzac
Reparto Woody Allen, Diane Keaton, Georges Adet, Frank Adu
País Estados Unidos
Año 1975
Género Comedia
Duración 85 minutos
Ya hemos hablado aquí de alguna otra película de Woody Allen... y hablaremos de muchas más en el futuro. El genio neoyorkino es un director que merece mención aparte en la historia del cine: por lo prolífico que es, (ha estado bastante tiempo rodando una película cada año), por la calidad de sus películas (y habiendo hecho tantas, lo cual es aún más difícil), por su sentido crítico, por ser existencialista y humorístico a la vez (menuda mezcla)... En fin, porque, como hemos dicho, es indiscutiblemente un genio, y cada una de sus películas, inolvidable. ¿Cuántas veces nos hemos acordado de alguno de sus diálogos? En la que nos ocupa, hay bastantes frases míticas... y si le añadimos la belleza de las escenas, la estupenda ambientación, la adecuada música de Prokofiev... ¡Nos darán ganas de verla otra vez!
Podemos clasificar las películas de Woody según varios criterios: Comedias o dramas, películas en las que actúa o no... En este caso toca comedia, y él como protagonista, como el Boris Grushenko del título. Título, que, una vez más, no tiene nada que ver con el original, mucho más poético: Love and Death (Amor y muerte). Y es que la película trata estos dos temas tan trascendentales sin perder ni un ápice de humor.
Woody se encarna en Boris, un joven ruso de principios del XIX que vive una existencia tranquila, aunque no demasiado feliz: no tiene mucho que ver con su familia (sobre todo con sus hermanos) y ya desde pequeño se hace demasiadas preguntas sobre los grandes temas de la vida. Aparte, también desde niño está enamorado de su prima Sonja... la cual está enamorada realmente de su hermano Iván. Todo se desborda cuando llega la noticia de la invasión de Napoleón. Boris y sus hermanos son llamados a filas para defender su patria. Iván se casa con otra chica antes de marchar, y Sonia, por despecho decide casarse a su vez con un comerciante de arenques. Así las cosas, Boris no tiene más remedio que partir al frente, aunque anteriormente realizará una breve instrucción militar, no muy afortunada por otra parte. Muchos de sus conocidos perecen en la guerra, incluido su hermano Iván. Pero Boris, contra todo pronóstico, no sólo se salva, sino que vuelve de la batalla con honores (aunque sólo debidos a su buena fortuna).
A la vuelta, Boris conoce a la mujer más arrebatadora de San Petersburgo, la condesa Alexandrovna. No puede evitar sentirse atraído por ella, y resulta que ella le corresponde. Pero las consecuencias de su encuentro no se le hubieran pasado a Boris jamás por la cabeza: es retado en duelo por el amante de la condesa. Desesperado, Boris acude a su prima Sonja, que ha enviudado del comerciante, y le pide que se case con él si sobrevive. Sonja, creyendo que esto no sucederá, le da su palabra. Una vez más, la suerte se pone de parte de Boris, que sale vivo del duelo. Así logra Boris hacer realidad su sueño de conseguir a Sonia, pero lo que parecía el inicio de la etapa más feliz de su vida resulta no serlo. Por lo menos, al principio...
Son hechos probados:
- Una de las primeras películas de Allen, película de época además, que bebe de las fuentes de la Literatura rusa del XIX, a la que el Director es aficionado. Allen es capaz de darle un enfoque totalmente distinto, mezclando la seriedad y profundidad de esta literatura con puntos de humor totalmente surrealista. La música de la película, a tono, es de Prokófiev.
- La película está llena de puntos de humor surrealista y gestual, casi de cine mudo, sin diálogos, presente también en otras de sus obras. Muchos de estos puntos parecen herencia de los Marx.
- Y ese humor se mezcla con momentos de Filosofía pura, y de Metafísica, más propios de Bergman. Algo de “El séptimo sello” tiene esa Muerte que va envuelta en un sudario blanco (no negro) y baila alegremente con Boris en la escena final.
- La estética también tiene mucho de Bergman, y de otras películas como “Doctor Zhivago”, o incluso “Barry Lyndon”. Es una estética melancólica, de luces grises y colores suaves. Son especialmente bellos algunos planos de los campos rusos, e incluso los planos de la batalla, sin desmerecer los de interiores, también muy cuidados.
- En esta película, como en “El dormilón” y en alguna más, aparecen referencias a España. Parece que a Allen le ha llamado la atención nuestro país mucho antes de recibir el Premio Príncipe de Asturias y de venirse a rodar “Vicky Cristina Barcelona”.
Contra esta película se ha argumentado:
- Algunas personas no “soportan” la manera de actuar de Woody, sus diálogos rápidos y nerviosos... En ese caso, ver las películas en las que actúa puede resultar realmente difícil.
- El metraje, una hora y veinte minutos más o menos, es quizá algo escaso. La parte final tal vez se precipita demasiado, y el conjunto de la película acaba resultando un poco irregular, con algunas partes más desarrolladas que otras.
- La mezcla de humor, que raya a veces en lo infantil, y metafísica, resulta un poco difícil de digerir.
Pero siempre se puede contraargumentar:
- Contra la primera objeción poco podemos hacer... Allen gusta o no gusta, si disfrutas con sus películas y con sus interpretaciones, seguramente disfrutes con casi todas, en cambio, si no te convence... ¡a buscarse otro director de comedias!
- Efectivamente la historia es algo irregular, sabe a poco sobre todo la parte de la conspiración contra Napoleón, que es bastante divertida. Y también es demasiado breve la parte de los primeros tiempos del matrimonio con Sonja, pero nadie es perfecto... y, lo bueno, si breve, dos veces bueno.
- La mezcla de lo trascendental con el humor es una de las especialidades de Allen, siempre resulta más llevadero afrontar las verdades últimas de la vida desde una perspectiva humorística, aunque no por ello se deja atrás la importancia del asunto que se trata. En mi opinión es precisamente muy difícil lograr esto, y es una de las cuestiones que le dan más valor a la película. Indudablemente, nos va a costar menos acercarnos a una película de Allen que a una de Bergman, aunque ambas nos hablen de la muerte... y del amor.
Y es que el Amor (o a veces el sexo) y la Muerte son los grandes temas del cine de Allen... Como lo son de la vida. En la película de “El dormilón” (de la que ya hablaremos), o en la de “Desmontando a Harry”, se hace patente, en “El dormilón” incluso Allen confiesa en boca de su personaje que no cree en nada, excepto en estas dos cosas. En la que nos ocupa, al final, Boris nos habla directamente, nos explica qué conclusiones ha extraído de todo lo que le ha pasado, de su vida. Él, que quería tener una prueba de Dios, y que cuando la tiene, resulta que es una mentira... Pero, a pesar de todo, lo importante es ser feliz, “no ser un amargado”, nos dice. Y también “el hombre consta de mente y cuerpo, pero el cuerpo es el único que se divierte”... Pues, ya sabéis, hay que hacer caso a Boris (Woody) ¡A divertirse!

