Lucía Tello Díaz
ANDRÉI KONCHALOVSKY, ESE ENFANT TERRIBLE
Lucía Tello Díaz
El viento sopla sin tregua ni clemencia. Ni Tchaikovski se hubiera imaginado un día semejante para su mítico Cascanueces. Se espera que las rachas de viento alcancen los 100 kilómetros por hora en algunos puntos del país, toda Europa vive pendiente de la meteorología. Es una mañana fría y ventosa en Madrid. Mientras en la calle un Santa Claus ambulante lucha contra los elementos al zarandear su discóbolo, la quietud y el sigilo se apoderan del salón Señoría del Hotel Miguel Ángel, en pleno Paseo de la Castellana. Poinsettias, árboles de Navidad y música clásica, abren paso a una salita pequeña, donde al fin me encuentro con Andréi Konchalovsky, legendario realizador de Sibiriada que, sin embargo, es archiconocido por dirigir a Kurt Russell y Sylvester Stallone en Tango y Cash. Me estrecha la mano con firmeza y me invita a sentarme. En la mesita de café observo su tentempié: unas tejas de almendra acompañadas con gominolas multicolores; sobriedad e inconformismo, como su cine, un cine que dejó perplejo a Ingmar Bergman y a Akira Kurosawa, con quien no sólo comparte las iniciales del nombre, sino toda una filosofía. La traductora completa nuestro ceñido triángulo equilátero; le comunico mi intención de prescindir de ella y, ante mi propia estupefacción, acabo realizando las preguntas en mi idioma materno. Paradójico que sabiendo inglés, decida preguntarle en español, y más aún que el director de Runaway Train, que me entiende en español, me responda en inglés. La traductora nos observa y sonríe, debemos recordarle un pasaje de Corazón tan blanco. Tardamos más de diez minutos en subsanar el despropósito lingüístico y hablar todos el idioma del cine, el mejor para amar y entender su nueva propuesta, The Nutcracker 3D, un cuento de Navidad revisado y aumentado que nos presenta de la mano de Elle Fanning, John Turturro y Frances de la Tour. El viento sigue, aunque la calidez de este director septuagenario de rasgos prodigiosamente juveniles, compensa todo parte meteorológico; nuestra habitación se ha paralizado en medio del huracán. Y es que ya lo dice El cascanueces, qué mágicos e inesperados son los milagros que ocurren en Navidad.

Lucía Tello Díaz.- Después de más de cincuenta años dedicado al mundo del cine, ¿qué es lo que le sigue engatusando de esta industria?
Andréi Konchalovsky.- Bonita pregunta... Pues la curiosidad, la curiosidad de que otros vean plasmada en una pantalla una idea que surgió de tu mente; es pura curiosidad, nada más. Bueno, lo que me hace llevar tantos años en el cine es la curiosidad y también conseguir los medios para comer y vivir, y el cine es la única manera que tengo de ganarme la vida.
LTD.- Sorprende que después de películas en las que aborda temas tan distintos, se embarque en una cinta como El cascanueces 3D, ¿qué es lo que le ha llevado a un proyecto como éste?
AK.- No tengo ni idea... ¡La misma curiosidad! Pero curiosidad en distintas direcciones, lo que te empuja a pensar “vamos a hacer esta película”, “vamos a hacer de ella algo interesante”, “vamos a hacer un cuento de hadas con mucha fantasía”; es la clase de curiosidad que te lleva a hacer un viaje, un viaje sin acentos.
LTD.- Un viaje que, en este caso, está orientado a la infancia especialmente, un cambio notable, ¿a qué se debe?
AK.- Pues quizá porque tengo niños pequeños... Lo cierto es que adoro la película de Mary Poppins, creo que es una de las películas clásicas por excelencia que se pueden ver incluso ahora. Con respecto a este proyecto, llegué a la conclusión de que no hay muchas películas para toda la familia que mantengan su interés en la actualidad, todas están anticuadas, todas mueren pronto. Yo tenía el propósito de hacer una película que se mantuviera en el tiempo, que no muriese enseguida.
LTD.- Lo ha conseguido ¿no?
AK.- No lo sé...
LTD.- ¿El reto de que El cascanueces sea en 3D responde quizá a su deseo de innovación, a esa curiosidad de la que antes me hablaba?
AK.- El 3D fue más bien un acuerdo comercial, queríamos hacer de la película algo lucrativo, porque es muy cara y tenía una gran responsabilidad para con mis inversores. Yo pretendía hacer la película por completo d´auteur, pero necesitaba financiación, de ahí viene el 3D. Además es un formato completamente adecuado para este tipo de películas, puesto que aporta un punto de vista de fantasía totalmente distinto, muy conveniente a la hora de ver un enorme árbol de navidad, o los copos de nieve o cualquier elemento mágico, por así decirlo. Te dirige al niño que todavía vive dentro de ti.
LTD.- Bajo mi punto de vista, su película tiene una gran influencia estética de películas de los años veinte y también, a título personal, mucho de Art Spiegelman y su célebre Maus, ¿qué influencias reconoce en ella?
AK.- La influencia viene de mucho antes, de Metrópolis, de Fritz Lang; también del retrofuturismo, de Julio Verne incluso. Tiene mucho del futurismo de principios del siglo pasado, cuando soñaban con volar, con coches, con elementos casi naïf, era un futurismo con un rasgo humano, mucho más humano que el de hoy en día; estaba hecho con metal y con madera, ese es el motivo por el que bajo mi punto de vista, el futurismo de aquella época era tan bello.

LTD.- Es cierto que las películas actuales, no sólo las exclusivamente futuristas sino también aquéllas en que hay personajes perversos, son extremadamente sórdidas y minimalistas; esta película sale de esa tendencia con cierto barroquismo. ¿Quizá responde a esa necesidad de huir de los presupuestos teóricos del cine actual?
AK.- No suelo usar la teoría en mi cine, aunque lo cierto es que la uso porque hay teoría en nuestra mente. Pero lo que yo en realidad quería era hacer una película multidimensional, con muchos niveles, plagada de elementos cercanos a los mundos que en ocasiones hace Terry Gilliam; Terry Gilliam suele emplearlo muy a menudo, la cuestión es que cuando pones demasiadas cosas dentro de ese universo, tienes que saber poner un orden para que la historia prospere, para que siga adelante. Ahí se ve al profesional, sobre todo en el proceso de escritura, y también del estadio de selección de elementos adecuadamente. En este caso, el mundo al que me enfrentaba era muy rico, y lleno de alusiones y asociaciones y metáforas, y tienes que ir poniéndoles un orden, un nombre. Como dijo Balzac: “escribir un relato es como construir un castillo sobre la punta de una aguja”. Es un trabajo intelectivo. Sin embargo, hay películas que pueden ser muy intelectuales y que te dejan frío; y lo más importante en el cine es que te deje lleno de emociones y también miedo, eso forma parte de cualquier arte, incluso de escuchar música. Así que una mente intelectual da películas que dejan la mitad del ser dormido; es necesario usar la cabeza, pero también el corazón y el estómago para ver cine, tienes que verlo con todos esos órganos; así sientes una emoción la primera vez que la ves, pero la segunda te acercas a ella por un motivo diferente. Cuando una película es realmente buena, quieres volver a verla por razones distintas a las que te llevaron a verla la vez primera, y además te olvidas de esas razones, porque es un proceso que integra una parte emocional.
LTD.- Respecto a las emociones que suscita el arte, son conocidos sus estudios en el conservatorio de música, ¿le ha influido ese bagaje artístico a la hora de embarcarse en un proyecto tan grande musicalmente hablando, como lo es El cascanueces?
AK.- La verdad es que las aventuras implican no pensar demasiado ni por mucho tiempo; es dejarse llevar con una mente exaltada, confusa... Y así funciono yo.
LTD.- Hábleme del reparto de esta película encabezado por una niña como Elle Fanning, y acompañada por grandes artistas de la interpretación y la canción
AK.- Elle Fanning fue la elección perfecta; cuando la vi fue como una revelación porque es genial. Pero con respecto a los demás actores, necesitaba buenos artistas de Broadway, que pudieran interpretar, que pudieran cantar, como por ejemplo la madre de Rat King, una actriz excéntrica y magnífica en Inglaterra. El de Frances de la Tour es uno de esos personajes extraordinarios que ella crea, porque es malvada y divertida; y es que asustar a la gente es fácil, pero lo difícil es hacer que estén asustados y además rían porque eres divertido. Por eso lo que hace es complicado, porque cuando haces que alguien se ría, te haces más humano, mucho más que si eres simplemente maligno.

LTD.- Después de una veintena de filmes, de tantos premios y de tantos formatos y temáticas, ¿qué retos tiene Andréi Konchalovsky para su futuro profesional?
AK.- Ballets, óperas, teatro, películas, estoy escribiendo un libro... Muchas cosas al mismo tiempo. Tengo algunas ideas para una película y estoy trabajando en ellas. La verdad es que estoy a muchas cosas simultáneamente y no es bueno, debería dedicarme sólo a una.
LTD.- Un nuevo libro, ¿en esta ocasión es ficción o autobiográfico?
AK.- Pues he escrito algunos libros sobre cine y sobre mí mismo dentro de la industria, pero en esta ocasión quería escribir algo autobiográfico; no obstante, he escrito un texto con un setenta por ciento aproximado de ficción –ríe tímidamente y por primera vez-, así que no soy yo, pero lo escribo como si fuera yo.
LTD.- Entonces será muy divertido...
AK.- Sí, lo voy a llamar algo así como “vibraciones”, pero no como ondulaciones, sino más bien como movimientos de alma y cuerpo; sí, “vibraciones de alma y cuerpo”. Muy erótico por cierto...
LTD.- Eso cambia un poco las cosas... En cualquier caso, será un placer leerlo, como lo ha sido el conocerle. Muchas gracias por la entrevista.
AK.- Muchas gracias a ti por tus preguntas.

CONCIERTO A SEIS MANOS: ENTREVISTA A ERNESTO ALTERIO, DIEGO MARTÍN Y ALBERTO LOZANO
Lucía Tello Díaz
Por el hotel Fénix de Madrid, han desfilado Cary Grant, Bill Clinton y los Beatles. Lo que sus huéspedes nunca han visto, y de eso doy fe, es un concierto a seis manos como el que ahora nos presentan Ernesto Alterio, Diego Martín y Alberto Lozano, con su nuevo filme Amigos. A medio día, cuando las isobaras y el mercurio no dan tregua al asfixiante photocall, comienza el turno de entrevistas presidido por un Ernesto Alterio exultante, con tonos nude y coronando su atuendo casual con un insólito bastón. A su lado está Diego Martín, magnífico en pose y prosa, una prosa cuidada y sutil que ya nos engatusó en anteriores ocasiones, y con la que hoy vuelve a desplegarse con total naturalidad. Completa la tríada Alberto Lozano, (Los novios búlgaros, Noviembre), que con su afabilidad pone el acento cómico a este grupo muy Saura de Stress-es tres-tres. Me siento frente a ellos, aunque nuestra disposición impide que pueda fijarme a mano alzada en todos a la vez. Nos acercamos un ápice. Sigue la incomodidad así que nos acercamos más y más, tanto que durante toda la entrevista, Alterio y yo debemos hacer esfuerzos titánicos por no darnos mutuamente un golpe con nuestras piernas plegadas. Conozco por primera vez a Lozano, y aprovecho para ahondar en la personalidad de Martín. Con Alterio tengo una asignatura pendiente, hace más de una década que no le veo y al fin tengo ocasión de demostrarle que Oscar Wilde y Hitchcock estaban en lo cierto: cuán importante es llamarse Ernesto. Pero también Rebeca.

Ernesto Alterio.- ¿Me dejas el pressbook?
Alberto Lozano.- Luego me lo pasas, Ernes.
Lucía Tello Díaz.- ¿Todavía no lo habéis visto?
Diego Martín.- No, no, esto no ¿verdad?
EA.- Qué va, todavía no
LTD.- Amigos es una película producida por un canal de televisión y además centrada en aspectos televisivos, ¿cómo ven la situación actual del universo catódico?
D.G.- Pues no me cansaré de decirlo, creo que vivimos en un momento en que hay mucha queja de todo y, aparte de lo obvio, que sería quejarse de las cosas que no nos son ajenas, me gustaría que toda la gente aceptara el grado de responsabilidad que tiene en lo que sucede; me parece muy fácil y muy gratuito quejarse, y con esto no defiendo lo que pasa en televisión, todo lo contrario, quiero decir que todos sabemos cómo es, resulta casi un lugar común el afirmar que en la televisión hay basura, pero hay muchas otras cosas que no lo son, y creo que se pone poco el acento en que nunca como ahora ha habido tantas posibilidades de elegir cosas que antes no se veían en televisión. Se protesta y se cae en la crítica fácil sin pensar que la responsabilidad es de todos, y que hay dos botoncitos en un mando, uno para apagar y otro para cambiar, que te dan el poder de decidir. En general la gente tiene mucho más poder de lo que cree, o de lo que quieren hacernos creer; y a veces me fastidia porque la televisión como medio es blanco, un contenedor potentísimo donde puede haber maravillas absolutas, o la mayor bazofia y las bajezas más increíbles del ser humano. Pero me cansa la idea, ¿qué gente ve y apoya a toda esta morralla que vemos a diario? Porque luego todos sabemos quiénes son, y sí, nos lo ponen todos los días pero, insisto, podríamos no verlos. Y sin embargo algo se cuela ahí. La gente tiene mucho más poder en sus manos de lo que cree.
LTD.- En la película, ante una apuesta ciertamente substancial, tres amigos de la infancia deciden dar al traste con sus vidas y luchar por ambición, ¿qué empuja a vuestros personajes a comportarse de manera tan mezquina, sólo el dinero?
EA.- Hombre, algo de crisis de treinta y cuarenta años también se propone en la película, sobre todo en algunos diálogos, y muy acusado en el personaje de Alberto. Pero el incentivo último de la historia es, además de ganar el dinero, el de recuperar esa amistad y eso que hacían cuando eran jóvenes; creo que hay algo de crisis en sus vidas, más allá del dinero.
LTD.- En el material promocional de la película se dice que resulta muy actual por la forma de comportarse de los protagonistas, pero la amistad queda por los suelos y los personajes son algo sórdidos: no les importa romper un matrimonio, alejarse de sus hijos... ¿Realmente representa a la gente de hoy en día o es un estereotipo que se está imponiendo?
DM.- ¡Diecisiete millones de euros! –señala jocoso-
LTD.- Veámoslo desde una perspectiva idealista sin pensar en el dinero...
AL.- Es verdad, ¿vale una amistad diecisiete millones de euros?
DM.- Según qué amistad... –continúa burlesco-.
LTD.- Se supone que esta amistad dura desde la infancia...
DM.- Tampoco habla de romper una relación por intervenir el dinero; en el caso de estos personajes esa competitividad es el germen de su amistad. Además creo que toca también, sin querer generalizar que siempre es muy odioso, una cosa un poco masculina en esto de “a ver quién la tiene más larga”, como bien lo define Ernesto; es algo absurdo y posiblemente infantil, pero que se da. Hay partes en las que yo mismo me siento identificado; es una competitividad que riega esos lazos de amistad, y en el caso de los personajes de Amigos..., es prácticamente la base.
LTD.- ¿Pero esa competitividad define las relaciones amistosas actuales, o representa la amistad masculina por antonomasia, desde la noche de los tiempos?
DM.- Me imagino que se trata más de una competitividad de tipo infantil, que lo que podemos entender como ambición, poder o dinero. Es una rivalidad del tipo “a ver quién llega antes a la puerta”.
AL.- Yo creo que es una competición que en realidad les une.
EA.- Es que los personajes han hecho esto desde el propio planteamiento de la película, desde la cuna casi, apostaban con el primer biberón. Lo que detona toda esta carrera, sin lugar a dudas, es la expresión: “a que no tienes lo que hay que tener”. Es absurdo, lo sé, una tontería. Pero es el desencadenante.
DM.- Sí, es algo muy ochentero, muy de la época en la que se ha criado Borja también, y es que puedas oír cualquier provocación, cualquier cosa que te increpen, pero como te digan “a que no tienes lo que hay que tener”, pica esa especie de orgullo masculino un poco tontorrón, y que en este caso define a los amigos.
LTD.- Un orgullo y una apuesta un poco extravagantes...
DM.- Sí, pero todos hacemos algún tipo de apuesta. Nosotros, por ejemplo, apostamos a que esta película va a hacer una taquilla estupenda... ¡Una apuesta loquísima! –comienza a reír nuevamente-. De todos modos, todos tenemos ese punto loco. Yo me siento identificado en algunos aspectos con el personaje, o he tenido fases así, o amistades que han funcionado no exclusivamente por eso, pero que hemos tenido momentos parecidos. Pero no sólo los hombres, es algo inherente a los seres humanos, eso que nos empuja a la comparación, a la rivalidad y a medirse un poco. Está en la naturaleza.
AL.- Claro que competimos y apostamos, yo aposté con Borja algo tremendo, que fue engordar para esta película, fue la apuesta más loca que he hecho en mi vida... Algo así como ocho kilos en un mes, es decir, una barbaridad –ríe-. Pero me quedé en seis...
EA.- Yo trato de huir de todo ese tipo de apuestas, la verdad, me parecen empobrecedoras para mi vida. Trato de no caer en eso...
LTD.- Trata de no caer en ello, pero... –comienzo a reír-
EA.- Bueno...-ríe conmigo-, ¡he dicho trato! Otra cosa es que lo consiga. Pero me parece muy pobre. Igualmente me he divertido mucho con este tipo de cosas en la película, muchísimo.
LTD.- Se dice de Amigos..., que es una película muy masculina, aunque no para hombres; comparto la opinión de Diego Martín cuando dice que esta competitividad no es exclusivamente masculina
DM.- Claro, si la película tuviera tres protagonistas femeninas posiblemente sería distinta, aunque igual de distinta que si estos tres hombres fueran otros tres hombres.
AL.- Yo creo que la secuencia final, en la que los tres echan a correr por Madrid, sería muy distinta. Ellas pedirían un taxi.
LTD.- De eso nada... En cualquier caso, la probabilidad de llamar a un taxi irá en proporción a la altura de los tacones –veo a Ernesto Alterio mirar con una expresión difícil mis zapatos y me apresuro a puntualizar-, seguramente en esta ocasión me tocaría ir en taxi.
AL.- El resto de la película, sin embargo, me parece que sería igual.
DM.- Es evidente que los clichés no nacen de la nada, es decir, siempre hay algo que existe, pero yo cada vez soy menos dado no sólo a etiquetar diferencias entre hombres y mujeres, sino a creer en ningún colectivo. No creo en el cine español como género... Porque ¿qué es el cine español? Si acaba de estrenarse un western, ahora una comedia, yo acabo de hacer una película de terror... ¿Todo eso es cine español? ¿Es igual? No lo sé... ¿Qué es cine americano? ¿Es igual Clint Eastwood que Harry Potter VI? No creo. Y con los hombres y las mujeres me parece lo mismo. Literatura femenina... ¿qué es eso?
EA.- Pues una construcción que ayuda a las personas a no pensar más allá, Diego.
AL.- Es que tenemos una tendencia a etiquetar las cosas.
EA.- Son etiquetas que ayudan a almacenar en la cabeza y a no reflexionar; contribuyen a que la gente pueda digerir las cosas. Y los periodistas sois un poco especialistas en eso...
LTD.- A veces luchamos contra ello...
DM.- Creo que también se podría catalogar e intentar digerir el hecho singular en sí; y poder decir: “esta obra es de esta señora que escribe así o asá”, en lugar de señalar: “esto es literatura femenina” o cualquier otra cosa. Por eso no creo en las etiquetas.
EA.- Es algo que ya te quita la posibilidad de pensar más allá. La gente te pone una etiqueta y se queda tranquila. Ya no piensa.
DM.- Es que parece que cada vez vamos avanzando más hacia los kits. Es como cuando dicen: “eres actor, así que piensas igual que todos tus compañeros”. Pues a lo mejor no.
EA.- Por eso a mí no me gusta hacer reportajes con más gente, es más, ni siquiera películas –ríe satíricamente-.
DM.- Todo te llegará, Ernesto –le sigue en la risa.
EA.- Pero lo bueno es que no te etiqueten. Yo nunca me he sentido etiquetado, bueno, me han llamado de todo; es más, a decir verdad, tengo muchas etiquetas en mi cuerpo...
DM.- Lo que sí que se ve es que hay una inercia y un intento de que asientas o confirmes lo que se tiene pensado de ti; lo que también forma parte de uno mismo. En general la mayor parte de los juicios de valor que hacen sobre uno siempre conlleva una elección para descartar algo... “¿Por qué no haces otro cine?” “¿Qué prefieres?” ¡Pues todo! O nada, o a veces depende...
LTD.- En cualquier caso, esta película es bastante distinta a lo que habéis hecho en el pasado, no da lugar a que os etiqueten. Por ejemplo en el caso de Ernesto, ¿te imaginaste algún día que entrarías en Gran Hermano?
EA.- De verdad que no. Después de hacerla, me acordé de que cuando salió la primera edición, en la ceremonia de los Goya, una periodista se acercó a mí y me preguntó “¿Tú entrarías en la casa de Gran Hermano?”, coincidiendo con el boom del programa; y yo le contesté: “no, a mí mi trabajo me apasiona demasiado como para meterme en esos lares”, y mira tú por dónde, mi trabajo me ha llevado a meterme en la casa de Gran Hermano –vuelve a reír-.

LTD.- Esta película se encuentra a medio camino entre la exposición y la crítica, no está muy claro; ¿qué opinión os merece esa postura?
AL.- Creo que debe haber cine de todo tipo, pero esta película es una comedia que trata de entretener, aunque deja un poso para que cada uno, después de verla, pueda reflexionar en su casa al respecto. Me da la sensación de que no han querido poner, los directores y los guionistas, la moraleja final para indicar el camino que tiene que seguir todo el mundo.
DM.- A mí, y aun a riesgo de que Ernesto no esté de acuerdo –le mira y ríe burlón-, a mí y sólo a mí, me molesta el cine con mensaje, el de denuncia, con moraleja... No me gusta nada que me lo den todo mascado. Quiero que el cine me haga sentir, que me haga pensar, que me haga plantearme preguntas; no me gusta que me den las respuestas, ni me digan quiénes son los buenos y quiénes los malos; quién es el brillante y quién no. Prefiero deducirlo yo solo, y lo supremo es ya que salga confundido. Para mí uno de los momentos más maravillosos de una sala de cine es cuando un personaje habla y digo: “ay va, qué increíble lo que acaba de decir”, y de pronto otro responde diciendo lo opuesto, y pienso: “qué razón tiene”. Con ese conflicto, con ese dilema, el cine vuela mucho más alto, para mi gusto. Cuando dan una respuesta y un mensaje dogmatizado, me interesa menos. Es como ese cine de denuncia, en el que se parte de la base de que hay algo muy malo y como yo soy muy listo, lo denuncio para que ustedes vean. Me parece más interesante la exposición de la realidad.
LTD.- Pero también depende del talento de quien lo escribe y lo dirige, el cine de Costa Gavras, por ejemplo, es de denuncia de un sinfín de situaciones, y no lo hace de manera explícita ni panfletaria, sino que se destila la crítica de su propio contenido
DM.- Absolutamente de acuerdo. A lo que me refería con la denuncia, es que si en la película muestras que una situación es denunciable, me parece fantástico; lo que no me gusta es el cine “social” o “denuncia”, que implica que sea a priori de una determinada manera.
LTD.- Dado que nos hemos quedado sin tiempo, me gustaría saber qué proyectos tenéis entre manos en estos momentos
EA.- Junto con Amigos..., tengo otras tres películas por estrenar. Una es El sueño de Iván, de Roberto Santiago; otra que hice en Argentina que se llama Infancia clandestina, y La montaña rusa de Emilio Martínez Lázaro; y la gente me podrá ver a partir de septiembre, haciendo Yo, el heredero en el María Guerrero, que es una función de Eduardo de Filippo, un gran autor italiano, y viene un director napolitano a dirigirlo, un tipo que se llama Francesco Saponaro, o sea que conoce a este autor y todo lo que conlleva, así que supongo que estará muy bien.
DM.- Yo acabo de hacer REC 3, que se estrenará si todo va bien a finales de año. Para otoño tengo dos películas, estoy en la segunda parte de A tres metros sobre el cielo, que se va a llamar, creo, Tengo ganas de ti, y voy a estar en la nueva película de Enrique Urbizu.
AL.- Yo he tenido un contacto con una compañía teatral importante, para una nueva obra que va a montar; Almodóvar está pensando en mí para su siguiente protagonista... –ríe-. Vamos, que no tengo nada, de momento, pero espero que después de la película, algo caiga.
EA.- ¡Te van a llover ofertas Alberto!
AL.- ¡Espero no mojarme!
DM.- Alberto ¡me lo había creído!, cuando has dicho lo de la compañía teatral he pensado ¡qué callado se lo tenía!
LTD.- Totalmente cierto, ha sido un momento de confusión. Antes de irnos, quisiera comentarle algo a Ernesto...
EA.- Claro, dime
LTD.- De ti conservo un recuerdo casi surrealista. Hace años, cuando estabas interpretando Rose y Guild están muertos, me acerqué a hablar contigo y me diste un autógrafo; sin embargo, cuando lo leí ponía bien grande: “Para Rebeca, con cariño”.
EA.- ¡No me lo puedo creer! –ríe-, es terrible. Eso tenemos que arreglarlo -coge mi Moleskine y anota, hace incluso algún dibujo-. ¡Aquí está! Después de tantos años, ha llegado el momento de enmendarlo.
Leo la anotación y Alterio ha escrito: “por fin, LUCÍA, un beso. ¡Suerte!”. Le miro y sonrío.
LTD.- Pero qué grande eres, Ernesto.
EA.- Y tú qué divina.
Me devuelve el cuaderno y ambos sonreímos. Quién iba a decirle al ave Fénix que vería un concierto semejante en las entrañas de su hotel.

BONUM EST DIFFUSIVUM SUI: ENTREVISTA A CARLOS IGLESIAS
Por Lucía Tello Díaz
Su rostro familiar hace que se le reconozca a pesar de la multitud. De entre las varias decenas de clientes que se concentran en un céntrico restaurante de la capital, el pregnante contorno de Carlos Iglesias no pasa desapercibido para nadie. Tantos han sido los años que este intérprete, guionista y director ha participado en la industria española del entertainment, que verle provoca una extraña sensación de cercanía, de familiaridad y de llaneza, que es aún mayor cuando entrega un poco de su humor, magnífica arma para cortar toda clase de hielo, hasta el de la estepa rusa. Llego con retraso a una cita marcada con antelación, cuando por avatares del destino coincidí con Carlos Iglesias hasta en dos ocasiones diferentes. Tal es así que cuando me ve llegar, me pregunta si no acabo de estar con ellos. Ante mi negativa deduce que tengo una hermana gemela que suplanta mi identidad. Para mi inquietud, no es la primera vez que me lo dicen. Con humor agudo y carácter lúdico, me ayuda a aposentar mis bártulos cerca de la silla. Elijo una, me muevo a otra; al final, me acomodo en una nueva. Me gira el asiento para que apoye los pies y sin querer le doy con el bolígrafo en la mano. Parezco la viva encarnación de Benito sin compañía. Esther Regina, coprotagonista de Iglesias en Ispansi, se sienta detrás de mí, concentrada en otra conversación pero atenta a la nuestra, no en vano, esta película le ha valido no sólo el reconocimiento público, sino también profesional, siendo nominada como Mejor Actriz Revelación en los premios de la Unión de Actores. Hablar de Ispansi con su autor resulta toda una experiencia. Culto, perspicaz y fascinante, Carlos Iglesias no escatima en detalles para explicar la concepción, gestación y parto de esta película, proyecto personalísimo y duro que habla de uno de los episodios más desconocidos de nuestra historia. Se pregunta, y esto sorprende y mucho, si la película tendrá buena recaudación de taquilla, como si desconociera que Ispansi habla por sí sola más de lo que cualquier promoción o ayuda puedan decir. Qué poca fe tienen sus protagonistas, y qué poco atienden a las profundas enseñanzas de los sabios. Bonum est diffusivum sui. Y es que el bien, como lo que es bueno, se difunde por sí mismo.

Lucía Tello Díaz.- Con su primer largometraje, Un franco, 14 pesetas, cosechó un éxito muy difícil de conseguir para los realizadores noveles. ¿Ese background es reconfortante o pesa a la hora de enfrentarse a un nuevo proyecto?
Carlos Iglesias.- Creo que el éxito, aunque sea relativo, nunca puede ser negativo porque, las cosas como son: si no hubiera tenido éxito con Un franco, 14 pesetas, esta segunda película ni siquiera existiría. O sea que la segunda existe porque la primera ha tenido éxito.
LTD.- Su definición de actor como “recuperar ese momento que ha perdido la inmensa mayoría de la gente” es una frase magnífica. En la misma línea, ¿cómo definiría al director?
CI.- ¡Como dios! Ser director es ser un dios, porque tienes en tu mano el poder de mover, como si fueran muñecos o títeres, a todos los personajes y situaciones a tu gusto. Digamos que la idea de dios se reparte entre dos figuras: el guionista, que es el primero que los mueve, y el segundo, el director. Como en este caso se da la circunstancia de que es el mismo -como en muchos casos-, la verdad es que se convierte uno en el dios de la película. Eso sí, es un dios relativo, porque después te tienes que acoplar al presupuesto, al esfuerzo y al trabajo e interés de otra gente. Pero bueno, como titular: el director es dios.
LTD.- Después de tantos años de reconocimiento por sus registros cómicos, ¿es difícil quitarse el...
CI.- El sambenito, dilo, dilo –ríe burlón
LTD.- Iba a decirlo pero intentaré evitarlo... ¿Es difícil quitar esa percepción pública de lo que se espera de uno?
CI.- Yo no quiero quitármela ni loco. Los americanos se pasan toda la vida luchando por conseguir eso, yo no quiero quitármelo en la vida; el cariño y el afecto que he visto que me tienen, por ejemplo ahora que me han metido en Twitter y en Facebook, redes en las que no estaba y no entendía lo que eran, de pronto me ha sorprendido muchísimo; estamos hablando de miles de personas que se acercan de la forma más cariñosa que tienen a agradecerte la serie, los personajes, a agradecerte Un franco..., a agradecerte un montón de cosas. Chica, sin saberlo es algo que me he ido ganando a lo largo de toda una vida profesional. ¡Qué voy a querer quitármelo! Para nada.
LTD.- Lejos de ese registro cómico, las dos películas que ha rodado como director tienen un toque absolutamente áspero, dramático incluso. ¿Cómo decide involucrarse en esto de dirigir y del modo en que lo ha hecho?
CI.- Pues mira, en Un franco, 14 pesetas me impusieron la dirección. Primero el guión no convencía a nadie, en el sentido de que ningún productor de aquellos con los que estuve hablando, entendía que hiciera ninguna falta una película sobre cuando nosotros tuvimos que ser emigrantes; les parecía que era mover los trapos sucios, una cosa tremenda. Pero cuando al fin encontré a uno, me dijo: “vale, yo me meto en este proyecto si tú lo diriges; es una película muy personal, si se la doy a otro director tú vas a ser la mosca que le agobie, no le vas a dejar respirar, y encima no va a tener el alma tuya ni la de él. Así que si te metes, seguimos adelante; si no, dímelo y lo dejamos”. Fui a casa, lo consulté con mi mujer, con amigos, se lo comenté hasta a mis hijos, me acuerdo perfectamente. Al final me animaron. Yo llevaba ya tiempo intentando sacar el proyecto pero no lo había conseguido, así que al final dije que sí. Ni te imaginas el miedo espantoso que pasé la primera noche en que tomé la decisión... Pero espantoso, espantoso. Después, todo se va haciendo más sencillo. Digamos que los miedos son terribles por la noche pero, por la mañana, ya no son tan grandes. Cuando empezamos a funcionar, vi que todo lo aprendido durante tantos años en este oficio me servía, porque es básicamente lo mismo, guiarse un poco por la intuición, por lo que es lógico a la hora de contarlo y cómo. Y mucho más compartiéndolo con una persona tan generosa como Tote Trenas.
LTD.- Su director de fotografía
CI.- Sí, es un hombre que cuando yo tenía dudas sobre algo, enseguida me lo aclaraba. Por eso para mí fue un placer dirigir.
LTD.- Un nexo común entre sus dos películas, además de la experiencia humana de los personajes, su viaje vital, es que en ambos casos, se retrata la dificultad de regresar a España cuando uno ha salido fuera, ¿por qué?
CI.- Porque nosotros tenemos un país muy complicado. Siempre lo ha sido. Yo cuento sólo dos anécdotas de tantas y tantas que ha tenido este país a la hora de echar a gente fuera del territorio por distintas circunstancias: unas tremendas, otras no tanto. La inmigración económica es una circunstancia durísima pero relativa, el exilio político es infinitamente peor, aunque ha ocurrido muchísimas veces a lo largo de nuestra historia. Realmente es un país complejo, es muy difícil vivir aquí, ya ves lo que nos han durado las vacas gordas, ni una siesta; hemos pasado de ser un país rico a un país pobre, más pobre que los demás en cuestión de días; yo no entiendo muy bien la situación, al parecer ahora vamos a volver a ser emigrantes a Alemania. Es decir, que nuestra juventud más preparada se va a tener que ir al extranjero, lo que implica que al cabo de veinte años echaremos en falta esa buena gente muy preparada que hemos tenido en nuestra mano, y se ha tenido que ir, y que realmente no habrá dejado beneficios para nuestro país, sino que se los habrá dejado a una Alemania que seguirá siendo mucho más rica y más fuerte de lo que es hoy. Es un país complejo. No puedo dar ninguna solución, pero, en el momento en que sabes un poco su historia... Da que pensar..
LTD.- Es curioso porque salvo Jaime Camino y su documental Los niños de Rusia, nadie había ni atendido a este suceso ni le había otorgado ninguna importancia.
CI.- No, para nada.
LTD.- ¿Qué nos pasa con nuestra historia, por qué ese silencio?
CI.- Somos muy olvidadizos, no tenemos cariño a nuestro país ni a nuestras cosas, con lo cual la historia es algo que hicieron los viejos y no tiene ningún sentido recordarlo. A lo mejor porque a lo largo de la vida no hemos sido ciudadanos, sino vasallos, y eso da un tipo determinado de persona; es como si lo que es de todos, no fuera de nadie. Y esa historia común es sólo para los que lo han pasado mal, para ellos. No queremos nuestros hábitos, nuestras costumbres, nuestras raíces; nos parecen vulgares, nos parecen siempre más interesantes las vidas de otros; adoramos más que ningún otro país europeo el cine americano, que una y otra vez, exceptuando ocasiones puntuales, nos cuenta la misma historia.
LTD.- Sobre el cine español acerca de la Guerra Civil, hay un exceso de filmografía maniquea, cuando no directamente tendenciosa, en una primera parte de la posguerra, y otra un poco grotesca, más tardíamente. ¿Cuándo conseguiremos un enfoque más humano y más despegado del conflicto como en Ispansi?
CI.- Hombre, mi propósito estaba claro desde el principio, salía con la intención inicial de ser muy equilibrada, de distanciarme para no involucrarme personalmente, y de contar la historia a partir de la humanidad de los personajes y no de sus creencias ideológicas. Ese era el punto de partida y creo que está conseguido. No obstante, también es lógico el que haya habido una cosa y la otra. Durante la época de Franco estaba claro que en las películas los rojos eran los malos, y cuando llega la Democracia pues todo lo que no se pudo decir durante la dictadura, se empieza a decir a borbotones. Era algo lógico, aunque hacían los personajes “malos” un poco caricatura, más de lo que yo, que no he vivido el período, creo que fueron. Porque en el fondo son seres humanos. Tendrán las bajezas y las miserias que tenemos absolutamente todos, por mucho que la ideología fuerce a que un fascista o un falangista tenga una actitud determinada. No, yo no lo creo, y de hecho, lo que he comprobado a través de las entrevistas y los mensajes de Internet que me están llegando, ahora que se han enterado de que existe esta película, es la cantidad de veces en que los fascistas no se han comportado como fascistas; ni los rojos, como tales. Y eso a mí me da un placer maravilloso y enorme, pensar que se han defendido muchas vidas humanas de enemigos en los campos de batalla de Rusia. Eso me da una esperanza inmensa.
LTD.- Otro elemento común en las dos películas es la importancia que otorga a las mujeres. Me encanta, también las mujeres han sido vilipendiadas y nunca se les ha hecho justicia. Sin embargo, en sus películas son el motor de arranque de la trama. Si en la primera, la mujer se hacía con una casa y un trabajo apenas 24 horas después de llegar a Suiza, aquí la protagonista se pone el mundo por montera y se introduce en Rusia sólo por su hijo.
CI.- Lo hago de forma natural. Siempre he entendido que la mujer es un ser superior en muchos aspectos al hombre, con una fortaleza interior brutal. El hecho de parir, de engendrar una criatura dentro de su cuerpo me parece que es un milagro de la naturaleza de una dimensión tal, que todo lo que ocurra a partir de ahí tiene que ver con la vida. Ellas mueven la vida. Vosotras movéis la vida. Y para mí eso en una película me parece imprescindible. En Ispansi, el personaje que hace Esther Regina, Paula, es infinitamente más generoso que el de Álvaro, el mío. Porque Álvaro está cerrado en su propia ideología y no se puede abrir, no perdonará jamás, realmente acaba en el exilio por no haber perdonado, ni haberse perdonado a él mismo. Sin embargo ella no, ella todo lo hace por amor: seguir a su hijo, irse con sus enemigos naturales, enamorarse de un hombre por encima de la ideología. Y después de la opulencia en España, decide volver a Rusia única y exclusivamente por amor.