EL MAESTRO DE ESGRIMA
PAÍS España
DIRECTOR Pedro Olea
GUIÓN Pedro Olea, Antonio Larreta, Francisco Prada (Novela: Arturo Pérez Reverte)
MÚSICA José Nieto
FOTOGRAFÍA Alfredo F. Mayo
REPARTO Assumpta Serna, Omero Antonutti, Joaquim de Almeida, José Luis López Vázquez, Miguel Rellán, Alberto Closas, Elisa Matilla, Ramón Goyanes, Juan Jesús Valverde, Francisco Vidal, Tomás Repila, Marcos Tizón, Miguel Ángel Salomón, Sonsoles Benedicto
PRODUCTORA Altube Films / Origen P.C.
Tengo que confesar que soy una enamorada de las películas de época, aunque ciertamente no todas son buenas, pero me suele fascinar su estética, su vestuario y su ambiente en general, y valoro muchísimo el tremendo esfuerzo que supone ambientar algo en una época que no es la nuestra (lo mismo me pasa con las de ciencia ficción, claro). En este caso tenemos que añadir un buen guión (basado en la novela del mismo título de Arturo Pérez Reverte), una trama interesante, unas interpretaciones fabulosas, y una fotografía y una música perfectamente acordes. El resultado es una pequeña joya del cine español. Lástima que las posteriores adaptaciones de las novelas de Reverte hayan copado toda la atención. Esta película se merece un visionado, y el libro también se merece una lectura. Espero que alguno os animéis con ello...
El protagonista, Don Jaime de Astarloa, es un hombre que ha conocido tiempos mejores, al igual que la esgrima, su medio de vida. Dedicado a la escritura de un manual sobre la misma, su obsesión es encontrar la mejor estocada posible. Gracias a las lecciones que da a sus pocos alumnos puede sobrevivir en los tiempos convulsos que le tocan, precisamente, el Madrid de 1868. En vísperas de la revolución, la “gloriosa”, el ambiente en la villa y corte es un hervidero de intrigas y tensiones, del que Astarloa intenta mantenerse al margen. Hasta que una misteriosa mujer entra en su vida.
Ella no es otra que Adela de Otero, que se presenta en casa del maestro para solicitar sus servicios, pidiéndole que le enseñe la estocada de los doscientos escudos, inventada por él. Don Jaime se niega en un principio, pero después queda prendado de ella y comprueba que no se trata de una aficionada precisamente, por lo que decide aceptar darle clases. En el transcurso de éstas, don Jaime no puede evitar sentirse atraído por la misteriosa dama. Este es un enorme cambio en su vida rutinaria y honorable. Pero, tan inesperadamente como llegó Adela a su vida, desaparece, una vez obtenido el secreto de la estocada. Don Jaime la descubre en compañía de uno de sus alumnos (y también amigo), Don Luis de Ayala, el marqués de los Alumbres. Y la da por perdida. Pero, cuando Luis de Ayala muere, Astarloa ya no puede quedarse al margen de la historia... y de la Historia: muy a su pesar, se verá envuelto en una conspiración, se verá traicionado, y al final, tendrá la posibilidad de encontrar la estocada perfecta. Pero ya no le importará...
Resultan hechos probados:
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La novela en la que se basa la película está escrita al modo de las novelas realistas de finales del siglo XIX, con muchos elementos comunes a éstas: ambiente urbano, personajes típicos (ese personaje tan galdosiano que es Agapito Cárceles, interpretado por Miguel Rellán), narración de los hechos del momento... Hay detrás un gran trabajo de documentación, tanto de tema histórico como sobre la esgrima que se ha traspasado también al guión, el cual fue adaptado por Reverte mismo, junto con el director, Pedro Olea, y Francisco Prada y Antonio Larreta. Este guión adaptado fue merecedor de un goya. En el momento, Reverte declaró que se trataba de la mejor adaptación al cine de una obra suya.
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El momento temporal es el verano de 1868 y el lugar es Madrid. Por aquellos días, algunos esperaban con ansia la llegada de Prim y la caída de Isabel II, y la ciudad se dividía entre éstos y los partidarios de la soberana. A lo largo de la película se asiste a las manifestaciones de uno y otro bando que realizan los madrileños, y de las que el protagonista intenta sustraerse.
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El gran trabajo del director no fue reconocido con un goya, pero sí el logrado vestuario y la música. Tampoco hubo goya para los actores, aunque, francamente, se lo hubieran merecido.
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La película (y la novela) presentan una curiosa mezcla de géneros, histórico, policíaco, intriga... pero que, a pesar de ser muy distintos, resultan bien conjugados.
Se ha dicho de esta película:
- Que resulta un poco irregular. Tal vez por lo que hemos comentado, sobre la mezcla de géneros. Aparte, el final quizá puede resultar un poco abrupto.
- Los actores a veces no acaban de convencer. Quizá haya demasiada diferencia de edad entre Assumpta Serna (Adela de Otero) y Omero Antonutti (Astarloa). En algunos momentos se le nota a Assumpta un leve acento. Y Antonutti por su parte tal vez resulta demasiado frío. Y, en los secundarios, la historia entre los criados no resulta muy creíble, ni por el guión ni por sus actuaciones. Por otro lado, respecto a ciertos personajes nos quedamos con ganas de más, por ejemplo, con los de Alberto Closas y José Luis López Vázquez.
- El personaje de Astarloa resulta difícil de comprender desde la perspectiva actual, por su entrega al honor y a valores que actualmente nos resultan del todo desconocidos. Cuesta ponerse en su lugar y entender algunas de sus actitudes. Por otro lado, el personaje de Adela, es el típico personaje de mujer fatal.
- La trama y el comportamiento de los personajes resulta hasta cierto punto previsible. Todo el mundo sospecha quién va morir, quién puede estar detrás, qué van a hacer los otros personajes...
Pero todo puede verse desde otra perspectiva:
- Lo mismo que las películas de época, me apasiona la mezcla de géneros. El hecho de que una película no sea regular no le resta encanto. Disfruto igual en los momentos de puro thriller que en los momentos de cine histórico, con esos tertulianos discutiendo sobre política en un café como en una novela de Galdós. El final sí se me hace un poco brusco, aunque es imposible explayarse más sobre la situación. Viendo las imágenes finales, en las que ya salen los créditos, sobran las palabras... y sobran más imágenes. Ya no hay nada más que explicar...
- Assumpta y Omero defienden sus papeles con gusto. Y se les nota. Hay entre ellos cierta química, que se agradece, porque ciertamente sobrevuela todo el metraje un hálito de tensión sexual que se hace especialmente patente en ciertas escenas, en las que, sin embargo, basta una mirada solamente para decirse todo... o nada. Sus combates de esgrima están perfectamente logrados, y es casi placentero verlos, como si se tratara de un ballet. Por otro lado, los personajes de Closas y de José Luis Vázquez se adueñan de las escenas en las que aparecen. Sin más. Y el personaje de Miguel Rellán, perfectamente interpretado, es otra joya. Un personaje que casi se merecería una película él solo.
- La figura del protagonista es la de un hombre profundamente honrado, preocupado por el honor y por todos esos valores que han caído en desuso. Es una figura tremendamente romántica y atrayente, algo quijotesca... aunque sea poco veraz. Incluso para aquella época (ahora sería directamente de ciencia ficción, no de época). Un hombre atado a sus ideales, fiel a ellos. Y en contraposición a él, la mujer fatal. Mujer fatal, que, a pesar de todo, es fiel también a unas personas y a unos ideales (lo cual, en cierto modo, la redime), aunque no sean los correctos.
- Y es verdad que hemos visto antes historias parecidas... pero no nos cansamos de ellas. Aunque, está visto que las mujeres fatales lo tienen un poco crudo ¿Pasará lo mismo con los hombres fatales?
En fin, si podéis encontrar esta película, echadle un vistazo. Y si encontráis el libro, también. Y ya si son las dos cosas, mejor que mejor. Disfrutaréis de distinta manera con la película que con el libro, pero siempre os resultará interesante

POSTALES DESDE EL FILO
DIRECTOR Mike Nichols
GUIÓN Carrie Fisher (Autobiografía: Carrie Fisher)
MÚSICA Carly Simon
FOTOGRAFÍA Michael Ballhaus
REPARTO Meryl Streep, Shirley MacLaine, Simon Callow, Gene Hackman, Dennis Quaid, Richard Dreyfuss, Oliver Platt, Rob Reiner, Simon Callow, C.C.H. Pounder, Annette Bening, Gary Morton, Mary Wickes
PRODUCTORA Columbia / TriStar Pictures
Ahora que estamos todos metidos otra vez en nuestras rutinas... ¿Por qué no ver una peli que retrata un mundo nada rutinario, precisamente el del cine? En la que nos ocupa, tenemos además a la magnífica Meryl Streep, ahora en las carteleras con “Mamma mia”. Y a otra joya, nada menos que Shirley Mc Laine. Ambas, hija y madre, que se odian y se aman como sólo puede pasar entre madres e hijas... Y además, están Gene Hackman, Dennis Quaid, Annette Bening... En fin un auténtico reparto de lujo, capaz de hacer brillar cualquier guión.
Meryl Streep es Suzanne Yale, una actriz ya no tan joven que sigue esperando su gran oportunidad, que parece que nunca llega, y, mientras tanto, para amenizar la espera, acude a las drogas como vía de escape. Hasta que éstas empiezan a interferir bastante seriamente en su trabajo y en su vida: un buen día termina en el hospital con un importante cóctel de pastillas en el cuerpo. Como consecuencia, Suzanne es obligada a ingresar en una clínica de desintoxicación, y su carrera llega a un punto muerto. Para poder volver a trabajar en el cine, aunque sea en una película de segunda, Suzanne se ve obligada a volver a casa de su madre, Doris Mann, para estar bajo su constante supervisión. Esto, que tal vez para otra persona sería lo mejor del mundo, no le parece así a Suzanne, que ha crecido a la sombra de su madre toda su vida, una exitosa actriz de los años 50 y 60, una mujer perfeccionista y controladora. Y, por si no fuera ya suficientemente difícil, actualmente alcohólica...
Todo se complica aún más cuando Suzanne empieza una relación condenada al fracaso con un productor aficionado a simultanear mujeres; y el trabajo tampoco resulta una ayuda: por ejemplo, los productores intentan controlar constantemente que, efectivamente, Suzanne ya no consume drogas, y el resto del equipo no deja de opinar sobre el trabajo de Suzanne (y otras cosas). Y en casa, Doris vuelve a tratarla como una niña y acude al alcohol para ahogar la tensión. Y, por si fuera poco, el representante de Suzanne pone pies en polvorosa y se marcha con el dinero de sus representados.
¿Qué se puede hacer en estos casos? Pues, lo que intenta Suzanne. Tomárselo lo mejor posible y sacar el punto de humor que toda desgracia tiene. Y después de todo, en ese momento de crisis, cuando más perdida estaba, es cuando empieza Suzanne a encontrarse a sí misma y a comprenderse a ella y a los demás... Incluida su madre. Y, es que, después de tocar fondo, sólo se puede ir hacia arriba.
Resultan hechos probados:
- El guión está basado en la novela autobiográfica escrita por Carrie Fisher, la princesa Leia de “La guerra de las galaxias”, y fue adaptado como guión por ella misma. Nadie podría imaginar un relato tan descarnado y sincero de la actriz que portaba tan airosamente las trenzas alrededor de la cabeza cual ensaimadas (como en tantas imitaciones hemos visto).
- El director es Mike Nichols, buen conocedor de los entresijos de Hollywood, que no nos ahorra ni un ápice de ironía ni nos maquilla ninguna de las situaciones en las que se ve envuelta Suzanne. Como la vida misma...
- Debbie Reynolds, la actriz en la que se basa el papel de Doris, se ofreció a Nichols para hacerlo, pero éste prefirió a Shirley.
- Meryl canta de verdad, sin dobles, en un par de momentos. No sólo se le da bien actuar...Y encima la música es de Carly Simon.
- La película obtuvo dos nominaciones a los Óscar en 1991, Mejor Actriz (Meryl Streep) y Mejor Canción.
En contra de esta peli tenemos:
- El guión tiene algunas zonas más densas que otras, ciertos personajes quedan sólo esbozados (seguramente tienen más profundidad en la novela, pero en la película no hay tiempo para mucho más) y quedan algunos cabos sueltos.
- Hay momentos en los que es difícil creerse la relación madre-hija entre Shirley y Meryl... Después de todo, son Shirley y Meryl. Nos las imaginamos por separado, pero no como madre e hija, no sólo por sus diferencias físicas y de carácter.
- La narración es un poco irregular, conforme al guión, con momentos más brillantes que otros. También hay temas graves que se tratan con una aparente superficialidad, que a veces resulta algo manida, como todas las cuestiones sobre drogas y alcohol. Y el final nos deja un poco en duda, aunque, como el dice el personaje de Gene Hackman, los verdaderos cambios en la vida de alguien no suceden de un día para otro, pero , ¿verdaderamente se pueden arreglar las cosas?