LTD.- Ha hablado del personaje de Álvaro y éste, en concreto, resulta un poco canalla y miserable, llegando incluso a intentar forzar a Paula, antes de que ella mencione la brillante frase: “cuando acabes, mátame”. Siendo el director y además el guionista, ¿no podría haber hecho un poco más “benigno” al personaje?
CI.- A mí los personajes me gustan cuanto más ricos mejor. Cuantas más aristas, más humanidad. Y no hablo de humanidad en mayúsculas, sino la humanidad incluso baja. Para mí es muy interesante. Lo más prosaico y las pasiones más bajas que puede tener un hombre que no ha tenido contacto con una mujer durante mucho tiempo y de repente ve a una mujer desnuda, y se encapricha directamente de ella, es lo que se muestra en la película. Cuando Álvaro se entera de que es una fascista, y que está debajo de él en ese contexto, porque están en la Unión Soviética, la va a forzar. Él aprovecha esa situación para forzarla. Aunque por esa fortaleza interior que tiene, a Paula le da igual morir en ese momento, y a Álvaro se le quitan las ganas de todo porque sería como estar con un cadáver. Por eso le dice: “da igual, si tú ya estás muerta”. Posiblemente Álvaro la hubiera forzado si ella hubiera peleado, pero no pelea, se deja. Ahí es cuando a él le da vergüenza y no lo puede soportar. Por eso se va.
LTD.- En algunas declaraciones de Regina e incluso suyas, han hablado respecto a la semejanza de Paula con Betsy Blair en Calle Mayor. Es muy revelador, realmente se parecen, aunque claro, con todo el bagaje de tener un hijo y además perderlo en plena Rusia...
CI.- Claro. Como tipo de persona, de mujer, físicamente hablando, con las connotaciones religiosas de burguesía media española, que tienen los dos personajes, sí se parecen. Cuando estaba escribiendo el personaje de Paula, siempre me acordaba de aquella actriz. Sobre todo aquel personaje, en aquella película en blanco y negro, esa España profunda de capital de provincias. Esa era la representación de Paula que yo quería. Ya conocía a Esther de Un franco... y, como no sabía si me lo iban a conseguir los productores, que al fin y al cabo lo que quieren son caras conocidas para vender mejor el producto, algo normal y humano, nunca le dije nada. Casualmente, ella leyó el guión, y vino a mí y me dijo: “Carlos, yo soy este personaje”. Entonces ya no pude más que confesarle: “sí, yo también he pensado que eres tú, pero no quería hacerte ilusiones”. Al final, bueno -dice mientras comienza a reírse burlonamente-, pues tuvimos un lío, nos hemos liado y le dije “el personaje es tuyo”.
LTD.- ¡Anda ya! –yo también río, es difícil sustraerse del buen humor de Carlos Iglesias-.
Esther Regina.- ¡Como nos oiga mi marido y tu señora! –apunta de soslayo pero entre risas cómplices-.
CI.- Eso sí, me dijo al final “cuando termines, mátame” –ríe mucho más-. Me pidió que acabara con ella, porque es muy suya –de nuevo todos reímos-. Ahora bien, me dijo: “no lo dejes a medias”, en eso estuvimos de acuerdo...
E.R.- Hombre, ya puestos, que llegue al final –volvemos a reírnos, resulta extraordinaria la capacidad de Carlos Iglesias para suscitar carcajadas-.

LTD.- Ha comentado que para su siguiente película, cerrará el círculo de Un franco, 14 pesetas e Ispansi, eso sí, tipo comedia; no sé si lo sabe pero Amenábar, cuando terminó Mar adentro, anunció una comedia. Y ahí está Ágora...
CI.- Ah bueno, es que lo que vaya a salir... –sigue con el mismo tono jovial-. Hombre, una cosa es la voluntad de hacer un determinado proyecto en un momento dado, pero a lo mejor se cruza otro más interesante, o que en ese momento está para uno, Pero si se puede, lo haré. Como me parece un milagro cada una de las películas; como cuesta tanto, tantísima energía, tantísimo esfuerzo de tantísima gente, me parece un prodigio. Me gustaría que Ispansi hiciera un mínimo de taquilla aceptable, para que así pueda haber una tercera.
LTD.- Hará taquilla, ya verá.
CI.- ¿Me lo prometes?
LTD.- Sí, lo prometo.
CI.- Esther pásame un papelito para que me lo firme... –ríe-. Si hay un productor que confíe en mí, lo haremos. Lo que sí me he prometido que no volvería a hacer, y eso lo tengo muy claro, es ser coproductor. No puedo abarcar la parte artística y la parte más prosaica del proyecto, no tengo esa capacidad. No tengo esa fuerza para volver a pasar otros cuatro años tirando del carro.
LTD.- Pues si ser guionista y director, es ser un dios; ser guionista, realizador y coproductor, será ya el no va más...
CI.- Sí, pero es que tampoco he encontrado productores que vean mis proyectos y los levanten ellos. Por eso tienes que hacer las veces de todos los trabajos porque ¿quién tiene más ilusión que tú? Nadie, porque tú has parido la idea. Ante ese hecho, si se la das a una persona que lo mismo le da hacer ésta, que hacer esa otra, pues va a hacer la que antes salga. Y a lo mejor no coincide que sea la tuya. Pero si tú estás en el proyecto, eres el único que va a poner toda la energía en ello. No sé, habrá directores que tengan más suerte. Es insufrible que sean cuatro años de lucha por cada proyecto. Es muchísimo. Para la edad que yo tengo, el próximo me tocaría con ochenta y...
LTD.- Venga ya...
CI.- Que no... Que tengo veintiséis –vuelve a reír de manera guasona-. Lo que pasa es que el aire, la nieve y la barba envejecen mucho, pero es mentira –reímos los tres-.
LTD.- De todos modos, cuatro años suele ser la media para sacar adelante un proyecto cinematográfico en nuestro país.
CI.- Pero no de todos. Hay quien ha estrenado y al mismo tiempo se ha puesto a rodar, ¿qué hacen? ¿Lo han estado preparando mientras? –continúa riendo con un tono que resulta imposible eludir-. Claro, porque cómo puede ser posible comenzar a rodar otra película en el mismo momento de ponerse a estrenar. Y en el extranjero ya ni te cuento. Mira Clint Eastwood, ¿cuántas saca?
ER.- Una por temporada prácticamente.
CI.- ¡Una por temporada! Y Woody Allen... Pues igual. Esos qué pasa, pues que tienen una infraestructura que va configurando la siguiente película mientras van rodando. Pero yo soy yo, mi mujer y el ordenador, a ver si me entiendes –comienza a reírse nuevamente-.
LTD.- Y como actor, ¿hay algún proyecto en el horizonte para volver a interpretar?
CI.- Sí, ahora mismo, el lunes empiezo Los muertos no se tocan, nene, de José Luis García Sánchez.
LTD.- Escrito por Azcona
CI.- ¡Si es que es más lista que el hambre! –ríe de nuevo, para ponerse muy serio hablando del histórico guionista-. Para mí era un genio.
LTD.- ¡Se quejará de guión! Van en la misma fila Azcona y usted.
CI.- Esta chica es maja, ¡cuando quiera que me vuelva a entrevistar! –seguimos riendo-. Pues sí, empezamos a rodar el lunes en Logroño.
LTD.- Pues muchísima suerte y muchísimas gracias
CI.- Gracias a ti.

LA FORTUNA DEL CARTOMANTE: ENTREVISTA A ANTONIO DE LA TORRE
Lucía Tello Díaz
Quienes entienden de cartomancia suscriben que La Torre, el decimosexto arcano de la baraja, es un pésimo agüero. Lo dicen así, sin contemplaciones ni miramientos: La Torre da mal fario sin indulgencia. Pese a ello, de lo que estos augures no se percataron, es que bajo el auspicio de este apellido, de la Torre, iba a emerger un intérprete capaz de romper con las creencias más ancestrales, tarot y ritos atávicos incluidos. Porque Antonio de la Torre es así, herético por principio, un actor capaz de brotar de entre las nebulosas de los papeles secundarios y ganarse a pulso un puesto entre lo mejor de nuestro estrellato, laureles y vítores inclusive.
Cuando hace su aparición durante el preestreno del filme Dispongo de barcos, con él llega la fosforescencia. Dinámico, saltimbanqui, inquieto, mirándole se puede llegar a la extenuación. Antonio de la Torre está exultante, pletórico, tal vez porque en poco tiempo, cinco días, sabrá si ha ganado su segundo Goya, esta vez a Mejor Intérprete Masculino. Con ese superávit energético se muestra durante horas, más de tres contabilizo, sin comprender exactamente cómo puede manifestarse tan generoso con la prensa y sus reiterados requerimientos. El cansancio no le hace mella, no le afecta. Cuando al fin llega a mí tras decenas de idas y venidas, pronuncia un doloroso “¡qué calor hace aquí!” que le devuelve la corporeidad. Antonio de la Torre es humano. Tras dar un sorbo a un improvisado refresco, descubro que se trata del trago más eficaz jamás observado: vuelve a estar extraordinariamente activo y energético. Definitivamente no, no es humano.
Me contempla con sus ojos azul sincero, profundo, casi palpable, y se ríe mientras tanto. Mirarle a los ojos tiene algo de sinestésico, se perciben más allá de la mera visibilidad, es casi táctil. Su encanto honesto, campechano y atractivo resulta tan subyugante, que se presenta complicado distraerse de tanto fervor y cariño. Lo tiene por sus películas, a las cuales mima y adora; lo tiene ante la prensa, con esa paciencia bíblica y su esplendidez ilimitada; y lo tiene conmigo, desinhibiéndose mientras habla con ese acento andaluz que ata bien corto en público y que emerge cuando hay confianza. Tras una larga mañana compartida confieso que es un lujo comprobar que en ocasiones, el mal augurio también puede ser trasmutado en suerte, la suerte de quien ha conseguido hacer de la Torre, su buena estrella.

Lucía Tello Díaz.- ¿De usted o de tú, cómo prefiere que le llamen?
Antonio de la Torre.- De tú por favor, siempre de tú.
Lucía Tello Díaz.- ¿Cómo le llega a un periodista la vocación de actor?
AT.- Todo está muy mezclado... ¿Te puedo dar una respuesta larga?
LTD.- Sí, por favor
AT.- Empecé con un picoteo durante la infancia. Recuerdo que en séptimo de EGB apareció un profesor en clase para que representásemos una pieza de teatro, una obra de gran calado literario que se llamaba Las aventuras de Pituchín y Pituchina en China –ríe guasón-, y yo hice de Pituchín, obviamente me veían en un solo registro. Lo recuerdo como algo muy divertido; yo era un tipo bastante tímido, tenía siempre una mezcla entre querer figurar pero no atreverme, y de repente encontré un espacio, me di cuenta de que actuar me encantaba, salía a interpretar mis escenas con la chica de clase que me gustaba, y hacía cosas que no me atrevía a hacer en otros ámbitos. No sé, vi que aquello me ayudaba a crecer de alguna manera. Luego hice algo de teatro infantil, pero nada, sólo picoteo. Cuando tenía quince años empecé a imitar voces, imitaba muy bien a José María García, y hacía retransmisiones y esas cosas. Pero me encaminé un poco hacia el periodismo. Yo primero quería ser periodista deportivo, luego me vine a la Complutense a estudiar, porque entonces en Málaga, de donde yo soy, no había facultad de Periodismo.
LTD.- Es cierto, todos tenían que estudiar aquí, incluso hoy en día pasa en muchas ciudades
AT.- Imagina en mi época... La época de la gente a la que hay que tratar de usted...
LTD.- Anda ya... –sigue hablando como si no me hubiera escuchado, aunque comienza a reír de manera burlona.
AT.- Estudiando Periodismo conocí a Alberto San Juan, y los dos nos divertíamos imaginando lo genial que sería convertirnos en actores. Mientras tanto hacía prácticas y en cuarto comencé a trabajar en Canal Sur; de hecho quinto ya lo hice a distancia. En la época de la Expo92 trabajé en un programa de humor de Canal Sur con muchas imitaciones y llamadas por teléfono de ésas que ahora se hacen mucho, de broma, intentando mantenerte firme en tu personaje... Entonces Alberto me propuso volverme a Madrid a estudiar interpretación en la escuela de Cristina Rota. Y acepté.
LTD.- Y ahí empezó todo...
AT.- Ahí empecé. Tuve la suerte de que en aquel verano del 93 me salió una serie, la de Lleno por favor. Pero no dejaba de trabajar como periodista. Como mis padres no estaban, me tenía que buscar las habichuelas. Yo tiraba del periodismo como fuente de ingresos, porque ya llevaba un recorrido, y me sentía más seguro como periodista que como actor. Cuando al final de los noventa no me salía ningún trabajo, lo dejé todo y me fui a Sevilla a trabajar de presentador en Canal Sur. Entonces empecé a presentar los Deportes, pero iba haciendo bolos en lo que me salía, con mucho AVE de por medio. Luego me salió Padre coraje y más tarde Azuloscurocasinegro, que fue la película que me cambió la carrera. A raíz de entonces, cogí una excedencia en la televisión, hace ya cuatro años, y aquí estoy. Esa es mi vida un poco resumida.

LTD.- Me resulta impactante un hecho que a nadie le ha pasado desapercibido. De repente, en los últimos años, apareces sistemáticamente en todos los títulos españoles importantes, ¿cómo llevas ese cambio brutal desde el anonimato al trabajo ininterrumpido?
AT.- No soy consciente de ello. No me paro mucho a pensarlo, tengo la sensación de que no me conoce nadie. No sé, quizá es una película que me monto yo para hacerme el despistado... Bueno, a ver, no me he caído del alto de una higuera, a veces noto que la gente me mira, y otros me preguntan “¿Oye, eres Antonio de la Torre?”, pero yo no me siento conocido, te lo digo de corazón. No voy por la calle y me entra la gente, a lo mejor alguna vez. También lo quiero ver así porque esto me lleva a algo que te voy a decir ahora, el que sería mi sueño, aunque entiendo que es muy difícil porque es una paradoja. Me gustaría ser muy reconocido por mi trabajo, y muy poco conocido por la calle. Pero es una contradicción porque evidentemente, tienes tú razón, cuando más reconocido soy por mi trabajo, es porque salgo en más películas. Pero bueno, estoy súper agradecido con todo lo que me ha pasado y estoy viviendo.
LTD.- Esta película que ahora presentas, Dispongo de barcos, nació de un sketch que hiciste con Juan Cavestany hace tiempo, ¿por qué llevarlo ahora al largometraje?
AT.- En esta época paralela, cuando me vengo a Madrid con Alberto, empezamos a hacer cosas, aparte de las clases, sobre todo scketches. Había uno de Juan que iba de cuatro tipos planeando un atraco absurdo e imposible. Esto lo hicimos en algún bar, en el Orán o en el Sol. Más tarde, cuando me di cuenta de lo difícil que era este oficio, vi que la única manera de conseguir trabajo sería autocontratarme. Fue entonces cuando pensé que si algún día iba a producir algo, sería aquel corto, porque era sólo de cuatro tipos en un mismo decorado. Pasado el tiempo se lo dije a Juan, y contamos también con David Serrano, que removió el proyecto y, entre David y Juan, se hizo el corto en un fin de semana. Juan lo reescribió, añadió ciertas secuencias de qué estaban haciendo los cuatro en el momento del atraco y lo hicimos. El corto se llama El último golpe, lo puedes ver porque está colgado. Verás que es bastante parecido a Dispongo de barcos. Yo lo kinescopé, que fue mi aportación como productor; pedimos una subvención y nos la dieron, llevamos algunos premios y tuvo una difusión bastante buena, incluso recuperamos y ganamos algo de dinero, muy poquito, pero algo ganamos.
LTD.- Qué buena manera de empezar...
AT.- Eso de alguna manera dio fuerzas para realizar un largometraje con la historia de estos cuatro personajes; yo le iba animando pero llegó un momento en que uno quería seguir con el corto y otro quería meterse en el largo. Pero bueno, de alguna manera existía una fuerza que nos empujaba en la misma dirección porque, había algo que era indudable: si el corto funcionaba, el largo también podía funcionar. En definitiva, iban a ser los mismos personajes, por lo que había un tronco común, si al público le gustaba el corto, también le gustaría el largo. No sé, es como si dices: “si le gusta las manzanas, también le gustarán las peras”... No sé si es muy buen ejemplo éste que he puesto...
LTD.- Sí, es una analogía que se entiende bien
AT.- Bueno, quizá es mejor: “si les gusta los melocotones, también le gustarán los albaricoques”, ¿no crees?
LTD.- Mucho mejor, dónde va a parar... –ambos reímos-. Esta cinta tiene muy poco que ver con tus otros trabajos. Habiendo actuado bajo las órdenes de Almodóvar, de Saura, de Álex de la Iglesia, de los grandes, ¿cómo se conjuga al mismo tiempo el rodaje de un largo tan modesto como Dispongo de barcos?
AT.- Afortunadamente, en este caso coincide que Juan y yo somos amigos desde hace casi veinte años. También casi coetáneo es Roberto, Andrés y Diego [compañeros de reparto de la película], hay una cierta complicidad y eso se nota un poco en la manera de trabajar, hay un caldo de cultivo. Juan sabe que no le íbamos a preguntar por qué nuestros personajes hacen esto u aquello, algo que yo me pregunto mucho; pero no en este proyecto, no con Juan, porque ya sabía cómo quería la película, hay unas claves previas que están fijadas, y eso me facilitaba mucho el trabajo y poder simultanearlo con otros rodajes. Nosotros nos reuníamos y lo rodábamos, totalmente kamikazes: quedábamos, lo hacíamos y nos íbamos.
LTD.- Me imagino que será una forma de abordar un rodaje totalmente diferente
AT.- Sí, exacto, completamente distinta

LTD.- Sólo quedan unos días para los Goya, y podría preguntarte qué director o qué película crees que va a llevarse el premio pero... Quiero comprometerte, ¿quién crees que se llevará el Goya al Mejor Actor?
AT.- Bueno.... –se queda inmóvil meditando, no sabe qué contestar-. No lo sé... Es que me da un poco de palo decantarme... Yo veo un poco favorito a Javier Bardem. Pero no quiero largarle el muerto de ponerlo de favorito, porque a ver si luego resulta que sale Luis (Tosar), sale Ryan (Reynolds), o salgo yo –ríe jocoso-, así que bueno, yo lo veo difícil para mí. Es que está Javier, pero también está Luis, o Ryan Reynolds que se come la película él solo.
LTD.- Pues yo a Ryan Reynolds no lo veo ganador
AT.- ¿No?... Quizá por el tema de hablar en inglés...
LTD.- Veo una situación similar a la que pasó Nicole Kidman cuando estuvo nominada por Los otros, que al final no se hizo con el Goya...
AT.- Es verdad, tienes razón... –cavila antes de reiniciar su argumentación-, pero mira a Benicio del Toro, ganó el Goya, aunque es cierto, hizo un papel en castellano...
LTD.- Claro, en el matiz está la diferencia...
AT.- Puede ser, puede ser... Pero bueno, ¡Javier también está nominado a los Oscar! Pero en fin, que tampoco quiero señalarle con el dedo. Mira, yo me sitúo como no-favorito, aunque en ningún sitio en concreto... –sonríe aliviado-.
LTD.- Me parece bien. Pues espero volver a entrevistarte cuando te hayas ganado el segundo Goya, así que hasta la semana que viene, el lunes sin falta nos vemos
AT.- ¡Perfecto! –de nuevo ofrece su sonrisa más honesta-. Es más, el mismo domingo, aunque acabase la celebración a las cinco de la mañana, si gano te concedo la entrevista en ese mismo momento –ríe jovial mientras me regala dos besos-, aunque esté hecho polvo y no me mantenga ni en pie, yo te llamo y me entrevistas.
LTD.- Queda dicho..

DE ROMPER MOLDES Y OTROS CISMAS: ENTREVISTA A JUAN CAVESTANY
Lucía Tello Díaz
Juan Cavestany dispone de barcos, y eso marca la diferencia. Lo hace porque acaba de presentar una película cismática, dadaísta incluso, que hubiera hechizado al propio Tristan Tzara. Dispongo de barcos entronca con lo más surrealista de nuestro acerbo cultural, tiene mucho de Buñuel, de Gonzalo Suárez y de Dalí. Pero también está canteado por el otro lado del Atlántico, por las imborrables huellas de Lynch y su Inland Empire. En ella encontramos conexión e incoherencia; tragedia y diversión. Pura singularidad. También singular es el propio Cavestany quien, a pesar de la prensa, de las peticiones, de los flashes y de la expectación, se muestra muy tranquilo, contracorriente del mundo y de su ritmo. Se sienta de forma delicada y es cordial, mucho, tanto que roza la timidez. Hay algo en él esquivo, inseguro, como si no fuera consciente de que su currículo como guionista y director ya ha demostrado mucho acerca de su competencia. Ha firmado el libreto de Guerreros, Los lobos de Washington y Salir pitando; y bajo su dirección ha convertido a Santiago Segura, satánico y de Carabanchel, en un posh en toda regla para El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo. Pero Cavestany todavía no se lo cree, y quizá eso sea lo mejor que entrega de sí mismo.
Se acerca pausado, sencillo, perfilando su mentón con esas manos inquietas con las que ya no dejará de protegerse durante toda la entrevista: una sobre otra; otra sobre una. Mira de soslayo mi cuaderno, los asientos y la grabadora. Sigo el rastro de su mirada y, cuando se percata de ello, interrumpe su inspección. Al rato reinicia su reconocimiento, no puede desligarse de esa necesidad innata y perentoria de observar, de descubrir y de explorar. No tiene prisa y yo tampoco. Argumenta y reflexiona; reflexiona y argumenta. Pura dialéctica. Mientras habla se muestra atento e indagador, carácter que, entiendo finalmente, se trasluce en el cine que realiza, un cine que, como él mismo, posee ese aspecto rompedor que lo hace tan subversivo: la capacidad de sorprender y sorprenderse del mundo. Y esto, existiendo tanta Gente de mala calidad, es todo un reto.

Lucía Tello Díaz.- En el equipo de Dispongo de barcos, son varios los periodistas, ¿qué tiene el cine y el periodismo que parece que uno deriva del otro?
Juan Cavestany.- En mi caso el nexo común es la observación, la verdad es que mi carrera de periodista es relativamente corta, porque yo soy politólogo, estudié Ciencias Políticas, y luego me dediqué al periodismo seis o siete años, y siempre me gustaba escribir, contar. Otro de los nexos en común es la escritura, antes que director soy guionista, en realidad soy más guionista que director. Así que entre la observación y la escritura, en un momento de mi vida todo se fundió: escribía como periodista, también escribía teatro y guiones de cine, y así al final dejé el periodismo porque no me apetecía seguir. Me produjeron una película y por ahí seguí.
LTD.- Como guionista, no se mantendrá al margen del mito, casi leyenda urbana, de que los guiones en nuestro país son de pésima calidad, a pesar de que tenemos una gran cantera de guionistas
JC.- No sé a qué se debe esta idea, en serio. Con nuestro cine pasa algo que no sucede en otros ámbitos, y es que es un arte que la gente vive de una manera muy intensa. Es un arte que ha definido el siglo XX y que ha marcado nuestra forma de ser, y por ello hay una conexión con el cine muy especial; eso lleva a que la gente opine muchísimo sobre él; en la prensa también. No hay artículos sobre el cine con objetividad, todos están cargados de opinión, de recomendaciones sobre cómo debería de ser y cómo no. Es increíble. Es parecido al periodismo deportivo, en lo que todo es opinión y en todo emerge la valoración. Es cierto que la prensa no es puramente objetiva, pero en política es un poco menos subjetiva. Con el cine pasa lo mismo. Sólo hay que ver las informaciones que van publicándose periódicamente: que si la Academia, la crispación. Por ello creo que la idea preconcebida de los guionistas responde a este hecho. Todo el mundo siente el cine como algo propio y piensa que debería ser de otra forma. Todos creen tener la clave.
LTD.- Y todo ello pese a que nuestro cine tiene una calidad notable
JC.- Yo creo que nuestro cine es una industria muy pequeña, pero objetivamente, para lo pequeña que es, posee una calidad alta. Además ha dado, y sigue dando, nombres y películas importantes a nivel mundial. Este éxito me parece un hecho por el que congratularse. Con la pequeña dimensión y tradición que tiene nuestra industria, la repercusión que ha alcanzado es grande. No me voy a poner a dar nombres, pero todo el mundo conoce a nuestras figuras.
LTD.- Por supuesto.
JC.- Por lo tanto, hay talento en nuestro cine. Hay directores, hay guionistas, hay muchos actores, a nivel técnico ni te cuento... Pero pasa algo, no se acaba de llegar al público masivamente, los guiones es una de las claves. Sí creo que en España hay muy buenos guionistas, pero los productores no creen en los guiones, creen en doce millones de euros en taquilla; hay muy pocos productores que sepan cómo se hace un guión, cómo se desarrolla, lo que implica, cómo es el proceso de trabajo. Los productores quieren un éxito. Pero eso es muy fácil, todos lo quieren. Por eso en el guión no se invierte, y no lo digo como queja gremial, es que no se tiende a invertir y es el comienzo de la cadena de la producción del cine, es el primer eslabón y está totalmente abandonado. A nadie le importa. Es muy difícil que un guionista sobreviva con su propio convencimiento y su propia fuerza de voluntad. Luego cuando ya se lleva al cine surgen otros problemas, pero ya está puesta en marcha la maquinaria, y ya hay unos usos, unos tiempos. El cámara sabe qué escenas va a grabar y cuánto tiempo. El guionista puede estar dos años y luego la película no prospera. En fin. Las cuitas del mundo del guión.
LTD.- ¿Y en relación con esta película?
JC.- En relación con esta Dispongo de barcos yo quería escribir un guión que se tradujera instantánea y directamente en una película, ver en imágenes lo que me estaba imaginando, sin que intermediara un productor con comentarios y limitaciones, o un equipo muy grande. Tampoco es un acto rebelde, sino un espíritu libre de experimentar, de saber qué sucede si se hace algo así.
LTD.- Personalmente qué prefieres, ¿ser sólo director, ser sólo guionista, o ser director de una película que tú también has escrito?
JC.- A mí me gustaría ser sólo guionista, poder dedicarme únicamente a escribir y tener una regularidad, y que fuera un trabajo al que uno se pueda dedicar normalmente. Soy director porque lo otro es imposible. Además me sorprendió mucho que me gustaba mucho dirigir, aunque son trabajos muy opuestos: el guionista está solo en su casa, y el director está fuera, rodando con un equipo. Me gustan las dos cosas un poco por accidente.
LTD.- ¿Volvería al cine más convencional, o prefiere seguir ahondando en este tipo de cine no revolucionario, pero sí “escindido”?
JC.- No sé, ¿“usted” qué opina? –ríe con gracejo-.
LTD.- ¡Lo siento! –me apresuro a rectificar-... Retomo la pregunta, ¿qué prefieres, seguir en esta vía o volver al cine más comercial?
JC.- Me apetecerían las dos cosas, tengo ideas para hacer más películas del estilo de Dispongo de barcos, y las haría mañana. Lo que pasa es que terminar un proyecto así es complicado, porque ahora sólo estamos sacando las anécdotas y las gracias. Pero la realidad es que hacer esto cuesta mucho. Puede que no haya costado mucho dinero, pero ha costado mucha energía, muchos favores, mucho desgaste. Eso es duro. Por eso me gustaría hacer este tipo de película pero más eficiente, es decir, hacer más en menos tiempo; pero que también me siguieran llamando para hacer encargos y poder vivir de ello, porque de Dispongo de barcos ni vamos a sacar dinero, ni la hicimos para sacarlo. Me gustaría poder hacer las dos cosas.
LTD.- Admiro lo que ha hecho enormemente. Cualquier persona que se haya puesto detrás de una cámara, aunque sea una handycam, me comprenderá. Llevar a cabo una película durante más de un año, con el proyecto en la cabeza día y noche sin poder sustraerte de él, debe ser de un agotamiento descomunal
JC.- Sí. Yo la he podido hacer gracias a que los actores se han lanzado a tope a ello. Antonio [de la Torre], ha estado toda la película, pero hay actores que sólo han estado cuatro días. Y efectivamente, aunque yo he hecho otros trabajos paralelamente, he tenido la película en la cabeza de manera constante; he trabajado por las noches en general por el montaje, el montaje de sonido. Porque claro, la gente trabaja, y uno te dice “yo puedo quedar a tal hora”, y otro “yo puedo a las ocho de la noche”, y claro, tocaba trabajar de ocho de la tarde a ocho de la mañana. Y tenía que hacerlo, naturalmente. Ha sido muy sacrificado. No lo cuento porque a la gente en realidad no le importa lo que te hayas tenido que tragar. La gente quiere valorar la película por lo que es, te lo cuento a ti porque me lo has preguntado, si no, no lo diría, aunque el hecho de que la película se haya hecho a trozos y sin dinero, es evidentemente mi problema. El espectador va al cine para pasarlo bien y no le importa lo que hay detrás.
LTD.- Cuando leí en el pressbook que estaba hecha a ratos, inmediatamente pensé en la labor de mantenimiento de quien ha de dirigir a todo el equipo
JC.- Claro, era necesario coordinar y motivar a la gente, convenciéndoles de que iba a merecer la pena. Por lo general, la gente que ha trabajado lo ha hecho de muy buena gana y muy motivada, no he tenido que pelearme ni nada de eso –sonríe-.
LTD.- Lo que le faltaba ya al director... Y ¿cómo convenciste a Antonio?
JC.- ¡Antonio me convenció a mí! Toda esta historia empieza hace casi diez años. Yo escribí un sketch para Animalario, cuando todavía no estaba consolidada como compañía. El sketch se correspondía con la escena de Dispongo de barcos en la que planean el atraco. Como te digo, lo hacían en teatro Alberto San Juan y Antonio hace como diez años o más. Decidimos hacerlo cortometraje con los mismos actores que están ahora en la película, hace como siete años, y de ese corto Antonio y yo periódicamente tirábamos el uno del otro, para hacer un largo. Al final se puede decir que nos convencimos mutuamente. No es que yo hiciera un guión y se lo pasara a Antonio, es que él está desde la gestación. Nos conocemos desde hace muchos años y está en el proyecto desde el principio. Además, no era famoso cuando empezó todo esto. Quizá ahora no querría hacerlo –ríe de nuevo-.

EL ÚLTIMO EMPERADOR: ENTREVISTA A FERZAN ÖZPETEK
Lucía Tello Díaz
Conocer a Ferzan Özpetek era algo kármico, premonitorio, casi una asignatura pendiente. Lo era desde que hace algunos años, en verdad muchos, descubriera en la pluma de Terenci Moix las virtudes de este realizador ítalo-turco, sugerente, provocador y de aspecto bonachón; de trato cordial y cine aguzado. No hay nada en su obra que no hable de él, de esas manos que tanto agita mientras conversa, o de su mirada centrada, golosa, que examina con esa glotonería infantil que sólo exhibimos cuando nadie nos observa. Pero Özpetek no se esconde, no huye. Habla con claridad; con todo el cuerpo, de hecho. Enarquea las cejas, estira los párpados y sonríe con energía, para más tarde agacharse, encogerse hasta de pronto desaparecer entre las verdades de su razonamiento. Así me refiere su vida, la vida a través de su obra, claro está; la que nos ha dejado observar como voyeurs de un hombre excepcionalmente cordial que ha contribuido con su honestidad a revitalizar el cine italiano, cine que, cuan imperio romano, ha pasado por épocas mejores. Sin duda Özpetek representa ese vestigio de brillantez que siempre ha tenido y tendrá el cinema del país latino, que se consagrara con autores como De Sicca, Rosselinni, Fellini o Antonioni. A estos césares evoco cuando el reloj marca las doce de la mañana y encuentro a Özpetek en uno de los salones del hotel Santo Mauro, un enclave inmejorable para dialogar sobre su cine: tan romántico como Italia, tan aristocrático como la familia de Mine Vaganti, y tan chispeante como el ánimo de Özpetek. El realizador se sienta ante mí en un sofá con vocación de chaise longue a mengua. Desde mi sillón veo la inmaculada camisa blanca del director, oculta tras una chaqueta Príncipe de Gales en total comunión con sus deportivas castañas. Clásico y atrevido, como su cine. Tras él, un ventanal con vistas a otro siglo, al Madrid de Edgar Neville. Por delante, una mañana de conversación al más placentero nivel. Notable diálogo para un sobresaliente orador. Ferzan Özpetek: cuestión de karma, asignatura aprobada.