- Algunas situaciones resultan un poco previsibles, como la historia con el personaje de Dennis Quaid.
Pero también hay puntos favorables:
- Ciertas frases del guión son memorables. Muchos de los puntos de humor de Suzanne... y casi todo lo que sale de la boca del personaje de Gene Hackman, que por cierto, es una auténtica joya. Todo lo que dice está cargado de sabiduría. Cada una de sus apariciones es clave.
- Es curioso cómo se van descubriendo los entresijos de la relación entre Suzanne y Doris... Ella, Doris, es la triunfadora que vino de la nada, que no se resigna a encontrarse al final de su carrera, que ahoga la amargura del presente en alcohol y que recuerda su glorioso pasado constantemente. Suzanne es la humilde hija de la triunfadora, la que no sabe lo que es triunfar, y que se siente completamente perdida, sin afecto, sin rumbo. Muchas de sus inseguridades tienen que ver con su complicada madre, que ya de pequeña la acostumbró a depender de los somníferos para poder dormir, por ejemplo. El recelo de Suzanne se va convirtiendo en una ternura callada a lo largo del metraje, porque, ésta descubre que su madre, aún a su manera, realmente la quiere. Es especialmente conmovedora la escena en que Suzanne acude al hospital y maquilla a su madre para que salga de allí con el mejor aspecto posible, con todo lo que eso significa para ella.
- Algunas escenas son prodigiosas... La tramposa primera escena, por ejemplo, y la primera escena también, pero la de la peli que rueda Suzanne después de la desintoxicación, en que aparece atada a un cactus vestida de policía. Cualquiera pensaría que realmente se estaba rodando en un desierto, cuando vemos que alguien abre una puerta en el cielo, al fondo (un poco como en una escena de “El show de Truman”). También resulta atractiva la escena del doblaje de la película de Gene Hackman, aparte del diálogo que mantienen él y Meryl. Es la magia de la fábrica de sueños...
- La película nos deja buen sabor de boca a pesar de todo. Aunque haya dificultades, hay que mantener por lo menos la esperanza; si estamos mal, sólo deberíamos ir a mejor. Cualquier mensaje positivo es siempre bien recibido, aunque no sea dulce del todo, sino agridulce, como en la vida.
En resumen, una película injustamente no muy conocida, pero que realmente merece la pena, no sólo por los grandes actores que ponen cara a la historia, sino por la historia misma. Realmente os la recomiendo.

MÁS ALLÁ DE LOS SUEÑOS
Dirección: Vincent Ward.
País: USA.
Año: 1998.
Duración: 116 min.
Interpretación: Robin Williams (Chris Nielsen), Cuba Gooding Jr. (Albert), Annabella Sciorra (Annie Nielsen), Jessica Brooks Grant (Marie Nielsen), Josh Paddock (Ian Nielsen), Rosalind Chao (Leona), Max von Sydow.
Guión: Ronald Bass; basado en la novela de Richard Matheson.
Producción: Barnet Bain.
Música: Michael Kamen.
Fotografía: Eduardo Serra.
Montaje: David Brenner y Maysie Hoy.
Diseño de producción: Eugenio Zanetti.
Dirección artística: Tomas Voth y Christian Wintter.
Vestuario: Yvonne Blake.
Decorados: Cindy Carr.
Dirección de producción: Thomas Clary, Barbara A. Hall y Joe Stokes.
Después de un tiempo de silencio total por mi parte, vuelvo a dar señales de vida ¿Creíais que os habíais librado de mí? Pues no. Y hoy toca hablar de una película de... ¡Robin Williams!. Sí, ya sé que muchos de vosotros le odiáis, han sido muchos años de verle haciéndose el graciosillo, con sus muecas, etc. Pero el hombre, cuando quiere, hace películas curiosas y con miga, y resulta hasta entrañable. Dentro de lo que cabe.
En la que hoy nos ocupa podemos verle en un papel más dramático que de costumbre. La historia lo requiere, porque es una terriblemente romántica historia de amor. De un amor tan fuerte que es capaz de superar la barrera de la muerte...
Robin es Chris Nielsen, un médico felizmente casado con la mujer de sus sueños, Annie. Ambos son verdaderamente almas gemelas, una de ésas parejas entre un millón, predestinados el uno para el otro. Annie es pintora y trabaja en una galería de arte, y tienen dos hijos, Albert y Marie. Son una familia unida, sin grandes problemas. Hasta que, un día, todo cambia. Los niños mueren en un trágico accidente de tráfico, y la relación entre Chris y Annie empieza a resentirse: Annie carga con toda la dolorosa presión derivada de la muerte de los niños, mientras Chris parece querer ignorarlo y sigue adelante más fácilmente. Cuatro años después, cuando por fin ambos están superándolo, apoyándose el uno en el otro, Annie se queda completamente sola. Chris muere también en otro accidente.
Al principio, a Chris le cuesta asumir que ha muerto. No puede pensar en separarse de Annie... pero termina por darse cuenta de que ya no pertenece al mismo mundo que ella. Y, dolorosamente, se marcha a un lugar construido por y para él, con lo mejor de sus sueños, su “cielo” particular. En este lugar tendrá que aprender a vivir, conocerá otras “almas”... y un día recibirá la noticia más trágica que hubiera podido jamás esperar. Annie no ha podido soportar el dolor y se ha suicidado. No podrá verla más. Ha ido a parar al “infierno” de los suicidas, un lugar de locura y desolación. Él sabe que es el único que podría sacarla de allí... pero ¿cómo hacerlo? Acompañado de “El rastreador”, el único capaz de ayudarle en tal misión, Chris tendrá que adentrarse en el mismísimo infierno en busca de su amor.
Resultan hechos probados:
- El guión está escrito por Ron Bass, autor de guiones como el de “El club de la buena estrella” (“The Joy Luck Club”, 1993, de Wayne Wang), pero está basado en una novela de Richard Matheson, conocido novelista (“Soy leyenda”, “El increíble hombre menguante”, “La Casa Infernal”) y también guionista, para entre otros, Roger Corman o el primer Spielberg, incluso para algún episodio de Star Trek.
- El director, Vincent Ward, es bastante conocido en el ámbito del cine fantástico. Es un experto creador de atmósferas y un realizador con un gran sentido estético y mucha imaginación. En su juventud fue pintor, y tal vez a ello se deba la importancia de la pintura y de los cuadros en esta película, toda una puerta abierta hacia el alma de los personajes.
- El título original (“What Dreams May Come”) proviene de una cita del monólogo de “Hamlet”.
- En la edición americana en DVD aparece un final alternativo. Chris y Annie se reencarnan, pero cada uno de ellos nace en un lugar distinto. Se ve el nacimiento de un bebé en Philadelphia, y, a miles de kilómetros de allí, en Sri Lanka, el nacimiento del otro ¿Cómo y dónde se conocerán esta vez...?
- Palmarés: En 1999 ganó el Oscar de Efectos Visuales y fue nominada por la Dirección Artística. En los Golden Satellite (1999) ganó el premio a los Efectos. En los Image (1999) Cuba Gooding Jr. fue nominado como mejor actor de reparto.
- Ha sido una película especialmente denostada por la crítica... y por el público. Desgraciadamente este tipo de historias no suelen tener mucho éxito. Lástima que sea así.
Mucho he oído y leído en contra de esta película:
- Robin Williams. Sí, todo hay que decirlo, a una servidora tampoco le suele apetecer verle en muchas de sus películas... es cierto que puede resultar muy cargante, es cierto que tiende bastante al empalago, y que hace unos papeles tan de buena persona que puede llegar a resultar terrorífico. Y tampoco nos emociona el amigo Cuba Gooding...
- La historia misma, el argumento, es, en ocasiones, el problema. Hay momentos tan dramáticos, tan profundamente tristes o tan en busca de la lágrima fácil que acaban por cansar. Lo mismo sucede con los golpes de humor, que pretenden rebajar la tensión del guión, tan parecidos a los de todas las demás películas americanas, tan complacientes, que no siempre surten su efecto. Y luego, la historia de amor. Con ese tema se camina siempre tan cerca del almíbar y del romanticismo barato, que es difícil no caer en ello. Como muestra un botón: la escena en que se conocen. Si alguien ha conocido a su pareja de una forma tan idílica, por favor, que me lo diga. Más que nada para que me vaya para allá, donde quiera que sea, a ver si tengo la misma suerte... Prefiero mil veces la escena del final, en que se repite el tema “marinero” (por los barquitos).
- Aunque no lo comparto en absoluto, mucha gente critica la estética. Sobre todo, el marcado contraste entre estéticas a lo largo de la película.
- Unos amigos míos la retitularon “Más allá del sopor”. Cierto es que algunas partes de la película parecen artificialmente largas, sin aportar mucho a la historia, mientras que, en algunas escenas, yo, por lo menos, me quedo con las ganas de saber más. Aparte de cuestiones del guión que no parecen muy lógicas: Cada cual puede tener el cielo que él mismo se invente... pero los suicidas no. Se les “castiga” a ir a un lugar del infierno, en que pierden la memoria y la razón. Muy en la línea de la religión.
Pero, a pesar de todo, hay muchas cosas que merecen la pena. Vamos a defender la peli:
- Annabella Sciorra borda su papel. La vemos transformarse varias veces a lo largo de la película (el peinado ayuda) y nos la creemos. Y, a mí, particularmente, me enamora su papel, esa mujer sensible que se relaciona con su marido también a través de sus pinturas, que tiene ese aura romántica, sensible. Bella, bella. Y además sale Max von Sydow guiando a Robin por las esferas del Infierno. Como siempre, genial.
- Una historia tan bonita sólo puede pasar en una peli. La mayoría de las historias de amor se parecen más a “Escenas de matrimonio”. Qué penita. Pero bueno, así es la vida. Umm, esto no sé si es más bien un punto en contra... Pero aquí se queda. ¡También tenemos derecho a ver bonitas historias en el cine, no va a ser todo sexo, tiros y cosas así!
- A mí personalmente la estética me parece sublime. Ya lo he dicho antes, podría meterme en alguna de las escenas de la película y quedarme a vivir allí, sobre todo en las del “cielo” de Chris, basadas en cuadros impresionistas, con una luz increíble. Y precisamente me encanta el contraste cielo-infierno. Esa catedral gótica invertida. La zona de los naufragios. El campo sembrado de caras. Ese mar de agua negra, lleno de almas desesperadas... Todo. Por cierto, esta parte bebe directamente de las descripciones de Dante y de los cuadros de El Bosco. Ahí es nada. Y mucha atención al uso de los colores a lo largo de la película. El malva siempre presagia algo malo. El verde es la esperanza. El rojo exulta vida y pasión. El azul es paz. El negro es el vacío, la desesperación... En cuanto al malva, es impactante la escena en que Annie echa disolvente en el árbol florido que acaba de pintar en el lienzo. Y Chris contempla, atónito, cómo en su “cielo” se marchita el árbol que, sospecha, tiene que ver con su amada, en una nube de flores malva.
- Ciertas ideas del guión son verdaderos hallazgos. ¿Quién no ha deseado muchas veces ser otra persona? Pues, en el “cielo” se puede. No hay por qué atarse al aspecto que se había tenido en vida. Todo es posible. También volver a la tierra. Y volver a buscarse, y a encontrarse y a enamorarse.... una preciosa y esperanzadora visión.
En conclusión: una preciosa película que merece una oportunidad... y dos, y tres...

EL GRITO EN EL CIELO
En esta ocasión continuaremos con el género de Comedia, pero volvemos al cine español, tan denostado incluso por nosotros, los españoles (y muchas veces con toda la razón, por desgracia…). La que nos ocupa es una película típicamente española, en una línea y con unos rasgos que dudo que puedan darse en otras cinematografías, exceptuando quizá la italiana.
Miranda Vega es una famosa presentadora de la televisión que ha conocido tiempos mejores y que se encuentra sometida, a causa de un contrato blindado, a los dictados del canalla director de la cadena. Éste la tortura quitándole todo el protagonismo que puede, por ejemplo, instaurando en el programa una sección de videos de cámara oculta sobre famosos y un concurso en el que el público demuestre sus habilidades, pudiendo obtener como premio la posibilidad de co-presentar el programa. Éstas cosas, unidas al hecho de que Miranda sospecha que su marido la engaña con alguien (sospechas fundadas, por otra parte…) hacen que su comportamiento derive hacia conductas psicóticas: así, cada día la toma con alguna de las mujeres que la rodea, acusándola de que es la amante de su marido, y haciéndoselo pagar… para luego pedir disculpas. Por ello, todo el mundo en la cadena piensa que Miranda está loca.
Y hablando de locos, la variopinta selección de personajes que se presenta al concurso soñando con lograr el puesto de co-presentador es para no creérselo: una puta con ideas suicidas que recita poesía, acompañada de su madre (también puta), una pareja de yonkis que viven de hacer de mimo en la calle, un taxista que imita a Camilo Sesto, una ex presidiaria lesbiana que hace “kárate artístico”… y una ex empleada de una tienda de electrodomésticos que… no se sabe qué hace realmente, excepto intentar llegar al programa para salvar a Miranda Vega de la venganza que quiere tomarse una actriz, Marta Peña, que ha visto su honor dañado a causa de un vídeo suyo algo comprometedor emitido en el programa.