Lucía Tello Díaz.- Si algo define a su cine es esa vocación urbanita, casi capitalina, de los espacios y las situaciones. Sin embargo en esta ocasión, con Tengo algo que deciros se traslada a Lecce, una pequeña población, ¿a qué se debe ese cambio?
Ferzan Özpetek.- Sí, es cierto, es la primera vez que me alejo de Roma, pero ha sido muy útil y muy hermoso. Quería cambiar, quería un lugar soleado, donde se comiera bien, con un ambiente magnífico. Y ya sabe lo que dice un periodista turco: “antes de morir uno debería visitar Lecce”.
LTD.- A pesar de ese cambio formal, lo cierto es que sigue abordando temas comunes en su filmografía, como la traición, la insatisfacción de las personas dentro de su familia, de su ambiente, ¿qué le atrae de ese malestar, de esa necesidad de salir fuera?
F.O.- Esta es la primera película en la que expongo la situación de la familia tradicional, ya en El hada ignorante trataba la situación de una familia, y todo lo que sucedía dentro de ella, pero en sentido más amplio. Mine Vaganti es la primera ocasión en que abordo esta temática en sentido más restringido. También es cierto que con este cambio me he divertido muchísimo, ha sido un recreo rodarla. Por otro lado, en este caso he podido aprovechar mi experiencia personal en el seno de mi propia familia, por ejemplo mis tres tías, que en la película ha encarnado una sola mujer, Sofia Ricci; incluso el personaje del padre, no sólo respecto a la relación que yo tenía con él, sino que hasta físicamente el actor que lo interpretaba, Ennio Fantastichini, se iba pareciendo más y más a mi propio padre. Son muchos elementos comunes que me han divertido muchísimo.
LTD.- En su cine llama poderosísimamente la atención el cuidado por la fotografía y la dirección artística. Sin duda habla de un director con un gusto estético excepcional. ¿Por qué le da tanta importancia a ese elemento visual?
F.O.- Muchísimas gracias. Es cierto que me gusta mucho la fotografía, es un complemento magnífico. Por ejemplo, en esta película en particular hemos llegado a construir un solo espacio rodando en tres casas distintas, porque la original quedaba muy limitada, sobre todo para un rodaje. Para los salones o la escena del comedor, empleamos una casa fuera de la ciudad, gracias a una inmensa cantidad de documentación que nos guiaba para conseguir que tuviera una decoración similar a la original de Lecce. Además hemos trabajado enormemente en los detalles, para que pareciera una casa del sur primero, y los elementos secundarios después, desde los platos, las telas, los cubiertos, los vasos, todo tenía que resultar auténtico. Me gusta mucho el hecho de que el director de fotografía haya realizado un trabajo fotográfico que reproducía perfectamente la pintura y a los pintores del sur, de Lecce.
LTD.- Redundando en la idea de elementos comunes en su filmografía, en Tengo algo que deciros volvemos a encontrarnos la temática gay como aspecto fundamental. No obstante, la forma que tiene de abordar este aspecto es muy natural, orgánica, muy elegante, sin caer en el estereotipo manido, casi histriónico de otras producciones...
F.O.- Bueno, reconozco que también hay un momento estereotipado en la película, que es cuando aparecen los tres amigos de Tommaso, pero es verdad que me gustó muchísimo, sobre todo porque coincidía con un momento en que en Italia se estaban registrando casos de homofobia muy duros y preocupantes. Quería demostrar que las personas son personas, que la homosexualidad existe y que la gente se divierte también de este modo. Pero es verdad que, en general, me gusta citar o incluir en mi cine esta temática aunque no como algo extraño: yo sólo hablo de la vida, de la gente y del mundo que yo conozco. Y en esta película está todo.
LTD.- En Tengo algo que deciros vemos algunas caras conocidas de su cine, como Nicole Grimaudo o Ennio Fantastichini, ¿cómo se decidió por el elenco, especialmente por Ricardo Scamarcio?
F.O.- Con Ricardo Scamarcio lo tuvimos claro, es de la zona y tiene el acento adecuado, además hicimos un cásting para elegir los acentos. En verdad yo nunca hago pruebas, tan sólo me reúno con los actores, hablo con ellos y funciono más por sensaciones. Es cierto que en el cásting he elegido a grandes actores, en realidad hemos tenido mucha suerte. Tanto la abuela como el padre son actores que han obtenido muchísimos premios, ha sido un auténtico deleite trabajar con ellos.

LTD.- Es un director que ha obtenido una gran popularidad tanto dentro como fuera de su país. Incluso llevándolo al extremo, podemos citar a Madonna dentro de sus incondicionales fans...
F.O.- Madonna... Sí –dice ruborizado, entre risas nerviosas-.
LTD.- Sí, la de Madonna es una imagen que en sí engloba mucha significación
F.O.- Sí, sí –repite en voz muy baja, sin mirarme a los ojos, casi con sonrojo infantil-.
LTD.- Con la perspectiva que le han dado los años, ¿se imaginaba al inicio de su carrera un reconocimiento internacional semejante?
F.O.- ¡No! –dice con tono serio, pero manteniendo la facción aniñada-, además en la mayor parte de mis películas los temas son de lo más lejanos, pero ésta es una película con un tema que ha tenido muy buena acogida en distintos países, en Francia, en Alemania, en Austria, esta última semana en Inglaterra. Pero incluso cuando uno va cambiando de película en película, nunca se espera que las cosas vayan de este modo. Considero que el éxito es igual que la suerte, es cuestión de la fortuna que llegue o no, es una coincidencia, nada importante.
LTD.- Pero su éxito es semejante a pesar de los cambios producidos en su cine a lo largo del tiempo. Por ejemplo los géneros, nunca se define por uno en particular y es muy dado a las hibridaciones, a las mezclas. De cara al futuro, y sin saber si tiene planeada ya la siguiente película, ¿hacia dónde va a dirigir su estilo, hacia la comedia o más hacia el drama nuevamente?
F.O.- La verdad es que me gustaría mantenerme en la línea de esta película, una comedia dramática por así decirlo, con tintes dramáticos, porque es el modo más similar a la vida. En nuestro día a día encontramos situaciones dramáticas con momentos más cómicos. En el cine todo depende de cómo sea observada la película, depende del espectador. En este caso es bastante unánime porque casi todos han salido del cine con la misma sensación, a pesar de ser públicos distintos, como el del Tribeca Film Festival, el de Francia, el de Alemania o el de Italia...
LTD.- Pues muchas gracias, señor Özpetek, y mucha suerte con Mine Vaganti
F.O.- Muchísimas gracias a ti por esta bella entrevista, y que sea verdad eso de “todos al cine”... Esperemos que sí.

DE "SAINT JEAN" A "SANTIAGO", CON LA VENIA DE LA PRESIDENCIA:
ENTREVISTA CON EMILIO ESTÉVEZ Y MARTIN SHEEN
Lucía Tello Díaz
Son las tres de la tarde. Estamos en Madrid. Hace más de dos horas que la rueda de prensa de The Way, el nuevo y esperado filme de Emilio Estévez, ha llegado a su fin. Pese a ello, sigo en el mismo hotel, esperando mi turno de entrevista. El encuentro se demorará aún más: una, dos, hasta tres horas espero la oportunidad de poder acceder al protagonista y al realizador, acariciando la idea de que una baja de última hora deje un hueco vacante en el que poder realizar un adelantamiento poco reglado. Es muy tarde para dejar el hotel y regresar al trabajo; es muy pronto para darme por vencida. En mi concentración, casi letargo, resuena una voz con tono risueño: “A dondequiera que vamos hoy, nos encontramos”, me confiesa Martin Sheen radiante en uno de los enmoquetados pasillos del Hotel Ritz. “Lo sé, señor Sheen” le declaro contrariada: “sinceramente no sé cómo explicar esta reiterada coincidencia”. Sin duda ambos hemos reparado en la presencia del otro cuando, atendiendo a los compromisos, nos hemos visto obligados a deambular a lo largo y ancho del prestigioso hotel. Las casualidades repetidas acaban por diluir toda formalidad: “¿Eres americana?”, me pregunta con cautela en el pequeño descansillo, al lado de la escalera que lleva al vestíbulo. Mi respuesta es negativa. Volvemos a sonreírnos. Pero Sheen es muy atento y también puro, de esa pureza que es tan difícil de encontrar en las personas hoy en día; tal es su porte que recuerda a un reverendo, todo él correcto, urbano, sereno. “¿Pero tiene concertada una entrevista conmigo, no es cierto?”, me consulta de nuevo, ante la atónita y hambrienta mirada de su hijo Estévez, autor de la intimista propuesta que ahora presenta en la capital. “En efecto, señor Sheen, en un par de horas nos veremos”, contesto con premura para que ambos, tras la visita de los compañeros audiovisuales, puedan ir por fin a almorzar. Entre las oscuras barandas de la escalinata del primer piso, el galante protagonista de Apocalypse Now se acerca a mí y, estrechándome la mano, me pregunta mi nombre. Tras las debidas presentaciones, se despide de mí en español. Y es que Martin Sheen oculta tras su stage name un origen tan ibérico como su apellido, que le vio nacer bajo el nombre de Ramón Antonio Gerardo Estévez, hace ahora setenta y un años. De madre irlandesa y padre gallego, Sheen no habla español, pero parece entender el código que articulaba las palabras de su progenitor. Ese vínculo especial con la tierra de sus ancestros ha marcado también a Emilio Estévez, otrora outsider de Ford Coppola e hijo de Sheen, que finalmente se ha revelado como apreciable realizador cinematográfico. Desde la escalera, situado tres peldaños hacia el entresuelo, Estévez me sonríe con timidez mientras su padre se aleja. Hay algo en el rostro de Estévez que destila un toque infantil, torneado y silente. O tal vez esa es la imagen que tenemos de él quienes todavía le recordamos como integrante del Breakfast club de John Hughes. A pesar de su responder lacónico, de su estoicismo, de su correcto savoir faire, sus ojos inquietos buscan incesantes una mirada que les observe, algo que a lo largo de la tarde se revela como auténtica simpatía y complicidad. “Hola buenas tardes”, me recibe Sheen en un español esforzado durante nuestro reencuentro, algún tiempo después. Mientras padre e hijo agitan con presión medida mi mano de nuevo, en el pasillo resuenan a piano las notas de My way de Sinatra. Es entonces cuando comprendo con júbilo la burla graciosa del destino, el juego zalamero que me ha mantenido en vilo las últimas horas y que me ocultaba el mensaje cifrado que enhebra la película que ahora presentan en sociedad. No cabe duda, no hay más misterio: también Sheen y Estévez han conseguido hacer The Way... Their way.

Lucía Tello Díaz.- Ante todo, enhorabuena por la película, se percibe que está hecha con mucha honestidad
Emilio Estévez.- Muchas gracias –sonríe amable.
Martin Sheen.- Me alegra que digas eso, hace unas horas que viste la película, ¿crees que se percibe su profundidad a primera vista, o es necesario un tiempo para reflexionar?
LTD.- Lo cierto es que creo que se capta el mensaje de inmediato; en todo caso, desde que la vi, créame que me ha dado tiempo a reflexionar al respecto...
MS.- Es cierto, sí que has esperado tiempo... Pero se percibe su profundidad ¿no? A ver si nos ha salido superficial –ríe con profundidad mirando a su hijo y éste también ríe-.
LTD.- Estoy segura de que no. Sin embargo, algo llama mucho la atención, antes que usted, señor Estévez, sólo dos directores se habían atrevido a rodar en el Camino de Santiago, por lo arduo de la tarea, las inclemencias del tiempo, las numerosas localizaciones... ¿Cómo planificó el rodaje de The Way?
E.E.- Rodar una película siempre tiene sus dificultades. En mi caso, el mayor temor que tenía era el no conseguir que me entendiera el equipo. Cuando haces una película, cualquiera, lograr que te entiendan es difícil, incluso hablando el mismo idioma. Pero ya si hablas en dos idiomas, es aún peor. Me preocupaba enormemente que hubiera una mala comunicación dentro del equipo. Por otro lado, la planificación llevó tiempo. Empezamos localizando en Saint Jean Pied de Port, allí nos pusimos en contacto con algunos miembros del equipo, nos presentamos, tuvimos reuniones, prometimos volver... Hicimos el recorrido cinco veces antes de llegar con el equipo completo y rodar. Cuando volvimos, ya para empezar, conocíamos el Camino bien, nos habíamos puesto en contacto con alcaldes, policías, autoridades y gente de a pie que nos echó una mano para poder rodar. Pero nuestro equipo era muy reducido, lo que fue esencial, ya que rodar durante cuarenta días con un equipo de cincuenta personas, a lo largo de cuatrocientos kilómetros, resulta un gran trabajo.
LTD.- ¿Y qué me dice de las inclemencias del tiempo? Rodar en el norte de España no debió ser sencillo
E.E.- Antes de comenzar a rodar nos advirtieron de que cabía la posibilidad de que la lluvia fuera diaria durante el rodaje, sobre todo porque estaríamos allí entre septiembre y noviembre. Pues sólo llovió dos veces.
LTD.- ¡Sólo dos veces!
M.S.- ¡Y nos tocó durante el rodaje en interiores! –ríe con satisfacción-. Aquello fue otro milagro.
LTD.- Ya veo, ya...
E.E.- Algunos días de rodaje fueron peores que otros, pero sabíamos que teníamos que hacerlo todo seguido, sin demora. Ésa era la estrategia. No podíamos volver atrás o a rodar lo que nos faltaba. Sólo podíamos seguir adelante. Eso pasó en el Parador de San Marcos, en León; sólo teníamos un día concertado con ellos, sólo una posibilidad, porque tenían la agenda repleta de bodas y si fallábamos ese día, teníamos que prescindir de la escena. No podíamos fallar nunca. Nuestro margen de error era cero. Creo que san Jaime estaba con nosotros porque si no, no se explica –ríe pícaramente.

LTD.- He de reconocer que a mí la película me ha recordado en gran medida al filme de Costa-Gavras, Missing
E.E.- Es cierto, Missing. Es una gran película, muchas gracias
M.S.- Sí, es cierto, protagonizada por Jack Lemmon. Muchas gracias.
LTD.- Sin embargo, señor Estévez, ha confesado que para usted The Way es en cierto sentido como El mago de Oz, por todo lo que implica el camino de reencuentro con uno mismo...
E.E.- Claro, porque todo aquello que los personajes están buscando, quiero decir el hogar, el corazón, el coraje, la mente, todas esas cosas existen de antemano, están ahí; todo lo importante que la vida ofrece está ubicado entre esas emociones. Pero todo lo que impide que lo manifestemos es en verdad lo que nos hace humanos, por eso cuando ves El mago de Oz en la gran pantalla te das cuenta de que el mensaje no es que no existan todas esas cosas, sino al contrario, uno piensa: “sí amigo, soy un humano”, tengo corazón, lo tengo todo; ellos no son lo que creen ser, sino lo que realmente son.
M.S.- Pero yo no llevo a Totó... –ríe cómplice mirando a su hijo-. Bueno, en esta película ¿sabes qué es Toto?-le pregunta a Estévez-.
E.E.- Totó son las cenizas ¡obviamente! –padre e hijo ríen con profundidad.
LTD.- Y usted, señor Sheen, ¿cómo definiría el recorrido que se realiza en The Way?
M.S.- Es un viaje exterior, un viaje arduo, difícil, físicamente extenuante; aunque la verdadera dificultad la supone el camino interior. Cuanto más largo y dificultoso es el camino, más difícil es la experiencia interna. En nuestra vida siempre sucede lo mismo, el viaje más complejo es el que realizamos al interior de nosotros mismos: el aceptarnos con nuestros puntos flacos, nuestras rupturas, nuestras oscuridades, nuestro arrepentimiento, nuestra culpa, nuestro orden de valores... Esa es la parte complicada. Pero cuando llegamos a ese momento de admisión, en el que a pesar de nuestras lacras nos aceptamos, es cuando nos damos cuenta de lo que significa ser humano. Ahí está la espiritualidad, que sólo puede venir de la oscuridad y de la ruptura. La espiritualidad sólo viene cuando nos damos cuenta de que somos amados por los demás y por nosotros mismos. Esto es lo que posibilita que nos perdonemos y que perdonemos a los otros; siempre sintiendo a los demás, siempre en comunidad, nunca solos. En la vida haces el camino solo, es cierto, pero no lo puedes hacer sin la gente. Así lo importante es unir el mundo espiritual con el mundo de la carne, para volver a estar entero de nuevo. Al respecto, no puedo encontrar una metáfora con mayor fuerza que el propio Camino de Santiago. Es el modelo que mejor ejemplifica este recorrido vital.
LTD.- De sus palabras se destila una gran fe, algo que, por otro lado, nunca se ha mostrado reacio a revelar. Este hecho ha posibilitado, en parte, que realizaran esta película, ¿qué papel ocupa la religión en su vida?
M.S.- Tengo un gran amor a mi fe, es profundamente personal, constituye la expresión y la nutrición de mi mundo espiritual, el catolicismo me ha ayudado a unir mi espiritualidad con el mundo de la carne, lo que constituye la persona por completo; aunque esto no significa que siempre esté de acuerdo con todo lo que dicta la Iglesia católica. Es una institución, llevada por hombres, está claro que en cualquier momento puede haber errores. Si la iglesia cerrase sus puertas mañana, por cualquier motivo (un fallo, un error), yo seguiría amando mi religión, porque la iglesia somos nosotros, la comunidad. La iglesia es únicamente responsable del mantenimiento de una estructura, nada más; la verdadera iglesia es el corazón y el alma de quienes creen. Así que repito, si mañana la iglesia cerrara sus puertas, seguiría siendo católico, porque adoro la fe. Por eso es indiferente la estructura, la fe está en nuestras conciencias. La responsabilidad de tu alma sólo depende de ti. Tu relación con Dios está por encima de todas las cosas, incluida la iglesia.
LTD.- Resulta curiosa una conciencia tan espiritual en un universo tan materialista como el hollywoodiense
MS.- Vivimos una vida muy materialista. Siento que vivo en el “estómago de la bestia”. Estados Unidos, mi país, posee aproximadamente el sesenta por ciento de todo lo que el mundo produce; y eso que sólo somos el seis por ciento de la población mundial, incluso menos. Qué curioso que estemos precisamente ahora en un momento de crisis económica, algo muy serio en Estados Unidos, particularmente para la clase media y la gente más necesitada. Están sufriendo enormemente la carencia. Y a eso lo llaman recesión. En realidad es un sufrimiento que nos está afectando a todos. Además ocurren dos cosas. Mucha gente está volviéndose menos materialista porque hay una conciencia de que se puede vivir sin muchas de las cosas que tenemos; y mucha otra gente, sin embargo, está viviendo con desaliento y desesperación. En este sentido, parece que el país, la gente, está intentando encontrar un equilibrio. En lo que a mí respecta, confieso que he estado en lo más alto y en lo más bajo de la montaña, por así decirlo; tanto en mi vida, en mi carrera, en mi recorrido... Y en este momento de mi vida, francamente reconozco que nunca he sido más feliz, porque he conseguido hacer de lo que más me gusta, mi vida. Tengo una familia que adoro, son las personas más cercanas y que me dan la mayor alegría. Además, estoy en paz conmigo mismo, y adoro absolutamente cada día de mi vida, incluso cuando es un día realmente oscuro y difícil. He aprendido a dar gracias. Por eso cuando a Emilio le surgían dudas mientras estaba grabando y me decía: “¿pero dónde ponemos aquí las cenizas?”, yo le decía simplemente: “da las gracias y reza”.
E.E.- ¡Eh! Que eso sólo pasó una vez –ríe cómplice-.
M.S.- ¿A sí...? –comienza a reír profundamente-.
LTD.- Señor Estévez, con The Way ha regresado a sus raíces españolas, algo que le ha dejado huella incluso en su nombre, ¿no ha pensado nunca en cambiar su apellido real por el de Sheen?
E.E.- Pues la verdad es que sí. Empecé a trabajar a finales de los setenta, principios de los ochenta, y en realidad quería cambiar mi apellido, no me parecía que tuviera un aspecto muy latino. Y es que incluso en los setenta los latinos sólo interpretaban papeles prototípicos como el de indios, gangsters... Aspectos muy encasillados. De hecho, hubo muchos profesionales que me comentaron que si cambiaba mi nombre, mi vida artística iba a ser mucho más sencilla. Pero él dijo –dice mirando a su padre- que no lo hiciera, que no cometiera el mismo error que él había cometido. Me dijo “éste es un nuevo mundo, te dolerá haber cambiado tu apellido”. Así que mantuve mi apellido familiar, y estoy muy orgulloso de haberlo hecho... Además, ahora es muy cool ser latino...
M.S.- Ohhhh... –ríe con pillería.
E.E.- Bueno, ser latino y famoso. Si eres un inmigrante ilegal no tiene nada de agradable ser latino.
LTD.- Finalmente, señor Sheen, ¿cuáles son sus proyectos futuros?
M.S.- Pues mañana mismo viajo a Irlanda para hacer Stella Days, algo que no deja de ser curioso porque acabo de rodar en España, tierra de mis ancestros paternos, y ahora me voy a Irlanda, de donde era mi madre. Creo que hay algo en las estrellas que ha promovido este reencuentro con mis raíces –ríe-. Hay algo en “Stella” y en “Compostela” que están unidas, las dos son estrellas... Y ésta no es la única coincidencia, podría contar muchas más que se han ido sucediendo desde el pasado año que empezamos a rodar. Si a los diecisiete años me hubieran dicho que iba a rodar dos películas seguidas que fueran profundamente significativas en el plano personal, tanto en el país de mi padre como en el de mi madre, probablemente hubiera dicho que estaban locos. Incomprensible.

LOS ABAJO FIRMANTES SABEN QUE HAY MOTIVO: EL DOLOR DE LA PATERNIDAD SEGÚN JUAN DIEGO BOTTO
Lucía Tello Díaz
A corta distancia su perfil es de caballero medieval. Ecuánime, embelesador y bien parecido, su belleza no es en absoluto arrogante, ni ampulosa, tan siquiera intimidante; la beldad de Juan Diego Botto, como todo lo que derrocha su preclaro ingenio, parte del inquebrantable convencimiento de que él es, como buen hidalgo que se precie, ante todo buena persona. Porque Botto escucha con detenimiento, no se regocija con el sonsonete de su propia palabra; aparece a pecho descubierto ante el mundo, sin importarle el cómo, el cuándo o el dónde. Sabe lo que quiere, y lo manifiesta; se percata de lo que le incomoda, y así lo hace saber. Se ha ganado a pulso el semblante de justiciero y, aunque su cometido no es otro sino el arte, sabe que el compromiso define a un artista. En su karma o línea del destino, figura una obra recurrente, Hamlet, creación shakespeariana que enhebra su carrera y que no parece abandonarle nunca: Uta Hagen, su institutora en lances dramáticos allende las fronteras, se estrenó en teatro interpretando a Ofelia; el propio Botto protagonizó Rosencrantz and Guildenstern are dead, junto a Ernesto Alterio, en una vuelta de tuerca escrita por Tom Stoppard de la mítica obra de Shakespeare. Tras descubrir cuál era El privilegio de ser perro, escrita y dirigida por él mismo, se adentró nuevamente en la dirección teatral con Hamlet, dando vida al hijo por antonomasia. Pero Botto ha madurado, y ya no sólo puede ser un vástago que ve a su padre en los ojos de su alma, como bien le profiere a Horacio, sino que ahora, en su plenitud artística se pone al servicio de la paternidad. En Todo lo que tú quieras, Botto adoptará el papel de padre coraje en un mundo tornadizo, infausto y castigador, cuya voluntad se marcará al son que puntee su hija, una pequeña de cuatro años que no acepta el envite de la fortuna al arrebatarle a su madre. Padre e hija se introducirán, a partir de entonces, en un auténtico derroche de emoción, de frenesí, de locura contenida y de juego en el filo. Porque en el fondo, todos sabemos que hay poco que un padre no sea capaz de hacer, por la felicidad de sus hijos.

Lucía Tello Díaz.- No sé cómo soportas tanto trajín con periodistas, roza el asedio...
Juan Diego Botto.- Bueno –dice sonriendo-, podría ser peor...
LTD.- Tengo una curiosidad, ¿qué hace un intérprete teatral de tanto nivel, dedicándose al cine?
JDB.- Muchísimas gracias... Pues no sé, creo que esta película, Todo lo que tú quieras, explica en parte el motivo. Cuando el cine te permite enfrentarte a personajes como éste, y a historias como ésta, y a contar historias muy pegadas a la realidad, que es lo que pasa mucho en el cine, te das cuenta de que tiene su propio universo. Luego, además, hay algo que tiene muy bueno el cine, y es que se valora mucho los gestos pequeños, los elementos sutiles, las miradas... Eso en el cine tiene mucho valor; a veces uno en un escenario piensa: “qué pena que en este momento no se pudiera enfocar simplemente la mirada, porque sólo con ella la historia ya estaría contada”. Eso es algo muy placentero también. Es como que en teatro eres tú el que tiene que llegar al espectador, y en cine es el espectador el que llega a ti.
LTD.- En concreto, has pasado de ser Hamlet, el hijo por excelencia, a interpretar el papel de Leo, un padre ejemplar... Ese cambio de registro ¿qué ha supuesto para ti?
JDB.- Además es cierto, porque fue un cambio inmediato: terminé Hamlet y al poco estaba metido en esta nueva historia. Es lo que tocaba. Por un lado me vino muy bien, porque me permitió salir de esa cosa tan, tan tortuosa de hijo que tenía Hamlet, y colocarme en un lugar distinto; de ser un personaje que demanda ser protegido, de repente me convertí en uno que cuida y que protege, y que daría hasta su vida por su hija.
LTD.- Sin embargo, el personaje de Leo no es nada maniqueo ni parece sencillo de interpretar
JDB.- Es cierto. Aunque considero que ha estado muy bien porque me colocó en un lugar bastante saludable, el personaje no ha sido fácil. Leo ha sido un personaje que pasa situaciones de mucho dolor, de mucho sacrifico, de mucha duda e incertidumbre. Pero tiene una premisa básica, y es la premisa de que tiene mucho amor, y de que por encima de todo quiere a su hija y daría lo que fuera por ella. Eso fue muy bonito de interpretar.
LTD.- No sé hasta qué punto será responsable Achero Mañas de este aspecto, pero lo cierto es que la película deja un trasfondo optimista: en vez de convertirse en un descenso a los infiernos, se convierte en un viaje iniciático hacia una transformación positiva
JDB.- Totalmente positiva. Sí, creo que el viaje de Leo es muy bonito, en el que le da mucho a su hija pero recibe mucho de ella. Era un tipo que tenía todas las respuestas que quería de la vida, tenía las ideas muy claras: las cosas eran así y no le perturbaban. De repente, cuando todo se le desmorona, su mujer se muere y tiene que enfrentarse a todo solo, descubre que está lleno de prejuicios y que esos prejuicios le negaban la posibilidad de conocer muchas cosas. Leo se acerca al personaje de José Luís Gómez y descubre la generosidad de ese hombre, todo lo que puede recibir de él; se le revela otro mundo, incluso descubre que en sí mismo también tiene una capacidad de ternura que no sabía que tenía, con una posibilidad de sacrificarse por su hija que desconocía, de desafiar límites que, no es que él se lo proponga, pero que al vivirlos, se da cuenta de que el amor está por encima del trabajo, de su carrera; y que su familia es mucho más importante que todo lo demás. Y eso es muy liberador para él.
LTD.- Respecto a la relación con el personaje de José Luís Gómez, me imagino que debe ser difícil para una persona de reconocida tolerancia como tú, proferir expresiones e insultos tan denigrantes como los que Leo le dirige al transformista...
JDB.- Bueno, una vez que te metes en un personaje, estás dentro de él. Y a mí me parecía muy interesante tener un tipo como, Leo que arrancara en un lugar como éste, que era un poco de “repelús” hacia este hombre que parece de cabaret, que es homosexual y que se maquilla de mujer, y que de entrada le parece un poco grotesco; y que fuera capaz de dar un giro después. Eso es lo bonito de actuar, lo magnífico es que se te presenten personajes que te hacen meterte en la piel de alguien que no eres tú, y que no tienen nada que ver contigo. Eso también te hace ser muy comprensivo y tolerante con el mundo, porque has sido muchas cosas, muchas personas.

LTD.- Antes me has comentado que la niña veía con completa naturalidad el verte vestido de mujer; no obstante, la película suscita una pregunta de casi obligada realización, ¿qué te supuso el asumir ese rol de identidad femenina?
JDB.- No te digo que fuera fácil, porque no lo fue, pero en realidad no resultó la máxima dificultad que entrañaba el personaje. Una vez que ya me veía de mujer, lo asumí como normal. Tampoco es que el personaje quiera ser una mujer...
LTD.- No, no, es más bien un disfraz, un estadio intermedio de transformación
JDB.- Sí, exacto, es un juego, un estadio intermedio, de transición, hasta que padre e hija ya no necesiten más evocar a la madre de la niña. Tenía la dificultad de que había que luchar porque el estilismo no resultara caricaturesco para el espectador, grotesco o desagradable. Creo que una vez que Leo se pone la peluca, lo que intentamos con Achero fue que lo hiciera con todas las de la ley y por la niña; así, digan lo que digan los demás, si lo hace por la niña no puede estar mal.
LTD.- Después de un papel semejante, ¿qué retos te depara la interpretación en tu futuro inmediato?
JDB.- Pues lo más inmediato es que empiezo en tres semanas, más o menos, a rodar en Barcelona una película de Antonio Chavarrías. Después tengo otra película en febrero, aunque tampoco te puedo contar mucho porque todavía puede dar muchas vueltas; y después, seguramente en otoño de 2011, me gustaría volver a hacer una pieza de teatro, pero más pequeñita.
LTD.- De vuelta a las tablas...
JDB.- Sí, pero será algo más pequeño, menos ambicioso, seguramente en nuestro teatro... Algo más chiquitito.

CUANDO EL ÉXTASIS SE CONVIERTE EN ÉXITO: ENTREVISTA A NAJWA NIMRI
Lucía Tello Díaz
Le gusta ir contracorriente y eso se trasluce en cada uno de sus pasos. De negro impoluto, de pies a cabeza, apenas se percibe a través de su indumentaria la figura de Najwa Nimri, algo que la aleja de los apretados cánones de la industria del cine. Con blazer larga, leggings elásticos y una camiseta rockera, el único punto de color lo aportan sus tacones nude y su indiscreta pulsera naranja, de ésas que recuerdan a los Acid House de los años ochenta. Pero Najwa Nimri no imita nada ni a nadie, tiene estilo propio; por ello sus padres eligieron para ella un nombre incisivo que en árabe significa “éxtasis”. Su contagiosa risa, sus inmensos ojos jordanos y su voz tranquilizante, recuerdan que esta todopoderosa intérprete no conoce límites ni barreras. Hace una semana terminó un rodaje en Berlín, y en apenas un par de días viajará a Argentina para presentar su nuevo disco. Su savoir-faire y su respeto le hacen sorprenderse por la omnipresencia del realizador de Todo lo que tú quieras, Achero Mañas, sin percatarse de que a dinámica y universal, stricto sensu, no hay quien supere a Nimri. Entre pregunta y pregunta, ajena al mundo que le rodea, la actriz sonríe despreocupada, se agita el cabello con entusiasmo y se desenvuelve con naturalidad, siendo capaz de mantenerse atenta a la conversación, evocar décadas pasadas y pensar en el futuro en una misma línea de temporalidad. Pese a ello, pregunta interesada acerca del concepto de ubicuidad; ¿y tú lo preguntas? Ubicuidad eres tú.

Lucía Tello Díaz.- Si algo destaca en tu carrera, es la elección de papeles con gran intensidad dramática, de mujeres abigarradas, ¿qué criterio aplicas a la hora de seleccionar tus personajes?
Najwa Nimri.- Pues en función de cómo voy viviendo, de mi momento vital; en el caso de esta película, era un momento en el que tuve la posibilidad de hacer el personaje de la madre, Achero no tenía claro el que interpretase el papel de Marta, aunque al final pujé por este personaje más que por el otro. A decir verdad, lo que más me apetecía hacer del personaje de la madre, era el ataque epiléptico concretamente...
LTD.- ¿El ataque epiléptico?
NN.- Sí, probar a ver cómo se hacía físicamente un ataque semejante. Si te pones a pensar, ése es el reto del actor, experimentar continuamente: cambiarte el pelo, hacer ese tipo de transformaciones... Para mí sí, yo funciono así. Pero venía de interpretar a unas cuantas madres ya, así que me apetecía meterme en el papel de “la otra”, pero desde un punto muy cálido, nada escabroso: una chica optimista, muy normal, que está enamorada de este tío, sin más, y que quiere ponerle las cosas lo más fácil que pueda, dentro de que es un amor no correspondido, por ello se pone un poquito pesada; era una persona sin demasiadas ambiciones, por eso me interesó el personaje.
LTD.- ¿Cómo abordaste el interpretar a “la otra”, pero no siendo una femme fatale, sino asumiendo ser también víctima de la situación trágica que os toca vivir?
NN.- Lo abordé con un convencimiento absoluto de que no lo haría desde la perspectiva de “la mala”, no desde la femme fatale, sino desde el punto de vista de una tía normal.
LTD.- Es curioso porque tus personajes siempre tienen esa calma, esa normalidad, incluso la reportera de Oviedo Express...
NN.- Sí, y eso que ella sí que era una femme fatale- ríe-.
LTD.- Todos tus personajes tienen siempre un momento de reflexión, un punto de calma interior, ¿es una querencia voluntaria buscar personajes así?
NN.- Es que siempre intento hacerlos humanos, porque si no, no funcionaría. Una cosa que detesto, es cuando veo en el cine actuaciones que no te dejan ver la persona que hay detrás, más allá de que la persona siempre se vea. Pero es que el envoltorio es lo mismo, tampoco somos tan distintos unos de otros. El que el punto vulnerable, incluso cuando el personaje pueda ser de hielo, se atisbe aunque sea por un segundo, me parece muy importante.
LTD.- Desde un punto de vista femenino, la escena de sexo con Botto es tremenda, el personaje de Marta tiene que aceptar que su pareja se refiera a ella con el nombre de su mujer difunta...
NN.- Sin embargo la escena fue súper divertida, nos moríamos de la risa. La forma de abordarla fue sencilla: disfrutar lo besos, porque tenemos una buena tensión sexual, buena química. Ya rodé con Juan Diego Asfalto, y besa súper bien, así que fue una gozada. Por lo general te toca un actor con el que no te gusta besarte, que son casi todos para mí –vuelve a reír pícaramente-, y con Juan Diego me encanta besarme. Desde el punto de vista de la planificación de la escena, fue tremendamente matemático. Juan Diego me preguntaba: “¿Te hago daño si te agarro así la cabeza?”, “¿esto te va bien así?”... Fue milimétricamente medido.
LTD.- Y eso que hay un momento en que te quedas a escasos milímetros de la esquina de la mesilla de noche...
NN.- Lo puede parecer pero fue cero violento y con mucho humor... Es que yo siempre tengo mucho humor trabajando. Aunque haga papeles muy trascendentales, me muero de la risa en un rodaje, no soy nada seria.
LTD.- No sé cuál es tu punto de vista, pero desde la perspectiva del espectador, es preferible que Marta, la amante de Botto, al final no se quede con él, ni asuma ese papel de “madre postiza”. Hubiera sido un poco cruel que se quedara con todo tras la muerte de Alicia. Legítimo, pero cruel...
NN.-No creo que hubiera sido cruel, pienso que todo el que pierde a alguien tiene el derecho de recomponer su vida todo lo rápido que quiera, al día siguiente, si le parece bien. No se trata de usurpar, de hecho, no es mi modus operandi. Sí puede haber mujeres que están más a la caza o a la búsqueda de las pérdidas, pero ¡el hombre elige también! Jamás he sido de las que insultan a la chica.
LTD.- Es que no hay motivo para el insulto, es una actitud muy poco respetuosa...
NN.- Claro. Yo creo que las mujeres siempre hemos sido muy “desgraciadas” a la hora de no protegernos, y por ahí hemos flaqueado mucho. Ésta es una de esas mujeres, la que siempre está en la recámara, que nunca es la elegida, que no es la madre de tu hijo, que es la que está pululando por ahí. Me interesan particularmente estas mujeres. Como me interesan las “perdidas”, las “locas”, las muy imaginativas... Porque creo que hay un punto en mí, en mi personalidad, que está muy centrado en realidad, que es muy poco alterable, por eso busco este tipo de papeles; también tengo un punto muy cómico, que es algo que todavía tengo que explotar en el cine, espero que en algún momento me ofrezcan una comedia. De verdad, el que no haya hecho ninguna comedia es algo que siempre se preguntan todos mis amigos... Pero bueno, pienso que las personas hacen los papeles que son opuestos a lo que son sus vidas. Por eso los cómicos suelen ser, por lo general, personas infumables en la vida real, egos inmensos, histriónicos y bastante dramáticos. Así con todo.
LTD.- ¿Y en el caso de Marta?
NN.- Marta tiene muchos conflictos, por eso no sería posible que se quedara con Leo. Ella está forzando el carro, porque él no está enamorado de ella, algo que Marta está pasando por alto, y eso es, precisamente, lo que no es de recibo pasar por alto. No puedes aprovecharte de una situación vulnerable si el amor no es recíproco; sí lo sería si ambos estuviesen enamorados, tal vez esperar más, ser más cuidadoso si se puede, si eres sensible; ser menos cuidadoso si no lo eres... Si la otra persona te corresponde está bien: “yo te amo, tú me amas, pues perfecto”. Pero es que en este caso no es así, él la necesita, pero no la quiere.
LTD.- Respecto a la banda sonora, con todo el bagaje que tienes ¿cómo es que en esta ocasión no te apuntaste a escribir la música de Todo lo que tú quieras?
NN.- Achero y Leiva son amigos, y además él es muy bueno. No siempre te toca a ti, ¡ojalá! Pero no será la última banda sonora que hagamos, ya cogeremos alguna. Además no hubiera podido abarcar tanto trabajo ahora, es mucho esfuerzo, y es verte a ti misma, sobre todo. Me gusta hacer bandas sonoras si yo no protagonizo la película. En Asfalto hice la mitad y no me vi; en Utopía hice la canción final; en 20 centímetros hice la película entera porque salgo muy poquito.
LTD.- Y en Guerreros, cuya banda sonora es brillante...
NN.- Sí, hice la banda sonora pero no salí interpretando, ese fue el trueque. Le dije [a Daniel Calparsoro] que no quería salir como actriz, aunque me había ofrecido el papel de la chica. A cambio le dije que haría la música, que fue la primera vez que tenía ocasión, ya había hecho Asfalto y me junté con Carlos [Jean] y fue cuando descubrí el nivel de trabajo que entrañaba llevar la banda sonora, requiere muchísima dedicación. Fue recompensadísimo, eso sí, fue muy oído y muy premiado, pero nada compensa las horas de trabajo, ¡está muy mal pagado! –ríe con travesura-, te lo digo en serio, no sabes cómo es. Supongo que en algún momento volveré a hacerlo, conozco ahora a muchos más músicos que podrían trabajar conmigo, y estoy en una situación que de hecho, podría hacerlo mucho mejor, pero ya llegará...