Con este panorama, como es de suponer, las situaciones delirantes (e hilarantes) se suceden una tras otra, y llegaremos a un final en que nada es lo que parecía al principio y nadie es realmente como creíamos…
Resultan hechos probados:
- Que esta comedia está dirigida por Félix Sabroso y Dunia Ayaso, directores también de la inolvidable “Perdona bonita, pero Lucas me quería a mí”, y más recientemente de la exitosa serie de TV “Mujeres”.
- Que se rodó íntegramente en Madrid, durante 8 semanas, entre agosto y octubre de 1997.
- Que está dotada de una poderosa estética artificial y colorista, muy en la línea del cine de Almodóvar (con el cual se la ha comparado muchas veces). Esto se comprueba en el vestuario mismo de los personajes y, por supuesto, en el plató en el que se desarrolla gran parte del argumento.
- Que su empleo de las canciones, los playbacks y números musicales es indiscutiblemente divertido y ágil. Y la película está plagada de momentos de este tipo, que no aburren en ningún caso.
- Que fue una película asidua en los festivales de cine gay y lésbico.
Argumentos en su contra:
- Se ha dicho de ella que es una película en la línea de las de Almodóvar… pero sin ser de Almodóvar.
- Que es la típica comedia española, con los males de las comedias españolas, a saber: muchísimos personajes, giros inverosímiles en la trama, diálogos sin pausa… Cualidades que realmente tiene la comedia española, para que negarlo… y que muchas veces impiden su exportación (¿cómo puede subtitularse una película en la que hablan 3 o 4 personajes a la vez y sin parar? Hay que reconocer que incluso a los que hablamos el idioma a veces nos cuesta no perdernos).
- Que es el pretexto para tenernos lo que dura el metraje contemplando una variada galería de frikis, gente que ni por asomo puede tener existencia en el plano real. La vieja afición española por el esperpento.
- Que algunas situaciones son demasiado forzadas y no resultan creíbles ni graciosas.
Y sus contra-argumentaciones:
- No tiene nada de malo seguir la línea de otro cineasta; más que nada porque es imposible no hacerlo, en el cine todo el mundo tiene como referencia obras anteriores… si no cinematográficas, pictóricas, teatrales, musicales. Ninguna idea es completamente original… y tampoco es imposible que se superen las ideas u obras originales, a veces la copia o la película basada en otra es mejor que la primera.
- No se puede negar que es una comedia con los rasgos típicos de la comedia española… pero ciertamente esto no la hace desmerecer. Cada uno de los personajes aporta un punto divertido, los disparatados giros de guión nos sorprenden y los diálogos desbordantes nos hacen reir. Nos gusta como está. Y si tenemos que prestar atención para no perdernos en la trama, o con los diálogos, lo haremos, porque como espectadores también nos gusta creernos seres inteligentes, captar detalles y atar cabos por nosotros mismos. Nos aburrimos si nos dan todo masticado.
- Tampoco podemos negar que la galería de frikis es extensa, rasgo típico de la comedia española una vez más. Pero en el cine muchas cosas se llevan a la exageración… y realmente es lo que suele atraernos: esos personajes buenos buenísimos, o malos malísimos, tampoco son muy realistas, pero nos gustan, nos llaman la atención, creemos captarlos tal y como son. Y por otra parte, muchos frikis peores que los de la película andan sueltos por ahí…
- Y respecto a las situaciones forzadas, muchas veces la realidad supera a la ficción. Y si no, basta con ver muchos de los programas de la TV actual, con personajes infinitamente más increíbles y situaciones bastante más descabelladas. Y que ciertamente no tienen gracia, puesto que se supone que son reales.
Para terminar, esta es una película muy recomendable si se quiere pasar un buen rato: es divertida, ágil y con buen ritmo. Con actuaciones amenas, música curiosa y un buen argumento. Mi veredicto personal: una buena comedia.

TOMA EL DINERO Y CORRE (TAKE THE MONEY AND RUN)
Nacionalidad: Estados Unidos
Año: 1969
Género y duración: Comedia, 85 min.
Dirección: Woody Allen
Guión: Woody Allen, Mickey Rose
Intérpretes: Woody Allen, Janet Margolin, Marcel Hillaire, Jacqueline Hyde, Jan Merlin, Lonny Chapman
Fotografía: Lester Shorr
Música: Marvin Hamlisch
Montaje: Ralph Rosenblum
Producción: Jack Rollins & Charles H. Joffe Productions
Ésta es una de esas pequeñas películas de un gran director: Woody Allen, nada más y nada menos. Con los grandes directores (y con los menos grandes) sucede que siempre se habla de las mismas películas, las famosas, que no tienen por qué ser las mejores. Aparte de que, para conocer de verdad el arte de un Director (o de un pintor, o un escritor…) hay que acercarse también a las “obras menores”, pues muchas veces en ellas está el germen de las obras maestras, o las claves que nos pueden ayudar a entenderlas. Y es que a menudo sucede que en estas películas menos exitosas hay más libertad, más ingenuidad, más sinceridad.
Al igual que la película que comentamos anteriormente, se trata de una ópera prima, la primera película realmente dirigida (y escrita e interpretada) por él. Aunque antes el buen Woody ya andaba experimentando con el cine: tomó una película japonesa y la dobló a su antojo (de forma que no tenía nada que ver con el original): “What’s up, Tiger Lily” (1966).
Dejándonos de experimentos y volviendo a la que nos ocupa, en ella podemos encontrar los típicos defectos de las primeras películas, como ciertos fallos de guión, y otros debidos a la precariedad con que se rodó. Pero estos aspectos la hacen interesante, simplemente por el hecho de asistir al comienzo en el cine de un genio. Y además, porque ya están patentes aquí muchas de las obsesiones del cineasta: el sexo, la familia, el Judaísmo… y muchos de sus gags tienen el estilo de los que encontraremos posteriormente en sus demás películas. De hecho, ya está presente su personal humor, plagado de situaciones absurdas, de diálogos delirantes, y de acciones ridículas dignas herederas del cine mudo, en la tradición de Chaplin, Buster Keaton, o los hermanos Marx (como detalle, los padres del protagonista se ocultan tras unas gafas con nariz y bigote, como la cara de Groucho). Y es que Woody, ya desde su primera película, es capaz de hacer humor sin diálogos, humor del cine mudo, y justamente lo opuesto: escribir unos diálogos tronchantes. En esto último ya había dado muestras de su genialidad en los monólogos que escribía e interpretaba por entonces en los teatros neoyorkinos. Pura comedia.
Y, como en la mayoría de sus películas posteriores, buena parte del peso del humorismo recae en él, en él como personaje. Con un físico curioso, y con la admirable capacidad de reírse de sí mismo (y de casi todo lo demás), Woody encarna como nadie hubiera podido hacerlo al patoso y desafortunado Virgil Starkwell, un músico frustrado abocado a la delincuencia. En forma de documental, contando con los testimonios de varias personas de su entorno, (desde sus padres, su maestra del colegio, su mujer, hasta sus compañeros de la cárcel, el psiquiatra de la misma, etc.) y apoyándose en un narrador y en las palabras del mismo Virgil, se va desentrañando la historia del pobre delincuente, que no consigue escapar de su destino. Un poco como en “La Naranja Mecánica” de Kubrick, pero desde el punto de vista de la comedia. Y es que la vida es lo que a uno le pasa mientras hace otros planes…
Como anécdotas, decir que se trata de una parodia de películas como “Bonnie and Clyde” y que el guión lo escribieron Allen y Rose en tan sólo tres semanas. El primer montaje que se hizo de la película fue un fracaso, y ahí entró Ralph Rosenbaum, quien le dio mucho dinamismo y consiguió que a Allen le convenciera el resultado. De hecho, aquí fue donde ambos empezaron a colaborar. La película se estrenó en una pequeña sala de Manhattan, la Playhouse. El boca a boca ayudó a que la gente la conociera, y acabó siendo un éxito.
Y la última: desgraciadamente, en algunos DVDs de esta película (sin ir más lejos, en la copia que he podido ver) falta minuto y medio de metraje, aparte de que algunas escenas tienen demasiado grano… pero, de todas formas, merece la pena verla, aunque no sea en las mejores condiciones. Las películas de Woody casi siempre lo merecen.
El bueno de Virgil Starkwell viene al mundo en una familia judía de clase baja en la que no se siente muy apreciado (especialmente por su padre). Esta disfuncionalidad familiar, y el hecho de ser un joven enclenque y apocado, lo que le hace convertirse en el blanco perfecto de los gamberros del barrio, acaban por llevarle por el mal camino. Todo eso, y el hecho de que no consigue nada en el campo de la música, puesto que su sueño en un principio es ser violoncellista. De modo que se inicia muy pronto en el mundo de la delincuencia con pequeños hurtos (por ejemplo, intenta robar una máquina expendedora de chicles) pero ya desde el principio las cosas no le van demasiado bien. Y esto va a ser la tónica general en el resto de sus andanzas delictivas. Enseguida se verá en la cárcel, aunque podrá salir gracias a un experimento científico,en la línea de “La naranja mecánica”, con curiosos efectos secundarios (se convierte en rabino durante cuatro horas). A su salida de la prisión conoce a una chica de la que se enamora perdidamente, Louise, una preciosa lavandera y planchadora. Por amor a ella y por la precariedad en la que se encuentran, Virgil vuelve a delinquir… y vuelve a la cárcel. Tras una arriesgada y delirante fuga, Virgil intenta hacer vida normal junto a Louise. Se casa con ella, tienen un niño, y él intenta por todos los medios mantenerlos honradamente… pero será en vano. Nada le librará de volver a pisar la cárcel, de volver a intentar una fuga, y de fracasar en sus acciones delictivas, aunque, finalmente, llegará a ser el delincuente más famoso del año, y eso exclusivamente gracias a su esfuerzo.
El peso cómico de la película lo sostiene Allen, aunque muchos de los secundarios que aparecen (el iracundo padre, los compañeros de la prisión, la gente del banco que Virgil quiere atracar…) sostienen muy bien sus papeles, incluso aunque sean breves. Y Janet Margolin, como la bella Louise, resulta un curioso contrapunto respecto al torpe Virgil. Las escenas de cuando se conocen y se enamoran, paseando por un parque invernal, verde y gris, son de las más estéticas de la película. Además, su historia de amor es muy divertida. Él la conoció cuando iba a robarle el bolso… y ella supo que él le quería cuando le pidió que le lavara los calzoncillos…
Como en la mayoría de las películas de Allen, hay mucho de autobiográfico en el chico apocado, del que abusan los grandullones del barrio, en el hombre que se enamora locamente de Louise, al que le preocupa el tema religioso (como a todos los ateos). Éste es otro de los hallazgos inaugurales del film: el gran relieve que adoptan las vivencias autobiográficas en su obra, una de las más definidas en este aspecto.
Virgil es el paradigma de los personajes de Allen, un individuo patoso, desafortunado, torpe, pero de buen corazón. Un hombre sencillo al que la vida empuja por un camino que no ha elegido, que no encuentra apoyo en nadie exceptuando su abnegada mujer, y al que todo se le tuerce (esa noche lluviosa cuando él utiliza una pistola de jabón para fugarse de la cárcel…).
Toda la película está impregnada de un humor surrealista, a veces infantil e ingenuo, rozando el absurdo. Y como hilo conductor la idea del destino, del hado, vista desde una perspectiva positiva, en vez de trágica. Nunca había resultado tan graciosa la contemplación de la forja de un delincuente. Decididamente, una película muy recomendable.

EL CELO (PRESENCE OF MIND)
Nacionalidad: España
Año: 2000
Género y duración: Drama, 94 min.
Dirección: Antoni Aloy
Guión: Antoni Aloy, Barbara Gogny, Mitch Brian
Intérpretes: Sadie Frost, Lauren Bacall, Harvey Keitel,Jude Law, Nilo Mur, Ella Jones
Fotografía: David Carretero
Música: Ángel Illarramendi
Montaje: Richard Halsey, Bela da Costa
Algunas películas pasan por la cartelera sin pena ni gloria, más tarde se ven relegadas a convertirse en carne de videoclub (o de top manta) y después en material de relleno para los canales de televisión en horas imposibles. Jamás serán consideradas “clásicos”, ni reunirán muchas estrellas en una crítica de prensa. Nadie se aprenderá sus diálogos de memoria, ni le dará vueltas en la cabeza a sus incongruencias, ni se molestará en recomendárselas a otro. Acabarán relegadas al olvido, como un sueño que nuestra memoria no retiene al despertarnos. ¿Qué hace que una película tenga éxito? ¿Por qué unas películas se consideran productos de primera y otras no? No necesariamente la calidad, el presupuesto o el valor artístico… Parece que la suerte, como en casi todo, tiene mucho que ver.