LTD.- Y con esta agenda tan apretada, ¿cuáles son los planes futuros?
NN.- Acabo de venir de Berlín de rodar con Ramón Salazar, ni te imaginas lo que está haciendo, es una locura... Creo que va a ser una película que ha vuelto a enganchar con lo mejor del cine. Ha sido absolutamente alucinante la experiencia. La está haciendo sin dinero, con dos cámaras de fotos que son como cine, y ha sido una locura de rodaje. Ahora se va con Lola Dueñas a París, y luego vuelve con Carmen Maura otra vez aquí a Madrid, y creo que va a dar mucho que hablar la película. Está rodando con mucho talento y mucho corazón. Y ahora también me voy a Argentina, han cogido el disco y se edita allí, así que iré a hacer presentación y prensa y todo por allí.
LTD.- Pues muchísima suerte de la buena, desde Los amantes del Círculo Polar no has dejado de hacer trabajos magníficos
NN.- Muchísimas gracias, la verdad es que lo de Los amantes del Círculo Polar es impresionante; en Berlín aluciné porque gente jovencita se me acercaba a hablar sobre ella y ya hace más de quince años desde que la rodamos. Se ha convertido ya en un hito.

CUANDO EL SUEÑO SE HIZO HOMBRE, Y EL HOMBRE SE HIZO ARTISTA: ENTREVISTA A JOSÉ LUIS GÓMEZ
Lucía Tello Díaz
El tiempo no pasa a través de sus rasgados, profundos y candorosos ojos. Su corrección infinita, y su también infinita cultura, se cuelan por entre cada palabra, cada recuerdo, cada señal que articula con su voz ronca, entrecortada por la evocación de tantas experiencias vividas. Pocos intérpretes españoles pueden hacer alarde de una sólida formación como la de Gómez. Alumno del Instituto de Arte Dramático de Westfalia, éste fue tan sólo el inicio de una larga amistad con el cinema. Estudiante en la escuela de Jacques Lecop, y de Lee Strasberg en su travesía neoyorkina, su talento le ha llevado desde la mímica expresionista a la tragedia más lorquiana. Brecht, Shakespeare o Calderón de la Barca, conformaron los vasos comunicantes que habrían de unirse, sólo a través de su personalísima carrera, con Ridley Scott, Milos Forman, Carlos Saura o Pedro Almodóvar. Como extractado de un cuento felliniano, barroco, carnal y surrealista, Achero Mañas descubrió un aspecto inmaculado en el currículo de Gómez, un sendero inexplorado que el intérprete deseaba desde hacía décadas: revelar su capacidad para el travestismo. Engalanado con un pulcro maquillaje y mostrando su lado más comedidamente escandaloso, nuestro “Pascual Duarte” renace en el cuerpo de un transformista capaz de revelar el claroscuro más onírico en Todo lo que tú quieras, donde la complejidad de las relaciones humanas cobra su sentido más espinoso, y el universo nocturno de callejón capitalino su dimensión más ensoñadora. Es cierto que, como vaticinaba el mítico Segismundo calderoniano, la vida es sueño; pero el sueño, cuando lo protagoniza José Luis Gómez, siempre sabe al mejor cine.

Lucía Tello Díaz.- Usted es uno de los pocos intérpretes españoles poseedores de una carrera sostenida a buen paso, pero infinitamente personal. ¿Es difícil labrarse una carrera semejante?
José Luís Gómez.- La verdad es que yo no me doy cuenta de que mi carrera tenga un carácter especial en el sentido de los papeles que interpreto; lo que sí sé es que siempre me lo pienso dos veces antes de elegir, antes de decir sí. Probablemente elijo todo lo que es posible elegir en el cine y, de hecho, he seguido esa línea de manera bastante rigurosa, por eso no he hecho tantas películas. Digamos que sólo ruedo cuando hay un papel que tiene enjundia, con un director que me dé un personaje interesante, y que tenga cierta consistencia, conflictos.
LTD.- Como el personaje de Álex, en la película que ahora nos presenta
JLG.- Este personaje lo tiene absolutamente, es muy atractivo. Para un actor heterosexual interpretar un papel gay es muy interesante, sobre todo a la hora de comprender al otro. Además Álex tenía una dificultad, no sólo la de interpretar de forma convincente a un transformista, sino la de darle antes la dimensión de persona. Un personaje así necesitaba, ante todo, que trabajara para darle la dignidad que tenía.
LTD.- Al respecto, todos los personajes de la película se muestran profundamente dignos a lo largo de la trama
JLG.- Eso es totalmente cierto, seguramente le debemos al director que todos los personajes tengan esa dignidad.
LTD.- Su personaje me gusta principalmente porque, al contrario que la línea estilística de toda la trama, es más Fellini, más Cabaret de Bob Fosse, rompe la linealidad minimalista de la película
JLG.- La verdad es que a mí también me sorprendió, me fascina ese contraste; está muy marcado.
LTD.- Con respecto al rodaje, hemos podido ver a un equipo muy compenetrado y satisfecho con el trabajo, ¿es reflejo de la buena relación que mantienen entre todos?
JLG.- Cuando uno trabaja en una película y hace un papel como el mío, que en total abarca doce días de rodaje, sólo se consigue ser de esa “familia” parcialmente. Eso sí, cuando uno deja el rodaje se siente mal, siente que algo hermoso se acaba. Yo he rodado fundamentalmente con Juan Diego y con Najwa, y con ellos es un placer. Porque claro, por un lado está Juan Diego, un actor al que admiro mucho y una persona que me merece muchísimo respeto; y por otro Najwa, que es actriz y cantante, una artista que me gusta muchísimo, que me fascina.
LTD.- A lo largo de toda su carrera ha interpretado un sinfín de personajes, tan distintos como ahora lo es Álex; pero si pudiera elegir, ¿a cuál diría que tiene más cariño?
JLG.- Evidentemente Pacual Duarte es uno de mis personajes preferidos, por razones obvias; el “Polidori” de Remando al viento, de Gonzalo Suárez, es para mí uno de los encuentros inolvidables, también por el hecho de trabajar con Gonzalo; al personaje de la segunda película que hice con Carlos Saura, El séptimo día, también lo recuerdo con cariño. Sin duda el papel de Ernesto Martel con Pedro Almodóvar. Y el personaje de “El bocas” en Parranda, una película temprana de Gonzalo Suárez, basada en A esmorga, relato de Eduardo Blanco Amor, en la que trabajaba con José Sacristán y Antonio Ferrandis; ésta también la recuerdo con mucho cariño. Indudablemente, en la película de Milos Forman Los fantasmas de Goya, el papel que interpretaba para mí ha sido providencial. Hay unos cuantos papeles en mi vida con los que estoy muy contento.
LTD.- Permítame añadir el de La estanquera de Vallecas, creo que es una interpretación magistral
JLG.- ¡Por supuesto! A La estanquera de Vallecas le tengo especial cariño
LTD.- Incluso hay una película muy poco conocida, de J. Sebastián Bollaín, Las dos orillas, en la que interpreta un papel ciertamente interesante
JLG.- Sí, sí, y además en ella trabajaba Icíar Bollaín de pequeña; es más, trabajaba ella y su hermana Marina, que son gemelas. Las dos orillas es una película muy interesante, es cierto.
LTD.- Usted que ha estado presente en las últimas décadas en el cine español, ¿cómo ve su evolución?
JLG.- Yo creo que surgen películas magníficas, como es el caso de Todo lo que tú quieras. Además ahora mismo existe una generación de actores realmente maravillosos y de directores muy buenos. Pienso que todavía hay algunos defectos en los temas de subvención y ayudas al cine que no están bien resueltos, que de hecho están muy mal resueltos, como el que se compren entradas, que es una barbaridad que tiene que terminarse. Por supuesto, creo que hay un must, un algo que se debe lograr, y es que los guiones se trabajen más, porque una buena casa está ya en el proyecto, y una buena película está ya en el guión; aunque luego el rodaje es decisivo, pero un buen guión es fundamental. Me da la impresión de que los guiones no se trabajan lo suficientemente, no se le dan demasiadas vueltas. Para el bien de todos, sería necesario eso de que el guión lo viese una persona, y luego otra, y le pongan los suficientes filtros y contrastes.
LTD.- Hablando de guiones, usted ha tenido la oportunidad de trabajar con Pedro Almodóvar, Oscar español a Mejor Guión Original ¿cómo es su modus operandi a la hora de abordar una película?
JLG.- Trabajar con él ha sido un flechazo mutuo. Acabo de rodar con él un papel casi de favor que me ha pedido, y eso que trabajar con él es siempre un placer y no un favor. El hacer este papel no estaba contemplado en mis previsiones, no tenía pensado salir en su próxima película, La piel que habito. Yo creo que Pedro es una persona muy sensible con los actores, muy delicado, con un ojo clínico de primera línea y un inmenso guionista. La relación entre nosotros siempre ha sido exquisita.

LTD.- Además de este papel con Almodóvar, ¿cuáles son sus proyectos a corto plazo?
JLG.- Pues por el momento no voy a rodar, comienzo gira de Final de partida, la obra que hice el año pasado, una gira internacional larga; y después en enero, febrero y marzo me tomo una pausa de salud; quizás haya algo de rodaje pero pausado, para reanudar gira en abril o mayo.
LTD.- Gira internacional, qué cansado...
JLG.- Sí, sobre todo que sea internacional es muy cansado... Pero bueno, esto es así.

EL SORTILEGIO OCULTO TRAS EL CÁLIZ DE FUEGO: ENTREVISTA A CLÉMENCE POÉSY
Lucía Tello Díaz
Su mirada felina no se oculta tras su complacencia angelical. Ataviada con unos jeans y una guerrera verde ceniciento, la que se catapultara como Fleur Delacour en la mítica saga de J.K. Rowling, se presenta como la antítesis del estrellato, como un antídoto contra la ostentación. Pese a su delicada fisonomía, Clémence Poésy resulta toda una cura de humildad para quienes ven en Hollywood la última estación de la travesía interpretativa. Conseguida la fama, asumida la ruptura del anonimato, Poésy no ha perdido el encanto que comenzó a manifestar cuando, niña aún, decidió dedicarse a la industria cinematográfica. Sin engolamientos ni altanerías, la joven de Châtenay-Malabry se sienta con discreción, se mueve con reserva y ratifica su timidez con una volatilidad digna del éter más sutil.
No obstante, una vez alcanzada la confianza con la protagonista de Perdidos en Brujas, la afabilidad y gentileza de Poésy rompe fronteras, obviándose la circunspección que horas antes se presentaba como vereda infranqueable. Sin deshacerse del halo que le rodea desde que apareciera en Harry Potter y el cáliz de fuego, su trato cercano hace recordar que la fama no ha de ir inconmoviblemente soldada a la presunción.
Con motivo de la presentación en Madrid de su última película, El pastel de boda, tenemos la suerte de poder entrevistar a una de las promesas más celebradas de la cinematografía gala, sin olvidar un mantra incontestable tras una meticulosa observación: aunque Clémence Poésy parezca ensimismada e incluso abstraída en primera instancia, no hay que llamarse a engaño, nada se escapa a la gatuna mirada de esta actriz.

Lucía Tello Díaz.- Usted proviene de una familia de artistas. Su padre, sin ir más lejos, es director y autor teatral. ¿Su vocación interpretativa se podría definir como “genealógica”?
Clémence Poésy.- Es cierto que mi padre se dedica al teatro, y mi hermana es actriz y está empezando a hacer dirección de teatro. Mi madre es profesora de literatura, así que como la hemos visto trabajar mucho, con sus deberes todas las tardes, nos pareció que era mucho mejor seguir la estela de nuestro padre –ríe-, y voilà! Aquí apareció la vocación familiar –ríe aún más-.
LTD.- Cuando dio comienzo su carrera, ¿podía imaginar que llegaría a tener tanto reconocimiento internacional?
CP.- ¡No! –enfatiza-, aunque no tengo la impresión de tener tanta fama internacional.
LTD.- Es indudable el hecho de que figurar en la saga de Harry Potter ha provocado que adquiera una fama a nivel global...
CP.- Sí, es cierto, pero es extraño porque cuando leí el guión de Harry Potter, era un personaje pequeñísimo y nunca pude imaginar que iba a adquirir esas proporciones.
LTD.- De todos modos, el personaje de Fleur Delacour tiene mucha mayor relevancia en las dos últimas entregas del libro, por lo que en las próximas películas imagino que saldrá aún más
CD.- Sí, pero lo esencial de la historia siempre serán Harry, Ron y Herminone. Aunque el resultado de esta película es sorprendente. Si hubiera hecho el mismo papel en una película que no fuera Harry Potter, estoy convencida de que nadie me habría reconocido por la calle –ríe. Sólo sucede por la dimensión de estas películas.

LTD.- Y a usted, ¿qué le interesa más, este tipo de superproducciones norteamericanas, o películas más intimistas?
CD.- La verdad es que me gustan las dos cosas; es más, cuando termino una película en inglés, me apetece hacer una en francés; cuando finalizo una gran producción, me apetece hacer menor... Tengo la impresión de tener mucha suerte al poder participar en géneros y escalas distintas, y me gusta también poder hacer un papel protagonista seguido de otro secundario, de hecho éste último es mucho mejor, porque no tienes todo el peso de la película sobre los hombros.
LTD.- Lo cierto es que si su carrera destaca sobremanera es por el gran espectro de papeles que ha interpretado: de bruja, de novia despiadada, hasta del anticristo en Revelations e incluso Juana de Arco, su próximo proyecto
CD.- ¡Sí! Además, al mismo tiempo Juana de Arco fue quemada porque pensaban que era una bruja –ríe-. Es una suerte haber podido interpretar papeles tan diferentes.
LTD.- Entre ellos, el de esta película, El pastel de boda, ¿qué le gustó de Bérengère?
CD.- Hacer de nieta de Danielle Darrieux, eso lo que más; -ríe con mirada categórica-.
LTD.- El realizador, Denys Granier-Deferre, ha comentado con cierta sorna que la primera vez que usted leyó el guión lo rechazó de lleno. ¿Es cierto o sólo es un comentario malicioso?
CD.- Era un poco broma, y era un poco cierto; es que al principio me parecía demasiado odiosa. En el primer guión no podías ni entender siquiera cómo el personaje del novio podía casarse con ella. A mí me interesaba una historia de amor en la que se pudiera creer en ella, sobre todo porque tiene muy buena relación con su abuela, que es extraordinaria. Así que si se supone que esta nieta es la preferida de la mujer, el personaje tenía que ser un poco más benigno. Por eso decidimos suavizar un poco el papel.
LTD.- Personalmente, no sé si se sintió un poco incómoda con la actitud agresiva que en el filme profesa hacia una niña con síndrome de Down, pero hay una escena que resulta incluso violenta para el espectador
CD.- Sí, sin ninguna duda. Es más, si la escena se ve violenta en la película, en el libro era muchísimo peor; de verdad me sorprendió lo increíblemente violenta que resultaba la manera en que estaba escrita. De hecho, yo tenía que darle una bofetada a Lucie en una escena del baile, y además alcanzaba una importancia increíble en la historia. Encima yo conozco a una niña que tiene este síndrome, y simplemente no podía hacerlo. Yo avisé al equipo, diciéndoles que no lo podía hacer, que por mucho que repitiera la escena no iba a ser creíble, porque no salía de mí un comportamiento semejante. Entonces lo cambiamos.
LTD.- Lo celebro...
CD.- Sí, yo también –sonríe aliviada-.
LTD.- En otro orden de cosas, ha participado como imagen en la campaña publicitaria de Chloé, y no sé hasta qué punto le ha gustado la experiencia, ¿tiene pensado participar en más anuncios?
CD.- Me proponen cosas de vez en cuando, pero no es mi profesión... Trato de tener cuidado, me encantaría poder hacer otra cosa, pero tendría que ser un proyecto correcto en el momento adecuado.
LTD.- Finalmente, ¿qué motivos aduciría para que la gente se animara a ir a ver El pastel de boda?
CD.- Pues que van a ver una película en la que se atraviesa gran número de emociones en un momento único; en el que se pasa de reír a llorar de repente, casi simultáneamente... Y sobre todo, que les hará disfrutar mucho

LA CANDIDEZ DE LO INESPERADO: ENTREVISTA A FELE MARTÍNEZ
Lucía Tello Díaz
Llegó a Madrid para cumplir con su vocación, y terminó recibiendo el aplauso unánime del mundo del cine. Tras una veintena de películas en su currículum, incluidos filmes con los más grandes directores españoles, no parece existir reto alguno que este alicantino no pueda superar. Y no es sólo cuestión de suerte, él lo sabe. Trabajar a las órdenes de Amenábar, Almodóvar, Julio Médem y Ricardo Franco, o triunfar en las tablas con Flor de otoño o Sueños de un seductor, sólo le ha enseñado que lo importante no es sólo llegar, sino instalarse. Directo, seguro, cómplice y, sobre todo, humano, Fele Martínez presenta en la capital El kaserón, comedia agridulce de Pau Martínez con altas dosis de perspicacia y desabrimiento, en la que Martínez interpreta a un ultra-responsable abogado, enamorado de una okupa “de familia bien”. Haciendo gala de un estilo personal, con abundante barba y unos sofisticados mocasines en blanco y negro, Fele nos habla, en exclusiva, de su carrera profesional, sus gustos, sus impresiones y su amor por la profesión. Y es que, tal como reza el lema del filme “cuando el amor okupa tu corazón”, los resultados son imprevisibles. Y esto sólo es el comienzo.

Lucía Tello Díaz.- De Goya al mejor actor revelación, a Otto el piloto, pasando por chico Almodóvar. Con la perspectiva que te ha dado el paso del tiempo, ¿cómo ves la configuración de tu carrera?
Fele Martínez.- Pues yo estoy muy contento con todo lo que he hecho, la verdad. Me considero sobre todo muy afortunado por haber podido trabajar con quienes he trabajado, y muy orgulloso por el hecho de que haya podido participar en algunas películas que, de pronto, para la gente son prácticamente de culto; o en otras que, de pronto también, para una gran parte del público son de las mejores películas que han visto. Pero sobre todo, me llena mucho de satisfacción –ríe-, el hecho de que muchos directores noveles quieran contar conmigo: que alguien ponga el guión de su primera película en tus manos es mucha responsabilidad, pero me encanta. A mí me gusta interpretar, es mi vida, y espero seguir haciéndolo, aunque estoy muy contento con todo lo que he hecho por ahora.
LTD.- Con razón...
F.M.- Es una carrera bastante modesta, dentro de lo que cabe y, sin embargo, he trabajado con tres de los mejores directores que hay en España; aunque también con gente con sus primeras películas, que creo que merecen la misma importancia.
LTD.- ¿Cómo te preparas tus personajes?
F.M.- Lo importante cuando tienes un personaje, es tratar verlo desde todos los frentes posibles, que es lo que permite que tires por un lado o que tu interpretación vaya por otro. Al fin y al cabo, interpretar es como la vida misma: tomar decisiones. Lo bueno es ir planteándole al personaje ciertas preguntas, ciertas cuestiones; poniéndole en diferentes tesituras. Así, el mismo personaje, una vez lo tienes claro y si has hecho bien tu trabajo, es el que te responde.
LTD.- ¿Tienes alguna una ambición profesional incumplida todavía?
F.M.- Ya se sabe, “escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo” –ríe-. En realidad, hay mucha gente con la que ahora me gustaría trabajar. Pero como dice mi compañero Manuel Tallafé, “la intención se escapa por la boca”. Sin plantearme muchos objetivos y siendo realista, no me puedo quejar, sobre por cómo han ido las cosas; entonces prefiero seguir manteniéndome así, más que nada porque en cuanto me planteo un objetivo y la cosa no se va cumpliendo, me empieza a entrar la neura y, al final, el que lo pasa mal y no duerme por la noche soy yo.
LTD.- Además de tu sólida carrera en España, has trabajado mucho en el extranjero con películas como Tinta roja, en Perú, o Capitanes de abril en Portugal. Esa senda internacional ¿es una trayectoria por la que quieres seguir ahondando o prefieres centrarte ahora en la producción española?
F.M.- No tengo ninguna preferencia, aunque la verdad es que me encanta vivir aquí, me gusta mucho España. Pero me encanta también poder irme y estar un mes y medio o dos meses fuera, conociendo gente y culturas nuevas, interpretando. Si me ofrecen una historia y me interesa, si el personaje me enamora, me da igual dónde rodar.
LTD.- En este sentido, el personaje Alfredo García de El Kaserón, ¿también te enamoró?
F.M.- Sí, me enamoró mucho, sobre todo por lo torpe que es el pobre, por lo frágil que parece ser, que hay ocasiones en que incluso su hermano pequeño ve las cosas con una visión mucho más madura que él mismo, por muy responsable que pretenda ser. Me daba como mucha ternura, me gustó porque es un personaje que a la gente le va a sorprender, porque no me ha visto todavía en esta tesitura, no ha visto un personaje que yo trabajara desde el punto de la comedia.
LTD.- Es cierto, incluso la forma de actuar es distinta, sin llegar al slapstick, hay puntos en que la comicidad es muy física; la torpeza y la fragilidad del personaje se traslucen en sus propios actos.
F.M.- Sí, claro, realmente es un tipo que cree que lo tiene todo controlado en su vida, que por haber dedicado equis años a su carrera, sacada a curso por año –es capaz-, y compaginando estudios de día y trabajar en una panificadora de noche, y además estar a cargo de su madre y de sus hermanos (aunque éstos estén viviendo su vida y probablemente la tengan más controlada que él), cree que lo tiene todo en orden. Es una persona que no ha vivido la vida, que los últimos cuatro o cinco años los ha pasado encerrado en su casa y en una panadería, y así es que el pobre tiene una vida muy triste. Y por eso digo que realmente sus hermanos, que han salido y se han relacionado con gente, probablemente vean las cosas desde un punto de vista mucho más maduro que él.
LTD.- Es curioso que siendo una comedia, el personaje que interpretas tenga una vida y una situación eminentemente dramáticas.
F.M.- Claro, cuando haces comedia no puedes ir a hacer risa. Lo bueno está en que el personaje sufre las cosas y las sufre mucho, aunque cuando tú lo ves desde fuera, te da gracia el pobre, porque piensas “qué equivocado está este hombre”. Pero es lo mismo que cuando vas andando y una abuela tropieza y se cae. Al principio te asustas muchísimo y vas a auxiliarla, pero cuando ves que no le ha pasado nada puedes reflexionar la caída con gracia, con todos los respetos a las abuelas del mundo, por supuesto.
LTD.- En la película se trasluce un alto grado de confianza entre los actores del reparto, ¿cómo ha sido la relación entre vosotros durante el rodaje?
F.M.- Increíble, la verdad es que lo disfruté mucho. Por eso creo que se nota, porque en la película había un ambiente de rodaje maravilloso. Aparte entre nosotros, todo el elenco, nos llevábamos estupendamente, además estábamos todo el día de cachondeo, trascendía ya de los ensayos, había veces teníamos que parar, cada dos por tres nos estaban dando el toque porque estábamos haciendo la gamba, bien con un chiste, bien haciendo el idiota; alguna que otra vez Pau nos tuvo que decir “va chicos, que tenemos que trabajar”. Yo creo que eso se nota mucho, y que haya buen ambiente entre el elenco y el equipo técnico, que muchos se conocían ya, es importante; además, el catalizador de todo esto es Pau, y creo que él lo ha llevado estupendamente.
LTD.- Al margen de tu profesión como intérprete, también has estado tras las cámaras realizando un cortometraje, ¿volverías a dirigir cortos?
F.M.- Sí, me encanta. Además es un medio que me gusta muchísimo, para mí es un género aparte como la novela y el cuento corto, que son distintos, pero sin posibilidad de diferencia entre género mayor y menor, porque siempre hay cuentos maravillosos y novelas estupendas. Me pasa lo mismo con los cortos, creo es una escuela, un laboratorio increíble. Yo los echo mucho de menos sobre todo en los cines; el poder proyectar cortos antes de una película, creo que es un regalo que se podría hacer perfectamente al espectador. El poder llegar y ver un corto antes de una película, te coloca muy bien para luego ver el largo. Así que, por mí sí que volvería a hacer un corto, lo que pasa es que yo soy de proceso muy lento a la hora de escribir, pero no lo descarto, de hecho, esto escribiendo algunas cosas. Lo mismo de aquí a poco tiempo lo hago.
LTD.- ¿Y se ve con ánimo para embarcarse en un largometraje?
F.M.- ¡Ni de broma! –ríe-. No, me parece muchísima responsabilidad y creo que uno tiene que saber. Por eso decía que el corto es una escuela, una muy buena escuela, y estoy leyendo muchísimos libros, para reforzar la experiencia que puedo tener con lectura, pero ahora mismo es como de forma lúdica, porque sobre todo soy actor y no realizador. Pero bueno, la experiencia me encantó, no descarto un corto, pero largo todavía no...
LTD.- Decir todavía deja una puerta abierta
F.M.- Bueno, es que tampoco voy a cerrar puertas... Jamás diré “nunca jamás”. Imagina que digo “nunca, nunca, nunca voy a rodar un largo” y, por el motivo que sea, me ofrecen uno dentro de un año, pues sería como para decir “¿qué?”. No sé.
LTD.- Finalmente, Fele... ¿cómo te puedes parecer tanto a Gary Oldman?
F.M.- ¡No lo sé! –ríe-, pero bueno, la comparación me encanta, ojalá se me pegue algo de él porque, aparte de lo que pueda ser el físico, para mí Gary Oldman es un referente clarísimo.

LA CÁNDIDA AUREOLA DE UNA FEMME-FATALE: SOPHIE MARCEAU
Lucía Tello Díaz
Parafraseando a Romeo, “love goes toward love, as schoolboys from their books”; y es así que, al igual que “el amor corre al amor, como el estudiante huye de los libros”, se puede decir que la fama corre a la fama, al tiempo que ésta huye de los medios poco notorios. Este es el estigma de Caín, el de aquellos medios poco conocidos que perecemos ante los laureles de los consagrados, nada nuevo en la viña de la celebridad. Sin poder entrevistar a una de las mejores y más bellas actrices que el viejo continente ha visto nacer de sus entrañas, esto no ha supuesto, en absoluto, que la resolución de Todos al cine no haya logrado, vítores aparte, conversar off the record, o más bien unplugged, con la gran Sophie Marceau. Parisina de pro, actriz, directora, escritora cinematográfica y agraciada entre las agraciadas, Marceau pasó por Madrid para presentar su nueva cinta, Espías en la sombra, drama bélico basado en hechos reales, en que interpreta a experta francotiradora de la Resistencia francesa que posibilitó, entre otros provechos, el desembarco de Normandía. En un marco inigualable como lo es el Hotel Intercontinental, Marceau demostró en una escueta rueda de prensa, que no sólo sigue siendo la joven que debutara en Le Boum, sino que la candidez y la sensualidad, no están reñidas con el paso del tiempo. Y es que, tal como demuestra su propio personaje en Les femmes de l´ombre, toda fémina, con la venia de la sociedad, puede llegar a ser una mujer de armas tomar.

Pregunta.- Siendo ésta una película histórica, ¿cree que la ambientación y el entorno que rodea a un rodaje de estas características facilitan en gran medida el trabajo de los actores?
Sophie Marceau.- Sí, realmente uno cree lo que ve, y el cine es eso, puramente visual. Cuando un actor está dentro de este ambiente, se ve proyectado en la realidad de la película. Puede parecer frívolo el hecho de elegir una camisa, un sombrero o unas botas, pero en realidad todo ello contribuye a que te introduzcas dentro del personaje y de la época en que está inscrita la película.
Pregunta.- ¿Cómo se ha sentido interpretando a una mujer francotiradora, que padece tortura, que ha de luchar con todas sus fuerzas y aún así, mantiene una actitud fría y serena?
S.M.- Bueno, es mi trabajo, aunque lo cierto es que he descubierto un universo muy fálico gracias a mi personaje –ríe-. Lo que más me ha costado ha sido el tener que manejar las armas con naturalidad. Además, el armamento de aquella época era extremadamente pesado, e incluso las armas podían parecer algo fantasmagóricas, pero la verdad es que ese tipo de realidad, esos accesorios, son vitales para los actores. Por eso es tan gratificante, porque forma parte de mi personaje.
Pregunta.- Es difícil ver una película bélica protagonizada por mujeres. ¿Ese punto de vista femenino es lo que más le atrajo del proyecto?
S.M.- Es verdad que los dos escritores del guión son hombres, pero también lo es que las grandes películas de mujeres suelen estar escritas por hombres, como Ingmar Bergman o Pedro Almodóvar. Por encima de esa consigna femenina o masculina, en este guión están las dos cosas, aunque tiene mucho de analítico que es más femenino. Pero es que la vida, el mundo, la guerra, todo es así. Aunque los hombres se han apropiado de la guerra, -ya que es muy física-, las mujeres, los niños, todos entran en guerra. Cierto que es más raro que en una película se muestre a la mujer y no al hombre en actos heroicos. Por mi parte ha sido muy ilustrativo ver a mujeres comportarse así en una guerra, ya que siempre las había visto como colaboracionistas con el enemigo, siempre delatoras. En este caso, esta película cuenta cómo estas mujeres, que en verdad existieron, fueron muy diferentes.
Pregunta.- Hablando estrictamente de España, la historia de estas cuatro mujeres es completamente desconocida, ¿lo era también en Francia antes de iniciar el rodaje?
S.M.- Totalmente. No existía un diario, un libro, ni ningún documento al respecto lo suficientemente conocido. De hecho, sólo un pequeño articulito en un periódico pequeño hablaba de mi personaje, el día en que falleció hace unos cuantos años. Estas mujeres de las que leí muchos testimonios, no tenían ganas de hablar de sus cosas, no querían hablar de ello. Yo personalmente tuve suerte porque por ellas, como dije antes, pude cambiar la idea que tenía de las mujeres de la Segunda Guerra Mundial, quizá en parte por la imagen que dais de la vida los medios de comunicación. Es verdad que estas mujeres son una realidad, y por eso Jean-Paul Salomé, el director, quería rendir un homenaje más a estas mujeres, que a la propia resistencia francesa.
Pregunta.- En torno a la Resistencia, existe mucha mitología, mucha mística. ¿Ha sido difícil interpretar su papel sin caer de algún modo en el estereotipo?
S.M.- Lo cierto es que no tengo ningún miedo a los clichés, es algo ridículo, y mucho más siendo actriz, que no arriesgas nada. Sí que puedo temerlo como directora, que eres quien crea una realidad. Como persona no tengo estrategias. Si hay referentes en la historia, pues genial. La verdad consiste en que te creas o no la historia. En realidad todo está ya hecho, aunque siempre se puede encontrar algo nuevo, algo distinto. Que la Resistencia es un asunto redundante, pues eso es algo que va más con el guión, con el director. El único problema es representarte a ti mismo, tratar de hacer cosas nuevas, evolucionar, cambiar. Ante una situación como la de una guerra, es muy difícil, así que ante ella actúo más como una espectadora.
Pregunta.- Tras tantos años de carrera, ¿cómo ha evolucionado su criterio a la hora de elegir sus papeles?
S.M.- Obviamente, mi profesión evoluciona en función de la tecnología. Yo soy mi propio instrumento, por decirlo de algún modo, por lo que mis roles son paralelos a mi vida. Las decisiones que tomo van en función de cómo funciona mi vida. Así lo hice a los veinte, así lo hago a los cuarenta, y así lo haré a los sesenta. Somos un poco los representantes de la comedia humana, con toda humildad. Hay muchas cosas que quedan todavía por decir, hay mucho que expresar, hay que evolucionar. Cuantos más años tienes, más cosas tienes que decir y más avances hay que hacer.
Pregunta.- Después de tu experiencia en Hollywood con Braveheart o siendo chica Bond, y sabiendo que te tomas la libertad de elegir bien los papeles ¿qué papeles has rechazado en Hollywood?
S.M.- Nunca me fui a Hollywood, por lo que no puedo regresar de allí. Además, lo que he rechazado, siempre lo olvido. Yo estoy contenta con las decisiones que he tomado, porque mi carrera se corresponde a lo que yo proyecto. Hay cosas que han salido mal y eso lo lamentas. Hay personas que no conoceré, con las que nunca trabajaré, pero estoy tranquila porque he actuado coherentemente. Siempre creo que existe una razón por la que algo no ha salido. Mi carrera se parece a mí, no quiero estar en todo, no corro por hacer una carrera, no he decidido ser actriz, de hecho, es algo que me planteo todos los días –ríe-, así que todo lo que no he hecho, me ha dado tiempo para hacer mi propia vida.
Pregunta.- ¿Ser actriz le ha abierto muchas puertas para poder ejercer como directora?
SM.- Lo cierto es que si llamo a un productor para pedirle dinero, también a mí me cuelgan el teléfono –ríe-. Sí que es más rápido, pero eso no significa que me vayan a dar el dinero. A ellos les interesa que esté delante de la cámara, no detrás de ella; saben que tengo valor comercial como actriz, pero no como directora. Eso no me impide seguir intentándolo. Sé que el público tiene interés en verme como actriz, y al igual que mi exposición mediática aporta cosas a mi favor y en mi contra, en este aspecto me pasa lo mismo. Todo es así en mi vida.
Pregunta.- ¿Qué nos puede contar de esta última etapa “dorada” del cine francés?
S.M.- Es cierto que el cine francés está experimentando una hermosa etapa durante estos últimos años. Extrañamente el público francés va al cine a ver películas francesas, lo cual tiene mucho mérito porque el cine americano está presente en todo el mundo. Al respecto creo que deberíamos sacar lecciones de cómo hacen ellos cine. Sin embargo, reconozco que el cine francés, cuanto más autóctono es, más éxito tiene. No podemos decir que debemos hacer películas distintas porque las que tienen más público suelen ser muy francesas. Este hecho se ve muy bien con la película Bienvenido al norte, que es muy “identitaria”, acerca de una población muy definida. Por eso cada pueblo, cada país, cada lugar, debería identificarse con su propia cultura. A los franceses les encanta reírse de Francia y de todo lo francés, al igual que a los alemanes reírse de lo que no sale de sus fronteras. Algo que ha hecho muy bien el cine americano es que sabe hablar muy bien de su cultura, al tiempo que la exporta muy bien fuera. Las películas que funcionan en Francia son muy francesas, y precisamente por centrarnos mucho en nosotros, nos convertimos en algo muy universal.
Pregunta.- ¿Y qué puede decirnos sobre el cine español?
S.M.- El cine español como tal existe desde siempre, quiero decir que está muy presente, tiene su fama, su poética, se exporta bien, se ve mucho en Francia y en América. No sé si es fácil producir en España, aunque me temo que no, como no lo es en ningún lugar a causa de que el mundo está en crisis. Lo ideal es expresar la cultura, cuanta más cultura se pueda expresar, mucho mejor.