Por supuesto, sobre gustos no hay nada escrito, y también es cierto que algunas veces hay elementos que fallan… al igual que sucede en las “buenas películas”. No porque una película sea “perfecta” (y ninguna lo es) va a gustarnos más. Pero el hecho de que una película obtenga buenas críticas, gane premios, (o simplemente tenga una buena distribución o se procure una buena campaña publicitaria) puede tener como resultado que llegue a más gente, que es, finalmente, el objetivo de cualquier cineasta. Y así muchas películas dignas y sabiamente hechas quedan en un segundo plano, mientras que siempre se habla de los mismos filmes, de los mismos directores, y con casi los mismos actores. Nadie dijo que la vida fuera justa…
Aunque a veces la suerte quiere que descubramos pequeñas joyas en esas horas imposibles de televisión, o en el último estante del videoclub. Nadie nos ha hablado de ellas, pero, cuando las vemos, encontramos en esas películas rasgos audaces de los que quizá carezcan las más conocidas. Merecen que les demos una oportunidad. Que perdamos el miedo a verlas. Que las recomendemos. Y es lo que a mí me gustaría hacer desde aquí.
Empezaré hablando de una película española poco conocida y criticada (en mi opinión injustamente) por los pocos que la conocen: “El celo”, de Antoni Aloy. Esta película se basa en el relato de Henry James “Otra vuelta de tuerca”, varias veces adaptado al cine, y, sin ir más lejos, inspirador del argumento de otra película española del mismo año, ésta sí muy conocida, alabada y galardonada: “Los otros”. El hecho de que ambas coincidieran pudo influir en la falta de difusión de “El celo”; su mismo director se refería en un programa de televisión a la cuestión: “Los de Amenábar eran “los otros” y nosotros éramos “las otras””. Y esto a pesar del reparto estelar de la película que nos ocupa: Lauren Bacall como el ama de llaves, Sadie Frost como la joven institutriz, y las apariciones estelares de Jude Law y Harvey Keitel. Pero Amenábar contaba con la mismísima Nicole Kidman, y a ella no era fácil enfrentarse (la gente suele preferir actualmente ir a ver a Nicole antes que a Lauren… aunque Sadie esté también estupenda). Aparte de la maquinaria hollywoodiense puesta al servicio de Amenábar, mientras que “El celo” no tuvo un coste tan elevado, más bien al contrario. Además, hay que añadir que esta película era la ópera prima de Antoni Aloy y se rodó en tan sólo 29 días, y en cambio Amenábar era ya un director consagrado. Por todos estos motivos el duelo ya se presentaba ciertamente desigual.
Una de las características más llamativas y originales de esta película (que, paradójicamente, es lo que no convence a mucha gente) es la idea de situar una historia de terror, de fantasmas, en un paisaje idílico, veraniego, lleno de luz mediterránea. No es fácil lograr que el espectador sienta terror en una atmósfera como ésta, pues se asocia más bien a la oscuridad, a los cielos plomizos o nocturnos, a los cementerios, a los árboles pelados y a los edificios lúgubres. Esta película huye de todos estos lugares comunes, pues no en vano se rodó en Mallorca, en una finca llamada “La Raixa”, en la que también se rodó “Bearn”, un escenario bucólico y soleado. Este rasgo va en la línea del terror de Chicho Ibáñez Serrador “Quién puede matar a un niño”. Y la cuestión es que también son los niños los protagonistas. Un estupendo Nilo Mur (Miles) y su hermana (Ella Jones como Flora). Ambos acaban de quedarse huérfanos, al cuidado de su tío soltero (H. Keitel) que, realmente no está por la labor de educarles y acompañarles. Para ello contrata a la joven institutriz, que, al poco de llegar, descubrirá que en la casa han sucedido ciertos hechos que han afectado negativamente a la psicología de los niños, sobre todo al pequeño Miles, con el que ella entabla una especial relación desde el primer momento. Y es que ella está muy sensibilizada con el problema de los niños, pues sufrió abusos de pequeña. Y esta vez no permitirá que nadie más pueda abusar de un niño. Ni siquiera alguien que ya no es de este mundo.
Aquí los fantasmas no son fantasmas al uso. Son también una influencia. La huella que queda en la moldeable mente de unos niños que han conocido a personas malvadas, incluso después de que el contacto con las mismas desaparezca. La joven institutriz se encuentra así con la dificultad de evitar que los niños sean manipulados por fuerzas a las que ella no puede hacer frente, pues no están en el mismo plano de realidad que ella. Y, llevada por su amor a ellos y su necesidad de impedir que sufran lo mismo que ella sufrió, tal vez se extralimite en su afecto; aunque, aún así, el celo que ella emplea en esta tarea no basta para evitar lo inevitable.
La película está ambientada en el siglo XIX, de modo que el vestuario y la decoración parecen inspirados en cuadros de la época. La iluminación favorece sobremanera este aspecto, y la música acompaña perfectamente la narración, encajando con el ambiente de la obra. Toda la estética de la película es muy atractiva. Los personajes se desenvuelven por jardines románticos, plagados de fuentes, estanques, parterres, llenos de luz. Las estancias de la casa son sobriamente lujosas, un viejo piano y la sala donde se encuentra adquieren protagonismo, las escaleras (un elemento simbólico muy utilizado en cine) aparecen varias veces, al igual que los pasillos vacíos, en contraposición a los salones. A pesar de que la película está prácticamente toda ambientada en la enorme mansión, en ningún momento hay monotonía, sino todo lo contrario: hay variedad de cromatismo y de plasticidad. En la sala del piano tiene lugar una de las escenas más bellas de la película: Miles venda los ojos de su institutriz y le describe el panorama que se ve por la ventana, el atardecer en el jardín. El juego de la luz y del sonido en esta secuencia están realmente conseguidos.
Todos los actores dan lo mejor de sí mismos, desde los secundarios, como el ama de llaves, hasta los protagonistas, especialmente los niños. Empezando precisamente por el ama de llaves (Lauren Bacall), que se adueña del espíritu de la vieja y rigurosa dama que está al mando de la casa en ausencia del tío de los niños, y que oculta un secreto: ella sabe lo que sucede con ellos, aunque no hace nada para evitarlo. A ella se opone la joven institutriz (Sadie Frost), humilde, pero segura de sí, y firme en sus convicciones, decidida a resolver el problema. Y por último, los dos niños, Miles y Flora (Nilo Mur y Ella Jones), que entran en su papel de tal forma que en determinadas escenas provocan cierto rechazo, cierta aprensión, pues representan lo malo y lo bueno de la infancia, no sólo el lado inocente y tierno que estamos más acostumbrados a ver en el cine, sino también esa otra vertiente oscura que a veces los adultos no queremos o nos cuesta admitir. Los dos niños, sobre todo Miles, llevan gran parte del peso de la película a nivel interpretativo.
La película empieza con una definición, la de la palabra “celo”. Sus significados pueden rastrearse a lo largo de la misma. También se habla de la definición de “fantasma”, que no tiene por qué ser una aparición, sino una influencia. Pero, sobre todo, podemos rastrear a lo largo del metraje algo que pocas películas buscan definir: lo complicado, desconcertante, poco conocido o conscientemente ignorado que resulta aún el mundo de la infancia.

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