EL ARRESTO HECHO VOCACIÓN: ENTREVISTA A ELENA ANAYA
Lucía Tello Díaz
Risueña, jovial y llena de energía. Así podríamos definir a Elena Anaya, actriz española que engrosa la lista de intérpretes que brillan con luz propia al otro lado del Atlántico, y que destaca por protagonizar una de las carreras más sólidas y lúcidas del panorama actual. Optimista radical, la que fuera una candorosa adolescente en películas como Familia de Fernando León de Aranoa, ha madurado y mucho, pudiendo vislumbrar en sus ojos bicolores una transformación lenta pero firme, que sin duda ha conducido sus pasos sin trabas ni enmiendas. Anaya, con su tipo menudo y sus vertigionosos tacones de salón verde ácido, tiene muy claro que esta profesión se resume en el trabajo constante y la apuesta por la supervivencia. Aceptado el envite de Julio Médem para protagonizar su octava película, Elena Anaya nos habla de cómo ha sido el encarar un proyecto arriesgado y seductor como Room in Rome. Ya no cabe duda: esta chica llegará lejos.

Lucía Tello Díaz.- Háblanos de este proyecto que ahora presentáis, Room in Rome
Elena Anaya.- La primera vez que quedé con Julio para hablar del proyecto, le pregunté acerca del guión y me dijo que todavía no lo había escrito, y ese hecho en sí me pareció muy interesante, porque me he sentido muy presente en todo el proceso creativo. Esta es la versión ocho plus del guión –ríe-. Ha escrito ocho versiones, pero es que es increíble lo que cambia el guión de una versión a otra; yo en mi casa tengo guiones y guiones de Room in Rome, con millones de anotaciones. Tengo un micromundo de la película en mi mesa de trabajo. Pero me ha gustado mucho, el personaje estaba muy definido desde el principio, aunque ahora lo ha hecho más suyo, los dos personajes, tanto el de Natasha como el Alba, e incluso la historia en sí. La primera versión decía que no la identificaba como suya, y ahora es cine 100% Julio Médem, una historia maravillosa.
LTD.- Dices que te has sentido muy presente en el proceso creativo de la película ¿te gusta aportar elementos a tus personajes?
E.A.- ¡Es que soy una persona muy activa! –ríe-, leo cosas y no me puedo callar. A veces Médem me dice: “cállate, esto es así y punto”, y ya está; pero cuando le gusta, que es normalmente, escucha y se va a casa con la idea y no duerme, entonces empieza a trabajar como un loco y al día siguiente te trae la versión “7-H”, una nueva versión en la que te ocurre algo increíble que tiene que ver con la aportación que tú hiciste ayer.
LTD.- ¿Cómo sueles elegir tus proyectos?
E.A.- Pues tengo un equipo estupendo, porque este es un trabajo que siempre se hace en equipo. Yo llevo toda la vida trabajando con la misma agencia de representantes-mánagers (que en España todo lo hace el mismo grupo, no es como en otros países en que para hacer una carrera tienes a siete personas que van siempre contigo); pues como digo, llevo mucho trabajando con este equipo de Katrina Bayona, y por supuesto me ayudan, me acompañan, y hacen que este trabajo sea de todo el grupo. Luego, la decisión de elegir, terminas tomándola por intuición, pero intuición de todos, yo puedo decir si una película la hago o no, pero todos sabemos cuál es la decisión, nunca se ha dado el caso de desavenencias.
LTD.- ¿Has visto la película en la que está basado este filme, En la cama, de Matías Bizé?
E.A.- No, no la he visto porque me lo pidió Julio; cuando me contó que iba a ser una especie de remake, le dije “bueno, pillo la película, la vemos y luego hablamos”, pero me dijo que no, que prefería que no la viera. Así que debo ser la única persona que no la ha visto... Pero la tengo en casa, así que imagínate, me la mandaron como miembro de la Academia pero no estaba en España, y no la he visto.
LTD.- ¿Y cómo fue el reencuentro con Julio Médem?
E.A.- El trabajar de nuevo con Julio fue de lo que más me atrajo del proyecto. Además, me llamó y me dijo: “este personaje es tuyo”. Era después de Caótica [Ana], y Julio también sabía en qué momento me estaba llamando. Aparte de ser director es mi amigo, a quien admiro profundamente, yo soy una fan de todas sus películas, de cada una de ellas, y estos ocho años desde que hicimos Lucía [y el sexo], pues ha hecho que yo conozca, aparte de al creador y al artista que hay en Julio, a la grandísima persona y, por supuesto, amigo mío al que admiro y quiero. Así que me llamó y le dije por supuesto.
LTD.- Según tengo entendido, has intervenido activamente en el cásting de tu compañera, debió ser una experiencia totalmente nueva para ti
E.A.- ¡Nadie se imagina cómo ha sido el cásting! -ríe de nuevo-, hemos tardado tres meses y pico. No teníamos ni idea de quién iba a ser mi compañera de reparto, sólo sabíamos que tenía que ser rusa. Nos hemos ido a Moscú y Julio, aunque habla inglés, se cortaba un poco, y me decía: “haz tú las entrevistas”, y yo claro, pues allí estaba, era la primera vez que hacía cástings... Bueno, la segunda, porque ayudé a Gustavo Salmerón a elegir el reparto de su corto Desaliñado, que luego me puso en los títulos de crédito como directora de cásting. Nunca había hecho una prueba tan personal, además buscábamos a alguien muy peculiar, muy valiente, porque es un personaje muy difícil, y hemos tenido la suerte de encontrarnos a estupendísimas actrices, con muchísimos valores y por supuesto mucho talento, si no, no hubieran llegado a esta prueba, después de una preselección. Pero es que, alguna prueba llegó a durar ¡más de diez horas!
LTD.- ¿Diez horas?
E.A.- Sí, así que imagina lo que es llegar a las doce de la mañana y salir a las diez de la noche y pensar “me voy a desmayar”, y la pobre rusa pensando “pero esto ¿es un cásting o qué?”, además decía Julio: “Ahora vamos a ir al episodio tal”, porque la película tiene como veinte episodios, y claro, eso incluía más de diez páginas de texto, y yo le decía “Julio, que eso son cuarenta y cinco páginas”, y el me contestaba: “pues bueno, empezad e improvisad”, yo alucinaba. Hasta que apareció Natasha, un ángel, una mujer que tenía una calidez profunda, que era la que el personaje necesitaba. Hizo la prueba que menos duró, hicimos unos pequeños textos de una hora u hora y media, que ya está bien –ríe de nuevo-, y charlamos un rato. Julio me miró, me habló sin decirme nada, lo teníamos clarísimo, seguimos hablando con ella y resultó que se llamaba Natasha, como su personaje, otra de tantas coincidencias en el mundo de Médem, porque no es que esté pirado, ni nada por el estilo, es que su vida es así, todo el rato casualidades.
LTD.- ¿Cómo se presenta la idea de tener que realizar escenas muy sensuales con otra mujer?
E.A.- Alba, mi personaje, está encantada, así que es parte de mi personaje, como si tienes que ser ingeniera mecánica. Yo no tengo ni idea de motores, es más, si se me cala el coche soy de las que tiene que pedir ayuda para que venga alguien a salvarme. Si hay que abrir el capó, o saber dónde está la bujía de no se qué... nada, pero interpreto a una ingeniera mecánica y me he empollado todo lo que concierne a los motores, de hecho, entiendo de ellos ahora más que nunca. Es más, en un bar conocí a un ingeniero mecánico de Londres, y me hice pasar por el personaje y le dije que me llamaba Elena –claro, no le iba a decir que “Alba” porque ya me habían presentado-, y le comenté que era ingeniera mecánica, que me iba a Londres en una feria de Transporte alternativo y ecológico, y que había inventado un vehículo llamado Expasia, que lleva un motor de inyección; le expliqué cómo funcionaba técnicamente mi invento y nos pasamos dos horas hablando. Es decir, tienes que meterte en tu personaje, tienes que hacer ese personaje creíble, su manera de pensar, su conocimiento, su pasado, sus gustos, todo. Es construir un personaje desde cero y dárselo todo.
LTD.- Pero me imagino que será un poco violento hacer un personaje tan al límite
E.A.- No tanto, porque he interpretado a personajes mucho más al límite. De hecho es mi especialidad –ríe-, no porque me salgan bien, sino porque siempre me llaman para ese tipo de personajes.
LTD.- Es cierto, pero a pesar de ello, puede resultar algo violento que gran parte de la trama esté centrada en la intimidad de estas dos mujeres
E.A.- Mira, puede ser violento cuando hay directores, a los que respeto mucho, que dicen que no es necesario ensayar, que los actores no se tienen que conocer... Y entonces tienes que rodar una secuencia, puede ser un desayuno o una escena en la cama con un señor que acaba de llegar y al que dices “ah, ¿que eres mi marido? Pues encantada, venga a la cama”, entonces sí que es marciano. Pero como te digo, hemos hablado y trabajado muchísimo. Llevo seis meses conviviendo con Alba, y prácticamente con Julio y con Natasha –ríe-, son muchas horas cada día de ensayos y preparación.
LTD.- Entonces, cómo definirías la película que vais a comenzar a rodar
E.A.- Vamos a tener la suerte de que Room in Rome sea una película más Médem que nunca. De hecho, me parece una película tan personal, y ocurre en un espacio tan pequeño geográficamente hablando, que el viaje profundo hacia las dos personas hace que aflore más todo su universo personal. Por supuesto, pensar en Médem es pensar en un plano impresionante, del círculo polar ártico con Najwa sentada viendo el horizonte. Súper Médem. Pero dos actrices contándose su historia, es casi obra de teatro, creo que tiene más oportunidad a través de esta historia, de construir las almas de ese universo tan personal del que habla.
LTD.- Después de años de carrera, ¿te sientes menos temerosa ante los nuevos proyectos?
E.A.- Absolutamente no –ríe-. Como anécdota, contaré que una vez estábamos rodando con Federico Luppi Las Huellas borradas en Riaño, nos alojamos en un hotel súper pequeñito y se oía todo. Pues Luppi se pasó toda la noche repitiendo una frase, de un monólogo larguísimo sólo repetía esa frase. Claro, me quedé dormida y, por la mañana, seguía diciendo la misma frase. Cuando rodamos al amanecer, el primer día de rodaje, le pregunté qué tal estaba, y me dijo que muy nervioso y con mucho susto. Cuando le pregunté si había estado repitiendo una frase, me dijo “sí, sí, es que no me salía bien y he estado ensayando toda la noche”. Me pareció tan bonito que un actor tan inmenso y admirable en todo, por dentro y por fuera, estuviese nervioso y asustado, que me hizo pensar que así hay que estar. Con diecinueve años, en mi primera película, estaba asustadísima, con un miedo de muerte; ahora por supuesto que defiendo mis primeras películas, pero hay que respetar mucho el oficio, entender que hay que prepararse, y saber que aquí no se llega sabiéndolo todo. Con los años me doy cuenta, de que me queda mucho por aprender y que quiero cada día sorprenderme a mí misma y pensar cuánto me queda. Eso es lo bonito.

EROTISMO AL SERVICIO DEL ARTE: EL AMOR Y JULIO MÉDEM
Lucía Tello Díaz
Del único director poético, personal, onírico y surrealista del cine español, hay poco que contar que no se haya relatado ya. Realizador, atleta, cirujano y crítico de cine, de Julio Médem se ha dicho mucho o demasiado, aunque quizá no lo suficiente. Y decimos quizá, porque a este vasco con raíces germano-francesas, con claras evocaciones a Buñuel, Dalí, Bergman o Kenji Mizoguchi, no se le ha hecho, en estos últimos años, la justicia que sin duda merecía. No es fácil levantar el vuelo en un país muy bien provisto de veneno entregado en desmedidas dosis.

Tal vez hubiera de confesar que el propio Stanley Kubrick quedó prendado de alguno de sus filmes, y que Steven Spielberg, deidad en esta profesión, llamó a sus puertas para ofrecerle un fastuoso y suculento blockbuster que, por supuesto, la integridad de Médem rechazó. Con el tesón de un veterano pero con la humildad de un principiante, el realizador de San Sebastián vuelve a la gran pantalla con Room in Rome, una película complicada, mezcla de obligación y devoción. Y es obligada, aunque no en sentido estricto, porque su consecución llega a resultas de una propuesta directa del productor Álvaro Longoria, a pesar de que, y en esto es devota, Médem haya impregnado el guión y el equipo artístico de su particular universo, estimulante y siempre fascinador.
Esta propuesta cuando menos sugerente, versión libre del filme de Matías Bizé En la cama, estará protagonizada por Elena Anaya y Natasha Yarovenko, quienes se encargarán de dar vida a una pareja de desconocidas que descubre el erotismo, la sensualidad y la libertad, en un remoto hotel de Roma. Con la sana intención de resultar atrayente y excitante, su rodaje dará comienzo la última semana de enero. Sin embargo, y pese a las tensiones previas a la filmación de la cinta (todo un reto el concebir un film que no “ha salido de sus entrañas”, como él mismo indica), el cineasta ha tenido la deferencia de hablar con nosotros sobre este excitante y prenatal film.
Lucía Tello Díaz.- La película que ahora presenta, Room in Rome será la octava en su filmografía, rodada en el extranjero y además en inglés. Esta proyección internacional ¿puede ser debida a que cree que ha sido poco valorado en España?
Julio Médem.- Aunque pueda parecerlo, no he rodado fuera de España porque aquí me sienta menos valorado. Es verdad que con Caótica Ana, la diferencia entre el exterior y España ha sido muy llamativa, sobre todo en lo relativo a la prensa, a los festivales de Roma, de Londres, de Israel. Llegó un momento en que, si quería animarme, tenía que acompañar a la película por algún festival. Evidentemente, un productor quiere garantizar que la película se venda bien en el extranjero y aquí también, cuanta más gente vaya, mucho mejor. Pero creo que no tendría mucho futuro si me limitara al público español.
LTD.- Después de la fría acogida de Caótica Ana, ¿se ha desanimado de algún modo?
JM.- El resultado de Caótica Ana, en vez de pararme, me dio como una especie de fiebre. Uno lucha para no hundirse, escribiendo guiones y no parando. Te abstraes, te metes a escribir y dejas de ver la realidad. Además, ese alejamiento acabó ayudándome muchísimo. El choque de la película me duró poco. Que me haya enfadado con algunas opiniones, eso es evidente, por supuesto. Eso está ahí, y algunas actitudes me dan vergüenza, hicieron de ello algo personal. Nosotros estamos aquí para hacerlo lo mejor que podemos, tenemos el ego bajito, sólo lo necesario para crear; además nos desnudamos mucho, damos tantísimo de nosotros mismos, nos exponemos tanto, que creo que se debería crear un puente. No ya hacerse amigo del director, sino de la historia, de la propuesta. Ser mínimamente amigo. Intentar ser ese puente entre lo que propone el director y el espectador.
LTD.- Con más motivo sabiendo que fue usted crítico de cine...
JM.- Sí, yo tiraba al aire todo lo que me gustaba, me ponía “a dar brincos”. Y cuando algo no me gustaba, me daba un pudor enorme ponerme a decirlo, siempre relativizaba. Pero claro, cuando hay gente que saca su estilo del insulto, eso sí que es duro.
LTD.- Tal vez la crítica ha arremetido contra usted porque es de los pocos directores españoles con un cine muy auténtico, muy poético. Muchas películas suyas tienen resonancias de Bergman, de los vanguardistas, algo a lo que no estamos muy acostumbrados en España.
JM.- Quizá mi cine no es tan cercano, y tal vez es cierto que se sale un poco de la norma. Pero a mí me parece que es un estilo de actitud, no sé, altiva, como de “qué se ha creído éste”. Aunque también es cierto que hay muchos que no, que se mantienen en su sitio y que, si no les gusta algo, te lo dicen y ya está. Yo estoy acostumbrado a las dos cosas, a que guste y a que no guste, pero lo que no me parece bien es cuando, en este caso, encuentro insultos y mucha agresividad. Por lo demás, a quien no le guste está en su derecho.
LTD.- Cuéntenos algo sobre Room in Rome, su carácter, su atrevimiento, su contenido erótico, ¿cuál cree que va a ser su acogida por parte de la crítica?
JM.- Aunque hubiera gente que quisiera criticarla por el contenido sexual, sería un poco impresentable hacerle críticas sólo por ello. Me criticarán por otro lado, sin decirme que es por eso –ríe-. Pero me apetecía porque me parece muy interesante. Me gusta mucho contar historias de amor: hombre-mujer, mujer-hombre, en fin, y meterme ahora aquí, a investigar, a saber cómo son cada una de ellas, como personas, aparte del sexo
LTD.- Después de Lucía y el sexo, ha vuelto ha trabajar con Elena Anaya, ¿por qué la ha elegido para el papel de Alba?
JM.- Ya había trabajado con ella hace ocho años y me parecía la mejor actriz para hacer este papel. Su forma de ser, su carácter, en el personaje de Alba estaba integrado todo lo que es ella: su soltura, su sentido del humor, su ritmo al hablar, sus bromas, sus nervios...
LTD.- ¿Qué le ha supuesto cambiar tan radicalmente la forma de narrar las historias, condensando el contenido en doce horas y una sola habitación?
JM.- Sí, es muy delicado, con lo que me gustan a mí las elipsis, los exteriores, jugar visualmente con los espacios, crear una atmósfera a través de ellos. Lo que ocurre es que el pasado está, pero la película es lineal. Aquí no hay elipsis, hay una continuidad, crea el efecto de pensar que has pasado la noche con ellas y parte de la mañana. Lo que pasa es que, a medida que ellas se van contando y van desvelando quiénes son, lo que les ha ocurrido, momentos del pasado tan duros, todo adquiere mucho valor. Todo lo que se ha contado entre esas cuatro paredes, el espectador descubre algo nuevo, aunque esté viendo lo mismo. La imaginación funciona bien aunque no está visualmente contado.
LTD.- Por lo que cuenta, Room in Rome va a ser una película muy sensorial, muy táctil, en la que el espectador es partícipe de la relación de las dos chicas, Alba y Natasha, ¿por qué ese enfoque?
JM.- Esa es una de las dimensiones de la cuestión escénica. Hay otro aspecto de tipo semiótico que es Pompeyo, el hotel Pompeyo, que está construido dentro de un teatro que ya no existe, aunque es una presencia, está ahí. Luego están ellas, que se conocen, se miran, se gustan, y son el paisaje, aunque no todo el tiempo, sobre todo en una parte de la película. Pero sí, sí quiero contar esa pasión.
LTD.- Entiendo, aunque yo me refería más a que el exterior en la película es todo lo que ellas pueden ver, todo desde una perspectiva subjetiva, sin injerencias de lo ajeno.
JM.- Sí, por supuesto. Allí un teléfono móvil adquiere un valor distinto, muy íntimo. De alguna manera es un valor por contraste entre lo poquito que se ve de fuera y lo que está dentro.
LTD.- Y después de Room in Rome, ¿qué proyectos tiene en mente?
JM.- Estoy muy metido en el mundo de la antigua Grecia, sobre todo en el siglo V a.C., donde hubo una etapa de esplendor con Pericles, Sócrates, Atenas, el arte, la filosofía, todo. Me he pasado todo el año leyendo, documentándome y escribiendo. Ahora tengo la primera versión de lo que será una gran tragedia griega, Espasia, una película también compleja, que tendremos que pasar al inglés por exigencias del reparto internacional. Además, seguramente voy a hacer más películas que antes, es decir, no tan espaciadas, y empleando la fórmula que ha tenido que usar más gente: el bajo presupuesto... Cosas de la crisis.

REINVENTANDO EL GÉNERO: EL CINE INGLÉS SEGÚN JULIAN JARROLD
Lucía Tello Díaz
Le conocimos por la franqueza con que abordó la vida y obra de Jane Austen. Valiente realizador, ha demostrado coraje suficiente al llevar al cine una historia no ya inglesa, sino enraizada en el patrimonio cultural británico: Brideshead Revisited, la afamada novela de Evelyn Waugh que no sólo obtuvo reconocimiento literario, sino también televisivo y cinematográfico, con varias versiones para la pequeña y la gran pantalla. Pero a Julian Jarrold las comparaciones no le amedrentan, ni siquiera el hecho de que algunos críticos quieran ver en su filmografía destellantes resonancias de James Ivory. A Jarrold no parece preocuparle lo más mínimo, es más, no le inquieta en absoluto. Con talante serio, frío a primera vista, este joven director de Norwich lleva en su semblante la estoica flema anglosajona, un toque sofisticado que pierde con calma al tiempo que gana en cercanía. Y es precisamente esa amenidad, esa altanería coqueta que tanto recuerda al cantante Brian Adams, lo que hace tan sencilla la conversación con él. Quizá porque es al tiempo metódico y espontáneo; quizá porque es artista y técnico a la vez; quizá porque no parece haber perdido la candidez de un adolescente y porque, al igual que el rockero canadiense, parece tener eighteen till he dies.

Lucía Tello Díaz.- Durante décadas ha trabajado usted en televisión, lo cual implica un proceso creativo completamente distinto al del cine. ¿Cómo ha percibido usted ese cambio?
Julian Jarrold.- Cuando trabajas en el cine, tienes la sensación de mayor control, todo el mundo espera de ti que termines la película. Intervienes en el guión, en el cásting, en el modo en que vas a rodar, en las localizaciones... Tienes más control. Al mismo tiempo, puedes ser más consciente sobre muchos asuntos, como por ejemplo hacer más divertido un guión o algo parecido. Eso forma parte del trabajo en el cine. En televisión, sin embargo, muchas veces te ofrecen el guión y tienes que ceñirte a eso, hay menos cosas que puedas hacer, menos de las que te gustaría.
LTD.- Al hilo de su nueva película, Retorno a Brideshead, resulta curioso que hoy en día haya muchísima filmografía basada en novelas clásicas, ¿a qué cree que se debe?
JJ.- No lo sé –ríe-... Elegí esta novela porque había muchos asuntos que me parecían interesantes en su trama. Y es que, a veces, se reciben guiones originales que adolecen de cierto formulismo, por no hablar de los personajes... Cuando te acercas a textos clásicos, sobre todo las novelas, son estimulantes: sus historias son más interesantes; sus personajes son más inusuales; sus situaciones son más desacostumbradas... Yo creo que el peligro está en cómo hacer de una novela una película: si se puede, está genial, aunque creo que sería realmente aburrido que todas las películas fueran novelas adaptadas.
LTD.- En el caso de Retorno a Brideshead resulta evidente su atractivo, ¿qué fue lo que más le atrajo de esta novela de Evelyn Waugh?
JJ.- Unas cuantas cosas. Por un lado, me parecía fascinante la relación que se establece entre los jóvenes personajes. Por otro, me pareció que el misterio de toda la problemática, que es la extrañeza de la religión, era también cautivador. Y es realmente interesante que no se empieza a comprender lo que sucede hasta bien adentrada la película. Además, para mí era interesante el perfil psicológico de la novela, una especie de cuento de Cenicienta: un joven de un estrato social pobre que se introduce en este pacífico y excitante mundo. Creo que todo ello es algo atrayente.
LTD.- A la hora de llevar a cabo el tratamiento religioso, ¿no temió herir susceptibilidades?
JJ.- Supongo que sí, ya que la novela versa sobre el catolicismo. Mucha gente la ha interpretado como un ataque, aunque sea tan sólo una parte de la vida de los personajes. En realidad en Inglaterra los católicos son minoría, y queríamos mostrar la realidad lo más claro posible. Era algo delicado, es cierto, pero también lo es que con esta obra Evelyn Waugh quiso hacer su gran novela católica, que tenía la idea de llevar a los personajes a Dios. Claro que, como mucha gente indica, los personajes logran “liberarse” de las ataduras del autor, demostrando que no son felices a causa de su religión. De todos modos, al final la concepción vital de Charles evoluciona, comprendiendo el gran significado que la religión tiene para estas personas.
LTD.- El equipo artístico de la película es extraordinario: Emma Thompson, Michael Gambon, Hayley Atwell, Mathew Goode, Ben Whishaw... ¿cómo fue el ambiente de rodaje?
JJ.- Fue muy sencillo trabajar con ellos. El mayor problema lo supuso el iluminar esas grandes estancias, esos enormes edificios. Tuvimos uno de los veranos más húmedos que se recuerdan en Inglaterra; a donde quiera que miráramos, empezaba a llover, así que teníamos que empezar de nuevo una y otra vez. Pero los actores son muy buenos, por lo que a la primera o segunda toma ya habíamos conseguido lo que queríamos. Ben Whishaw es un actor de método, así que no le costó llegar a ser el personaje y meterse en la piel de Sebastian. Michael Gambon y Emma Thompson son unos actores muy experimentados, y entienden muy bien y muy pronto lo que les es requerido. Fue un rodaje muy divertido y ellos unas personas encantadoras.
LTD.- Ésta parece una pregunta obligada que, a buen seguro, le habrán formulado muchas veces, pero ¿cómo es la experiencia de trabajar con la gran Emma Thompson?
JJ.- La primera vez que vi a Emma Thompson, no estaba seguro de que pudiera interpretar el papel de Lady Marchmain, porque muchas personas piensan que el suyo es un personaje mayor, pero en realidad, contemplando el período del que se habla, ella fue madre bastante joven. De hecho, es posible, según el libro, que no haya mucha diferencia entre Charles y la señora Marchmain, y por ello es interesante señalar que se trata de una mujer que puede estar relacionada con Charles, que no es una solterona chapada a la antigua.
LTD.- Una solterona chapada a la antigua...
JJ.- Bueno, una solterona no, pero... –ríe-, de cualquier modo, pensé que a la hora de elegir el cásting a veces es excitante correr algún riesgo, afortunadamente ella es una excelente actriz y tiene una capacidad increíble para sacarlo adelante, y es muy conmovedora, sobre todo en la segunda parte, cuando se pregunta por qué le ha pasado todo eso a sus hijos.
LTD.- Después de películas como Becoming Jane o Retorno a Brideshead, ¿en qué proyecto se va a adentrar a partir de ahora?
JJ.- Pues estoy en un proyecto muy diferente en estos momentos... En un thriller muy oscuro y violento, un film noir en entornos de la clase trabajadora, en las calles... Ya nadie me puede decir nada al respecto, en mi siguiente proyecto le aseguro que no habrá nada de apacibles mansiones –ríe-.

EL ESTILO MOLLÁ
Lucía Tello Díaz
Posee estilo, tiene gracia y hace alarde de un carácter indomable. Sus ademanes inquietos, su inagotable capacidad para estar atento a multitud de sucesos simultáneos y su atractivo y paradójico desdén hacia lo que le rodea, hacen de él un personaje excepcional. Es joven, brillante y seductor, aunque parece no darle la menor importancia. Sobre este actor internacional, que empezara en el Institut del Teatre de Barcelona, se han derramado ríos de tinta, aunque lo único verdadero, además de su mirada, es que Jordi Mollá es distinto, muy distinto. Y es que, en un mundo de frivolidad y fascinación por lo epitelial, resulta extraordinario encontrar a un personaje, a una persona, que guarda en su interior un torbellino vital que liberar. Por ello entrevistarle es tan atrayente como delicado, una labor arqueológica en la que sacar a la luz todo lo que este hombre sugestivamente guapo, es capaz de atesorar. Y es mucho.

Lucía Tello Díaz.- Escritor, pintor, actor, director... Es difícil encuadrarle en un sólo ámbito artístico, ¿cómo se definiría a si mismo?
Jordi Mollá.- Como un actor que pinta, escribe y dirige.
LTD.- Pero supongo que habrá un ámbito que le apasione más...
JM.- Son como amantes que revitalizan mi matrimonio con la actuación. Cuando estoy quemado con mi matrimonio, pues tengo un rollo con una amante. Luego vuelvo a casa... Es un acuerdo para no cansarme siempre de lo que hago.
LTD.- La película que ahora presenta, La conjura de El Escorial, es un filme muy complejo, donde hay mucha corruptela, muchos asesinatos e intrigas. Curiosamente, el personaje que más beneficiado sale de ese quebrantamiento legal, es Mateo, el que usted interpreta...
JM.- Sí, y además sin quererlo... Pero precisamente se beneficia por eso. Él es, según dice, un hombre de Dios, que no quiere saber nada de toda la corrupción. Entonces abre una investigación y el rey se da cuenta de que este hombre vale más de lo que pensaba, y acaba ostentando un cargo político a pesar de que, como él dice al principio, siempre ha detestado la política y tener enemigos, viéndose envuelto en todo esto. Pero se sonríe pensando a qué le puede llevar esa situación.
LTD.- Se dice en la película que “en los tiempos que corren, todavía hay gente que muere en su cama”, marcando el grado de corrupción de la España del siglo XVI, ¿le apeteció encarnar al único personaje sin villanía?
JM.- Indudablemente, eso marca la diferencia con el resto de los personajes. Además es un hombre de la Iglesia, pero bastante especial: maneja la espada, abre una investigación... Es un tipo activo, no se limita a dar una misa y punto.
LTD.- ¿Cómo fue la preparación de este personaje?
JM.- Muy rápida. Fue llamarme a una semana de empezar a rodar, así que no tenía mucho tiempo de prepararme. Me generaba mucha ansiedad el saberme el texto y, no sólo eso, hacerlo. Es como si en el teatro tienes que aprenderte el papel de otro en tiempo récord. Sólo sé que me lancé a la piscina. No sé si por intuición, por indicaciones del director, por los actores que tenía alrededor, los personajes... Fue muy interesante como experiencia. Además, era como si este personaje, Mateo, estuviera en Toledo, le dijeran que fuera para el Escorial, y después tiene que reaccionar. Yo también tenía esa sensación, de recién llegado.
LTD.- Teniendo que hablar en latín, en inglés, y además tener poco tiempo para prepararte el papel... ¿Cuál fue entonces el gancho que te hizo “tirarte a la piscina” en este proyecto?
JM.- Pues la clave fue el hecho de estar en el sistema, sin ser el sistema. Porque los que están dentro y forman parte de él, corren mucho peligro. Pueden conseguir muchas cosas, es cierto, pero corren mucho peligro. Estar en el sistema, pero a su manera, era lo que más me gustaba del personaje.
LTD.- Con Antonio del Real ya había trabajado en una comedia. ¿Ha sido difícil trabajar con él en una superproducción como La conjura de El Escorial?
JM.- Es distinto, me imagino que para Antonio habrá sido un reto muy fuerte, con actores que no hablan su lengua, con los que, para comunicarse, necesita a una tercera persona; además en los rodajes se pasan muchos nervios, todo va muy deprisa porque, aunque por fuera dé la apariencia de lento, un rodaje por dentro va a toda pastilla. Además, al ser una superproducción, es una presión añadida, es una apuesta más fuerte, lo que supone un riesgo más fuerte.
LTD.- Hablando de riesgos más fuertes, perteneces a ese reducido grupo de actores españoles que trabajan tanto o más en el mercado internacional que en el nacional, ¿pretendes trasladarte definitivamente a Los Ángeles, o vas a seguir compatibilizando las dos cosas?
JM.- Las dos o las tres... La nacionalidad no importa. Interpretar a Pepe Amedo –de GAL-, y poder hacer Perdona bonita, pero Lucas me quería a mí; y poder hacer de Felipe II, y La buena estrella y Segunda piel; y san Antonio de Padua y poder hacer...
LTD.- No somos nadie...
JM.- No somos nadie... Es poder hacer personajes que me digan algo, como lo sería poder interpretar a Salvador Dalí o a Drácula.
LTD.- Drácula es un personaje muy interesante
JM.- Sí, es un personaje al que en realidad lo que le pasa, es que está esperando tres siglos a que nazca su mujer; ese hombre tiene una soledad bestial. Ha hecho un juramento con el lado oscuro, y mientras está esperando en la oscuridad, ha visto nacer a miles y miles de millones de mujeres; y entonces, un día la huele y dice: “ya la he visto, está en Londres”. Es una historia amor.
LTD.- Por eso Drácula le declara a Mina: “he atravesado océanos de tiempo para encontrarte ”
JM.- Mi frase preferida.
LTD.- Es soberbia
JM.- Sí, de hecho, en Son de mar, había una frase que finalmente se convirtió en eslogan, que decía “he atravesado todos los océanos de este mundo para saber que no puedo vivir sin ti”, y yo la cogí de Drácula. Le dije al director (Bigas Luna), que podíamos decir, no ya océanos del tiempo, pero sí atravesar todos los océanos del mundo.
LTD.- Claro, una travesía más espacial y no tanto temporal
JM.- Sí, más espacial, más lo que hace él, el dar la vuelta al mundo, morir en un océano para volver a salir en él y que, como digo, se convirtió en el eslogan de la película... “I have crossed oceans of time to find you”… Insisto, es mi frase preferida…
LTD.- Respecto a su próxima película, es una biografía del Ché. ¿Por qué hablar de esta figura histórica ahora?
JM.- No sé, quizá porque el mundo necesita un revolucionario, y por eso se echa para atrás, buscando un revolucionario honesto en la historia de la humanidad. Como hoy en día todo está hecho para que te duermas, o para que tengas miedo, digamos que el cine puede provocar que salga un revolucionario que diga: ni te duermas ni tengas miedo. Y los hay. Para mí Karol Wojtyła era uno de ellos. Lo que pasa que con una infraestructura tremenda detrás que te puede hacer dudar, porque los papas siempre hacen dudar. Pero era un “crack”, cuando él murió estaba en Italia y era un non-stop. En vida era un hombre que se ponía en el Madison Square Garden con chavales de quince años y les hacía reír, cantaba, hacía el ridículo, se reía de él mismo, con un despliegue de medios de comunicación impresionante. Antes de ese Papa, claro, la televisión no estaba tan avanzada como para una cobertura así... Pero estoy seguro de que el revolucionario del futuro estará ligado inevitablemente a la tecnología.

EL TALENTO AL SERVICIO DEL ARTE: MAYÚSCULO FEDERICO LUPPI
Lucía Tello Díaz
Intentar ser objetiva o pretender, aunque de forma tentativa, resultar mínimamente neutral ante un personaje del calibre de Federico Luppi, me resulta del todo quimérico, pues la admiración que desde largo le he profesado al actor que protagonizara Parajito Gómez (1975) es tal, que cualquier aproximación a un objetivismo frío y reservado se me antoja irrealizable. Valgan pues mi sinceridad y disculpa antes de proseguir con mi particular tributo a uno de los grandes sin exageraciones ni hiperbolizaciones, por antojadiza que en ocasiones sea la tendencia a la loa vana.

Existen pocos nombres propios que sean capaces de dignificar una profesión tan denostada y la mayor parte de las veces despreciada por frívola y superficial. Reproches que nada tienen que ver con Federico Luppi, argentino de nacimiento y español de adopción que nos ha brindado la posibilidad de enaltecer un cine carente de medios pero sobrado de talento. Nacido en Ramallo en 1936, ningún lego creería que Luppi tiene en su haber una setentena de filmes, aunque el medianamente entendido sabría encontrar en sus ojos, y qué ojos, esa sabiduría sempiterna del que lo ha visto casi todo y ha sabido transmitirlo como nadie.
En esta ocasión el que encarnara a tirios y troyanos con igual maestría, nos presenta El último justo, ópera prima de Manuel Carballo, en el que el argentino interpreta a uno de esos tipos cuyas filias y fobias le sitúan en el sincretismo incierto entre la divinidad y la maledicencia.
Pausado, infinitamente culto y siempre destacado, Luppi parece ser uno de esos personajes torturados a los que uno siempre admira de tan distante, y que, sin embargo, se torna accesible y cordial ante el contacto humano. No es que Luppi gane en las distancias cortas, sino más bien que Luppi, a cualquier distancia, siempre nos acaba ganando.
Lucía Tello Díaz.- Después de tantas películas y tantos años de experiencia, ¿qué es lo que le sigue atrayendo del cine?
Federico Luppi.- En el cine hay algo de lo que se habla mucho, y que a mí me parece particularmente atractivo y rendidor (si fuera la rendición el sentimiento que queremos establecer), y es que el cine capta las cosas más íntimas, tiene un ojo muy retrospectivo, muy agudo, entra muy profundamente y obliga al actor a exprimir más esencialmente su espíritu, te obliga a una suerte de rigurosa economía: con poco, mucho. Lo dijo una vez Hillwood, a raíz de la experiencia interpretar a Ricardo III, cuando afirmó “me pasé toda la vida forzando mi garganta y mi dicción para trabajar para un teatro de dos mil personas, y ahora veo que haciendo Shakespeare en cine me sale mucho más profundo, más sensible y más cómodo, y llega más”. Debe ser cierto.
LTD.- ¿Cómo consigue aportar esa pasión y energía a todos los personajes que interpreta, a pesar de las disparidades que puedan tener entre ellos?
FD.- Yo no sé si lo consigo, lo que ocurre es que en general, por una razón de peso, el hacedor de una película es siempre el director. El director es el alma mater, la cabeza paterna de una película, y si uno cree en él, y confía en él y además le tiene inmenso respeto y confía en su sabiduría, en general el trabajo que uno hace es el caminar por donde un ojo sabio te indica, no más.
LTD.- Convendrá conmigo que el trabajo de un actor es decisivo a la hora de hacer una película
FL.- Claro, pero también es verdad que enormes y talentosos actores hacen malos trabajos por participar en películas mal hechas. El trabajo del director es insustituible.
LTD.- Hablando de la dirección, usted se puso tras las cámaras en Pasos, su –hasta el momento- única película como realizador. ¿Cómo fue la experiencia con su ópera prima?
FL.- La verdad es que a Pasos le pegaron como si fuera un evadido de guerra, la veo de vez en cuanto y no es tanto como dijeron. Creo que cometí un serio error de síntesis, pero la película está bien dirigida, los actores están muy bien y no hubo problemas económicos, lo cual me dificulta enormemente un segundo abordaje, otra experiencia. Pero recuerdo que cuando terminé de filmar me dije: “cómo me gustaría envejecer haciendo únicamente esto”.
LTD.- Entonces, infiero que volverá a dirigir...
FL.- Tengo muchísimas ganas, tengo guiones, tengo proyectos... Pero nunca se sabe.
LTD.- Después de tantos años de carrera, de tantos trabajos, se me hace difícil pensar en que le ha quedado algo por hacer, algún sueño irrealizado. ¿Existe algún director con el que le hubiera gustado trabajar y no ha podido, o algún proyecto que quedó inconcluso y que quisiera realizar?
FL.- Es que hay directores aquí en Madrid con los que he tenido experiencias maravillosas, como Díaz Yanes o Mario Camus, el propio Antonio Barmes... Hay un montón de gente que me gustaría que algún día me llamaran para trabajar con ella, pero bueno, el cine, inclusive en ese aspecto, tiene vericuetos muy caprichosos. Pero sí que hay gente de talento con los que me gustaría muchísimo trabajar.
LTD.- Otro director al que indiscutiblemente aprecia es Guillermo del Toro, bajo cuyas órdenes ha interpretado en numerosas ocasiones. ¿Qué nos puede decir de su forma de trabajo?
FL.- De Guillermo no se puede decir nada… Cuando me invitó a hacer Cronos, le dije “mira Guillermo, yo nunca he hecho cine fantástico ni de terror, no tengo experiencia, haré lo que buenamente creas que debo hacer”, y descubrí a un director de una enorme sensibilidad, una capacidad imaginativa sorprendente, y todo lo que diga de más es absolutamente ocioso. Él ha demostrado en siete u ocho películas que puede filmar una de poco presupuesto en Hollywood y saltar y hacer Hellboy, El Espinazo del Diablo o ahora El laberinto del fauno. Es un individuo de un talento antropológicamente curioso, a la edad que tiene y ya posee una capacidad increíble de manejo de un set (que uno no habla de eso nunca, pero un set son treinta o cuarenta técnicos, veinte autores neuróticos, las actrices con sus problemas…) y sin embargo, de esa nave absolutamente caótica, él consigue sacar relatos de una capacidad entrañable de poesía y de personajes humanos y reconocibles de aquí hasta que el mundo deje de ser mundo.
LTD.- ¿Qué nos puede adelantar de sus proyectos futuros, La luna en botella y Que parezca un accidente?
FL.- La luna en botella es una película de un chico muy joven, que trata de una relación complejísima pero muy atractiva entre los habitantes habituales a un bar, donde se plantean la existencia del “negro”, aquel hacedor de novelas que es pagado para que firme otro. También es historia de amor y a su vez muestra la complejidad del mundo cotidiano. Otra vez el director es un individuo joven, como en el caso de El último justo, que se atreve a filmar a despecho de las corrientes comerciales. Fue un proyecto propio, una condición de ser alguien en el mundo cinematográfico, sin caer en las redes de lo acostumbrado, de lo ya visto y lo que tiene que ser inequívocamente comercial. A mí me gustó participar en ello, era un chico que te trataba de igual a igual y que propuso cosas que otro no propondría.
LTD.- Ya para finalizar, ¿podría decirme si existe alguna película, tanto interpretada por usted como por cualquier otro, que haya supuesto un punto de inflexión en su vida, o de la que después de su visionado, supiera que no iba a volver a ser el mismo?
FL.- Hay muchísimas –ríe-. Es cierto que una obra que me dio una visión diferente del mundo fue, en estos últimos años, una trilogía de Aleksandr Sokurov, Moloh (1999), Taurus (2000) y El sol (2004), que son respectivamente los últimos tres días de Hitler, Lenin y Hiroito. Me parecen el canto moderno a la virtud cinematográfica, junto con el Padrino de Coppola.


LA CANDIDEZ DE UN SEDUCTOR INCRÉDULO: MESIÁNICO DIEGO MARTÍN
Lucía Tello Díaz
Tiene fama de hombre tranquilo y su apariencia no parece contradecir esa vena “fordiana”. Sus gestos, sus buenas maneras y su inconfundible aire de dandy casual, hacen de Diego Martín un actor nada al uso, quien deja traslucir una campechana inocencia no exenta de indudable -y muy atractiva- sofisticación. Tenaz y luchador, a nadie le extraña que donde este madrileño de alma vallisoletana pone el ojo, acabe brotando el éxito, puesto que su talante y su persistente fortaleza, han hecho de este galán fortuito un personaje acreditado y querido por el público. ¿Su truco? Quizá la honestidad y solidez con que afronta su carrera, con cintas dispares que poco o nada tienen en común y que abarcan desde la sangrienta estirpe Borgia hasta la valentía incrédula del fotógrafo de guerra de El último justo, film en el que interpreta al antihéroe por antonomasia y sobre el que nos habla ahora, con la franqueza y ternura a la que nos tiene acostumbrados.

Lucía Tello Díaz.- Es curioso que siempre se te asocie con papeles televisivos, a pesar de que eres un actor que ha participado en bastantes películas, trabajando a las órdenes de grandes como, por ejemplo, Juan Antonio Bardem. ¿Crees que es un handycap trabajar en televisión?
Diego Martín.- Yo no me lo planteo así, por dos motivos. Primero, porque creo que es algo que no puedes controlar, y que está fuera de órbita de lo que uno puede hacer o dejar de hacer, el cómo te consideren, cómo te reciban, o si creen que eres más de “x” o más de “y”. En fin, son aspectos que no puedo controlar. Y segundo, porque tampoco me planteo si el hecho de ser televisivo o cinematográfico o teatral es mejor o peor. Para mí televisión, cine y teatro son vehículos para contar historias y para intentar abordar un personaje. Entonces, desde ese punto de vista, me da igual que la historia transcurra en cualquiera de los tres, siempre y cuando el proyecto y la gente que está involucrada en él me interesen y me apetezca abordarlo. No otorgo ninguna prioridad o prestigio al cine respecto a la televisión, ni considero que la televisión sea de segunda división, ni mucho menos, es más, me parece que es esa actitud la que hace que la televisión tenga muchas cosas de segunda. La televisión no hace cosas por sí sola, es un medio que está ahí para que la gente a la que le apetezca hacer cosas de calidad, las haga. Sólo hace falta que nos decidamos a no tratarla como el hermano tonto.
LTD.- A la hora de hacer esa selección a la que hacías referencia, ¿cuáles son los criterios que te guían a para elegir un guión u otro?
DM.- Para empezar, uno hace los que puede –ríe-. Cuando tenga veintiocho encima de la mesa y tenga que elegir uno, ¡ya te diré! –ríe de nuevo-. Pero bueno, yo sobre todo miro la historia y el personaje. Si las dos son subyugantes, fantástico. Busco que me atrape, que no me aburra, que esté bien escrito, que cree un universo. Yo me considero bastante malo leyendo guiones, porque no termino de visualizarlos. He leído guiones que luego he visto en pantalla y he pensado “qué bien está”. Pero los que sí consiguen que olvide que se trata de un guión, y que consiguen meterme en un universo, esos me atraen mucho.
LTD.- En este sentido, ¿qué es lo que más te ha atraído de este proyecto, El último justo?
DM.- Pues la verdad es que había muchas cosas. Por empezar por lo más superficial, puedo decir que el envoltorio era muy atractivo: el poder rodar en México, el reparto… Además yo tengo una debilidad personal por Federico Luppi, a quien no tenía el gusto de conocer. Esta película, aunque sólo fuera por haber podido compartir charlas con Luppi y aprender de él, y ver cómo está en un set… Ya con eso que me llevo para mí me daría por satisfecho. Pero luego, al conocer al director, antes incluso de leer el guión, me pareció que era un tío con muchísimo talento; desde el principio conectamos mucho, me embarcó y me subyugó con esa pasión que él tiene, que ha hecho que todo el mundo que estaba involucrado en esta película, nos dejáramos capitanear por un tipo que, aunque es su primera película, parece que lleva cuarenta.
LTD.- Y qué me dice de su relación con todo el equipo, en especial con su compañera de reparto Ana Claudia Talancón, con quien parece tener una gran complicidad y compenetración, y junto con la que mantiene alguna escena un tanto tórrida.
DM.- La experiencia ha sido un poco diferente. Ella es una súper estrella allí, trabaja habitualmente en Los Ángeles y tiene una forma de afrontar la profesión de un modo al que quizá aquí nosotros estamos menos acostumbrados. Yo creo que también para ella esta película fue un poco reto, el trabajar con un equipo que no la tenía necesariamente contextualizada como la estrella que es en México, y poder abordar desde ese punto el personaje, considerándose actriz sin ideas preconcebidas, creo que para ella también estuvo muy bien. La verdad es que nos hemos reído mucho y nos lo hemos pasado muy bien. Además nos ha hecho de buena anfitriona por el DF, que es una cosa importante porque necesitas un buen anfitrión en México.
LTD.- El hecho de que su personaje sea periodista, ¿qué cree que ha aportado a la historia?
DM.- Pues para mí es fundamental, más que el hecho de que sea periodista, el que sea fotógrafo. Hay un paralelismo muy claro, además de ser absolutamente intencional el que sea fotógrafo. El personaje es alguien acostumbrado a ver la realidad a través de un visor, y a que ya no le afecten los horrores, puesto que es fotógrafo de guerra. En lo que es su propia vida, vive de algún modo anestesiado. Esa forma de enfocar el personaje desde el punto de vista del voyeur parece que es un tema que toca hoy mucho. Nos hemos acostumbrado a ver la vida de los demás, a sentir con sus desgracias y a alegrarnos con sus éxitos; parece que cada vez hay menos vida propia, que vivimos en una especie de ficción de la que todos somos espectadores. Yo creo que eso nos anestesia un poco. Había una frase en la película que expresa muy bien esto, y es cuando él decía que desde el visor de la cámara, en vez de estar viendo que hay cadáveres o que están asesinando a alguien, lo único de lo que se está ocupando es de ver la luz, enfocar y el encuadre. Por ello me pareció que era un vehículo o una imagen representativa del tipo de cosas que nos pasan en la sociedad de hoy en día.
LTD.- Para concluir, ¿podría adelantarnos parte de los proyectos futuros que tiene previstos?
DM.- Respecto a los proyectos futuros, empiezo a grabar ahora la segunda temporada de Hermanos y detectives, y estaremos centrados en ello, que bastante tiempo nos lleva –ríe-, y a ver qué cosas surgen… Pero bueno, el futuro es amplio y esperemos que no sea excesivamente árido –ríe de nuevo-.


EL BAUTISMO DE FUEGO DE UN DIRECTOR NOVEL: LA CÁBALA SEGÚN MANUEL CARBALLO
Lucía Tello Díaz
Su nombre no aparece en cientos de entradas de ningún buscador. Su obra, eminentemente cinematografía en corto, apenas es conocida. Sin embargo, es Manuel Carballo una de las promesas hechas realidad del cine español, un treintañero capaz de aunar el thriller del Hollywood más gótico de la década de los cuarenta con el aire salvaje del colorismo tropical de México DF. Joven, de apenas treinta y cuatro años, despierto y con un gran afán por hacer el trabajo bien hecho, Carballo ha conseguido realizar una obra inesperada y ejemplar que ha sorprendido a cuantos se han acercado a ella. Sus actores le alaban. Su equipo dice de él tener una experiencia medible en decenios, y es que acercándose a su film, bien podría decirse que el director de Ulises Pesares y Game Over lleva a sus espaldas raudales de películas. No es así, no obstante, aunque la película que nos presenta, El último justo, resulte una muestra de buen hacer cinematográfico, con todo lo que ello representa, no sólo por la redondez de su guión o el acierto de su casting, sino también por su agudeza visual y su dirección expresiva. Nadie diría que este joven hilarante y divertido, siempre dispuesto a hacer bromas y que rehúsa ser llamado de usted, ha dejado boquiabierto a público y crítica, para desconcierto y sorpresa de su propio realizador. Él mismo nos revela qué ha supuesto para él la vorágine frenética de rodar El último justo.

Lucía Tello Díaz.- El último justo es su ópera prima, pero en realidad usted tiene mucho bagaje en el mundo cinematográfico. ¿Cómo ha sido su experiencia previa a la dirección de largometrajes?
Manuel Carballo.- Sí, la verdad es que tengo bastante experiencia como técnico y eso ayuda a la hora de afrontar el set. Saber qué hace cada uno y cómo tratar a cada quien facilita mucho el trabajo del director.
LTD.- ¿Cómo ha sido para usted el cambio? No debe ser fácil pasar de formar parte del equipo a ser su cabeza visible.
MC.- Sobre todo es un cambio a nivel de responsabilidad –ríe-. Pero lo he llevado con mucha naturalidad, yo creo que he dado bien ese paso, ayudado por la gente que me rodeaba, por ejemplo el director de fotografía, Javier Salmones, con quien yo ya había trabajado como auxiliar, y tengo que decir que la relación entre él y yo, en concreto, no ha cambiado ni un ápice de cuando yo era su compañero a cuando yo era el director de la película. Creo que éste ha sido un poco el símbolo del tránsito que he hecho, muy orgánico desde mi punto de vista.
LTD.- ¿Por qué se le ocurrió un guión así, por qué centrar la película en un mito de tintes cabalísticos?
MC.- Pues lo primero es que los dos argumentistas de la película me hablaron de la existencia de este mito, el de los treinta y seis justos. Con dos cervezas delante y una charla amena, en poco rato desarrollamos una estructura muy básica de misterio e intriga que resultaba muy lógica, del tipo “qué pasaría sí...”. La verdad fue muy sencillo, entre comillas, el pensar en una historia de este tipo a partir del mito.
LTD.- ¿Cómo fue la combinación explosiva entre una ópera prima, y un actor de prestigio y larga trayectoria como Federico Luppi?
MC.- La verdad es que me sentí afortunadísimo. El papel que hace y la importancia que tiene en la película son cruciales. Para ese rol necesitábamos un actor que tuviera un carisma extra-cinematográfico, alguien que estuviera casi por encima de la película y, en este sentido, él era el ideal en todos los aspectos. Pocos se me ocurren en lengua hispana que pudieran acometer ese papel con esa altura.
LTD.- ¿Y qué me dice de la relación con el resto del equipo?
MC.- La verdad es que muy bien. Yo soy un tipo bastante sociable, no tuve muchos problemas a la hora de relacionarme con el equipo mexicano ni con el español, igual un poco ayudado por el hecho de lo que antes comentabas, el haber sido cocinero antes que fraile. Esto hace que la cercanía entre el equipo y el director fuera mucha, y me facilitase muchísimo la labor. Yo por lo menos soy de los que opina que es mejor llevarse bien con tu equipo, que no ser un dictador. En mi caso, cuando era técnico, bajo las órdenes de un dictador hacía las cosas con mucho menos estímulo. Si estás bien y a gusto, se trabaja más motivado.
LTD.- Como periodista me intriga saber qué motiva a un director para poner a un reportero como eje central de un filme.
MC.- Mira, esta es una pregunta clave en esta película, que nadie me ha hecho todavía –ríe-. Y es porque (voy a hacer una revelación cósmica) el personaje de Diego, que es un periodista de guerra, de alguna manera condensa muchos de los pecados de la sociedad actual, que se caracteriza por tener frente a los ojos todo este horror que estamos habituados a ver en el telediario, pero que se limita sólo a retratarlo, sin interferir en ello. De algún modo, me parecía que esa profesión era simbólica y emblemática de la sociedad de la información en la que vivimos ahora, y por eso mismo paga sus pecados.
LTD.- ¿Y qué nos puede contar acerca de los proyectos futuros?
MC.- Existe un proyecto que se está gestando, que es una película sobre jóvenes viviendo el lado más salvaje de la vida, que sucede en esa época tan pregonada que es la transición y la post-transición. Poco más puedo decir de momento, sólo que va a ser una película muy potente y alejada de El último justo en muchos sentidos, será de otro estilo.
LTD.- ¿Cómo se imagina que va a acoger la audiencia El último justo?
MC.- Yo creo que va a ir bien. Es una película atractiva, visualmente potente y que además por su tipo de trama resulta muy estimulante. Espero que vaya bien y, por supuesto, se la recomiendo a todo el mundo que le guste las películas de misterio.

EL DOBLE INGENIO DEL CUARTO MENGUANTE: LUIS PIEDRAHITA Y RODRIGO SOPEÑA
Lucía Tello Díaz
Han llegado muy lejos y parecen no saberlo. Sus expresiones de asombro y su humilde cercanía demuestran que estos dos guionistas jóvenes y perspicaces no han asimilado todavía las mieles del éxito. La crítica se ha rendido a sus pies ante el nacimiento de su ópera prima, La habitación de Fermat, un rompedor y revolucionario proyecto cinematográfico que ha conseguido colocar al cine patrio en una innovadora y refrescante posición indie, al tiempo que con su frescura y transnacionalidad ha logrado convertirse en una inversión más que rentable para su, a priori, descreído productor. El motivo por el que estos dos realizadores de estreno, Luis Piedrahita y Rodrigo Sopeña, se han imbuido en el enigmático y claustrofóbico mundo del suspense cinematográfico, a pesar de su paradójica y extensa trayectoria en la comedia televisiva, lo explican con una candidez que les libera del engreimiento y prepotencia de los que adolecen la mayor parte de los profesionales del medio. Ellos son así, ingeniosos e ingenuos, tanto delante como detrás de las cámaras. Esperemos que los presumibles –y esperables- laureles futuros no logren desvanecer, ni un ápice, la gentileza y proximidad que estos dos treintañeros de éxito, que rehúsan ser tratados de usted, consiguen transmitir a sus interlocutores. Sería una pérdida que, a ciencia cierta, ni la mejor magia podría enmendar.

Lucía Tello Díaz.- Tienes fama –a Luis Piedrahita- de ser el “rey de las cosas pequeñas” y, en realidad, hacer una película da al traste con esta teoría que te precede. ¿Cómo se os ocurrió embarcaros en un proyecto de estas dimensiones?
Luis Piedrahita.- La verdad es que los monólogos siempre los he hecho sobre cosas pequeñas, por buscar un estilo; la magia siempre la he hecho con pequeños objetos, y esta película, aunque sea más grande, está hecha sobre una habitación pequeña... Así que algo hay ahí, algo se mantiene.
LTD.- Pero siempre habíais estado en televisión, ¿cómo de repente decidís dar el salto a la gran pantalla?
Rodrigo Sopeña.- Bueno, el cine es una ilusión que uno tiene siempre. Nosotros queríamos hacer una película que pudiera entrarle “por los ojos” a un productor, que dijera “bueno, son sólo cinco personajes dentro de una habitación”. Si hay un productor que no puede levantar eso, es que ya no puede levantar ningún proyecto. Nosotros pensábamos que aunque cinco actores y una habitación era un proyecto con recursos limitados, nuestro trabajo en el guión conseguiría sacarle todo el jugo posible a esos recursos. Por eso hay muchas relaciones entre los personajes, todos ellos ocultan algo que no quieren contar... Lo que hicimos fue ponerles en una situación de tanta presión, tanto física como psicológica, que se dan cuenta de que tienen que contar la verdad si quieren sobrevivir.
LTD.- Habéis mencionado que vuestra película es modesta y, sin embargo está hecha sobre la base de un gran guión. ¿Cómo combináis ambos recursos?
RS.- Es que, desde el momento en que hay efectos especiales que lo pueden recrear y conseguir todo, el cine cambia. En los años ochenta uno podía ir al cine porque en una película de acción se destruía un edificio, o sucedían cosas muy espectaculares. Ahora, cuando incluso en un anuncio lo podemos ver todo, todo ese avance tecnológico en efectos especiales lleva al público a que valore más el guión. Aunque no debemos olvidar que hay películas como Terminador II que tienen grandes efectos especiales y un grandísimo guión. Es decir, se pueden combinar las dos cosas. Lo triste es cuando haces un buen guión y tienes medios muy por debajo de lo que necesitas. Nosotros hemos hecho una película modesta porque sabíamos que en nuestra primera incursión en el cine íbamos a tener medios modestos, pero hemos tenido la suerte de tener los medios que la película necesita para ser contada, no nos hemos quedado escasos.
LP.- Sí, además es el guión el que levanta una película. Es verdad que los efectos especiales pueden hacerla más grande, pero a veces queda ridículo cuando precisamente sucede lo contrario, cuando hay un mal guión y una película grandilocuente, o lo que es peor, cuando se tienen pocos medios y además un mal guión... Aunque eso claro, no lo recuerda nadie, pero si quieres yo podría hacerte una lista de películas de este tipo.
LTD.- Escribir y dirigir son dos ámbitos distintos ¿por qué, a pesar de la complicación que esto supone, decidisteis escribir el guión y, al mismo tiempo, dirigir La habitación de Fermat?
LP.- En verdad lo ideal sería que quien mejor escribe, escriba; y el que mejor dirige, dirija. Eso pasa mucho en Estados Unidos porque, como el mercado es tan grande, cuando uno escribe lo hace para millones de personas y, cuando uno dirige, lo hace también para millones de personas. Pero aquí en España el mercado funciona de otra manera, de forma más torpe.
RS.- Sí, la figura del director de encargo aquí prácticamente no existe
LP.- Claro, y si quieres que en España dirijan un guión tuyo tienes que llevarlo y espolear el proyecto. Aquí es muy difícil que encuentres a alguien tan ilusionado como tú, que lo has escrito, como para que saquen adelante la historia. Cosa que en Estados Unidos no pasa, allí uno escribe, y luego llega otro súper ilusionado y saca ese guión con la misma fuerza que el que lo escribió.
RS.- En nuestro caso ambos habíamos vendido guiones de largometrajes a productoras. Como guionistas habíamos cumplido; pero claro, ese proyecto se quedaba allí y ¿quién lo iba a dirigir? No había un director que se encargara de leer y dirigir esos guiones, por lo que el proyecto se quedaba encima de la mesa. La verdad es que el director es el único que está desde la primera letra que se escribe hasta que la película se estrena en el último país en que se estrene. Por eso nos embarcamos en dirigirla, porque otros proyectos anteriores que habíamos escrito, no se habían llegado a hacer.
LTD.- Supongo que el hecho de ser dos directores os supondría alguna que otra dificultad añadida, ¿cómo habéis vivido la experiencia de codirigir?
LP.- En verdad ser dos fue para nosotros una ventaja. De hecho, no sabemos cómo hace la gente que dirige sola –ríe-.
LTD.- Esta es una película que me ha gustado mucho, esencialmente, por el hecho de que ambos seáis guionistas. Allen o Wilder, dominan el arte cinematográfico por saber escribir muy bien. Y es que existen dos frases en La habitación de Fermat que resultan apasionantes. La primera no tiene desperdicio: “La presión puede convertir el polvo en carbón o en diamante. -¿Eso es de Arquímedes? -No, de MacGyver”. Esa frase sólo se le podía ocurrir a un buen guionista.
RS.- Lo cierto es que esa frase es de MacGyver de verdad, de la tercera temporada, es más, te diría que del mejor episodio de la tercera temporada, porque la serie tiene una maravillosa primera temporada, una también maravillosa segunda temporada y, en la tercera, empieza a bajar el listón y al final ya hace un invento por capítulo, que eso ya es tremendo. Pero en ese capítulo genial dice esa frase, así que, es de verdad, lo dice MacGyver.
LP.- Además es un capítulo que tiene bastante que ver con La habitación de Fermat, porque habla de un concurso universitario de sistemas de cerrar puertas y no poderlas abrir, y ahí estaba la frase de “la presión es impredecible, puede convertir el polvo en carbón o en diamante”.
LTD.- La segunda frase parece haber nacido con vocación de convertirse en la afamada “Nadie es perfecto”, y es la que dice: “El mundo está como estaba”. Es una afirmación rotunda y muy buena para concluir una película.
RS.-Nosotros hemos hecho una película con un perfil modesto, ya lo hemos dicho, y no queríamos que al final pareciera que habíamos cambiado el mundo con la película. Los cuatro personajes viven una gran aventura, pero el mundo está como estaba, realmente esas personas no pasarán a la historia de la humanidad, han vivido una experiencia que no es positiva, no han vivido algo épico como los 300. Como dice Luis, “han vivido un fin de semana truncado, un mal rollo”.
LTD.- Alejo Sauras ha mencionado que el rodaje resultó mucho más agotador física y psicológicamente de lo que, en primera instancia, esperaba. ¿También vosotros sentisteis que surgían más inconvenientes de los que habíais imaginado?
RS.- Uno de los mayores inconvenientes que encontramos fue que nosotros pedimos una habitación que disminuyera de verdad, y que fuera implacable. Sabíamos que visualmente la habitación tenía que ser algo mortífero, no podía ser el típico decorado de serie, no, tenía que ser de verdad. Y claro, cuatro paredes móviles, que se mueven realmente, arrastrando trípodes, micrófonos... vamos, toda la cacharrería de cine, pues era muy complicado. Cada vez que hacíamos una nueva toma, había que volver todo atrás: todos los muebles, los focos, todo. Y entonces era complicadísimo, repetir y encima rodando con dos cámaras... Al final la habitación no medía ni tres metros cuadrados, en ella había cuatro actores, quince personas de equipo... Fue muy, muy duro. Pero como la película es angustiosa y la idea es que están sufriendo mucho, todo este sufrimiento está integrado en la trama. Por tanto, se transmite y queda bien.
LTD.- Respecto al género de La habitación de Fermat, ¿cómo definiríais la película?
RS.- Nosotros si tuviéramos un videoclub, la pondríamos en la estantería de misterio, ¿verdad?
LP.- Sí, aunque realmente es una película de acción de interior –ríe-.
LTD.- Lo que es curioso es que, en contra de la regla general, en vuestra película no hay exceso de vísceras y sangre...
RS.- Sí, es cierto. Ahora, hay muchas películas de terror más psicológico, en la línea de Seven, pero que también tienen sangre. Lo raro es una película como la nuestra, en la que no hay una gota de sangre. Lo que causa mal efecto es darle al espectador lo mismo siempre. Si estás viendo efectos especiales en televisión, en los anuncios y en todas partes, pues te apetece ir al cine a ver algo distinto, que no sea lo típico.
LTD.- Otra pregunta de casi obligada realización, es el hecho de que eligiérais como protagonistas a matemáticos, ¿por qué esa elección?
LP.- Realmente nosotros somos de letras puras, pero las matemáticas no son importantes en la película, son como una excusa. Los personajes son matemáticos pero no hace falta saber matemáticas para entender la película. Es como si para entender los Simpson hubiera que saber de física nuclear: pues no, Homer trabaja en una central pero no hay que saber nada de física nuclear para ver los Simpson –ríe-. En este caso, las matemáticas sólo son la profesión de estos señores. Además, los enigmas que se plantean no son matemáticos, aunque sí lo sean los personajes.
RS.- Los personajes de esta película tienen que pasar de ser muy fríos al principio a muy pasionales al final, y eso es un elemento común a los matemáticos, sobre todo a los grandes que han pasado a la historia, pues muchos eran muy disciplinados pero también tenían vidas muy tormentosas. Esa es una de las razones por las que escogimos esa profesión, realmente nos fascinó el personaje del matemático para utilizarlo en nuestra película
LTD.- Ahora una pregunta para cada uno... A ti Luis, después de haberte visto cosechando éxitos y sonrisas desde que te iniciaras en El club de la Comedia con tus “galletas de arena”, parece que las perspectivas profesionales que en principio se te habían atribuido, han variado sustancialmente ¿cómo ves tu futuro en este momento?
LP.- Pues creo que el truco está en hacer lo que te apetezca siempre. El humor es para mí una actitud ante la vida, algo que siempre me ha gustado hacer y que es un buen ingrediente para cualquier otro tipo de historias. De hecho, en La habitación de Fermat hay tres momentos de humor que funcionan muy bien dentro de una película de suspense. Si hubiéramos hecho una comedia y sólo hubiera esos tres momentos de humor, sería un fracaso –ríe-. La magia es una afición que me gusta, que la practico y que la haré a mis amigos y a los que estén ahí, pero no soy mago profesional en absoluto. Y el cine es algo en lo que veo que hay tanto que aprender, y tantas posibilidades, que habrá que tirar por ahí... Pero nunca dejar de hacer televisión. Eso lo comentamos mucho Rodrigo y yo. Y es mucha gente piensa que el cine es primera división y la tele es segunda división, pero no. Son deportes distintos. En televisión puedes enseñar cosas que no podrías hacer en el cine, por ejemplo, el programa de magia que dirigimos Rodrigo, Jorge Blas y yo; no podríamos hacerlo en cine, porque pasaría a ser ficción. Hay cosas que sólo se pueden hacer en televisión y nosotros no tenemos pensado dejarla. Sí seguiremos haciendo cine, porque, como he dicho, hay mucho que aprender y muchas posibilidades.
LTD.- Y a ti Rodrigo, como asturiano que eres, ¿cómo ves los medios audiovisuales y la industria cinematográfica en Asturias? Porque en Galicia, de donde es Luis Piedrahita, sí existe una plataforma cinematográfica con bastante robustez.
RS.- Pues me has hecho una pregunta absolutamente objetiva –ríe-, aunque no creo que pueda contestarla correctamente porque yo nunca he trabajado en Asturias, aunque el hecho de que yo nunca haya trabajado allí seguramente responda a tu pregunta –ríe de nuevo-. Siempre he trabajado en Madrid y, lo que sí veo, es que ahora mismo Asturias está en muchas pantallas, de distintas formas: desde La torre de Suso hasta la última película de Garci -Luz de domingo-, que se estrena al mismo tiempo que la nuestra, está Woody Allen rodando en Oviedo y Avilés, está El Orfanato, rodada en Llanes y en la que el mismo guionista es asturiano... Por lo tanto, yo lo que veo es que de repente, desde que yo me he ido, se han puesto a hacer cine a mis espaldas –ríe-. Nosotros vivimos en Madrid, donde sí que hay recursos, medios y de todo, y sin embargo la película se ha hecho en Barcelona porque hay dos actores catalanes, el interés de una cadena como TV3 y bueno, todo se podía hacer allí cómodamente. Así que al final, las cosas se acaban haciendo en el sitio donde más facilidades te dan y donde todo resulta más cómodo.
LTD.- Finalmente, ¿qué esperáis que encuentren los espectadores al acudir a ver La habitación de Fermat?
RS.- Pues en verdad, queremos que durante hora y media los espectadores se entretengan, se involucren en los enigmas y en los juegos de ingenio y, por supuesto, que lo pasen bien.

DE VICENZA A ANDALASSIA: AMY ADAMS, LA MUJER QUE DIO VIDA A LA PRINCESA GISELLE
Lucía Tello Díaz
Tiene poco más de la treintena y ya posee un palmarés digno de elogio. A pesar de haber sido galardonada con el Premio Especial del Jurado en Sundance y ser nominada al Oscar por su papel de Ashley en Juneburg, en sus ojos brilla la cándida inocencia infantil que tan pronto pierde la mayor parte de la gente. Su frescura, su taimada belleza y su dulzura, explican que Disney haya hecho de Amy Adams la nueva princesa de su factoría de cartoons. Trasmutada de dibujo bidimensional a mujer de carne y hueso, esta joven natural de Vicenza –Italia- presenta ahora la apuesta navideña de la mítica casa de animación, Enchanted, un proyecto innovador en el que los cuentos se reinventan a sí mismos a través de un curioso reajuste de los convencionalismos de los fairy-tales. En su visita a España Adams, esta pelirroja con reminiscencias a Nichole Kidman, habla de lo que le ha supuesto encarnar a la princesa de Andalassia, Giselle. Un personaje de lujo que le ha hecho sentir, con más razón que nunca, decididamente “encantada”.

Lucía Tello Díaz.- En los últimos años ha trabajado en muchos proyectos cinematográficos de muy diversa índole, ¿qué le interesó más del filme de Kevin Lima que ahora presenta?
Amy Adams.- Lo cierto es que, cuando leí el guión, me encantó la idea de hacer algo tan distinto a lo que había hecho con anterioridad. Además quería hacer una película que pudieran ver mis sobrinos y que estuvieran orgullosos de ella. Creo que ellos van a disfrutar mucho con Enchanted, la historia de Giselle.
LTD.- Resulta sorprendente poder verla en registros tan dispares. Si hace un par de años la veíamos nominada al Oscar por su participación en la película Juneburg, en un papel eminentemente dramático, ahora la vemos metida en un papel completamente distinto. ¿Fue complicado abordar un personaje como Giselle?
A.A.- Es cierto que Giselle es un personaje completamente distinto a los papeles que había hecho anteriormente, pero creo que mi trabajo implica precisamente eso, afrontar nuevos personajes. Por supuesto que estudio cada personaje y aquellos elementos con que interpretarlos, pero yo siempre estoy intentando coger distintos personajes, con distintos roles y muy diversas experiencias vitales, para poder convertirlas en historias reales.
LTD.- Giselle parece ser un personaje cercano al sueño, me atrevería a afirmar que es la fantasía de casi toda niña. Sin embargo, interpretarla no debió resultarle tan excitante y sencillo, ¿no le supuso alguna dificultad interpretar a un personaje como ella, que baila, canta y vive siempre con una amplia sonrisa?
A.A.- Pues sí –ríe-, la verdad es que a veces no me encontraba como para reír... Interpretarla era bastante complicado la mayor parte de las veces. Pero la verdad es que Giselle es muy contagiosa, así que comenzaba el día sintiéndome de una determinada forma y lo terminaba de un modo muy distinto, muy optimista y queriendo comerme el mundo.
LTD.- ¿Y qué me dice del vestuario Giselle? ¿No le resultaron realmente incómodos los trajes que debía llevar durante toda la película? Al verla el espectador no puede sino pensar en usted y en lo mucho que debieron pesarle esos vestidos.
A.A.- ¡Gracias! –ríe-. Mucha gente piensa que el vestuario simplemente era abombado y divertido, pero lo cierto es que pesaba veinte kilogramos y medio. Los trajes nos llevaron a varias discusiones, y no siempre las gané. Así que, sí, era un elemento difícil del rodaje, aunque también es cierto que es bastante divertido verlos en la gran pantalla.
LTD.- Como usted afirmaba, Giselle es una persona eminentemente optimista y vital que cree, por encima de todo, en el amor verdadero. ¿Cree usted también en este tipo de amor?
A.A.- Sí, absolutamente. Creo que no siempre sucede, pero sería horrible pensar que no existe.
LTD.- Susan Sarandon, Patrick Dempsey, James Marsdem, todos los actores que integran el reparto de Enchanted parecen encajar a la perfección y transmitir cierta complicidad y química. ¿Cómo fue el ambiente de rodaje?
A.A.- La relación con el resto de los actores fue maravillosa. Trabajamos juntos de forma realmente cercana, sobre todo por los números musicales, tuvimos que emplear mucho tiempo para hacer los números de forma conjunta y ajustada. Fue una experiencia realmente extraordinaria la que sentí con el resto del reparto.
LTD.- ¿Qué es lo que los espectadores van a encontrar en el cine al ver Enchanted, la historia de Giselle?
A.A.- Pienso que los espectadores van a adorar los elementos de sorpresa de la película. Además creo que llegarán a las salas con muchas expectativas y que saldrán habiendo tenido una experiencia completamente distinta de la que se habían imaginado.

CUANDO LA MAGIA HACE DE UN NIÑO UN GRAN ARTISTA. KEVIN LIMA
Lucía Tello Díaz
No posee el reconocimiento que merece y no parece importarle. Al verle, nadie creería que se trata de uno de los animadores más prestigiosos de la factoría Disney, a quien debemos la fantasía que nos ha transportado a mundos tan dispares como el sofisticado de 102 dálmatas o al salvaje de Tarzán. Introducido en el mundo del diseño desde la década de los ochenta, este escritor, animador y director ha sido capaz de despertar al genio de la lámpara con guiones como el de Aladdin, e incluso ablandar el corazón de un monstruo o una mujer pez en animaciones como La bella y la bestia y La sirenita. Enamorado del mundo de la magia desde que viera El libro de la selva, cuando un momento de revelación vocacional alcanzó la pueril mente de un Lima que apenas contaba con un lustro de edad, este hombre sereno, cercano y cordial no ha cejado en su empeño de convertirse en director del noble arte del movimiento aparente. Encarnando la imagen del típico self-made man capaz de crearse a sí mismo, este realizador norteamericano nos demuestra que, aunque imposible en la teoría, la felicidad existe y está en nuestras manos alcanzarla.
Lucía Tello Díaz.- Enchanted, la historia de Giselle es una película complicada en la que se mezclan distintos formatos y distintas tramas. De hecho, se podría decir que existen tres filmes diferentes dentro de una misma película: uno de animación clásica, uno de animación tridimensional y una comedia romántica. ¿Le supuso muchas dificultades añadidas el dirigir una película tan compleja?

Kevin Lima.- Sí, es realmente difícil dirigir una película como Enchanted, la cual está compuesta de hasta cinco películas distintas: una comedia romántica, un musical, una película de acción, un filme animado en 2D y otro en 3D. Fue muy difícil llevarlas todas adelante. Si piensas en las películas clásicas de Disney, te darás cuenta de que Enchanted las reúne todas en la misma acción, y eso no sucede muy a menudo. Fue un desafío, un gran desafío.
LTD.- En cierto sentido, se puede decir que es una película muy innovadora, no sólo en forma sino también en contenido. ¿De todas las cualidades de este film, cuál fue la que más le atrajo de este proyecto?
KL.- Enchanted se me presentó como el proyecto perfecto. Toda mi vida he querido ser diseñador de animación. Desde que tenía cinco años y vi El libro de la selva me dije: “quiero ser animador de Disney”. Lo más sorprendente es que sucedió, lo conseguí. Con esto quiero decir que, a pesar de que ya había dirigido un par de películas de animación como Tarzán y algunas películas de acción, Enchanted fue como un matrimonio perfecto para mí, donde fusionar las dos facetas, animación y acción. Además sabía que podía cuidar de los personajes desde el estudio, hacer querer a las imágenes y pensar en las personas correctas para la película.
LTD.- Usted ha trabajado como escritor para películas como Aladdin u Oliver y compañía, ¿por qué en el caso de encantada el guión no corre a cuenta suya?
KL.- Bueno, es que realmente no soy un escritor en sentido estricto, porque cuando colaboro en las historias suelo dedicarme a los story-boards y no tanto al guión. Es más bien dibujarlas, y no tanto escribirlas. Sin embargo, soy muy colaborador en la elaboración de las películas. Por ejemplo, con el guionista de Enchanted trabajé durante nueve meses, introduciendo losdistintos niveles de las imágenes dentro de la película. Porque la primera lectura que tuve del film fue la historia de una princesa que se transportaba a la vida y se convertía en una chica real. Era una idea, pero no una imagen Disney. Así que entonces empecé a introducir elementos como una bruja malvada, una manzana envenenada, es decir, intentando establecer la conexión, el matrimonio por así decirlo, entre la animación y la acción.
LTD.- La película rompe con muchos convencionalismos que anteriormente estaban vigentes, lo cual parece indicar que la infancia y juventud ha cambiado bastante en los últimos años. ¿Es más difícil hacer películas para los niños de hoy?
KL.- Sí, es más difícil, especialmente en la forma de narrar la acción, porque los niños hoy en día ven películas en casa que están muy lejos de la forma de comprensión tradicional. Ellos ven grandes películas de acción con sus familias, así que tienen un sentido distinto de cómo deben ser narrados los relatos. Así que es difícil contar una historia, especialmente en el caso de ésta en el que se vuelve a un planteamiento clásico. En este aspecto descubrí que si añadía un nivel de parodia a la historia, de alguna forma la película se convertía en más atractiva. Tengo el convencimiento de que así será para los espectadores.

LA MALDICIÓN DE LA CARNE SEGÚN TÉCHINÉ
Lucía Tello Díaz
André Téchiné sabe que ha hecho una gran obra y actúa en consecuencia. Hasta ahora no había puesto tanto de sí mismo en una película y por ello en su actitud se puede atisbar una extraña mezcla entre soberbia y retraimiento, entre complacencia y expectación. Y es que el filme que ahora presenta en España, Los testigos, no podría ser más personal, una entrega que sin duda invita a una prudente delectación. Quizá por ello este director galo de Valence-d'Agen se mantiene a cierta distancia de su obra, considerándola la más íntima y atrevida de todas las efectuadas en sus más de veinte años de carrera. En esta ocasión, el afamado realizador de Los juncos salvajes nos retrotrae a un París convulso de una década mítica, la de los ochenta, donde la carnalidad de las pulsiones vitales se vio amenazada por una epidemia desmedida y precipitada como lo fue, y sigue siendo, el SIDA. Con la distancia que le otorgó el tiempo y con la sinceridad que caracteriza a su obra, Téchiné entra a golpe de verismo en la conciencia de un público que peca en exceso de olvido ante la realidad. Suerte que siempre se pueda contar con el recuerdo de los testigos.

Lucía Tello Díaz. El guión de Los testigos resulta a todas luces personal e íntimo, ¿cómo surgió la necesidad de escribir un texto como el de su actual película?
André Téchiné. Hace mucho tiempo que tenía ganas de tratar este momento histórico, o mejor dicho, este trauma histórico que fue la llegada del SIDA, pero para tratarlo con claridad necesitaba distancia, distancia para superar el duelo, el sufrimiento que había tenido por la cantidad de amigos perdidos. Este era un tema que me había afectado tanto personal como generacionalmente. Porque creo que esta pertenencia a la generación del SIDA es muy importante, sobre todo después de haber vivido los años setenta, unos años de liberación sexual. Después de todo aquello se dio un gran cambio, y era ese cambio lo que me interesaba y lo que quería llevar a la gran pantalla. Sobre todo porque me parecía interesante el hecho de que pareciera que todos nuestros miedos occidentales hubieran caído en el abismo del SIDA, como un oprobio hacia las minorías, los homosexuales, los toxicómanos…
LTD. ¿Y por qué realizar un filme así actualmente?
AT. Porque este tema tabú, con tantos prejuicios y tantos miedos que ha suscitado, no ha cambiado mucho en este tiempo. Siguen existiendo muchos principios que no han evolucionado. Se ve, por ejemplo, en las donaciones, ya que las donaciones que se hacen al cáncer son muchísimo mayores que las que se hacen al SIDA, y creo que esto se debe a que el SIDA sigue tocando a lo sexual, a lo íntimo, y por tanto sigue chocando contra algunas resistencias lejanas y profundas. Por eso me parecía útil hacer la película ahora, porque es un tema que todavía está sorprendentemente vivo y es muy tenaz, no sólo en el momento que se cuenta en la película, sino incluso aún más en el actual, si tenemos en cuenta que ya no sólo están amenazadas las parejas homosexuales, como por aquel entonces, sino que ahora lo están tanto heterosexuales como homosexuales. De hecho, si vemos las estadísticas, las cifras de cómo afecta el contagio de este virus a las parejas heterosexuales son alarmantes. No quería hacer sólo una mirada al pasado, un deber de memoria, sino que me parecía algo totalmente pertinente en la actualidad porque considero que la situación sólo ha cambiado en apariencia.
LTD. Teniendo en cuenta el tema y el tratamiento que usted hace de él, algunos sectores han indicado que Los testigos es su película más “militante”, a pesar de que cueste relacionarle a usted con este tipo de cine…
AT. Es un punto de vista que respeto porque creo totalmente en la libertad del espectador y no me gusta en absoluto entregar un “libro de instrucciones” con mis películas. Creo que el espectador debe ser libre, pero me cuesta mucho imaginar que hago una película “militante”. Es cierto que el personaje de Michel Blanc (Adrien), se va convirtiendo en militante a lo largo de la película, que va descubriendo su causa por la enfermedad de este ser querido, que le afecta mucho y se va apropiando de él. Digamos que su impotencia como médico desemboca en una especie de arma que le convierte en una persona “militante”. Pero también es cierto que no creo que esta película lo sea en modo alguno, sobre todo porque, desgraciadamente, no creo que el cine sirva para cambiar el mundo.
LTD. El reparto en la película destaca por la extraordinaria combinación de actores consagrados como Emmanuelle Beart o el propio Blanc, con actores inexpertos como Johan Libéreau. ¿Por qué decidió entremezclar así el plantel de Los Testigos?
AT. En verdad, he de reconocer que me costaría muchísimo rodar con actores muy conocidos, de los que se ven en todas las películas, ya que, sobre todo en el cine francés (que a pesar de ser muy productivo es muy hexagonal) siempre tienes la sensación de ver las mismas caras, lo que haría que la película perdiera frescura, credibilidad. Si se ven siempre los mismos actores, haciendo además composiciones muy parecidas, da una sensación que yo no quería para esta película. El hecho de entremezclar a estos actores conocidos, a estas “estrellas”, con la gracia y la torpeza de los actores que empiezan, aporta muchísimo a los dos. Aunque no sea voluntario, los inexpertos refrescan a los veteranos. De hecho, delante de un actor debutante las “estrellas” no pueden actuar de la misma manera, y creo que esto también es muy útil para el que empieza, porque es muy enriquecedor para él enfrentarse a una nueva experiencia. Y creo que entre ellos se crea una electricidad, una especie de cortocircuito, algo muy vivo, una corriente de vida que es lo que yo busco, porque a mí lo que me interesan son las vidas, y se crea una corriente de vida muy particular entre la estrella y el actor que empieza. El personaje de Manu, por ejemplo, no podría haberlo hecho con alguien profesional, porque es un personaje que no se plantea nada, es sólo alegría de vivir, que trastorna al resto por cómo aparece, y yo lo único que le pedía es que fuera feliz, luminoso, infantil e inmaduro. Creo que el hecho de ser un actor profesional te impide ser inmaduro.
LTD. Se dice que, entre los títulos barajados para la película, tuvo en cuenta el de La Tempestad. ¿Por qué optó finalmente por el de Los testigos?
Es cierto que pensara en ese título, porque quería darle un ritmo que diera la sensación de que arrastrase todo a su paso, como una tempestad. Además, estuve a punto de llamar a la película así porque hay un cuadro de Giorgione que me gusta mucho y una obra de Shakespeare con ese mismo nombre, pero quizá por eso me di cuenta de que tenía demasiadas referencias y decidí llamarla Los Testigos. Sin embargo, sí que podría haberse llamado del otro modo porque estábamos todos encogidos en esa velocidad de tormenta, incluso en la televisión, con ese tono alarmista y esas imágenes que nos ayudaba a la precipitación de nuestros miedos.
LTD. En referencia a esa velocidad de la que habla, es cierto que en Los testigos el ritmo es trepidante, sobre todo en la segunda mitad de la película. ¿Por qué eligió este tipo de montaje vertiginoso?
AT. Es cierto que es trepidante, y en parte es porque no quería hacer una película melancólica. Además el ritmo actúa como una especie de constatación de la aceleración relampagueante de la epidemia del virus, de cómo se iba propagando entre los seres humanos. Porque esta es fundamentalmente una película sobre seres humanos que son conscientes de lo poco que son cuando se tienen que enfrentar a lo orgánico de un virus. Por tanto, el ritmo es el de una película de acción porque realmente narra la historia de unos personajes que se han visto superados por la realidad, y me parecía que se correspondía muy bien con lo que yo había visto a mi alrededor, lo que o había vivido, y esta intrusión del SIDA en la vida era como un Mars Attacks!, como si hubiéramos tenido un ataque marciano. Era como si todos los miedos, todas las reprobaciones que existían, se hubieran metido en la vorágine de esta celeridad, en el movimiento de la velocidad del pánico histórico y biológico de la película. Este era el sentimiento que yo tenía en aquella época, como si estuvieras en una película catastrofista, un espectáculo de horror en el que te sentías impotente viendo cómo todo se hundía a tu alrededor.
LTD. A pesar del trasfondo devastador del SIDA, usted aborda el final del film sin sentimentalismos ni dramatismos. ¿Por qué ese enfoque?
AT. Porque no quería que el personaje de Michel Blanc, al final de la película, se encontrara encerrado en su propia impotencia ante la situación, sino que quería que descubriese una causa por la que luchar, el SIDA, un combate por el que decidiera seguir adelante. A partir de entonces la enfermedad se convierte en una razón estimulante para vivir. Pero además decidí que en el mismo lugar donde había conocido a Manu conociera a otro chico, a un americano que ha venido a París para conocer a los padres de su pareja, que ha muerto también de SIDA, a pesar de que los padres de él no quieran recibirle, un fenómeno muy normal en la época al que yo mismo asistí. Este chico se da cuenta de que está en un jardín público y se plantea acabar durmiendo en un banco o lo que sea. Por tanto, digamos que esta negrura horrible de la enfermedad, crea lazos, conexiones de amistad muy fuerte. Por eso, aunque pueda parecer paradójico y extraño, gracias a esta enfermedad Michel Blanc puede crear puentes con este nuevo amigo americano. Por tanto, es como si se creara una nueva solidaridad entre los cuatro personajes al final, porque los cuatro sencillamente se dan cuenta de que son mortales, y esto es lo que hace que sean solidarios y que decidan dar una nueva forma a su vida.

LAS SIETE VIDAS DE ANABEL ALONSO
Por Lucía Tello Díaz
Tiene muchas tablas y eso se nota. Lleva años engatusando a un público que la adora. Por televisión, teatro, cine o doblaje, esta actriz de Baracaldo se ha ganado el aprecio de los espectadores a pulso. Con una voz dulce inconfundible, un sentido del humor siempre amable y las ideas muy claras, Anabel Alonso habla en exclusiva para nosotros aprovechando la promoción de su último largometraje, Atasco en la Nacional, donde interpreta a Soledad Montoro, una mujer cansada de tantas responsabilidades, que sólo clama por tener quince días de descanso.

Lucía Tello Díaz. Se dice de usted que es una workholic o adicta al trabajo, y es que realmente su currículum abruma, ¿cómo consigue compaginar tantas y tan distintas actividades?
Anabel Alonso. Realmente es una suerte poder abarcar tantos ámbitos. Cuando a veces me preguntan qué prefiero, siempre digo que poder intercalar todos los medios es maravilloso. Que te llamen tanto de un ámbito como de otro es un logro. Es cierto que quizá antes sí que eran más compartimentos estanco, pero ahora afortunadamente hay mucho trasvase y, si se tiene la suerte como yo, de poder defenderte en todos, resulta genial. Ahora bien, al final todo esto son los resultados, o gustas o no gustas, la oferta y la demanda es así de cruda. Y realmente, si vas intercalándolos y vas funcionando, ése es el truco, ni más ni menos.
LTD. ¿Siente predilección por alguno de ellos?
AA. Si tuviera que elegir en cuál de ellos estoy más cómoda, sería difícil... Porque yo empecé en teatro, de ahí pasé a la televisión donde me he movido prácticamente los últimos quince años, intercalando con cine, por supuesto. Entonces, son tres medios tan distintos a la hora de trabajar... Por ejemplo en teatro, tienes un mes y medio de ensayos en donde puedes probar, cambiar, equivocarte, buscar, y cuando estrenas la función, no se acaba tu trabajo, sigues encontrando hasta el último momento que se cierra el telón. En televisión, todo es el resultado inmediato, es la rapidez, es tener oficio, es tener resortes, es ser rápida. Y el cine es como el encaje de bolillos, es el mínimo detalle, es la sinceridad... Entonces son tres maneras de hacer tan distintas, tres trabajos tan diferentes, que poder hacerlo todo es el complemento perfecto. Hombre, el teatro tiene algo de esencial en este trabajo, por eso le tengo cierta debilidad.
LTD. Háblenos de Soledad Montoro, su personaje, ¿le fue difícil interpretar a una mujer como ella?
AA. La verdad es que para interpretarla me basé en algunos referentes. Creo que el primer referente en que me basé fue en las madres, porque, a qué madre no le hemos oído culpar al marido de todo lo que le pasa; decir que todo lo bueno que tienen los hijos es suyo, o cosas como: “si no fuera por mí, no sé qué sería de esta familia”, “el día que me líe la manta a la cabeza yo no sé qué va a ser de esto”... Todas estas cosas, las tenemos en la cabeza, creo que es el “fraseario” de las madres. Eso fue como un embrión. Indudablemente, esta mujer, Sole, está en una situación límite, trabajando durante los 350 días restantes, sin días de fiesta como todas las amas de casa, que trabaja de lunes a domingo las veinticuatro horas del día, y ve que va a tener quince días en que no va a cocinar, ni fregar, ni hacer las camas, y va a tener servicio de habitaciones –lo más que le puede pasar-, y ve que todo se va al garete... Pues todo eso a ella le estresa. Aparte de todo esto, también he cogido referentes de ciertas películas europeas, como Divorcio a la italiana, cierta manera de hacer un poco extrovertida y de mujer de carácter, que podría tener cierta comunión con este tipo de personaje.
LTD. Un personaje que, por cierto, no tiene nada que ver con el que interpretó en Kika... ¿Con Almodóvar cuándo?
AA. ¡Ojalá! –ríe- ¡Me encantaría! Yo se lo digo siempre, y es que hace ya catorce años desde que trabajé con él en Kika. Sé que hubo muy buen entendimiento entre nosotros, pero me encanta que sus guiones e historias vayan por otros derroteros... Puede que se coincida, porque con Cecilia [Roth] desde que hizo Laberinto de Pasiones, no había vuelto a coincidir hasta Todo sobre mi madre; o con Victoria [Abril], no ha vuelto a trabajar desde Kika; con Carmen [Maura] estuvo sin trabajar muchos años... Y son mujeres y personajes muy emblemáticos. Ojalá se dé de nuevo la circunstancia. Yo, cuando él quiera, sabe que aquí estoy, disponible para lo que quiera.
LTD. A veces las actrices se quejan de la ausencia de guiones pasados los veinte años, sin embargo, en su caso podría decirse que es al revés, su fama va en aumento. ¿Ha sentido usted esa injusta presión que padecen las mujeres en esta industria?
AA. Afortunadamente, y toco madera –literalmente- le suele pasar eso al tipo de actriz que es la protagonista de la película, que de veinte a treinta años, hace los papeles protagonistas de las películas. Pero yo siempre he sido una actriz de las que han llamado “de carácter” o secundaria, que de vez en cuando me tocan papeles protagonistas en cine, pero que es un tipo de mujer no basada en un físico, como las protagonistas, quienes, cuando llega una edad, necesitan un tiempo de reajuste. En tanto en cuanto el tipo de personajes que yo he hecho no han sido del tipo protagonista, porque tampoco soy guapa...
LTD. No diga eso...
AA. Es que lo sé, no es físico. Mira, yo hice Los ladrones van a la oficina con 28 años, y ahora tengo 42, y realmente no he notado un cambio físico en este sentido. Quizá también es la suerte que me acompaña, pero sí que depende del tipo de personajes que te hayan dado. Considero que cuando he sido la “guapa” de la película, aunque suene raro decirlo, sí que hay unos años de ajuste.
LTD. ¿No cree que más que por el físico, sea porque usted no se ha dejado nunca encasillar como sí han hecho otros actores?
AA. Bueno, pero es que yo me adapto a todo lo que viene. Sé que hay compañeros que o les ofrecen un tipo de trabajo, o no lo hacen. Yo sí que, en este sentido, “valgo para un roto como para un descosido”. Que quieren que seas la vecina, pues bien; que ahora tienes que interpretar una madre de familia, pues lo soy; que me toca la asesina, pues lo hago –ríe-. Me gusta mucho mi trabajo, y por ello siempre me enamoro de los personajes que me ofrecen. No tengo prejuicios a la hora de aceptar ningún tipo de personajes.
LTD. ¿Y cuáles van a ser sus proyectos futuros?
AA. En principio rodar una película con Pablo [Carbonell] que se titula Ángeles S.A. Es de Eduard Bosch, y están Silvia Marsó, y la niña María Isabel, que será la protagonista, junto con Pablo, que hace de su padre. Es un poco un tipo como el que se hacía antes, porque en España no ha habido películas sobre niños artistas desde Parchís, Marisol o Joselito, es decir, estrellas infantiles musicales. Al igual que Atasco en la Nacional entronca con ese tipo de cine que se hacía en los años sesenta, que hay que recuperar y que hay una generación de espectadores que no lo conoce, y se lo puede pasar muy bien. También empiezo esta semana la grabación de una serie para Antena 3 que se llama La familia mata, se emitirá a finales de agosto o principios de septiembre, aunque luego todo cambia mucho. Afortunadamente también tengo otros proyectos para teatro, ya el año que viene...
LTD. Finalmente, y en vista de las ruinosas vacaciones que se ilustran en la película, ¿cuáles serían sus vacaciones perfectas?
AA. Serían en un lugar donde no me conociera nadie. Simplemente. Me da igual en mar o en montaña: estar rodeada de gente y que no me conozcan. Mientras no me reconozca nadie, para mí es descansar.

INCOMBUSTIBLE CARBONELL
Por Lucía Tello Díaz
Inconfundible carácter de la industria mediática de nuestro país, Pablo Carbonell, no deja indiferente a nadie. Divertido, dinámico y dispuesto a dar una sonrisa por respuesta, este gaditano polivalente se enfrenta a la vida con los resortes que le han dado la experiencia y su bagaje: el humor. Incapaz de estar quieto ni un momento, quien fuera solista de los Toreros muertos, ha sabido reciclarse para dar paso a un actor consolidado y respetado en el entorno cinematográfico. Con un bautismo de fuego en la realización como lo fue Atún y chocolate, quien amenizara las radios de los años ochenta con sus irreverentes canciones ha demostrado que en la vida no hay nada dicho, y que todo se puede alcanzar, “caiga quien caiga”.
Lucía Tello Díaz. Su compañera Anabel Alonso, habla de usted como un hombre “multimedia”, y en efecto lo es: músico, reportero, cómico, director de cine, escritor y actor. Debe ser difícil hacerlo todo, y además hacerlo bien.
Pablo Carbonell. Hago muchas cosas para intentar escapar del aburrimiento, aunque supongo que si hiciera una muy bien, no haría las demás, pero creo que las demás me ayudan a hacer las otras... Por ejemplo, hacer tantos dibujos de pequeño, me ayudó a poner caritas; después descubrí que con las caritas no se va a ningún lado, que hay que tener mundo interior y algo de “morro” para vender mis ideas; el ser reportero me ayudó a tener el “morro” suficiente como para pedirle a un productor que me diera dos millones de euros para hacer Atún y chocolate; tener un poco de “morro” también te sirve para hacer el tonto delante de un equipo de rodaje; haber hecho el tonto con los Toreros muertos me vino bien para ser actor, e incluso haber dibujado me ha servido para convertirme en artista dentro de este ambiente glamouroso y exclusivo del cine –ríe-.
LTD. De todos modos, seguro que siente preferencia por alguno de estos ámbitos de la comunicación ¿en qué ambiente se siente más cómodo?
PC. Yo me siento a gusto en cualquier sitio, aunque creo que el que más me gusta de todos es el de la dirección de cine...
LTD. Las críticas de su primer largometraje fueron muy buenas y hay mucha gente que está esperando su vuelta al cine detrás de la cámara, ¿cuándo va a volver a dirigir?
PC. En eso estoy, me encuentro preparando la segunda película, aunque podría decir que es la tercera, porque le he dedicado mucho tiempo a dirigir una segunda película, pero al final no la voy a dirigir. He visto ya esa película de tantas maneras, le he dado tantas vueltas que ya no la voy a hacer. Era una idea buena, pero es imposible.
LTD. ¿Imposible porque le ha dado muchas vueltas al guión, o imposible porque ya no le interesa?
PC. Imposible porque no he encontrado el tono, la película se puede filmar pero era una idea muy difícil, que implicaba chocar contra lo políticamente correcto y lo realmente patético, lo cual hacía muy complicado el rodaje en tono de comedia, que era mi intención. La idea iba de un camping para divorciados, un asunto difícil y novedoso, quizá por lo difícil que es resulte tan novedoso, nadie lo ha hecho hasta ahora. Casi consigo hacerlo como pensaba pero no lo he logrado, y si intento ser honesto no voy a conseguir hacer una película que la gente quiera ir a ver. Mejor no hacerla, esa es la opinión que he sacado después de pensarlo mucho. Así que voy a involucrarme en otros asuntos, en una película sobre la falta de moralidad juvenil.
LTD. ¿Y qué me dice sobre Atasco en la Nacional? Su pareja con Sole –Anabel Alonso- tiene una gran química
PC. Estoy completamente de acuerdo. La pareja de Anabel y yo funcionamos. La miras y dices “es que son tal para cual”, lo que no deja de ser muy bonito, porque nos dice que “Dios los cría y ellos se juntan”. Sole y Manolo son felices y complementarios, llevan adelante la familia con más o menos acierto, pero la llevan, están unidos, y todo eso es importante.
LTD. ¿Qué fue lo que más le enganchó de la historia de los Montoro?
PC. Bueno, en primer lugar, yo no podía renunciar a esta historia. Josetxo San Mateo fue ayudante de dirección de mi primera, y de momento única película –ríe-, entonces si mi Josetxo, que para mí es como un hermano, me dice “quiero que vengas a hacer esta película”, aunque yo no me hubiera visto, voy allí y doy el cien por cien, porque es Josetxo. Pero aparte, vi también en Manuel Montoro, mi personaje, la posibilidad de crear el español medio.
LTD. Pero en Atún y chocolate, usted también interpreta a un ciudadano de a pie.
PC. Sí, pero se trataba de un personaje diferente, era un marinero, no un urbanita, no era un hombre urbano, además era un hombre feliz, y el personaje que interpreto ahora es un hombre muy desgraciado, avinagrado, que no encuentra paz ni siquiera en vacaciones. Es un papel que me atraía porque me apetecía interpretar a un personaje dramático dentro de una comedia, porque intenté que el tipo no utilizara elementos cómicos, y es que a pesar de que hay muchos componentes que hacen reír, no son los habituales dentro de la comedia. Me interesaba investigar ese ámbito y Josetxo me dio licencia para ello... En realidad, me dijo: “haz lo que te dé la gana” –ríe-. Josetxo es un director estupendo porque sabe a quién dirigir y a quién tiene que darle cuerda, y yo soy uno a los que ha dado cuerda.
LTC. En cierto sentido Manolo Montoro es menos histriónico que trágico, porque tiene un drama interno, a pesar de que se trata de un género de comedia.
PC. Claro, es un hombre que va hacia el abismo, hay algo que le obliga a tener una especie de neurosis, para poder entender lo que llega a hacer por darle unas vacaciones dignas a su familia, tiene que estar al límite. Por eso me apasionaba hacer un personaje tan intenso.
LTC. Hay partes en la película en las que queda patente esa falta de iniciativa, justo cuando en medio de una discusión entre su esposa y sus hijos, él acaba entrando en la vorágine sin haber hecho nada.
PC. Sí, esa parte cuando Manolo dice “pero si yo no he dicho nada”, con ese tono, es el mejor momento en que se define al personaje, cuando se ve que es un hombre que quiere hacer feliz a todo el mundo, que intenta que no se le vea en la casa, pasar desapercibido... Pero su mujer no le da tregua ninguna. Quizá podría haber encarnado a Manolo con otro tipo de interpretación, pero yo prefería darle mucho mundo interior, atormentado y digamos “torbellínico”.
LTD. Dicen que Atasco en la Nacional es una mezcla entre Los Simpson y el cine de Berlanga, ¿es quizá en este punto de dejadez de Manolo, donde se puede ver la conexión de su personaje con los dibujos animados?
PC. Sí, porque Manolo Montoro no piensa la mayor parte de las cosas que dice, suelta muchas barbaridades que ni siquiera las ha pensado. En eso he bebido completamente de la fuente de Homer Simpson.
LTD. Para finalizar, ¿podría comentarnos cuáles son los proyectos futuros que va a realizar, además de la “tercera” película que va a dirigir?
PC. Pues sí, además del tercer largometraje, que será la segunda película –ríe-, voy a hacer una película con María Isabel, la niña de “Antes muerta que sencilla”, donde interpreto a su padre. Además, volveré a repetir con Anabel Alonso, que será mi jefa, en realidad un ángel que es mi jefe en la película. También quiero grabar un disco... Pero bueno, mi proyecto inmediato es irme lejos, ya está... Irme muy lejos de las miradas, por lo menos un mes –ríe-.

JOSETXO SAN MATEO O EL OJO QUE REFLEJA LA REALIDAD
Por Lucía Tello Díaz
Tiene fama de bonachón y es más que comprensible. De trato cordial y afable, no es de extrañar que de él se diga que es buen artista y buena persona. Con unos inicios que incluyen, según dicen, el haber sido doble de acción de Joselito, Josetxo San Mateo lleva muchos años dedicado a esta industria la mayor de las veces cruel, en la que no siempre se reconoce el talento, ni los nombres, de los grandes realizadores que se esconden detrás de nuestras producciones. Director de películas de renombre como Diario de una becaria o Báilame el agua, San Mateo vuelve ahora a la gran pantalla para presentarnos Atasco en la Nacional, comedia con tintes críticos donde saca punta a la perniciosa manía que tienen los españoles de estropear sus vacaciones. Este admirador irredento de la saga del Padrino, nos habla su última película, una historia al más puro estilo Berlanga que llega a finales de este mes a las salas de cine.
Lucía Tello Díaz. Su cine siempre ha estado marcado por tintes de índole social, ya sea en lo referente al Tuning, a los veinteañeros que buscan su sentido en la vida, la precaria vida de los becarios o bien, como en la película que ahora presenta, las venturas y desventuras de una familia en vacaciones. ¿Qué ofrece la cotidianeidad para que la retrate tan frecuentemente en su obra?
Josetxo San Mateo. Yo vivo mucho en la calle. A veces me planteo hacer una película más “sesuda”, no para llevarme un Goya, sino para cambiar el enfoque, pero siempre que me pongo a escribir enseguida lo desmonto todo porque estoy en la calle, voy a mil sitios, me gusta retratar a la gente que veo, que escucho. Ahora estoy con un proyecto de hacer una película sobre taxistas, y también otra sobre el bulling en los colegios, que empezaríamos en noviembre, en la línea de Báilame el agua, pero tenemos que encontrar a otro Unax con quince años –que va a ser lo más difícil-, y aunque ésta sí que va a ser más dura, por lo que supone el problema de la educación, va a ser de nuevo muy real, y es que me gusta mucho lo cotidiano, los problemas de la gente. Soy muy mirón, me quedo observando. Incluso cuando venía para aquí, me he quedado mirando a la gente durmiendo en las calles, aunque la he visto muchas veces, pero ahí me he quedado mirándoles. Me gusta mucho ver a la gente, la vida real me encanta.
LTD. Esa tendencia es muy loable en el cine, incluso existe una expresión muy común en el mundo de los guionistas que afirma que un escritor pierde su talento cuando deja de ir en metro para ir en coche...
JSM. Es totalmente cierto. A mí me encanta el metro, caminar y ver a la gente por las mañanas, con las caras que llevan, cómo están... Yo creo que sí, que el día que no vaya observando lo que ocurre a mi alrededor, quizá haga algo más cerrado, pero no voy a disfrutar tanto.
LTD. Sin embargo, para retratar esa realidad suele emplear la comedia, ¿qué posibilidades tiene este género con respecto a otros?
JSM. Pues no lo sé. Dicen que se me da bien la comedia... Manuel Gutiérrez me dijo en cierta ocasión que se había emocionado con Báilame el agua porque él pensaba que no tenía sentimientos, e incluso comentó que le había hecho llorar. Me parece extraño que digan eso de quienes solemos hacer comedia, puesto que resulta más sencillo hacer llorar que reír, es muy difícil sacar una sonrisa a la gente. Yo hice una pequeña película que se llamaba Pleno al quince, que tuvo tanto éxito, que incluso Canal Sur me ha planteado más de una vez hacer un largo de ella, pero de momento tengo otras ideas, seguir con Atasco en la Nacional, hacer una secuela de ella...
LTD. ¿De dónde sale la idea de crear una película como Atasco en la Nacional?
JSM. Mi intención era el retratar una realidad a la que todos los españoles nos enfrentamos al ir a la playa de Levante de vacaciones. Se me ocurrió un docudrama de ficción, quizá un corto que yo le comenté enseguida a Luís García Berlanga, que pronto me recomendó que lo hiciera película. Comenzamos a hablar de ello hasta que se convirtió en un proyecto de tres horas. Presenté los guiones, y creé una película para Anabel Alonso, con quien siempre quise trabajar. Como era una comedia fusionada a una “película de autor”, pensé que nadie mejor para interpretarme a mí mismo que Pablo Carbonell. Y con este guión y este gran equipo nos pusimos a rodar el típico verano español en pleno invierno. Sufrimos mucho, pero nos divertimos más. Cullera nos acogió muy bien.
LTD. Es cierto que Atasco en la Nacional es una gran película. Tiene un buen guión, una buena fotografía y, sobre todo, un buenísimo plantel, ¿cómo fue la relación con el equipo?
JSM. Buenísima. Fue muy buena porque, aunque se tenga la sensación de que hemos estado todos como una piña, éramos bastante individualistas. Ana [Polvorosa] estaba con sus clases de inglés con su profesor particular y sus clases de teatro, así que tan sólo algunas veces bajaba a la cena con nosotros. Anabel [Alonso] prefería que le llevasen la comida a la habitación. Pablo [Carbonell] puede que fuera el que más tiempo estaba con nosotros, porque ya nos conocemos y sí que bajaba algunas veces, incluso llevaba la guitarra y tocaba para todos. Finalmente Luisber [Santiago] iba por ahí, buscando alguna chiquilla... Así que no había esa relación de decir “hala, todos a cenar”, porque cada uno iba por su lado, porque todos eran bastante individualistas, yo el que menos, que tenía que andar detrás de todos para hablar con ellos. Aprovechaba a lo mejor que Luisber iba a tomar una pizza o una hamburguesa al pueblo para ir con él; o aprovechaba que Ana bajaba pronto a desayunar para comentarle algunas cosas. Juntarles a todos era muy difícil, pero casi era mejor, porque si no es una locura... Así podía yo mantener el látigo –ríe- para controlarlos a todos.
LTD. En la película hay dos adolescentes y un niño de apenas cinco años, ¿cómo fue la experiencia de rodar con niños?
JSM. Con los mayores el rodaje fue muy bueno, porque los dos tienen experiencia, pero con el niño... El niño es un monstruo, pero en las dos versiones. No quisimos ponerle un educador, para que estuviera con su madre. Pero claro, a ella tampoco le hacía ni caso. Estaba todo el día descolocándolo todo, las sillas, las mesas, el decorado, todo. Era tremendo.
LTD. Sin embargo, en la película no lo aparenta, de hecho, a lo largo del metraje son muchas las ocasiones en que le dan golpes, le zarandean, le tiran y le mueven y el niño parece impasible.
JSM. Sí, es cierto, porque nuestra solución fue una consola portátil de última generación, que sólo yo guardaba y que empleaba como premio. Cuando veía que había algún problema o que el niño no podía más, le entregaba la PSP y dejaba de estar enloquecido. Era el “hombre maquinita”.
LTD. Después de la buena experiencia que le ha supuesto esta película, y siempre dependiendo de la taquilla, han pensado escribir su secuela, pero ¿tiene otros proyectos entre manos además de la segunda parte de Atasco en la Nacional?
JSM. Si hacemos una taquilla que no nos desanime y les apetece a todos, haremos la secuela. Además tenemos en mente la película sobre el bullying que antes comentaba, de la que tenemos los derechos, y mientras tanto estoy con la televisión, tanto ayudando en La que se avecina como rodando Planta veinticinco.

DE MONTMARTRE A MADRID. ENTREVISTA A AUDREY TAUTOU
Por Lucía Tello Díaz
Su rostro no le es ajeno a nadie. Su extremada delicadeza, su toque de sutil inocencia y su tenue picardía, tampoco pasan desapercibidos. Sus gustos sencillos y su diametral oposición a la opulencia hollywoodiense parecen contravenirse, y mucho, con la popularidad que precede a esta joven francesa de grandes ojos y perfil angelical, que un día encontró la fama el barrio de Montmartre, bajo los auspicios de un fascinado Jean-Pierre Jeunet, que no dudó en conmoverse al descubrir que bajo la superficial apariencia de Audrey Tautou, se hallaba escondida su verdadera Amélie. Idolatrada por su estilo y por sus maneras, la intérprete de Beaumont puede presumir de encontrarse en situación privilegiada por el amor que le profesan tanto crítica como público. A pesar de su juventud, Mademoiselle Tautou tiene el privilegio de poseer no sólo un codiciado Premio César, sino también la distinción de ser miembro de la Academy of Motion Picture Arts and Sciences. La que fuera descendiente de María Magdalena en El código da Vinci, visita ahora España para presentarnos Un engaño de lujo, película de Pierre Salvadori en la que da vida a Irène, cazafortunas de moral laxa acostumbrada a la vida ostentosa y al lujo. A pesar de que el papel ha despertado cierta polémica, nadie puede negarle a Tautou el éxito cosechado allende los mares. No obstante, parece que los oropeles de la notoriedad no afectan un ápice a la frescura de esta actriz, que sin duda gana en las distancias cortas, cuando su completa desinhibición y cercanía hacen vislumbrar y aun entender, lo que sobre esta menuda pero contundente artista dijo el realizador Tonie Marshall: she is a petit young girl who would like to be a lady and will become a woman.

Lucía Tello Díaz. Existe una cuestión que resulta casi obligada, después de seis años desde que rodaran Amélie, ¿cómo lleva el hecho de que todavía se le identifique con el personaje creado por Jenet?
Audrey Tautou. Es cierto que el personaje de Amélie ha marcado mucho mi carrera, pero nunca lo he interpretado como un peso, al contrario, fue Amélie quien me abrió todas las puertas. Si he hecho estas películas después de aquélla es gracias a ella. Además, no me cuesta desprenderme de ese personaje porque lo tomé desde el principio como un regalo, con total alegría.
LTD. Sin embargo, no puede negar que muchos espectadores le relacionen únicamente con ella, llegando incluso a reprocharle que interpretara el papel de Sophie en El código da Vinci por ser un cine “demasiado comercial”.
AT: Es verdad, sin embargo el papel de Sophie era una oportunidad que no podía desaprovechar. Trabajar con actores de la talla de Tom Hanks o Jean Reno -que por lo que sé no son del todo poco famosos- resultaba estimulante. En la vida me había imaginado hacer una película así. Sólo sé que quise hacerla.
LTD. Después de probar en Hollywood, ¿existe algún proyecto a corto plazo que le haga volver a rodar allí?
AT: Lo cierto es que respecto a Estados Unidos no tengo prisa alguna. Sus historias de fama no me apetecen mucho. Un actor francés es muy conocido en su país, pero las repercusiones no van más allá. Los actores en Hollywood, sin embargo, no tienen anonimato en ninguna parte del mundo, y el anonimato es algo que valoro muchísimo. No me gustaría estar en una situación demasiado expuesta, ante todo no quiero perder el anonimato. En otro orden de cosas, es difícil encontrar en Hollywood un papel interesante, y en esa búsqueda el acento francés no ayuda mucho, porque limita bastante el trabajo. Además, en Francia tenemos la suerte de seguir teniendo un cine de autor bastante fuerte, y es un cine que me gusta muchísimo.
LTD. En cierto sentido, se puede decir que a usted le gusta interpretar papeles que estén a caballo entre el cine comercial y el cine de autor.
AT: Indudablemente. Me gustan las películas bien escritas, con guiones inteligentes, pero tampoco se puede decir que sea elitista, ya que ese tipo de cine no me gusta ni como actriz, ni como espectadora. Sin embargo, tampoco me gusta el cine sin inteligencia, así que sí, me muevo entre los dos.
LTD. En la película que usted presenta ahora, Un engaño de lujo, ha podido rodar en Francia, en la Costa Azul, es decir, lugares que le son familiares, ¿cómo ha llevado el volver al cine francés después de su experiencia americana?
AT: Para mí ha sido como unas vacaciones. Aunque El código da Vinci fue una experiencia extraordinaria, el trabajo era muy duro. El poder rodar en mi lengua, sin tener trabajo añadido del idioma, ha sido una experiencia estupenda.
LTD. Lo cierto es que viendo la película, se le ve muy cómoda y distendida ¿cómo fue su relación con el equipo de rodaje?
AT: Fue sensacional. Ha sido un rodaje en el que la verdad me divertí muchísimo. Por primera vez podía aparecer ante la cámara como una persona divertida y alocada, más parecida a la persona que soy en realidad. De hecho, mis amigos me dijeron que por fin podían verme interpretar a un personaje que fuera tan alegre como yo, aunque no sea exactamente como es ella...
LTD. Es una buena puntualización, ya que la moral de Irène resulta un poco dudosa... ¿Le resultó difícil interpretar el papel de una mujer tan alocada y desenfrenada?
AT:Es cierto que mucha afinidad no tengo con ella. No me siento para nada identificada con Irène, pero al fin y al cabo no es tan mala chica, no roba, no hace daño a nadie.... Además, aunque tenga un lado banal, también se le puede ver un lado soñador, infantil, pueril incluso. Ella quiere ser princesa, y lo sacrificaría todo por estar en donde ella quiere. La verdad es que es divertido interpretar a alguien tan diferente a mí.
LTD. Pero a su personaje le da igual llegar hasta límites insospechados con tal de mantener el estatus idealizado que tiene en mente. En ocasiones aparece ante el espectador como una mujer sin escrúpulos.
AT: Pero es que ella siente fascinación real por el lujo. Se siente como una princesa cuando posee un reloj maravilloso, o vive rodeada de tanta opulencia. Hay gente que se comporta así, realmente existen personas a las que lo material le da seguridad.
LTD. A pesar de las reticencias que suscite su personaje ¿qué le atrajo de su último filme?
AT: Para ser sincera, lo que más me fascinó de Un engaño de lujo fue su estructura narrativa, que bajo mi punto de vista está emparentada, de algún modo, con la comedia clásica de los años cuarenta y cincuenta. Sin embargo, esta película tiene algo de corrosivo, de humor inteligente y también escenas de pura interpretación, como las de la seducción. Es una comedia de siempre pero rodada con mucha inteligencia.
LTD. ¿Qué proyectos cinematográficos tiene para el futuro? Sabemos que a finales del mes de noviembre vendrá la película Juntos, nada más, film precedido por un gran éxito en Francia. Y también sabemos que se baraja la posibilidad de que interprete a Coco Chanel en un biopic que se está escribiendo sobre ella.
AT: Es cierto. En noviembre se estrenará una adaptación de la novela de Anna Gavalda, Juntos, nada más, que cuenta la historia de tres personajes solitarios que se dan cuenta de que la unión les hace fuertes. Respecto al proyecto de poder dar vida a Coco Chanel resultaría estupendo, si finalmente el proyecto sale adelante. El personaje me interesa muchísimo, me parece fascinante, y sería realmente como un sueño.
LTD. Hablando de sueños. Pese a su juventud usted ha interpretado un sinfín de personajes: mujeres bondadosas como Amélie, chicas no tan buenas, como Irène, e incluso ha sido la descendencia viva de María Magdalena. Con todos estos registros ¿hay algún papel que todavía no haya interpretado con el que sin embargo siempre haya soñado?
AT: Absolutamente no, nunca he tenido sueños respecto a futuros papeles, y eso hace tan genial que me propongan nuevas interpretaciones. No obstante, reconozco que espero con ilusión poder interpretar a Coco Chanel, dar vida a ese personaje sí que me entusiasmaría.

EL ARTE CON ACENTO ARGENTINO
Por Lucía Tello Díaz
Es uno de los actores argentinos más carismáticos. El que fuera un artista revelación merecedor de un Goya ha superado con creces la prueba de fuego de la continuidad, y su tesón le ha llevado a figurar entre los mejores actores del panorama internacional con una carrera sólida y consistente. Su carácter y el acierto con que elige los guiones le han convertido en un artista polifacético, capaz de encarnar a un trágico personaje de Carmen de Merimeé, como de imbuirse en la piel de Martín Circo Martín, un profesor de Economía prisionero de las garras del engranaje monetario internacional y de sus descarnados sistemas crediticios. El mimo con que prepara sus papeles ha llevado a decir que es un actor de método, a pesar de que este artista bonaerense niegue seguir algún dictado que no sea el de su propio corazón. Atractivo y tímido en iguales proporciones, este hombre con cordialidad y educación inusitadas nos habla, en exclusiva, de lo que ha supuesto una vida dedicada al cine.
LTD. Con su actual éxito y su trayectoria profesional, quizá le resulte extraño recordar sus principios, sin embargo, quizá todavía recuerda los motivos que le empujaron a ser actor, ¿por qué se decidió por la interpretación?
L.S. Esa es una pregunta fascinante, pero muy difícil de contestar –ríe-. A mí siempre me gustó el juego, tenía la intuición de que era algo que quería hacer, y pronto me fui dando cuenta de que era una herramienta fantástica para poder jugar seriamente, poder llevar tu imaginación a lugares diferentes. Me parece que la actuación es una profesión maravillosa
LTD.Es usted uno de los actores más apreciados por la opinión pública y la suya es una de las carreras más importantes, triunfo que sin duda ha conseguido gracias a su extrema polivalencia: le hemos visto en teatro, en televisión, en cine, ¿en qué ambiente se siente más cómodo?
L.S. Sin duda en los tres, los tres elementos son muy importantes, te hacen crecer en diferentes sentidos y por diferentes razones.
LTD.Concursante es una película arriesgada, distinta a las producciones al uso, ¿qué ha supuesto para usted realizar un filme de estas características?
L.S. Esta película ha sido de lo más importante que me ha pasado en la vida como actor, me parece que encontrarme con un director como Rodrigo (Cortés) ha sido fantástico, porque es de los directores con más sabiduría y criterio que he tenido el gusto de conocer. Creo que va a ser una película muy importante, no sólo frente a los espectadores sino en lo referente a mi crecimiento personal. Antes me preguntaste por qué decidí dedicarme a esto y creo que hacer este tipo de películas es una de las razones por las cuales uno quiere ser actor, porque te dan la posibilidad de volar… Me dedico a este oficio porque quiero volar y la actuación en películas como ésta me lo permiten.
LTD. Después de su excelente currículum cinematográfico ¿cómo se perfila su futuro profesional?
L.S. De momento, tengo la suerte de tener tres estrenos por delante, el de Concursante, el Rey de la montaña y Santos, tres películas que, a pesar de ser muy diferentes, dejan el listón bastante alto de cara a los proyectos cinematográficos futuros.
LTD. A pesar de haber realizado películas de carácter internacional en mercados de Argentina y Europa, todavía no le hemos visto en un film norteamericano, en un momento en que parece que todos los artistas tienen que pasar, irremisiblemente, por la industria norteamericana. ¿Veremos a Leonardo Sbaraglia en una película de habla inglesa?
L.S. En principio no tengo la oportunidad, ya que todavía no me han ofrecido esa alternativa. Sin embargo, es probable que en algún momento haga el esfuerzo de estar un tiempo por Los Ángeles para ver si aparece algún proyecto interesante. No lo descarto.

RAFAEL AZCONA O CÓMO HACER ARTE CON VEINTIOCHO LETRAS
Lucía Tello Díaz
Lleva cincuenta años escribiendo para la industria cinematográfica. Títulos como ¡Ay Carmela!, la oscarizada Belle Epoque, La lengua de las mariposas o La escopeta nacional llevan su sello indiscutible, que no es más que la rúbrica de un hombre que ha trabajado y vivido para el cine media centuria. Sin cansancio ni egocentrismo, este riojano octogenario nos abre su corazón y, entre cafés, nos descubre el mecanismo creativo que se oculta tras un guión “azconiano”,
Nadie puede imaginar qué hubiera sido del cine español si Rafael Azcona, genial hasta lo indecible e imaginativo hasta el hartazgo, no hubiera sido descubierto por el director Marco Ferreri, a quien la industria cinematográfica patria nunca le estará lo suficientemente agradecida.
Realizadores como Fernando Trueba, Carlos Saura, José Luís Cuerda o su inseparable Luís García Berlanga, han tenido el placer de admirar de cerca el talento creador de un hombre que, pese a formar parte del cine español, confiesa quedarse dormido la noche de los Goya. Nosotros ahora, recogiendo el testigo de los grandes de nuestro cine, tenemos el inmenso lujo de disponer del guionista de El Verdugo para que nos descubra lo inconfesable: cómo se elabora un buen guión de cine.
Lucía Tello Díaz. Nos consta que a usted no le gusta hablar en público, por eso le agradecemos que esté aquí hoy pero, ¿por qué a un hombre del cine tan importante como usted no le gusta hablar en público?
Rafael Azcona. No soy brillante durante las charlas porque no me siento cómodo, nunca me ha gustado exhibirme. Recuerdo en cierta ocasión que en un Zoo de Nueva York vi un orangután enorme. Yo le miré, él me miró, y de repente me sentí avergonzado de verme mirándole. Tengo buena voluntad, eso sí, pero no entiendo por qué tengo que hablar de mi vida, en ella no hay nada apasionante.
LTD. Señor Azcona, después de tantos años siendo guionista, ¿por qué escribe guiones?
R.A. Escribo guiones porque es más fácil que escribir novelas. Se puede decir que soy un novelista frustrado. Un día se cruzó en mi camino un italiano que me dio la oportunidad de escribir para el cine. La prueba salió bien y al final me quedé en él. Así, todos los piropos que me profesan sobre mis guiones sólo se justifican porque tengo ochenta años y llevo cincuenta en el cine.
LTD. ¿Cómo fueron los comienzos de Rafael Azcona?
R.A. Pues duros. Nací en Logroño en 1926, en el seno de una familia humilde. Cuando se nace pobre, eso se paga… Comencé a trabajar a los catorce años y he seguido trabajando toda mi vida porque, como comprenderá, soy autónomo sin jubilación. La verdad es que si me tocara la primitiva, no escribiría ni un telegrama.
LTD. Pero usted no comenzó siendo escritor, sino contable.
R.A. Es cierto. Nunca pensé en ser escritor. Yo era contable, y los números se me daban fatal. Como era muy aficionado a la lectura, un día pensé: “y si en lugar de ganarme la vida con los números, que a fin de cuentas son diez, me la ganara con las letras, que son veintitantas”. Y así empecé. Mandé textos a La Codorniz, algún poema, además era colaborador en radio y publicaba algunas cosas. Entonces me vine a Madrid. Aquí encontré un empleo en una carbonería de contable, en una empresa que fabricaba bolas incombustibles. Un día, en el Café Varela, donde hacían recitales de poesía, conocí a Antonio Mendoza, quien me dijo que mandara trabajos a La Codorniz. Lo intenté y publicaron algún que otro relato. Yo lo que quería era ganarme la vida escribiendo. En esa época creé a “El repelente niño Vicente”, que tuvo mucho éxito en los años cincuenta y al que ya abandoné, porque era el típico niño que siempre había en todos los colegios. Pero la sociedad española ya no es así, ya no hay niños ejemplares.
LTD. Y el cine, ¿cuándo llegó?
R.A. Llegó con El pisito y El cochecito, los cuales le gustaron a un italiano que los leyó y pensó en una película. Y eso que antes de ser guionista, yo no solía ir al cine
LTD.¿Comenzó siendo guionista porque, tal vez, albergaba la idea de llegar a ser un gran director de cine?
R.A. No, nunca en mi vida he soñado con ser director de cine, nunca he tenido esa idea, encuentro compensaciones en el hecho de que mi relación con ellos es amigable. Lo cierto es que los guionistas somos para los directores como las asistentas… Hablamos de casi todo menos el guión, y así se va quedando un sedimento que en dos o tres meses da lugar a un argumento, una historia.
LTD. ¿Y cómo es la relación de un guionista con un director?
R.A. Normalmente el director, tanto si aporta como si no, ya tiene una historia en la cabeza. Esa es una bonita fase en la que no se escribe ni una sola línea. Pero por lo general, el trabajo con los directores no es fácil. De hecho, vale más dejar a un lado el amor propio cuando se trabaja, porque si se opone alguna resistencia a aceptar ideas la cosa va mal. Esto lleva a ponerse de muy mal humor, y el mal humor es lo peor que te puede pasar. De todos modos, el director, sin señalar a nadie, prefiere que la historia se le haya ocurrido a él, aunque normalmente sólo tiene ideas vagas sobre, por ejemplo, unos cuñados. Entonces es el guionista el que crea tensiones que resolver. Hay veces que los directores te confiesan que no hay ideas, y empiezas a recopilar cosas.
LTD. ¿Qué papel ocupa el guión en todo el proceso creativo de una película?
R.A. La verdad es que sobre el guión opina todo el mundo. El productor siempre quiere darle la vuelta porque, según él, no has dado todo lo mejor. Cuando el actor lee un guión, piensa que está bien pero que ya le dará su punto. El director de fotografía piensa más en su trabajo que en la propia película, al igual que el músico. Recuerdo que en cierta ocasión, estando José Frade en su despacho con un guión, pasaron unas mujeres de la limpieza. Una de ellas miró el guión y, con mucha seriedad, le dijo: “yo ésta no la produciría”.
LTD. Mucha gente opina que el guión es una obra literaria, pero ¿cómo cree usted que debe ser un guión para ser realmente bueno?
R.A. En la vida todo es literatura, y el cine lo es, desde luego, porque una película es más literaria que un guión. En un guión cuenta menos literatura haga uno, mejor. El guión debe ser escueto y preciso. El ideal de un guión es que sólo con leerlo no te enteres de la película. Durante años el cine español ha tenido la inclinación a ahorrar y, si por ejemplo, un personaje tenía un dedo vendado, tan sólo se reseñaba en el guión y se le compraba al actor la venda más pequeña que se encontraba. En la película, sin embargo, sobre esa historia del dedo el director sí puede hacer literatura: coloca los adjetivos, incluso al elegir las actrices la está adjetivando. También pasa al iluminar, ya que también así se describe. En ese punto de la creación haces la labor de un literato. Por eso una película es más literaria que un guión. A Woody Allen le darán tarde o temprano el Premio Nobel de Literatura.
LTD. ¿Qué opina sobre las adaptaciones literarias en el cine?
R.A. Sobre las adaptaciones tengo una teoría: creo que son los especialistas los que más entienden de lo suyo, y a la hora de urdir historias los literatos son mejores que los guionistas y los directores. Sin embargo los cuentos, como género literario, van bien para el cine. Forajidos, por ejemplo, es un cuento de Hemingway, en el que se narra cómo una persona está colocada en una estación de servicios limpiando un parabrisas de un coche. Mientras limpia, ve dentro a dos hombres a los que conoce. De repente, le ves tumbarse en la cama esperando a que le maten. En el cine lo que hicieron fue inventar por qué lo hacen. Pero luego los autores se sienten defraudados porque en una película no entra todo. Para esto Woody Allen tiene una expresión muy acertada: “Pero estos autores que venden a sus hijos, ¿por qué se extrañan luego de que les prostituyan?”.
LTD. ¿Qué diferencia al buen cine?
R.A. Hay que partir de la base que el cine no es igual en todos los sitios. El cine americano y el europeo son muy diferentes. Por ejemplo, el cine italiano de la posguerra es brillantísimo. El neorrealismo se hizo sin medios pero con mucho talento, mirando hacia la vida. No es un cine de cine, sino un cine de vida. En España, sin embargo, tuvimos la Guerra Civil. Una Guerra que recuerdo sin demasiada amargura. Sólo duró tres años, pero la posguerra no se acababa nunca. Éste era un país triste y siniestro, del color de la sotana, entre negro y verde. Sin embargo, de Estados Unidos venía una sensación de colorido, allí tenían todos los colores, pero en España todos eran negros y fúnebres, además con una cruz. Había sensación de vivir en pecado mortal constante.
LTD. Es usted considerado el mejor guionista de la Historia del Cine español, incluso le han dado un Goya en 1997 a toda su trayectoria, ¿cómo lleva el peso de su fama?
R.A. En la vida no hay que darse demasiada importancia. Hay que ser serios, pero es terrible creerse más o ponerse muy en serio. Hay muchas lecciones de humildad en el cine. Por ejemplo, en la Oficina de Hacienda no existe una casilla que defina nuestra profesión. Recuerdo que en cierta ocasión me dirigí al hombre de la ventanilla y le pregunté si, al no existir un epígrafe para los que escriben para el cine, no tenía que pagar. Pero no fue así, tuve que pagar, aunque para ello esté inscrito en la casilla de “ceramistas y artesanos varios”.
LTD. Todo el mundo conoce su sentido del humor. ¿Qué papel cumple el humor en la vida de Rafael Azcona?
R.A. Sin el humor, la humanidad hubiera perecido hace siglos. Por eso siempre he empleado el humor en todas las historias, aunque el tema no fuera gracioso, como en Los muertos no se tocan, nene. Y es que, por un tiempo, la muerte en España fue distinta. Escribí esta historia por amor a la vida, pero la censura la echó para atrás. Antes, los muertos sólo se enterraban. La Iglesia Católica no permitía tirar las cenizas al Mediterráneo. Pero ahora todo ha cambiado. Quién nos iba a decir, en la época de El cochecito, que ahora el coche te lo pueden quitar por los puntos… Hay cosas que parecen disparatadas pero en verdad son muy comunes a todos.
LTD. Uno de los directores con los que más extensa y profundamente ha colaborado es Luís García Berlanga. ¿Cómo comenzó su relación con el realizador valenciano?
R.A. Después de El Pisito se hizo un episodio piloto para una serie sobre los timos. Los había muy graciosos, como que un señor vendió a otro un tranvía. Por aquel entonces, yo colaboraba con Marco Ferreri, aunque también en La Codorniz, y publicando cuentos y un libro. Entonces Ferreri habló con Berlanga y allí comenzó nuestra colaboración con Plácido. Plácido nació porque un día en la Gran Vía un señor le dijo a un pobre que “los pobres debían cenar al menos un día al año”. Así se inició nuestra relación, una relación que duró mucho porque no fuimos matrimonio.
LTD. ¿Y qué nos dice de su más famosa colaboración, El Verdugo?
R.A. El Verdugo nació de un comentario de Berlanga. Él dijo que un verdugo debía tener muchísimas dificultades para estar con una mujer, de ahí el nacimiento de la historia. Pero El Verdugo no es un alegato, como se ha dicho en alguna ocasión, sino que es una mirada a la pena de muerte, basada en lo peligroso que es decir sí, haciendo dejación de nuestros derechos. La verdad es que decimos que sí a muchas cosas sin pensarlo. El matrimonio, por ejemplo, es una cosa peligrosísima. No sé por qué no examinan antes de casarse. A medida que dices sí a las exigencias sociales, te vas buscando la ruina.
LTD. En El Verdugo se aborda una problemática social clave en el franquismo. ¿Tuvo este film problemas con la censura?
R.A. Cuando la censura se enfrentaba a películas de compromiso social hilaba muy fino, pero como El Verdugo no tenía esa pretensión, sino que era una tragedia grotesca, la censura sólo le puso de pega la ropa interior negra de la actriz. Los censores estaban muy mal pagados, como dice el libro de Justino Sinova, La censura de la prensa. En la Oficina de la Censura tenían tanto frío en invierno, que caían enfermos con neumonía, y los que quedaban, sólo redactaban estancias para que les dieran carbón. Además, hay que reconocer que los censores no tenían criterio.
LTD. ¿Qué opina de aquellos que hablan sobre su retiro del cine?
R.A. Pues mire, cuando Wilder decidió retirarse, contó una historia bastante gráfica para contestar a su pregunta: “un señor mayor fue a un urólogo porque no podía orinar. El médico, al conocer su caso, le dijo: pues ya orinó usted bastante”

RUBA NADDA y ARSINÉE KHANIJAN: LA TOLERANCIA EN TIEMPOS INCIERTOS
Lucía Tello Díaz
Ruba Nadda es una mujer menuda. Al verla nadie podría creer que esta joven libanesa afincada en Canadá, pueda ser responsable de una de las mejores propuestas cinematográficas actuales. Sabe que su nuevo film, Sabah, una historia de amor, dará que hablar, máxime cuando trata de un tema tan actual como la imbricación de las culturas en la sociedad actual. A pesar de lo enjundioso del asunto, Nadda sale airosa con una comedia romántica que ha cosechado grandes éxitos, entre ellos el figurar en el top ten del Festival de Cine de Rotterdam. Ella y su actriz principal, Arsinée Khanijan, nos han confesado sus perspectiva sobre la película.

LTD¿Cuánto tiempo tardó en realizar Sabah?
Ruba Nadda: Hace tres años que tuve la idea original de Sabah. Enseguida me puse en contacto con Arsinée Khanjian para conocerla y comenzar a trabajar sobre la idea. Se puede decir que el proyecto duró tres años.l Premio del público en Manchester ¿participó en el concurso dentro de la Sección Oficial?
R.N.: La película fue estrenada en febrero de este año en Rotterdam, donde recibió el Premio del Público. De hecho, en todas las ocasiones en que Sabah fue presentada ha obtenido el premio del público. Estamos muy contentos.
LTD.¿Hay gran cantidad de población musulmana en Canadá?
R.N.: Sí, hay una gran población musulmana de distintas nacionalidades y culturas, ya sea la armenia, la pakistaní etc. En definitiva, Canadá es un país con una gran multiculturalidad, con gran variedad de religiones, creencias y culturas.
LTD. ¿Estas culturas llegan a mezclarse en la realidad, o la integración es tan difícil como se ilustra en la película?
Arsinée Khanijan: Canadá hoy en día es el país con mayor apertura a la inmigración, tenemos una población que viene de todo el mundo, además es un fenómeno constante, y por ello tanto las leyes de inmigración como los códigos sociales, por así decirlo, que atañen a los inmigrantes, se llevan a cabo muy de cerca. Canadá siempre ha sido así, ya en la época colonial el país contaba con una población aborigen a la que hubo de sumar a Francia y Gran Bretaña, quienes montaron una infraestructura que supone la multiculturalidad, rasgo que ya en inherente a Canadá. Sin embargo, a diferencia de Estados Unidos y su modelo melting-pot, en Canadá se ha intentado mantener las tradiciones a través del respeto mutuo. En Canadá el Estado y la religión están diferenciados, por ello el problema surge cuando algunas culturas mezclan religión y sociedad, y del hecho de intentar explicarles que Canadá no funciona así. Por eso el problema de Sabah no es el choque entre la religión y la sociedad, sino que radica en el comportamiento privado y público, ya que en la cultura canadiense se pretende que ambas esferas mantengan un equilibrio. La religión tan sólo es una elección personal.
LTD. Sabemos que en Francia se desató un gran debate en torno a la idoneidad del velo en las escuelas, ¿ha sucedido lo mismo en Canadá?
R.N.: La ley en Francia ha respecto al velo es una equivocación, ya que todas las mujeres tienen derecho a expresarse libremente, por ello deben poseer el derecho de elegir si quieren llevar el velo o no. Por ello en Canadá esta ley no ha sido aprobada, ni lo será.
A.K.: Lo que pasa en Francia es un buen ejemplo de la separación entre religión y cultura a la que antes aludíamos. Francia ha elaborado esa ley para los espacios públicos, no instituciones privadas. En Canadá tenemos los mismos principios en cuanto a separación de ambas esferas pero, como antes decíamos, nuestro origen multiculural nos lleva a negociar estos asuntos entre culturas. También pasó con el tema del permiso para realizar prácticas del sharia, se negoció y al final se concluyó que su práctica no estaba permitida no por ser otra cultura, sino por atentar contra de los Derechos Humanos.
LTD. La perspectiva desde la que está contada la película no es fácil. ¿Resulta sencillo crear una estructura narrativa sin maniqueísmos?
R.N. No es difícil porque yo he conocido a esa gente. Todos tenemos una parte buena y otra mala, la vida consiste en la lucha entre ellas
LTD.¿Cómo es el personaje de Sabah?
A.K.: Sabah no es una figura desconocida para mí. Yo nací en Líbano y allí estuve hasta los diecisiete años. También puedo decir lo difícil que es introducirte en una cultura que no es la tuya, una completamente diferente a la tuya. Comprendo las dificultades que suponen el llegar de un lugar y meterte en otro donde no hay opción. Viví en un mundo parecido, lleno de tabúes, y con una gran presión sobre la mujer, ya que en ella recae la responsabilidad de mantener la cultura. Con respecto al personaje de Shawn Doyle –Stephen en la pantalla-¿cómo fue trabajar con él?
LTD. Doyle es un deleite para cualquier director. Desde que Arsinée y yo trabajamos juntas, buscamos principios temáticos similares, y estábamos preocupadas por encontrar un papel masculino progresista para un retrato realista. Sin embargo, el personaje de Stephen lo obtuve de mi propia experiencia personal, ya que retraté a mi propio novio.
A.K.: Recuerdo que Ruba me envió el CD donde había una prueba de cómo actuaba el actor que interpreta a mi hermano Majid en la película y, en la misma serie que estaba visionando, apareció como personaje Shawn Doyle. Enseguida llamé a Ruba para decirle que habíamos encontrado a Stephen.
R.N.: No obstante, fue muy difícil llegar a un consenso con él en un principio, y entablar la relación en buenos términos. Él quería interpretar un carácter fuerte, más contundente y temperamental, pero yo no quería, deseaba que todas se enamoraran de él y, bueno, creo que lo hemos conseguido.
LTD. La película posee un happy ending que quizá no se corresponde con la realidad. ¿Hasta qué punto se puede creer que en la actualidad la resolución del problema de Sabah no sería más duro?
R.N.: La película es muy realista, en el momento en que la madre dice ok, ya no hay problema. Con el visto bueno de la madre todo se solucionaría también en la vida real.
A.K.: Estamos viviendo en un mundo de falsa información. Pensamos que por tener acceso rápido a todas las informaciones, ya estamos informados. Pero no es cierto. En realidad, nuestra información está cercana a la agenda política, es una perspectiva absolutamente política. Vivimos en un tiempo en el que el Islam está considerado unidimensionalmente. El final de la película es totalmente realista, tanto como cualquier película en que se viera la persecución de una mujer por razones sociales, culturales o religiosas. Por ello, tratamos de hacer un balance entre la realidad y lo percibido por la sociedad, ¿acaso debemos dejar de hacer películas como ésta sino otras en las que un padre pakistaní mata a su hija de 17 años por querer casarse con un hombre no musulmán? Lo que pasa es que esto complica las cosas, ya que supone tener que plantearse en distintos términos nuestra responsabilidad social.

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